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El marxismo cubano

sábado, 28 de febrero de 2009


x Juan Valdés Paz La Haine

La verdad es que no tengo muy claro que hago yo de este lado de la mesa, no tengo muchos cosas testimoniales que decir, porque no pertenecí al Consejo Editorial de la Revista y solo estuve presente en los últimos años del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana; y hay muchos colegas que con mucha más razón debían estar hoy aquí como comentarista, pero me ha tocado a mí y voy a intentar presentar a falta de testimonios, un comentario sobre una experiencia que vista desde los años 2000, no solo incluyó a la revista Pensamiento Crítico y al Departamento de Filosofía sino también a la Editorial Revolución.

Yo pienso que todo ello fue un proyecto más o menos articulado culturalmente que como dice Martha Pérez Rolo, ahora manifiesta como primer problema el hecho de que en el momento en que queremos reconocerle, no tenemos una historia acabada de esa experiencia. Tenemos vivos, por suerte, a los actores más importantes de esa experiencia, los cuales han ofrecido numerosos testimonios, pero nos hace falta, con esos testimonios y algunos observadores desinteresados, realizar la historia de esa experiencia, tanto en su dimensión institucional como también referida al grupo de personas que la protagonizaron, quienes no siempre fueron los mismos; inclusive algunos de ellos cambiaron de suerte, de manera lamentable.

Partiendo de esta perspectiva quisiera decir primero que estamos viviendo una época feliz porque al fin logramos reconocer la trascendencia que para la cultura de la Revolución tuvo esta experiencia conjunta del Departamento de Filosofía, la revista Pensamiento Crítico y la Editorial Revolución. Hay que decir también que es un reconocimiento tardío, pero nunca es tarde para la justicia. Yo creo que sobre todo, la relevancia de esta experiencia parte de su contribución a la formación de un pensamiento revolucionario cubano en estos años: la Revolución tiene en mi opinión, como un componente muy importante de su historia, esta experiencia a la cual nos estamos refiriendo. Creo que esta experiencia dio prueba de la suficiente heterodoxia, diversidad de posiciones, criterios, escuelas, etc. para ser un buen ejemplo en nuestro días; y creo también y quisiera enfatizarlo, que esa apertura a la diversidad estuvo y aún lo está, acompañada de una radicalidad sostenida todo el tiempo. Este grupo y esta experiencia, pretendió y ejerció en mi opinión, un pensamiento radical sobre la realidad y los tiempos que se vivían, y sobre las políticas en curso; y esto sería una cosa a subrayar.

Otra cuestión a destacar sería la siguiente. Yo creo que esta experiencia dio cuenta con esa historia de debates que tanto se menciona respecto de los años 60; es decir, en todo el tiempo la revista Pensamiento Crítico —Fernando Martínez Heredia no lo ha querido decir por discreción, pero yo lo voy a recordar— detrás de cada número de Pensamiento Crítico se desataba, dicho en buen criollo, una buena bronca; alguien estaba inconforme, alguien discrepaba, algunos que no eran gentes como nosotros sino más importantes; es decir, era una revista que transitaba en medio de un debate permanente. Tal fue el debate acerca de la enseñanza de la filosofía que terminó con el cierre del Departamento, como prueba de que lo que hacíamos no se entendió luego como legítimo; y vale para la Editorial Revolución, la mayor parte de cuyos libros publicados hasta entonces, están todavía por reeditarse.

Efectivamente, esta experiencia estuvo en medio de los debates de los años 60 y de alguna manera, está todavía en medio de los debates actuales. Yo creo que ese debate era en parte una expresión de la lucha política y de clase nacional e internacional; esto era muy claro y muy fácil de entender entonces.

Aquellas políticas en curso, voy a decirlo más elegantemente, las estrategias políticas en curso en esos años, favorecieron y permitieron esta experiencia; y no estoy seguro –ello constituye una interrogante para los actuales historiadores— de que si esta coincidencia no hubiera existido, esta experiencia hubiera logrado ser tan exitosa. Hay muchas maneras de expresar esto, no solamente como una coincidencia de pensamientos, de ideas sino como el apoyo directo que importantes figuras de la Revolución le prestaron a la Revista y al Departamento; inclusive, con su presencia física y su diálogo directo. Los colegas de la Revista, del Departamento y de la Editorial, sentían que ellos formaban parte del fidelismo y el fidelismo era entonces la Revolución, era la estrategia de la Revolución, no solamente en Cuba sino también en América Latina; pienso que esa identificación con el fidelismo y el guevarismo, era también un componente subjetivo muy importante de esa experiencia.

Acerca de todo lo que se ha mencionado, digamos que existía una cierta permisividad —quiero subrayar este término cuando hable de la contemporaneidad cubana— había una permisividad para con esta experiencia que quizás tenga algo que ver, visto en el tiempo, con uno de los ciclos de heterodoxia de la Revolución. Pero después vinieron momentos de ortodoxia y más tarde, así me lo parece, de vuelta a la heterodoxia, y posteriormente se vieron ondear banderas al viento de ortodoxia, etc. Entenderlo resulta muy complicado porque realmente hemos estado todo el tiempo alineándonos alternativamente con una u otras de estas perspectivas. Yo creo que ese momento de permisividad coincidió probablemente con un ciclo heterodoxo de la Revolución, el más abierto y completo del que hayamos dispuesto en todos estos años.

También quiero decir para “poner la mala”, que la permisividad que propició esta experiencia o más bien los permisores, también fueron quienes la cerraron; han sido los mismos actores y no han habido tantos cambios entre ellos, desde entonces. De manera que tales experiencias tenían que ver con las estrategias políticas en curso; y tengo la impresión, visto el desenlace, que cuando las estrategias políticas cambian, entonces las experiencias más heterodoxas se hacen muy difíciles.

Aquí estamos todos. Esta experiencia cultural no alcanzó a sobrevivir y ello no determinó que este colectivo no siguiera escribiendo, no continuara siendo radical, y que no permaneciera al lado de la Revolución, aunque ya no en el marco de la Revista, ni en el Departamento de Filosofía, ni publicando autores controvertidos, etc.

Recuerdo una anécdota que alguien me contó en una oportunidad ya abierto el debate sobre el destino del Departamento de Filosofía en 1971. Uno de los compañeros con quien el Departamento más polemizó y quien más polemizó con el Departamento, fue Carlos Rafael Rodríguez [alto dirigente del Partido Socialista Popular (PC cubano) antes de la revolución, luego vicepresidente de Cuba], quien por su cultura, biografía y estilo, estaba entre los más críticos de la revista Pensamiento Crítico y del Departamento, pero quien, en ocasión del debate dijo: “hay que tener cuidado con ese grupo de jóvenes ya que es una suerte de la Revolución haber reunido tantos jóvenes talentosos, con vocación por la filosofía”; y dijo más: “desde el siglo XIX no se ha dispuesto en Cuba de un grupo con esa vocación”. Es decir que de pronto nuestros detractores nos defendían; por supuesto que eso no influyó mucho en el destino o quizás sí, no sabría decirlo; pero lo interesante es lo que agregó después: “lo que pasa es que un colectivo de este tipo tenía que tener, debió tener una orientación del Partido”. Al final de este debate, el colectivo no quedó, pero tuvimos muchas orientaciones del Partido. Quería sentar esta anécdota para los historiadores.

Y finalmente, visto todo en perspectiva y para ser honesto conmigo mismo, diría que pienso que todos queríamos ser intelectuales orgánicos de la Revolución y lo fuimos más o menos, como quizás lo seamos más o menos ahora; pero también es cierto que visto a distancia , no solamente éramos intelectuales orgánicos con la Revolución sino intelectuales comprometidos con las estrategias en curso; y nuestro nivel o distanciamiento para criticar algunas de las cosas que los mismos actores de esas estrategias se autocriticarían años después, fue más que insuficiente y ni siquiera participamos de esa crítica; de manera que ahí hubo un déficit que nos dice que cuando la radicalidad va acompañada con la adhesión y el entusiasmo, también suele presentar sus limitaciones.

Respuestas a las intervenciones del público

Voy a realizar unos comentarios finales. La apasionada intervención de Celia Hart me abre algunas interrogantes sobre el tema: ¿cómo participar en ese debate latinoamericano y venezolano? Este seria en sí mismo un tema, ¿cómo? Tú sugieres participar en la guerra electrónica; pero otra sugerencia es que la Revolución Cubana sea un mejor ejemplo. De hecho, tenemos la visita de 20.000 venezolanos al año y no hay nada más terrible que llegar a Venezuela y escuchar que esto no es lo que quieren para su país; no estoy en desacuerdo contigo pero quiero complejizar esas vías de participación.

Las preguntas de alguna manera han rebasado el temario propuesto y hace mucho rato que estamos discutiendo de esta Revolución y de otras, pero yo quisiera regresar al punto de partida. Creo que por suerte el desarrollo de la cultura de la Revolución nunca se ha detenido; ha enflaquecido en algunos puntos o temas, pero por suerte se han salvado otros, de manera que poder decir que se salvaron de aquellos años el Grupo de Experimentación del ICAIC, la Nueva Trova y todo lo demás, me parece muy importante, y que es importante recordarlo; pero también debemos recordar que algo que teníamos lo perdimos y de ahí la necesidad del balance histórico, puesto que muchas cosas que habíamos logrado no las preservamos y ello me parece que es un hecho grave en el recuento de los sesenta.

Voy a decir lo que significó; no solamente se cerraron esas instituciones de que hablamos y feneció esa experiencia cultural sino que también se cerró el debate y como dijo Fernando Martínez, iniciamos una crisis del marxismo cubano. Por suerte, la dirección de la Revolución, tan apegada a tener que hacer la Revolución, se ha visto obligada a hacer una reflexión permanente que no ha dejado de alimentar de alguna manera ese marxismo leninista y nacional. Pero nuestra conexión con el marxismo teórico y con eso que llaman el marxismo mundial, en cualquiera de sus variantes, y que por suerte no es el “marxismo-leninismo”, ha sido y es muy limitada. Hay muchas corrientes de marxismo en el mundo de las cuales nosotros estamos por enterarnos, de manera que pretender esa conexión es algo por alcanzar y además es algo por conocer. Ahora bien, voy a poner un ejemplo de lo que ello significa. No solamente que varias generaciones no dieron el programa marxista que habíamos conquistado, como Fernando Martínez narraba, sino todo lo contrario, las pasaron por el troquel del dogmatismo; deambulan por las calles —el grupo que esta aquí no es representativo— todos esos “marxistas-leninistas” y me los encuentro todos los días; muchos de los cuales son funcionarios. Es decir que ese marxismo leninismo es lo que está en la calle.

Ahora voy a decirles que yo soy un ratón de librerías de viejos; la cosa más curiosa en esas librerías es que hay un estante por separado lleno de toda esa literatura que nos vino de la antigua URSS, de la Editorial Progreso, de Bulgaria y de otras más. Párense frente a estos estantes y háganse las dos preguntas siguientes: ¿cómo le hicimos digerir a este pueblo ese anaquel? y ¿Quién se salvó? No me crean, los invito a todos a visitar la librería de 25 y O. El efecto es que no tenemos una literatura alternativa, no existe el anaquel del marxismo cubano; y aunque no hemos avanzado mucho, por suerte conocemos un poco más del pensamiento revolucionario cubano y latinoamericano.

Yo creo que tenemos un problema sociológico en esta esfera. Para buscar soluciones, la memoria de Pensamiento Crítico y del Departamento no es toda la solución, pero si una parte de ella, porque nos recuerda que tuvimos otra alternativa. También creo que el principal problema que dio lugar a ese trance, el que dio pie a crear ese anaquel, el que importó ese anaquel —que vino en barcos y en aviones, vamos a decirlo francamente— es un modelo que aunque se ha dicho que tuvo precedentes en los años 60, se instauró sistemáticamente en los 70; y como dijo Aurelio Alonso, fue un modelo que incluía, además de la economía, la política y la ideología. Lo peor de ese modelo es la pretensión de que el Estado tiene una doctrina y de que el partido tiene una filosofía y ahí empiezan casi todos los problemas. El Partido se compromete con cierto “marxismo-leninismo”. Entiéndase que nosotros tampoco estamos de acuerdo en eso, pero esa es la filosofía del Partido cubano, a la cual se le ponen arandelas, pero que sigue estando en sus estatutos. Lo que pasó en los 70 es que el Estado cubano tenía un sistema ideológico para impartir ese “marxismo-leninismo”. El Estado estaba comprometido con una doctrina, con una idea, con una filosofía, una concepción del mundo, etc.

La otra observación que quería hacer es la siguiente. Si Uds. aceptan mi hipótesis de trabajo de que esta historia ha transcurrido por momentos de ortodoxia y de heterodoxia, la pregunta sería ¿en que momento estamos? Es evidente que estamos en una inusual apertura si lo comparamos con los años 80.

Ahora bien, ¿qué aprecio yo en esta historia? En los momentos de heterodoxia cuando los “buenos” parecían ganar, los “malos” también estaban con vida, comían, tenían sus espacios y sus aparatos. Cuando llega el momento de la ortodoxia, los actores heterodoxos desaparecen. En plena ortodoxia teníamos las EBIR [Escuelas Básicas de Instrucción Revolucionaria], pero en los momentos heterodoxos no tuvimos ni Departamento de Filosofía ni Revista. Esto puede ser tomado para una reflexión, simplemente lo apunto; de hecho, parecería que estamos viviendo un incipiente escenario de debate, propiciado por revistas como Temas, Criterios y otras; pero también hay otros, y esta contienda no esta clara ni equilibrada; es decir, también nos la tenemos que ver con la página tres del Granma [política nacional]. No voy a mencionar a nadie por respeto; tan solo decir que tenemos signos contradictorios y cierta esquizofrenia. Solemos estar preocupados, los más sofisticado de nosotros, de hacia dónde va China, pero aquí no se discute China; acerca del socialismo del siglo XXI, pero aquí no discutimos el del XX, etc. Es decir que aún con estas aperturas nos movemos en la “frontera del deber”, y cabe preguntar hasta qué punto este debate de baja intensidad nos va a permitir desarrollar el famoso marxismo cubano o su versión avanzada, etc. el cual siempre nos proponen.

Por tanto, yo terminaría diciendo lo siguiente: vamos a necesitar algo parecido a Pensamiento Crítico, a un Departamento de Filosofía como aquel o aún mejor, y algo semejante a la Editorial Revolución o más editoriales; y eso, a diferencia de lo que sugiere Celia, no lo van a resolver estos selectos viejos aquí presentes; esto recae en ustedes los jóvenes que nos han honrado hoy con su presencia.

La Haine

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¿Salvando al planeta o al capitalismo?


Fabrina Furtado Ecoportal.net

La práctica de las Instituciones Financieras Multilaterales es opuesta a su discurso, también en relación a la crisis climática. Frente a una realidad preocupante, éstas crean oportunidades para lucrar más y más.

En noviembre de 2008, el presidente de Bolivia, Evo Morales, escribió una carta abierta titulada "Cambio climático: es preciso salvar al planeta del capitalismo". En ella, Morales expresa las demandas y preocupaciones de muchos pueblos, movimientos y organizaciones en trono a la crisis climática y a las decisiones que están siendo tomadas por aquellos que se hacen llamar "nuestros líderes".

Cuando una de las principales soluciones señaladas es fortalecer el papel de Instituciones Financieras Multilaterales (IFMs) -como el Banco Mundial-, fundamentales en la elaboración e implementación de las mismas políticas responsables por la crisis, no es posible evitar preguntarse sobre si el objetivo es salvar al planeta o al capitalismo.

La sobre-explotación de los recursos naturales y el sobre-consumo, principalmente por parte de los países del Norte, son las causas del cambio climático. Como resultado de las actividades humanas, cambios extremos en el clima, sequías e inundaciones, disminución de la productividad agrícola, perdida de especies y destrucción de ecosistemas, aumento en el nivel del mar, la desaparición de territorios, el severo aumento de refugiados ambientales y otros conflictos sociales, pueden ser parte de nuestro vida cotidiana, si transformaciones radicales no son implementadas ya.

La sequía en la Amazonia en 2005 –región que detenta más del 20% del agua dulce de la Tierra-, que afectó a más de 250 mil personas en los estados de Amazonas y Pará, es un claro ejemplo de esta presente amenaza (1). Pero, como si esto fuera poco, el agua, la tierra y las culturas tradicionales serán convertidas en mercadería. Ahora, hasta el calentamiento global se convirtió en negocio. Es un negocio lucrativo.

Contradicciones que se repiten


Falsas soluciones, como el mercado de carbono, los agrocombustibles, las hidroeléctricas y la energía nuclear, están siendo cada vez más promovidas. Los que más contaminan no están interesados en cumplir con los pocos compromisos asumidos. Hasta 2006, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) aumentaron en torno del 9,1% en relación a los niveles de 1990 (2). Además de eso, las propuestas presentadas priorizan mecanismos de mitigación y adaptación que, en el fondo, evitan reducciones reales en las emisiones y abren el camino para más negocios. Uno de los líderes de este proceso es el Banco Mundial.

Históricamente, este Banco ha sido uno de los mayores financiadores de grandes hidroeléctricas, termoeléctricas, de agronegocios, de proyectos de combustibles fósiles y de la privatización del sector de energía; todos los que, de una forma u otra, contribuyen al calentamiento global. El Banco continúa invirtiendo entre 2 y 3 mil millones de dólares por año en proyectos de energía, responsables por emisiones de GEI. Aunque el “Análisis de las Industrias Extractivas”, realizado por el propio Banco Mundial, había recomendado en 2004 que “el Grupo Banco Mundial debe reducir gradualmente las inversiones en producción de petróleo hasta 2008”, en 2007, su apoyo financiero para proyectos de combustibles fósiles, en verdad, aumentó. Por otro lado, en el año fiscal 2006, los préstamos del Banco para proyectos de energía renovable representaban menos del 4% de sus U$S 4,4 mil millones en préstamos para el sector de energía (3).

Un ejemplo en la Amazonia

Las emisiones de GEI resultantes de la deforestación representan el 20% de las emisiones globales y en Brasil el 75% de las emisiones nacionales. Mientras que en Brasil la principal fuente de deforestación es la ganadería extensiva, la Corporación Financiera Internacional (CFI), brazo del Banco Mundial, que financia al sector privado, aprobó, al inicio de 2007, un préstamo por 90 millones de dólares para el frigorífico Bertim, con el objetivo de duplicar la capacidad de abastecimiento anual en Marabá (Pará) y expandir sus actividades en Rondonia y Mato Grosso (4). Es decir, la CFI está financiando la emisión de CO2 resultante de la deforestación y del metano proveniente de la cría de ganado.

Sin embargo, el Banco Mundial continúa proclamando su preocupación en torno al cambio climático y lidera el lucrativo mercado internacional de carbono. Antes de lanzar el Fondo de Inversiones para el Clima, en julio de 2008, el Banco ya administraba diez diferentes fondos globales totalizando más de 2 mil millones de dólares, en nombre de 16 gobiernos y 64 empresas privadas, con un ganancia del 13% sobre cada transacción (5).

Los primeros proyectos de comercio de carbono –como captación de metano de depósitos de basura tóxica y el descarte de carbono a partir de plantas genéticamente modificadas– resultaron de grandes lucros para empresas de los respectivos sectores y comisiones para el Banco Mundial. Por otro lado, éstos han demostrado eficiencia limitada en reducir las emisiones, además de promover otros problemas socioambientales.

Tales proyectos, que otorgan a las corporaciones “el derecho a contaminar”, no modifican las prácticas de producción y consumo necesarias para lidiar con el problema de forma estructural. Ahora, el Banco será el administrador –lo que significa más préstamos- de más de 50 mil millones de dólares. Este valor será destinado a los países del Sur para que se adapten al cambio climático. En otras palabras, más deuda externa ilegítima, más condicionalidades, más ganancia para las transnacionales del mercado y un aumento de la deuda ecológica y social que el Norte ya debe al Sur.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también ya incorporó el cambio climático en su discurso. Sin embargo, otra vez, el camino entre el discurso y la práctica es largo. El BID ya está, por ejemplo, incorporando en sus planes y proyectos la condición de que el país incluya un fondo para cubrir los riesgos climáticos. De esta forma, además de no prohibir, o por lo menos evitar los riesgos climáticos, cualquier riesgo es cubierto por el tomador del préstamo y no por el Banco.

Una crisis conduce a otra


Con una contribución inicial de 20 millones de dólares, el BID lanzó, en agosto de 2007, el Fondo de Energía Sostenible y Cambio Climático, dirigido principalmente al financiamiento de los agrocombustibles y las iniciativas de mitigación y adaptación (6). La producción de los agrocombustibles, a ser utilizados en los automóviles de los países del Norte, ocurre a costa del aumento de los precios de los alimentos y, de esta manera, de la soberanía alimentaria, en un contexto en que ya se vive una grave crisis de alimentos. Cuando ocupan áreas de cultivos, expulsando a la agricultura familiar, destruyen tierras que son depósito de carbono, como los bosques.

De esta misma forma, los proyectos de asistencia técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) para los “desafíos macroeconómicos, fiscales y financieros del cambio climático”, son acompañados de condicionalidades que violan el derecho soberano de los pueblos de determinar su propio futuro.

“Nuestros líderes” deberían reconocer a los países del Sur como acreedores de una abultada deuda ecológica y garantizar reparaciones y restituciones por los crímenes climáticos cometidos. En la medida que el 90% de las emisiones de carbono provienen de las corporaciones y de los países del Norte, las poblaciones que más sienten las consecuencias están en los países del Sur. Los culpados por tales crímenes deben ser responsabilizados, y no fortalecidos. Los proyectos y programas orientados a tratar la crisis climática deben ser pagados por los gobiernos del Norte, por las corporaciones y por la elite global, no por los pueblos.

En el fondo, la única solución real es atacar las causas estructurales del cambio climático. Como dice el presidente Evo Morales: “el cambio climático ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y de la muerte, o construir el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”. ¿Que camino vamos a elegir? Si el clima continúa en manos de las IFMs ya sabemos la respuesta.

Fabrina Furtado es economista y secretaria ejecutiva de la Red Jubileo Sur

Este artículo fue publicado originalmente en portugués en la revista Contra Corriente: "¿Quien gana con la destrucción de la Amazonia?", editada por Rede Brasil sobre Instituciones Financieras Multilaterales y presentada en ocasión del Foro Social Mundial de 2009. – Tomado de Choike.

Notas al pie de la páginas:

(1) De Souza Braga, Osvaldo e Zanchetta, Ines. Sequía en la Amazonia: Alguna cosa está fuera del orden. Octubre, 2005. Disponible en: www.brasiloeste.com.br/noticia/1654/seca-amazonia

(2) Morales, Evo. Salvemos al planeta del capitalismo. Noviembre, 2008. Disponible en: www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=News&file=article&sid=3749

(3) SEEN. How the World Bank Energy Framework Sells the Climate and Poor People Short. Setiembre, 2006. Disponible en: www.seen.org

(4) IFC. Latin America and the Caribbean: Project Information. 2007. Disponible en: www.ifc.org/ifcext/lac.nsf/Content/Project+Information

(5) WORLD BANK. Carbon Funds and Facilities. Disponible en: www.worldbank.org

(6) BID. Fondo de Energía Sostenible y Cambio Climático del BID (SECCI) apoya esfuerzos de Brasil-Estados Unidos para promover biocombustibles en América Central y el Caribe. Enero, 2008. Disponible en: www.iadb.org/news/detail.cfm?language=SP&id=4371

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"Mi fe es en Dios y Marx es el vehículo de ese método científico y sociológico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta"


Antonio Lucas El Mundo

Entrevista con el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal

Fue el rostro del sandinismo de Nicaragua. Un jesuita 'tachado' por el Vaticano. A los 84 años cree en la poesía y en la revolución, claro.

El pelo largo y blanco le alcanza el hombro al gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, al religioso, al revolucionario, a aquel que Juan Pablo II amonestó a pie de escalerilla al bajar del avión en su primer viaje a Managua: «Tiene que regularizar su situación», le aseveró el Papa. Cardenal era entonces ministro de Cultura del gobierno sandinista.

De aquéllo, de todo aquéllo han pasado muchos años. El líder del sandinismo, Daniel Ortega, traicionó la vieja causa en la que Cardenal empeñó su entusiasmo y su fe. Hoy por dentro le corre un daño, el de la traición: «Me tienen congelada la cuenta bancaria, intervenido el correo electrónico. Me sustrajeron el ordenador... Cada día se me hace la vida más difícil. El miedo me acompaña, pero ya dijo Montesquieu que se necesita valor para tener miedo», afirma. Hoy leerá sus poemas en Casa de América, su anfitriona en este viaje. Anoche lo hizo en el Colegio Mayor Chaminade y el próximo lunes en la librería Rafael Alberti de Madrid. La suya es una palabra sabia, extraña, con rumor de utopías.

Pregunta.- Su vida ha sido una sucesión de compromisos... ¿Y de decepciones?

Respuesta.- La única decepción que reconozco fue la pérdida de la revolución de Nicaragua. No he tenido otra igual.

P.- ¿Se arrepiente de haber apoyado el sandinismo viendo en qué ha terminado?

R.- De ninguna manera, para mí fue una aventura muy bella. Pero renuncié al partido sandinista cuando éste traicionó nuestra revolución...

P.- ¿Pertenece a una generación derrotada?

R.- Le contesto con una frase de un obispo español en Brasil, Pedro Casáldiga, que dice: «Somos soldados derrotados de una causa invencible». Nuestra causa es también la de Cristo y la de los profetas. Por eso, en el fracaso de la revolución está la mayor frustración de mi vida. La única.

P.- El tiempo demuestra que las rebeliones sociales terminan traicionadas por una revolución.

R.- La de Nicaragua lo fue, pero no así la de Cuba. Y Ahora que hablamos de esto, recuerdo que una de mis visitas a España coincidía con otra de Fidel Castro aquí. Entonces, un periodista me preguntó sobre él y le dije que Fidel no estaba realizando el reino de Dios en la Tierra, pero que podía estar acercándolo. El muchacho alteró aquella idea, pero creo que a Fidel no le disgustó (risas).

P.- Pero usted sí que ha dicho que las revoluciones acercan al reino de Dios, ¿no?

R.- Cómo no. Hay teólogos actuales que dicen que cuando Jesús utilizó la expresión de «reino de Dios», aquello significaba lo mismo que para nosotros quiere decir hoy la palabra revolución. Era algo igualmente subversivo que lo llevó a la muerte.

P.- ¿Sigue profesando amor eterno a Dios y a Marx?

R.- Bueno, son cosas distintas. Mi fe es en Dios y Marx es el vehículo de ese método científico y sociológico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta. A través de los dos entiendo que es posible alcanzar un mundo de justicia, fraternidad y amor. Marx nos presenta una herramienta ideológica para lograr la sociedad comunista perfecta, sin clases. En ese sentido, ambos están muy cerca. Marx está en la misma línea de los grandes profetas bíblicos.

P.- ¿En qué momento descubre su vocación revolucionaria?

R.- Fue tras mi primer viaje a Cuba, en 1970. Fui invitado a formar parte del jurado del Premio Casa de las Américas. Y reconozco que llegué con el cerebro envenenado por influencia de lo que leía en la revista Time y otras publicaciones del capitalismo.Allí encontré una sociedad evangélica, como la que pretende realizar Cristo en los Evangelios. No había clases sociales. La igualdad era posible. No había prostitución. Ni droga. Nadie dormía bajo un árbol... No había abundancia, pero sobre todo no había miseria.Para mí era una sociedad tan perfecta como la monástica, que era de donde yo había salido por problemas de salud. Después de mi conversión religiosa, ésta fue la otra gran conversión de mi vida: a la revolución.

P.- ¿Entiende la poesía como instrumento revolucionario?

R.- Claro. Todo arte es revolucionario aun cuando no trate de asuntos sociales. Como la poesía de los grandes profetas de la Biblia: Isaías, Jeremías, etcétera. Todos ellos denunciaban la injusticia y anunciaban un sistema nuevo. La poesía es un mensaje de denuncia y de amor. Esta fue mi vocación natural. La primera, porque la religiosa fue tardía. Vino después de los 30 años.Y a la revolución llegué aún más tarde.

P.- ¿Se arrepiente de algo?

R.- De no haber tenido estas conversiones antes. Como San Agustín cuando le dijo a Dios: «Belleza antigua y siempre nueva, tarde reconocida».

P.- ¿Ni siquiera de su paso por la política como ministro de Cultura de Nicaragua?

R.- Es que yo nunca fui político. Yo sólo soy contemplativo, poeta y revolucionario.

P.- ¿Así le gustaría ser recordado?

R.- Preferiría no serlo. Se me podría recordar mal. Y si lo hacen bien, también sería falsamente por las cosas que no hice pero creí que hice.

P.- ¿De qué le salvó la poesía?

R.- De la desesperanza. Es, al mismo tiempo, el lugar de mi protesta y de mi celebración.

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"El reto de la economía cubana es producir lo que se necesita y producir con eficiencia"


Lisandra Fariñas Acosta y Dalia González Delgado
Cubahora

Entrevista al periodista cubano Ariel Terrero

En las páginas de la centenaria revista Bohemia hay un periodista que exige las "cuentas claras". Así decidió nombrar su columna. Temas álgidos unas veces, polémicos otras, dan sentido a una sección cuyo punto de convergencia está anclado en la economía cubana. Ariel Terrero es un hombre agudo. Y con esa agudeza expone para Cubahora algunos de sus criterios.

¿Cuál es su visión como periodista, sobre la presencia de temas económicos en la prensa cubana?

Insuficiente. Creo que hoy precisamente estamos viviendo un momento especial, muy difícil y tenso de la economía cubana y de la economía mundial, que requiere para las personas, en primera instancia, mucha información, para que tengan al menos la mínima idea de lo que está pasando. Muchas veces no se tiene noción de la coyuntura económica que vivimos y creo que esa falta de claridad tiene que ver con muchos elementos, no solo con la falta de información, pero sin dudas este es fundamental. Otros elementos que intervienen se relacionan con la estructura propia de la economía cubana y otros influyen directamente en que a la gente le sea menos urgente, o no, determinado acceso a las noticias. Sin embargo, no es suficiente y lo cierto es que las personas necesitan la información, la piden y la buscan.

Entonces, ¿es un reto para los periodistas cubanos?

Es un reto del sistema de la prensa cubana. Creo que se están abriendo alternativas al sistema de información en la sociedad en general, pero no se reflejan en gran medida dentro del sistema de la prensa.

¿Qué entiende por cultura económica de un país?

Cultura económica es saber, percibir, deducir, lo que está ocurriendo en tu país, tu entorno, y hablo de entorno a escala internacional, para poder comprender, sobre todo, los fundamentos económicos de lo que está pasando hoy. Hay estructuras y políticas de la sociedad cubana que propician que las personas no tengan urgencia para conocer y entender determinados aspectos de la economía.

Ya lo planteaba Fidel en el discurso que dio en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, el 17 de noviembre de 2005, cuando le preguntó a unos estudiantes cuánto gastaban en la bodega y el total del importe de electricidad, y ninguno supo responder con exactitud ¿Por qué puede pasar esto si en todo el mundo, cuando tú hablas con un europeo o un latinoamericano, sabe con exactitud cuánto gastó en agua, alimentación o en un crédito?

En Cuba hay elementos que propician este desconocimiento. En mi opinión, pudiera ser un exceso de protección de nuestro Estado sobre la sociedad, que no te obliga a esforzarte para protegerte a ti mismo. Aquí juega un papel importante saber cómo va la economía, cómo se comportan los precios, y cómo vas a administrar los recursos disponibles.

Tienes la garantía de que te va a tocar por la libreta de abastecimiento determinada cantidad de productos, y te tocan. El precio es irrelevante, no es el factor que más incide en la cuenta doméstica del hogar promedio cubano. Entonces no te importa si el precio del arroz de la cuota esta en el mercado mundial de una manera o de otra, porque ese precio en la bodega no se mueve, aunque fluctúe internacionalmente.

Cultura económica es saber hablar sobre tarifas y precios, entender las lógicas de movimiento del mercado, conocer qué cambió de un año a otro y por qué, entender qué puede pasar el presente año, si en el mundo está ocurriendo una crisis económica con determinadas características, tener conocimiento de esa crisis, a qué responde y cuáles pueden ser sus consecuencias. Eso es cultura económica.

Un tema muy controvertido en la agenda económica cubana es el de la productividad y el salario. La relación entre estos factores debe ser proporcional. Se dice que un aumento del salario y el nivel adquisitivo cubano promedio dependen del incremento de la producción. Sin embargo, incrementar la producción necesita un estímulo. ¿Ha reflexionado sobre cómo salir de este escollo?

Uno no se puede sentar a la mesa a comer si no cocina primero, esa es la clave de todo. Si no se prepara, si no se crea riqueza, no puedes distribuirla. Bajo ese principio es que tiene que equilibrarse el problema de la productividad y el salario.

Muchas veces se priorizan determinados sectores en busca de una salida económica coyuntural, y se dejan de la mano otros. ¿Cree que la prioridad económica actual está plenamente en correspondencia con la cultura productiva del país?

Si tienes en tu casa un ingreso de 100 pesos y además un montón de necesidades acumuladas, debes priorizar qué es lo que vas a comprar con ese dinero. Por lo tanto, no se trata de dejar algo de la mano. Si lo más urgente era pagar un medicamento, un alimento o anticipar algo específico, las demás cosas necesariamente se quedan.

Pasa igual a escala de la economía. Quien gobierna un hogar tiene que decidir dónde pone el dinero. Igualmente, quien gobierna un Estado, sea Cuba o cualquier otro país, tiene que priorizar en qué invierte.

A veces, con un nivel de recursos muy limitados y tienes que invertir en determinados sectores para que sirvan, como se ha dicho, de locomotora al resto de la economía. En los primeros años de la actual década, por ejemplo, se analizó cuál era el sector con más perspectivas; se determinó que era el turismo y se priorizó. Otros quedaron en el camino como la industria azucarera, por una parte ya no rentable, unido a los precios del mercado mundial que no justificaban seguir invirtiendo y gastando en este sector, por lo que había que reestructurarla. Se cerraron los centrales que ya no eran eficientes o productivos, y se fueron haciendo determinados ajustes a la economía.

Ahora pasa algo similar. Estamos haciendo una inversión fortísima en la industria farmacéutica —con la biotecnología primero—, después con los laboratorios y las plantas de producción. Esto es una prioridad que se asumió con mucha luz larga, porque al principio no se veían los beneficios a corto plazo, como sí sucedió con el turismo. En este último, invertías en un hotel que el próximo año ya te iba a reportar ingresos. Mientras, cuando se invierte en la biotecnología, se piensa en el futuro.

Ya hoy se ha convertido en el segundo exportador de bienes del país detrás del níquel, por delante del tabaco, el azúcar y de producciones tradicionales. Eso es en cuanto a la exportación de bienes, porque en cuanto a ingresos en general están por delante el turismo y los servicios profesionales.

Hace ya varios años Fidel vaticinó que nuestra economía sería una economía de servicios. Dentro de los acuerdos del ALBA, ¿el papel de Cuba es aportar servicios a la vez que recibe a cambio bienes materiales?

Cuba es una economía de servicios desde hace tiempo. El turismo, por ejemplo, es un sector de servicios, y es el primero de la economía cubana. Esto da una idea del cambio radical que ha experimentado la economía del país en relación con el año 1989, cuando el 70 por ciento de los ingresos provenían de la industria azucarera y la agricultura.

Hoy eso se ha invertido, el turismo se ha ido por delante, aunque también tenemos los servicios de alto valor agregado, no solamente la medicina, sino muchos más que reportan ingresos al país. Aunque la economía cubana sea de servicios, eso no significa que se vaya a encerrar en ese camino. Se trabaja en desarrollar otras producciones como las de la industria y la agricultura. Cuando se dice que un país tiene determinada economía no es porque sea el único sector que explota.

Dentro de las misiones internacionalistas, la salud, por ejemplo, se coloca como una nueva columna económica en la nación. ¿Cree que el futuro de la economía cubana podría estar en la llamada "economía del conocimiento"?

Ese nombre se le ha dado, sobre todo, a economías europeas, a Estados Unidos y a Japón, que han apostado a dominar lo que llaman el know how de las tecnologías, el conocimiento, las patentes, toda la propiedad industrial.

Ellos instalan la industria en el Tercer Mundo, donde es más barata la fuerza de trabajo. Sin embargo, la tecnología la crea, la administra y la explota el Primer Mundo. La clave de poder económico es dominar todo ese conocimiento. Es eso lo que reporta las ganancias.

Cuba está en el camino hacia la economía del conocimiento. Hay economistas que han teorizado y reflexionado sobre este tema, por las características que tiene una sociedad que desde que triunfó la Revolución se dedicó a la alfabetización, formación de técnicos, ingenieros, licenciados, en los más diversos terrenos. Tenemos un enorme capital humano, que nos permite exportar servicios en cualquier campo. De ahí la tesis de que evolucionamos en ese sentido.

Teniendo en cuenta las características de la economía cubana, ¿hasta qué punto se minimizan en la Isla los efectos de la crisis económica mundial?

Lo que puede contribuir a minimizar o a atenuar los efectos de la crisis, es la forma o la estructura de una economía centralizada, el hecho de que es una economía de propiedad estatal, donde el Estado puede maniobrar y utilizar con inteligencia los recursos que en otros lugares están dispersos.

Ahora en Europa y en Estados Unidos el gobierno está interviniendo en la economía, creando bancos estatales, o sea, buscando soluciones que impliquen una participación directa del gobierno. El hecho de que Cuba tenga una estructura económica diferente, le da la posibilidad de emplear con más precisión los recursos que son limitados.

Esto es muy importante en una coyuntura que nadie sabe hacia dónde va. Aunque sí creo que esas economías saldrán de la crisis. No me parece que este sea el fin del capitalismo, más bien quizás tengan que reestructurar y cambiar las reglas del juego, pero hasta ahí.

Para finalizar, ¿cuáles son a su juicio los principales retos que enfrenta la economía cubana?

Sencillamente, producir lo que se necesita y producir con eficiencia.



http://www.cubahora.cu/index.php?tpl=principal/ver-noticias/ver-not_ptda.tpl.html&newsid_obj_id=1030296


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Partidos de Vanguardia

viernes, 27 de febrero de 2009


Ernest Mandel

Articulo basado en la intervención de Ernest Mandel en la conferencia "Marxismo: Las Dos Siguientes Décadas", celebrado en la Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá, Marzo 12-15 1983. http://www.geocities.com/jrme_chile/partidos_de_vanguardia.html

Analizar el problema de los partidos, construcción de partido, y la necesidad de la existencia de un partido de vanguardia es apuntar a las particularidades de una revolución socialista (o si acaso no le gusta la palabra "revolución", una transformación socialista de una sociedad burguesa). La revolución socialista será la primera revolución en la historia de la humanidad, que intente cambiar la sociedad en una forma consciente y de acuerdo a un plan.

Este no entrará en detalles específicos, puesto que esto dependerá de las condiciones concretas y la infraestructura cambiante de la sociedad. Pero por lo menos estará basado sobre el plan de cómo es una sociedad sin clases, y cómo alcanzar la. Es también la primera revolución en la historia, que necesita un alto nivel de actividad y de la propia organización de toda la población explotada, es decir, la gran mayoría de los hombres y mujeres de la sociedad. Sobre estas dos características claves de una revolución socialista, uno puede sacar una serie de conclusiones.

-Una revolución socialista no puede ocurrir espontáneamente-. No se puede lograr una revolución socialista sin realmente querer lograrla. -Tampoco se puede lograr una revolución socialista comandada desde arriba, ordenada desde arriba por un líder o grupo de lideres todo poderosos. Uno necesita ambos ingredientes en una revolución socialista: el más alto nivel de conciencia posible, y el mas alto nivel de organización y actividad de los segmentos más amplios de la población. Todos los problemas de la relación entre la organización de vanguardia y las masas se originan de esta contradicción básica.

Si miramos el mundo real, el verdadero desarrollo en la sociedad burguesa en los últimos ciento cincuenta años (más o menos de los orígenes del moderno movimiento de obreros), veremos nuevamente esta contradicción. Esto ayuda a solucionar una de las mayores disputas acerca de la clase obrera y el movimiento obrero, el cual ha continuado desde hace mucho tiempo, y está en el centro del debate político hoy en día. ¿Es la clase obrera un instrumento para un cambio revolucionario?. ¿Está la clase obrera integrada a la sociedad burguesa?. ¿Cuál ha sido su rol en los últimos 150 años?. ¿Qué nos dice el balance de la historia sobre estas preguntas?.

La única conclusión que se puede sacar desde el movimiento histórico real, es que, día a día, lo que Lenin llamó Conciencia Sindicalista domina a la clase obrera. Yo llamaría a esto "Conciencia de clases elementaria de la clase obrera". Esto no lleva a algo permanente día tras día de revuelta contra el capitalismo, pero es absolutamente necesario y esencial -como lo enfatizo Marx numerosas veces-, que un revuelo anticapitalista de los trabajadores ocurra alguna vez. Si los trabajadores no luchan por mejores sueldos, por una menor jornada de trabajo, por sus problemas económicos de todos los días, ellos llegaran a ser esclavos desmoralizados. Con esclavos desmoralizados no se podrá adquirir un solidaridad de clases elemental, y mucho menos hacer una revolución socialista. Entonces ellos tienen que luchar por sus demandas inmediatas, pero la lucha por estos no los lleva automáticamente y espontáneamente a cuestionar la existencia de la sociedad burguesa.

El otro lado de la historia también es cierto. Periódicamente, los trabajadores se revelan en contra de la sociedad burguesa pero no de a quinientos, ni miles, sino millones de personas. Después de todo, la historia del siglo XX es la historia de las revoluciones sociales. Cualquiera que lo niegue debe leer nuevamente los libros de historia o los diarios, ya que desde 1917 (y en cierto sentido, desde 1905) casi ningún año ha pasado sin que haya habido una revolución en alguna parte del mundo, en la que los trabajadores participaran activamente. Es verdad que no siempre constituyeron la mayoría de los combatientes revolucionarios, pero esto está cambiando ya que la clase obrera ha llegado a ser la mayoría de la sociedad en casi todos los países del mundo. Entonces periódicamente, los trabajadores si se revelan contra la sociedad burguesa, como lo demuestran las estadísticas desde los años 60 en Europa, donde hubo durante 1960-61 un verdadero desafío en contra el estado capitalista en Bélgica, en 1968 en Francia, en 1968-69 en Italia, en 1974-75 en Portugal, parcialmente en España en 1975-76. Y lo que ocurría en Polonia en 1980-81, si bien no era un revuelo contra el capitalismo, ciertamente fue un desafío para el socialismo. Este es entonces, una visión completamente distinta desde una clase obrera pasiva, integrada, burgesificada. Mas de 45 millones de trabajadores han participado activamente en estas luchas.

Las conclusiones que se pueden sacar de estas características es que hay un desigual desarrollo de actividades y de la conciencia de clase en la clase obrera. Los trabajadores no hacen huelga todos los días, ellos no pueden hacerlo por la manera en que funciona la economía capitalista. La manera que ellos tienen de vivir es vendiendo su fuerza de trabajo, y entonces pensar en huelgas se hace imposible, ellos se morirían de hambre si estas se hicieran todos los días, y ciertamente no pueden hacer la revolución todos los días, todos los años, o aun cada 5 años por razones Económicas, Sociales, Culturales, Políticas, y Psicológicas, las cuales no tengo tiempo para descifrar. Así hay un desarrollo cíclico de la militancia de clase y de la actividad de clase cual esta parcialmente determinada por una lógica interior. Si uno lucha por muchos años y esa lucha termina con una grave derrota, entonces no empezaras a luchar al mismo nivel, o a un nivel más alto, que el año antes de la derrota. Tomará tiempo recuperarse, lo que podrían ser diez, quince o veinte años. Lo opuesto también es verdad, si uno lucha muchos años y alcanza el éxito, incluso un mediano éxito, tu momentum te da ánimo para luchar abarcando más, y a un nivel más alto. Así nosotros tenemos este movimiento cíclico en la historia de la lucha de clase internacional, el que podríamos detallar. Muy relacionado con el desarrollo desigual de la militancia de clases, un desarrollo desigual de conciencias de clase, no es necesariamente una función mecánica de el primero. Uno puede tener un alto nivel de actividad de clase con un nivel relativamente bajo de conciencia de clase. Y lo opuesto también es cierto. Puedes tener un nivel relativamente alto de conciencia de clase pero con un bajo nivel de militancia de clase. Estamos hablando de conciencia de clase en un sentido amplio de millones en personas, y no de pequeños estratos de vanguardia.

Saliendo de estas básicas discusiones conceptuales, podemos concluir la necesidad de la formación de una vanguardia inmediatamente. Se necesita una organización de vanguardia para superar los peligros potenciales creados por el desarrollo desigual de la militancia de clase y de la conciencia de clase. Si los trabajadores estuvieran todo el tiempo en un estado de máxima militancia y conciencia, no habría necesidad de existir una organización de vanguardia. Desgraciadamente este estado es imposible bajo el capitalismo. Entonces se necesita un grupo de personas que encarnen permanentemente un alto nivel de actividad, militancia, y conciencia de clases. Después de cada ola de elevación de la lucha de clases y crecimiento de la conciencia de clases, cuando esta actividad de las masas comienza a decrecer, el nivel de conciencia cae a un nivel más bajo, y la actividad cae casi hasta cero. La primera función de la organización de vanguardia es mantener la continuidad teórica, programatica, política, y organizacional, adquiridas durante la fase previa de alta actividad y de conciencia. Esto sirve como una permanente memoria de la clase y del movimiento trabajador, memoria que está codificadá, de una manera u otra, en un programa con el cual se puede educar a la nueva generación, y entonces no necesita empezar desde abajo en su concreta intervención en la lucha de clase. La primera función entonces, es asegurar la continuidad de la lección sacada de la acumulación de la experiencia histórica, porque esto es un programa socialista: la suma total de las lecciones sacadas de todas las experiencias verdaderas de luchas de clases, verdaderas revoluciones, y verdaderas contrarrevoluciones en los últimos ciento cincuenta años. Pocas personas son capases de soportar esto, y nadie, es capaz de soportarlo solo. Se necesita una organización y dado la naturaleza mundial de esa experiencia, se necesita tanto una organización nacional, como una organización global, que pueda analizar esa totalidad de experiencia histórica y corriente de lucha de clases y revolución, y enriquecerlo con nuevas lecciones provenientes de nuevas revoluciones, para hacer está más y más adecuado a las necesidades de la lucha de clases y revoluciones que están ocurriendo en este mismo instante.
Hay una segunda dimensión, la dimensión organizacional, que no es tan solo organizacional, sino también política. Aquí llegamos a la famosa cuestión de la Centralización. El Marxismo Revolucionario lucha por el centralismo democrático.

Pero la palabra centralismo no debe ser tomada en el primer lugar desde un punto de vista organizacional, y de ninguna manera es necesariamente administrativa. Es político. ¿Qué significa Centralismo? Significa la centralización de experiencia, de conocimiento, de conclusiones sacadas de la militancia. Aquí nuevamente, se ve un tremendo peligro para la clase obrera y el movimiento trabajador, si no hay tal centralismo de experiencias (este es el peligro de la sectorializacion y la fragmentación), a nadie se le permite sacar conclusiones adecuadas para la acción.

Si tenemos militantes mujeres envueltas solamente en las luchas feministas, a los jóvenes solamente en luchas de la juventud, a los estudiantes solamente en luchas estudiantiles, a los trabajadores cesantes en luchas propias, si los militantes políticos están solamente en campañas electorales o en la publicación de un periódico, y si cada uno opera en forma separado de cada otro, ellos operan solamente en base a experiencias limitadas y fragmentadas y por lo tanto no pueden sacar conclusiones correctas desde su propia experiencia. Ellos tienen experiencias fragmentadas, luchas fragmentadas, y la conciencia parcialmente fragmentada. Solo ven una parte de la realidad. Por lo tanto, las conclusiones que sacaran, se puede decir con anticipación que serán equivocadas, al menos en parte. Ellos no pueden tener un punto de vista correcta amplia de la realidad, ya que ven solamente una parte fragmentada de esta.

Lo mismo es verdad, naturalmente, desde un punto de vista internacional. Si uno solo se concentra en Europa Oriental, solo tendría una vista parcial del mundo verdadero. Si uno se concentra solo en países subdesarrollados, semicoloniales, dependientes, uno tendría un punto de vista parcial de la realidad. Si uno se concentra en los países imperialistas, también tendrá una visión parcial. Solo si uno junta la experiencia de las luchas concretas, conducidas por las masas reales en los tres sectores del mundo (también conocidas como los tres sectores de la revolución mundial) entonces tendríamos una vista amplia y correcta del mundo. Esta es la ventaja de la Cuarta Internacional, porque es una organización internacional, el cual tiene camaradas luchando y no solo analizando teóricamente, en estos tres sectores de la revolución mundial. Es producto de la centralización elemental de las experiencias concretas de lucha en una escala mundial, mas un programa histórico verdadero.

De eso trata la centralización. Significa que, no diría los mejores, ya que seria una exageración, pero buenos luchadores en los sindicatos, buenos luchadores entre los trabajadores y cesantes, buenos luchadores entre mujeres, jóvenes, y estudiantes, buenos antiimperialistas, buenos luchadores de cada uno de los tres sectores del mundo, se reúnen para centralizar sus experiencias para poder comparar las lecciones de sus luchas a escala nacional e internacional. Esto permite sacar conclusiones relevantes, examinar y reexaminar en una forma critica, cada etapa su programa y línea política, a luz de las lecciones que se pueden sacar de estas experiencias, de manera de tener una vista amplia de la sociedad, del mundo, de su dinámica, y de nuestras aspiraciones socialistas y de como llegar a ella. Esto es lo que llamamos un programa acertado, una estrategia correcta, y una táctica correcta. Dado el desarrollo disparejo de la conciencia de clase y los niveles disparejos y discontinuos de actividad de clase, esto no puede ser hecho por las masas en su totalidad. Creer lo contrario seria una utopía.

Esto solo pueden lograrlo aquellas personas que dicen ser los más activos de una forma más permanente, y continua que otras personas. Esta es la única cualidad que dicen tener, pero es una cualidad que solo el tiempo puede demostrar. Todas aquellas personas que no poseen esa cualidad también lo demuestran en la práctica ya que cesa su actividad política. Sin embargo aquellos que si tienen esa cualidad, continúan luchando aun cuando las masas periódicamente dejan de luchar, continúan desarrollando su conciencia de clase, continúan elaborando políticas y teorías y constantemente intentan intervenir continuamente en la sociedad. Cualquiera que se contrapone a este derecho, se contrapone al más elemental derecho humano. Este "mérito" sin importar que tan limitado, aporta una serie de cualidades concretas y practicas, los cuales constituyen la base para la justificación de una organización de vanguardia.

Tal como he dicho, existe una verdadera contradicción entre la organización de vanguardia y las masas. Existe una verdadera tensión dialéctica, si es que se le puede llamar así, a la que debemos enfrentarnos. Primero que todo, utilizo las palabras "Organizaciones de Vanguardia", y no "Partidos de Vanguardia". Esta es una diferencia conceptual que enfatizo. Yo no creo en los partidos que sé autoproclaman.

No creo en cincuenta o cien personas parados en la plaza, pegándose el pecho y gritando "nosotros somos el partido de vanguardia". A lo mejor ellos están en su propia conciencia, pero si el resto de la sociedad no les importa nada, pueden estar mucho tiempo gritando en la plaza, sin tener resultado alguno en la vida practica, o peor aun, ellos intentaran imponer sus convicciones sobre las masas mediante la violencia. Una organización de vanguardia es algo permanente. Un partido de vanguardia tiene que ser construido, a través de un proceso largo. Una de las características de su existencia es que un partido llega a ser reconocido como de vanguardia por al menos una minoría substancial de la clase misma. No se puede tener un partido de vanguardia que no tiene seguidores en la clase.

Una organización de vanguardia se transforma en partido cuando una minoría substancial de la clase verdadera, de los trabajadores, jóvenes revolucionarios, mujeres revolucionarias, etc., lo reconocen como su partido de vanguardia (o sea lo sigue en sus acciones). Que sean diez, o quince porciento, esto no importa, pero debe ser un sector verdadero de la sociedad. Si esto no existe, entonces no tienes un partido de verdad, sólo tienes una semilla para un futuro partido. Qué le ocurrirá a esta semilla será demostrado por la historia. Permanece entonces una pregunta abierta, no contestada aún por la historia. ¿Se necesita una lucha permanente para transformar esa organización de vanguardia en un partido revolucionario de vanguardia verdadero, con sus raíces en la clase, presente en las luchas de la clase obrera, y aceptada por al menos una fracción verdadera de la clase?.

Aquí tenemos que introducir un nuevo concepto. Dijimos antes que la clase no está permanentemente activa, ni a un nivel permanentemente alto de conciencia de clase. Ahora debo introducir una distinción. La masa de la clase no es homogénea, no solo porque hay individuos pertenecientes a distintos grupos políticos, en distintos niveles de conciencia, bajo influencias de diferentes ideologías burguesas, sino que hay también una diferenciación ocurriendo dentro de su estructura masiva. Hay un proceso de diferenciación social y político que esta ocurriendo continuamente dentro de la clase obrera verdadera. Hay una destilación masa-vanguardia ocurriendo en la clase obrera durante ciertos períodos. Lenin escribió mucho sobre esto; Trotsky escribió mucho sobre el; Rosa Luxemburgo también escribió mucho sobre ello. Las personas quienes tienen la ambición de ser activos constructores de la organización revolucionaria, como yo, pueden darle nombres, direcciones, y números telefónicos de estos trabajadores de vanguardia en sus propios países. No es una pregunta misteriosa. Es un problema práctico. ¿Quiénes son estos trabajadores de vanguardia en Bélgica, Francia, Italia, Portugal, España, Alemania occidental? Son aquellos que dirigen las huelgas, quienes organizan la oposición militante en los sindicatos, quienes están preparando luchas masivas, diferenciándose de el aparato burocrático tradicional.

La diferenciación es tanto social como política, aunque uno puede discutir el peso exacto de cada elemento, y esto cambia en cada situación. Pero los estratos son de verdad. Las dimensiones de los estratos son distintas en diferentes períodos. La "Obleute Revolucionaria" como son conocidos en Alemania, los sindicatos y las grandes fabricas de Berlín que estaban dirigiendo la revolución de Noviembre 1918 y construyendo el Partido Socialista Independiente, posteriormente se unieron al Partido Comunista, cuando la izquierda del Partido Socialista Independiente se fusiono al Partido Comunista en el Congreso de Halle, eran un estrato concreto de la sociedad Alemana, no sólo en Berlín, también en zonas industriales del país. Todos los conocían, no eran una cantidad desconocida. Eran decenas de miles de personas. Si miramos a la vanguardia de la clase obrera quince años mas tarde, alrededor de 1930-33, este estrato había disminuido fuertemente en número pero aún existía.
Si estudiamos Rusia, veremos lo mismo. En 1905, todos conocían a estas personas.

Eran aquellos que estaban liderando las huelgas, las luchas de clase contra el zar. En su mayoría estaban por fuera de la Social Democracia antes de 1905, tendieron a acercarse a la Social Democracia durante la revolución de 1905-06, y nuevamente se separo parcialmente del partido (tanto Mencheviques como Bolcheviques) en el período de reacción. Ellos entraron nuevamente a la política y crecieron masivamente en 1912, y especialmente con el comienzo de la revolución de Febrero de 1917, la mayoría fueron absorbidos por el partido Bolchevique en Abril de 1917, después de que el partido Bolchevique tomo una línea clara de "Todo Poder para los Soviet", o sea, la dictadura del proletariado.

Uno puede discutir si los Bolcheviques se convirtieron en un partido de vanguardia, en el verdadero sentido de la palabra, en 1912-13, o solo en 1917. Debería decir que fue en 1912-13, o si no hubiese sido muy difícil para ellos crecer tan rápido como lo hicieron en la primavera de 1917. Pero es tan sólo un punto de análisis histórico. La verdadera noción es que la fusión en la vida real, entre este estrato vanguardista de la clase obrera, los verdaderos lideres de verdaderas luchas de trabajadores a nivel de fabricas y de vecindarios, de luchas de las mujeres, de luchas de jóvenes, y la organización de vanguardia política. Cuando la fusión ha ocurrido, por lo menos en parte, tienes un verdadero partido de vanguardia, reconocido como tal por una minoría significativa de la clase. Entonces es probable se haga mayoría solo durante la crisis de la revolución misma, con la condición que sigue una línea política correcta. Si no hay fusión, solo tienes la semilla para un futuro partido de vanguardia, tienes una organización de vanguardia, la cual es una pre-condición para la fusión en una etapa posterior.

Esto se convierte en la tercera dimensión: la propia organización de la clase. La que pasa por distintos formas en distintas estados de la lucha de clase. Las organizaciones en si, más elementales son los sindicatos. Después tienes en los mismos partidos políticos diferentes niveles de conciencia, partidos laboristas burguéses, partidos laboristas independientes y partidos revolucionarios de trabajadores. Sólo bajo condiciones de crisis revolucionaria tenemos los mas altos niveles de organización como proprio son los tipos soviéticos de organización, los comités de trabajadores, comités de la gente, llámalos como quieras, los comités populares. ¿Por qué digo mas alto? porque ellos engloban a la gran mayoría de los trabajadores que por lo general, bajo condiciones que no son las de revolución, no encontramos participando ni en sindicato, y tampoco en partidos políticos. Organizaciones directas a través de organizaciones propias de la clase, como los comités de los trabajadores, es la forma mas alta, no porque yo tenga una predilección teórica, ni ideológica, o sentimental por ello—las cuales tengo--pero por una razón objetiva y simple: ellos organizan un porcentaje mucho mas alto de los trabajadores y las masas explotadas. Bajo condiciones normales, como no son restringidas por aparatos burocráticos y de liderazgo, deben organizar entre un 90 y un 95% de las masas explotadas, lo cual nunca encontrarás en un sindicato o un partido político. Por lo que ellos son la forma más alta de autoorganizacion.

Incluso, no hay en lo absoluto contradicción entre organizaciones separadas de militantes revolucionarios de vanguardia y su participación en organizaciones de masa de la clase obrera. Al contrario, la historia generalmente confirma que entre mas consciente y mejor organizando como organizaciones de vanguardia se sea, lo más constructivamente se trabaja en la organización de masas de la clase obrera. Esto significa que se deben evitar los apuntalamiento teóricos de sectarismo, que tienes que respetar la democracia de los trabajadores, la democracia socialista, a los soviet o comités de los trabajadores, a los comités populares, en una forma muy acabada y meticulosa. Dicho esto no hay contradicción alguna. De nuevo, el único derecho que se te concede dentro de los sindicatos, dentro de los partidos de masa, dentro de los soviet, es de ser más dedicado, más energético, más valiente, más lucido, un más apasionado constructor de sindicatos, de partidos de masa, de soviet, defensor de los intereses de la clase obrera; sin atribuirse a uno mismo algún privilegio especial hacia su prójimo trabajador, excepto el derecho de intentar convencerlo.

Nuestra postura por la democracia de la clase obrera, por democracia socialista, por el pluralismo socialista esta basado en un entendimiento programático en el que no hay contradicciones entre los intereses de los comunistas, los militantes de vanguardia, la clase obrera, y el movimiento laborista en su totalidad. No hay condiciones en las cuales subordinamos los intereses de la clase como un todo a los intereses de alguna secta, alguna capilla, alguna organización separada. No creemos que el programa Marxista, que encarnece la continuidad de la experiencia de la actual lucha de clases y las revoluciones verdaderas de los últimos ciento cincuenta años, sea un libro cerrado. Si crees eso, entonces el mejor marxista revolucionario sería un loro que lee de memoria, o esperar la respuesta después de ingresar todos los datos a la computadora. Para nosotros, el Marxismo está siempre abierto porque siempre hay experiencias nuevas, nuevos hechos, incluyendo hechos del pasado, que deben ser incorporados en el cuerpo del socialismo científico. El Marxismo siempre está abierto, siempre crítico, siempre autocrítico.

No es por accidente que cuando Marx fue llamado para contestar la pregunta en un juego de salón "¿Cual es tu vida dictum mas importante?" el contesto, "De omnibus est dubitandum" ("debes dudar de todo"). Esta es la actitud opuesta que se le atribuye generalmente a Marx, que construía una nueva religión sin Dios. El espíritu de dudar todo y cuestionar todo lo que has dicho es muy contrario a una religión o un dogma.

Los marxistas creen que no hay una verdad eterna, y no hay personas que saben todo. La segunda estarza de nuestro himno, comienza con las palabras maravillosas, en francés:
• Il n'y a pas de sauveur suprème
• Ni dieu, ni César, ni tribun,
• Producteur sauvons -- nous nous mêmes
• Decrétons le salut commun

(Sólo la masa entera de los productores se pueden emancipar. No hay Dios, Ni Cesar, ni tribuna (secretario general, comité central, etc.) quien puede sustituir los esfuerzos colectivos de la clase. Es por eso que intentamos simultáneamente de construir organizaciones de vanguardia y organizaciones de masa).

No se puede engañar a la clase obrera o llevarla a hacer algo que no quieren hacer. Tienes que convencer a la clase obrera. Tienes que ayudar a la clase obrera a entender colectivamente y masivamente la necesidad de una transformación socialista de la sociedad, de una revolución socialista. Esta es la relación diléctica entre el partido de vanguardia y la propia organización masiva de la clase obrera. Y es por eso, que para nosotros, el pluralismo socialista, el debate, aun cuando toma un camino poco saludable e infeliz de faccionalismo y altercados, que molestan a todo militante serio (yo simpatizo completamente con ellos ya que por lo general es una perdida de tiempo), es un precio que se debe pagar para mantener ese proceso de autocrítica. Ya que nadie tiene la verdad absoluta, si cada situación es examinada y reexaminada en una forma critica con referencia a nuevos experiencias de lucha de clases y de nuevas revoluciones, entonces la crítica es necesaria, se necesitan confrontaciones de nuevas propuestas, se necesitan nuevas variantes. No es simplemente un lujo para poder ser sincero a una forma abstracta de democracia de los trabajadores. ¡NO!. Es una precondición absolutamente esencial para poder hacer victoriosa una revolución, la que llevará a una sociedad sin clases.

La revolución no es un objetivo en si. Revolución es un instrumento, tal como un partido es un instrumento. El objetivo e construir una sociedad sin clases. Todo lo que hacemos, hasta las cosas de corto plazo, como liderar a las masas en sus luchas cotidianas, nunca debe ser hecho de tal manera que se oponga básicamente con el objetivo a largo plazo, el cual es el objetivo de la auto emancipación de la clase obrera, la auto emancipación de los explotados, construyendo una sociedad sin clases, sin explotación, sin opresión, sin violencia entre hombres y mujeres. Democracia socialista no es un lujo, sino un absoluto, necesario para derrocar al capitalismo y construir el socialismo.

Permítame darle dos ejemplos.

-Hoy entendemos los aspectos funcionales de la democracia socialista en la sociedad post-capitalista (la sociedades de Europa oriental, Unión Soviética, China, Vietnam, y Cuba). Sin democracia pluralista no se pueden encontrar las soluciones correctas para los problemas básicos de la planificación socialista. Ningún partido puede sustituir la masa del pueblo, para determinar que quiere la masa del pueblo como prioridades en la forma de consumo, la división entre el fondo de consumo y el fondo de inversión, entre consumos individuales y colectivos, entre el fondo productivo de consumo y el fondo improductivo de consumo, entre el fondo productivo e improductivo de inversión, etc. Nadie puede lograr eso. Otra vez, creer lo contrario seria utópico.

Si la masa de la gente no acepta tu elección de prioridades, ningún poder en la tierra, ni siquiera el terror mas grande de Stalin puede obligar a las masas a hacer la única cosa clave que se necesita para construir el socialismo: Tener una participación creativa, constructiva, convencida, en el proceso productivo. Hay una forma de oposición que la burocracia ha logrado en destruir. Se hace mas y mas grande: la oposición que se expresa en un desinterés acerca de lo que ocurre con la producción. Conoces el chiste famoso que cuentan en Alemania Oriental: <> Esta es la realidad en todos los países burocráticos llamados "socialistas". Ningún terror puede sobre pasar eso. Sólo la democracia socialista puede vencer esto, solo pluralismo, sólo la posibilidad de la masa de los productores y los consumidores de elegir entre distintas variantes de el plan que conforma la mayoría de sus intereses como ellos lo entienden.

Democracia socialista no es, un lujo y no tiene porque ser limitado a los países industrializados más avanzados. Es cierto para China, y de Vietnam. Es la única manera de corregir rápidamente los efectos desastrosos de una política errada. Sin pluralismo, sin un debate publico amplio, sin oposición legal, podría demorar 15 años, o 20, o incluso 30 años en corregirse. Hemos visto en la historia el precio terrible que tiene que pagar la clase obrera cuando se demora tanto en corregir un error. Los errores en si son inevitables. Como dijo el compañero Lenin, "la verdadera clave para un revolucionario no es que nunca comete errores, sino que como los corrige". Sin democracia interna en el partido, sin el derecho a la demostración, sin la prohibición de facciones, sin debate publico libre, hay grandes obstáculos para corregir los errores, y se pagara un precio grande por esto. Por lo tanto, estamos en favor del derecho, de diferentes tendencias, de democracia interna plena, y de la no-prohibición de facciones o partidos.

Yo no digo el derecho a facciones, porque es una formulación falsa. Facciones son un signo de enfermedad en el partido. En un partido sano no hay facciones. Un partido sano desde el punto de vista de la línea política, y el régimen interno del partido. Pero el derecho a no ser expulsado del partido, si creas una facción, es un mal menor al ser expulsado y sofocar la vida interna del partido a través de debates internos excesivamente prohibidos.

No es una pregunta fácil, especialmente para un partido del proletariado. Cuanto mayor el numero de organizaciones revolucionarias de vanguardia con sus raíces en la clase obrera, menor el numero de estudiantes, y otros miembros no-proletariados (no digo que es malo tener estudiantes o intelectuales; se necesitan, pero no deben ser una mayoría en una organización de vanguardia). Cuanto mayor el número de trabajadores en tu organización, mejor estaras implantado en la clase obrera, y mayores probabilidades de cruzarse con los problemas concretos de la clase. Dentro de este marco debe ponerse la naturaleza funcional de la organización de vanguardia para la lucha de clases, para lograr la revolución y para construir el socialismo.

Uno nunca debe olvidar que hay estrictamente una interrelacion dialéctica los tres. O si no, nos desviamos del camino y no cumplimos el rol histórico que queremos cumplir: ayudar a las masas, los explotados y los oprimidos del mundo, construir una sociedad sin clase, una federación mundial socialista.

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Criterios del liderazgo democrático


Por: Enrique Dussel A.

Con la cita final de La novela de Perón, de Tomás Eloy Martínez (1985), en torno a la matanza de cientos de jóvenes el 20 de junio de 1973 en Ezeiza, como en Tlatelolco, he quedado conmocionado: "No conozco la duda. Un conductor no puede dudar. ¿Se imagina usted a Dios dudando un solo instante? Si Dios dudara, todos desapareceríamos -expresó Perón".

Argentina cayó, durante el tercer gobierno de Juan Domingo Perón, en una espantosa dictadura que muchos sufrimos en carne propia. Sin embargo, alguien puede objetarme que ninguna revolución, ni siquiera las socialistas (de Lenin, Mao, Fidel Castro, etcétera), dejaron de tener un claro liderazgo o, al menos, la conducción de una reducida vanguardia (la de los sandinistas en 1979). El tema debe ser pensado en cuanto a los criterios del liderazgo democrático para comprender las ventajas y riesgos de todo liderazgo, no sólo inevitable, sino igualmente necesario.

¿Por qué toda revolución o proceso de cambio social tiene siempre un liderazgo construido desde el pueblo? Porque los proyectos y principios de todo cambio social y político, que son específicos o universales, hay que aplicarlos a casos concretos, y en esta aplicación puede haber errores. Los encargados de aplicarlos son personas, políticos, biografías concretas, sujetos con cualidades y vicios, humanos, limitados, históricos. Los movimientos sociales, los pueblos, los ciudadanos pueden adherirse a proyectos y principios, pero necesitan discernir sobre personas concretas que llevarán a cabo los principios y proyectos hegemónicos. La persona real, con rostro, honestidad, sentido del humor, prontitud en la decisión, perseverancia, es esencial. Los pueblos no siguen sólo principios, proyectos, sino también personas. Y es correcto en política (como en toda actividad humana). La izquierda necesita del liderazgo, siempre lo ha tenido, pero no le agrada discutir el tema..

La cuestión de fondo es reflexionar sobre los criterios que juzgan la acción de liderazgo y la colocan dentro de ciertos límites que lo determinen como liderazgo justo, democrático, eficaz, crítico. Si se cumplen estos criterios no habría que temer al liderazgo. Así, los mismos que cumplen el liderazgo tendrían pautas correctivas que les permitirían enmendar errores en el ejercicio del liderazgo. Los líderes no pueden ser infalibles; siempre se equivocan, como todo político. La cuestión estriba en poder corregir los errores coherentemente, cumpliendo con criterios estipulados.

El primer criterio del liderazgo es que toda acción del líder debe cumplir con el proyecto de reproducir y aumentar la cualidad de vida de los ciudadanos, en especial los más necesitados. Es el principio material (ecológico, económico y cultural). Se da por supuesto, pero en muchos casos no se cumple claramente. (Véanse las tesis 9 y 13 de mi librito 20 tesis de política.) El segundo criterio es el ejercicio continuo de la democracia (tesis 10 y 19 de la misma obrita). Si un líder en el Ejecutivo tuviera mayoría absoluta con sus partidarios en la Cámara de Diputados, situación ideal para exigir a sus correligionarios cumplir con sus deberes de representantes, estudiando las leyes y decretándolas, más si el mismo Ejecutivo las promueve y, para ir más rápido, pidiera plenos poderes para suplir la acción del Congreso, habría faltado al criterio de un liderazgo democrático, porque asumiría innecesariamente plenos poderes, debilitando la capacidad discursiva de los diputados. Estos perderían responsabilidad, quedarían inactivos y obedientes a un liderazgo que no se ocupa de acrecentar los hábitos democráticos de sus colaboradores. Es una ocasión perdida para democratizar las estructuras del Estado. Se transformaría así en un liderazgo ambiguo, que puede ser criticado de dictadura (en el sentido de la institución romana), y, por desgracia, dictadura innecesaria, siendo que tiene una mayoría absoluta en la Cámara (pero débil, porque la oposición decidió no participar en las elecciones, y en vez de afirmar a sus correligionarios en la Cámara los debilita con sus plenos poderes). Se trata de un error en el ejercicio del liderazgo. Nunca hay que tomar ninguna decisión sin que los afectados tengan conciencia de haber participado plenamente. Elegir ser conductor de los movimientos sociales o presidente legítimo es una decisión que puede imponerse desde abajo (democráticamente y usando instituciones, como un voto para compulsar la opinión) o desde arriba (y si queda la sensación que fue desde arriba el liderazgo pierde fuerza, porque no es asumido por consenso, con legitimidad, democráticamente por los partidarios).

El tercer criterio es la factibilidad. Si el liderazgo llega a las metas propuestas es eficaz. Aunque no se cumplan las metas por objetivas razones de injusticia, de actos corruptos de los oponentes, de instrumentos desproporcionadamente superiores de los antagonistas, la eficacia, al menos por el aumento del consenso en el pueblo con respecto a la corrección en el uso de liderazgo, es un criterio fundamental. Los errores ineficaces no deben ser de tal tamaño que el liderazgo desaparezca por inanición, como en el caso de la candidatura de Madrazo en la pasada elección.

El liderazgo de izquierda debe ser crítico de las injusticias, de las instituciones opresoras, de la incorrecta conducción de los oponentes. La valentía en el enunciar públicamente errores fundamentales (como privatización de los energéticos, o el endeudamiento de Pemex como ocultamiento del endeudamiento del Estado -ya que entregando Pemex sus recursos al Estado, su deuda en realidad es la deuda que debió contraer el Estado- es igualmente parte constitutiva del liderazgo.

Todo movimiento político necesita participación popular, principios normativos, proyecto hegemónico, organización y liderazgo confiable y eficaz. No hay que temer al líder, pero hay que exigirle cumplir criterios políticos democráticos claros que puedan servir para la crítica constructiva. A esto la izquierda no está habituada: critica todo o acepta todo. Además, muchos se creen líderes sin responder a los criterios de tales. Por ejemplo, cuando un líder corrompe a sus adherentes con promesas de ventajas particulares (del grupo adherente) y no abiertas a todos los afectados (aunque no sean adherentes) es un falso líder, un jefe de pandilla. El charrismo es ejemplo de liderazgo corrompido. El corporativismo, con el lema: "Yo te doy para que tú me des", fetichiza el poder del "rey" (el "rey de los jitomates" en La Merced), que es el que protege injustamente a los intereses ilegítimos de los suyos contra otros afectados. En ese caso el liderazgo no cumple con el primer criterio (no promueve el aumento de vida de todos los afectados) ni es democrático (excluye a ciertos afectados); es eficaz, pero con una eficacia a corto plazo, destructora y pervertida. Eso no es liderazgo, es caciquismo.

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Nuestro programa


Nicolás Bujarín
Eugenio Preobrazhenski


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Escrito: En 1919.
Primera Edición: Publicado a en castellano en la revista Asuntos Sociales, Madrid, 1929, en traducción de Ramón Solórzano.
Digitalización: Juan Fajardo, junio de 2000.
Fuente: Elaborado en base al reimpreso de la edición de 1929 de N. Bujarín, El a.b.c. del comunismo por la Editorial Grijalbo en 1970.



1. ¿QUE ES UN PROGRAMA?

Todo partido se propone conseguir determinados fines, Lo mismo un partido de latifundistas o capitalistas que partido de obreros y campesinos. Es, pues, necesario que cada partido tenga objetivos precisos, porque, de lo contrario, pierde el carácter de partido. Si se trata de un partido que represente los intereses de los latifundistas, se propondrá la defensa de los latifundistas: buscando los medios de mantener la propiedad de la tierra, de sometre a los campesinos, de vender el grano a los precios más altos posibles, de elevar la renta y de procurarse obreros agricolas pagados con jornales infimos. Igualmente, un partido de capitalistas, de industriales, tendrá sus objetivos propios: obtener la mano de obra barata, ahogar toda protesta de los obreros industriales, buscar nuevos mercados en los que puedan vender las mercancías a precios elevados, obtener grandes ganancias, para lo cual aumentará las horas de trabajo y, sobre todo, tratará de crear una situación que quite a los trabajadores toda posibilidad de aspirar a un orden social nuevo; los obreros deben vivir con el convencimiento de que siempre ha habido patrones y que continuarán existiendo mientras exista el hombre. Estos son los objetivos de los industriales. No cabe duda que, naturalmente, los obreros y los campesinos tienen objetivos bien distintos, por ser distintos sus intereses. Un viejo proverbio ruso dice: "Lo que conviene al ruso es mortal para el alemán." La siguiente variante sería muy apropiada: "Lo que al obrero conviene es mortal para el capititalista."

Esto significa que el trabajador tiene un fin, el capitalista otro y el latifundista otro. Pero no todos los propietarios se ocupan asiduamente de sus intereses. Más de uno vive en la holganza y en la francachela, sin siquiera tomarse la molestia de revisar las cuentas que le presenta el administrador. Pero también hay muchos obreros y campesinos llenos de despreocupación y apatía. Estos se dicen: "De una manera u otra conseguiremos ir viviendo y lo demás ¿qué nos importa? Así han vivido nuestros antepasados y así seguiremos viviendo nosotros." A esta clase de gente le tiene todo sin cuidado y no comprende ni aun sus propios intereses. Pero los que se preocupan de hacerlos valer del modo mejor, se organizan en un partido. Al partido no pertenece la totalidad de la clase, sino sólo la fracción más enérgica y mejor, que es la que guía a toda la restante. En el partido de los trabajadores (el partido de los comunistas bolcheviques) están afiliados los mejores obreros y campesinos. En el partido de los latifundistas y capitalistas (cadetes)[1] están afiliados los capitalistas y latifundistas mas enérgicos y sus servidores: abogados, profesores, oficiales, generales, etc. Todo partido comprende la parte más consciente de aquella clase cuyos intereses representa. Un latifundista o capitalista, organizado en un partido, combatirá a sus campesinos o trabajadores con mayor eficacia que otro no organizado. Del mismo modo, un obrero organizado luchará contra el capitalista o latifundista con mayor éxito que uno no organizado, siendo la razón de esto el que él tiene conciencia de los intereses y de la finalidad de la clase obrera y conoce los métodos más eficaces y rápido para conseguirla.

El conjunto de los objetivos que se propone un partido en la defensa de los intereses de la propia clase forma el programa de este partido. Las aspiraciones de una clase están formuladas en el programa. El programa del partido comunista contiene las aspiraciones de los obreros y de los campesinos pobres. El programa es la cosa más importante para todo partido. Siempre se puede saber por el programa de cualquier partido los intereses que representa.

2. ¿CUAL ERA NUESTRO ANTIGUO PROGRAMA?

Nuestro programa actual fue aprobado en el VIII Congreso del Partido, a fines de marzo de 1919.
Hasta entonces carecíamos de un programa bien definido y formulado. Teníamos tan sólo el antiguo programa que fue elaborado en el II Congreso, en 1903. En aquella época los bolcheviques y los mencheviques formaban un partido único y, por tanto, tenían un programa común. Entonces la clase obrera comenzaba apenas a organizarse.

Las fábricas y las oficinas eran raras. El porvenir de la clase obrera era muy discutido. Los Narodniki[2] (los precursores del actual partido de los socialrevolucionarios) sostenían que la clase obrera en Rusia no tenia ninguna posibilidad de desarrollo pues el numero de nuestras fabricas y talleres no aumentaría. Los socialdemócratas marxistas (es decir, los actuales bolcheviques y mencheviques) eran, por el contrario, de la opinion de que en Rusia, como en todos los demas paises, seria, una vez desarrollada, el elemento revolucionario primordial. La historia desmintió la opinión de los Narodniki y dio la razón a los socialdemócratas.

Más en la época en que los socialdemócratas, en el II Congreso, elaboraron su programa (elaboración en la que participaron tanto Lenin como Plejánov). Las fuerzas de la clase obrera eran entonces demasiado exiguas. Por eso nadie pensaba en la posibilidad de poder derrocar de un golpe a la burguesía. Se vislumbraba tan sólo la posibilidad de derrocar el zarismo, de conquistar la libertad de Organización de los obreros y campesinos, de obtener la jornada de ocho horas y cortar un poco las garras a los latifundistas. Pero nadie pensaba todavía en poder instaurar un Gobierno de la clase obrera y expropiar inmediatamente las fábricas y empresas de la burguesía. Tal era nuestro antiguo programa de 1903.

3. NECESIDAD DE FORMULAR UN NUEVO PROGRAMA

Desde aquella época a la revolución de 1917 han transcurrido muchos años, y las condiciones han cambiado notablemente. La gran industria en Rusia ha tenido un desarrollo enorme, y con ella, la clase obrera. Ya en la revolución de 1905 ésta se manifestó como un elemento potente. Cuando llegó la segunda revolución se vio claramente que la revolución no podía vencer sin la victoria de la clase obrera. Pero ahora la clase trabajadora no podía contentarse con lo que en 1905 le hubiera bastado, pues se había hecho lo suficiente fuerte para poder tener la pretensión de apoderarse de las fábricas, conquistar el Poder y suprimir a la clase capitalista.

La razón de ello es que las condiciones internas de Rusia, desde la formulación del primer programa, habían cambiado fundamentalmente. Y, lo que es más importante, también las condiciones externas habían sufrido un cambio profundo. En el 1905 reinaba en toda Europa "la paz y la tranquilidad". Por el contrario, en 1917 estaba claro para toda persona inteligente que de las entrañas de la guerra mundial debía surgir la revolución mundial. A la revolución rusa del 1905 sólo sucedió un débil movimiento de los obreros austríacos y convulsiones en los países atrasados de Oriente: en Persia, en Turquía y en China. En cambio, la revolución rusa de 1917 ha sido seguida no sólo de la revolución en Oriente, sino también en Occidente, donde la clase obrera ha emprendido la lucha para el aniquilamiento del capital. Vemos que actualmente las condiciones internas y externas son completamente diferentes de las del año 1903, y, por tanto, sería absurdo que el partido de la clase obrera mantuviese en 1917-1919 el viejo programa de 1903.

Cuando los mencheviques nos echaban en cara el haber renegado de nuestro antiguo programa y, por lo mismo, de la doctrina de Carlos Marx, les respondíamos que, según la doctrina de Marx, los programas no salen de cerebros, sino que los plasma la vida. Cuando la vida ha cambiado profundamente, tampoco puede el programa permanecer el mismo. En invierno se usan las pieles. En verano sólo un loco llevaría una piel. Lo mismo ocurre en política. El mismo Carlos Marx es quien nos ha enseñado lo a tener en cuenta las condiciones históricas contingentes y a obrar en consecuencia.

Esto no quiere decir que debamos cambiar de convicciones como una señora se muda de guantes. El objetivo primordial de la clase obrera es la realización del orden social comunista. Este es el objetivo constante e inmutable de la clase trabajadora. Se comprende que, según la distancia a que ésta se encuentra de esta meta, variarán sus reivindicaciones inmediatas. Durante el régimen autocrático la clase obrera debía actuar en secreto, dado que su partido era perseguido como una asociación de delincuentes. Ahora la clase obrerera está en el Poder, y su partido es el partido gobernante. Sólo una persona anormal pretendería que el programa de 1903 sea todavía válido en nuestros días. El cambio de las condiciones internas de la vida política rusa, parte del cambio de toda la situación internacional, han provocado la necesidad de efectuar un cambio de programa.

4. IMPORTANCIA DE NUESTRO PROGRAMA


Nuestro programa (de Moscú) es el primer programa de un partido de la clase obrera en el Poden Por esta razón nuestro partido tenia que concretar en él todas las experiencias adquiridas por la clase obrera en la administración y constitución de un nuevo edificio social. Esto tiene importancia no sólo para nosotros, los obreros y campesinos rusos, sino también para los compañeros extranjeros. No sólo nosotros aprendemos con nuestros éxitos y nuestros fracasos, con nuestros errores y nuestras culpas, sino la totalidad del proletariado internacional. Por eso nuestro programa no contiene únicamente lo que nuestro partido tiene el propósito de realizar, sino también lo que en parte ya ha realizado. Nuestro programa debe de ser conocido en todos sus detalles por todo miembro del Partido. Pues sólo puede ser miembro del Partido el que ha reconocido el programa, es decir, aquel que lo cree justo. Pero esto no es posible si no lo conoce. Es cierto que hay mucha gente que, sin jamás haber visto un programa, se insinúa en el Partido Comunista para obtener alguna ventaja y para ocupar algún puesto. A éstos no los queremos por nocivos. Sin conocer nuestro programa nadie puede llegar a ser un comunista verdadero. Todo obrero y campesino pobre, consciente, debe conocer el programa de nuestro Partido. Todo proletario extranjero debe estudiarlo para aprovecharse de las experiencias de la revolución rusa.

5. CARACTER CIENTÍFICO DE NUESTRO PROGRAMA

Ya hemos dicho que un programa no debe ser el producto artificial de una mente, sino que se debe sacarlo de la misma vida. Antes de Marx, muchos defensores de la clase obera habían trazado cuadros encantadores del paraíso futuro; pero ninguno se había preguntado si era éste alcanzable y cuál era el camino que a él conducía. Marx siguió un método totalmente distinto. Partió de un escrupuloso examen del orden malo, injusto y bárbaro que hasta entonces regía en todo el mundo. Marx examinó el orden social capitalista con la objetividad y la precisión con que se examina un reloj o una máquina cualquiera. Supongamos que examinando un reloj nos encontramos con que dos ruedas no engranan bien y que en cada vuelta nueva se incrusta cada vez más una en la otra. En este caso podemos vaticinar que las ruedas se se pararán y dejará de funcionar todo el reloj.

Marx no examinó un reloj, sino el sistema capitalista; estudió la vida social tal como se presenta bajo la dominación del capital. De este estudio sacó la conclusión de que el capital se cava su propia fosa, que esta máquina se destruirá precisamente por la fatal sublevación de los trabajadores que transformarán todo el mundo según su voluntad. Marx recomendó a todos sus discípulos que estudiasen en primer lugar la vida en sus manifestaciones reales. Sólo así es posible formular un programa verdadero. Por esto es natural que nuestro programa comience con una exposición del dominio del capital.

Ahora, en Rusia, el dominio del capital se ha derrumbado. Las previsiones de Carlos Marx se presentan ante nuestros ojos. La vieja sociedad se va yendo a pique. De las cabezas de los emperadores y de los reyes van cayendo las coronas. En todos los países los obreros se preparan para la revolución y la instauración del poder de los Soviets. Para comprender cómo se ha llegado a esto es nester conocer con exactitud cómo está constituido orden capitalista. Entonces veremos que éste tiene tablemente que morir. Y cuando hayamos reconocido no se puede volver atrás, que la victoria del proletaria es segura, continuaremos con mayor energía y segunda la lucha por la nueva sociedad del trabajo.



Notas
1. Partido Constitucional Democrático, agrupació de burgueses liberales, conocido como Cadete por sus iniciales K. D.. Príncipal partido contrarevolucionario en 1917.
2. Miembros del partido Narodnaya Volya ("Voluntad del Pueblo" o "Voluntad Popular"), el cual predicaba que la reforma agraria serviría de entrada al desarrollo socialista de Rusia.




Bibliografía
1. Protocolo de la Conferencia de 1917.
2. Materiales para la revisión del programa del Partido.
3. Revista Spartakus, números 4-9; artículos de Bukharin y Smirnof.
4. Artílos de Lenin en la revista Prosveccenie, números 1-2, año 1917.
5. Protocolos del VIII Congreso.
Sobre el problema del carácter científico del programa marxista, véase la literatura sobre socialismo científico.
1. Golubkof: Socialismo utópico y científico.
2. Marx, Engels: Manifiesto Comunista.
Para el estudio del carácter general del programa, váase el opúsculo de Bukharin, El programa bolchevique.
De toda esta literatura, sólo el último escrito mencionado, y en parte el de Golubkof, tiene un carácter popular; los demás son de lectura difícil.

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Una crisis del capital

jueves, 26 de febrero de 2009


x Eduardo Lucita La Haine

Intervención en el panel sobre la crisis mundial organizado por la librería del pensamiento marxista Gallo Rojo en Buenos Aires el martes 25 de febrero de 2009.

Sobre la crisis mundial, el calor reinante habla de que la cosa está que arde. En los minutos que tengo quisiera colocar tres o cuatro cosas.

En primer lugar, creo que es muy importante caracterizar esta crisis como una crisis del capital. Digo esto, porque hay mucha vulgata periodística, mucho comentarista de radio, de televisión, mucho analista, que plantean la crisis del sector financiero, que separan las finanzas de la economía real.

Tratan escindir una cosa de la otra, como si la economía no fuera una sola, y como si las finanzas no fueran absolutamente necesarias para el desenvolvimiento de la economía capitalista.

Se acusa a la “plata dulce”, a la “codicia de los banqueros”, a los “especuladores”. Se plantea que la culpa es de esa idea de hacer dinero del dinero, sin pasar por el complejo trámite de la producción... y, por lo tanto, de la explotación de la fuerza del trabajo, etc., etc.

Son argumentos a la gente en general le parecen convincentes. Es que de solo pensar que el capital financiero era casi diez veces a nivel mundial de lo que está instalado en el sector productivo, muestra el peso que tenían las finanzas sobre la economía. En Estados Unidos, incluso, el crédito llegó a ser el 140% del producto bruto.

Pero poner el acento en esto, poner el acento en el neoliberalismo, poner el acento en el sector financiero, es en realidad ver las consecuencias y no las causas. En última instancia, es una maniobra para exculpar al sistema del capital. Y esta crisis, más allá las características propias y específicas que tiene toda crisis de una envergadura como esta –como el problema de la financierización de la economía, etc., etc.– es una crisis de sobreacumulación de capitales, de sobreproducción de productos manufactureros, que se combina, a mi juicio, con una escasez relativa de materias primas y de productos energéticos.

Hay una gran deslegitimación del capitalismo

Hoy ya no se está discutiendo en el mundo si el aterrizaje va a ser suave o va a ser de golpe, ya no se discute si es una desaceleración de la economía o es una recesión: la economía ya ha entrado en recesión en los principales países del mundo. Hoy lo que se está discutiendo es si vamos a entrar en una depresión económica duraderas.

Incluso, ayer o anteayer, Roubini –ese gurú que está de moda en EEUU– ha planteado que se está avanzando rápidamente a un proceso de liquidación de stock y de baja de precios. Esto es un estancamiento con deflación, con inflación negativa, lo cual habla de un escenario de recesión De ahí lo que están haciendo todos los estados: insuflar dinero para recomponer el crédito, para evitar las quiebras, para recomponer los bancos, etc., etc.

Como la crisis estalló por el lado fuerte del neoliberalismo –por el lado del individualismo, del reino del mercado, de hacer del dinero la medida de valor de todos los valores–, esta crisis brinda a los socialistas una situación excepcional, porque hay cierta base de deslegitimización del sistema.

Cuando la gente capta que la crisis que tiene hoy el Citibank fue porque no declaró correctamente sus balances –y no estamos hablando de una empresita en la Argentina, sino del segundo o tercer banco del mundo–, cuando la gente ve eso, ve que ha sido estafada, ve que está perdiendo sus jubilaciones en todos lados, hay una fuerte deslegitimación del sistema, por el lado del individualismo, del gran triunfo del neoliberalismo en esta etapa.

Una situación excepcional para desenvolver los argumentos marxistas

Entonces, el primer punto que quería colocar es que –desde el punto de vista de los marxistas, los revolucionarios– hay una situación excepcional para desenvolver el argumento que es el capital. La principal traba para resolver los problemas es el propio capital, los males que causa en nuestras sociedades y sobre todo a los sectores de los trabajadores y las clases populares. Esa es la primer cuestión a tener en cuenta.

La segunda cuestión, para desenvolver en una estrategia anticapitalista, es si la crisis viene por el fracaso del neoliberalismo o, paradójicamente, por su éxito.

A mi juicio, el neoliberalismo está agotado, pero ese agotamiento no es producto de esta crisis. Esta crisis es el estertor, el estirar la pata del neoliberalismo.

Pero ese agotamiento no es producto de su fracaso sino de su éxito, porque logró la mayoría de las pautas programáticas que se propuso.

Pero sobre todo, a mi juicio, porque estableció una relación de fuerzas absolutamente favorable al capital y absolutamente desfavorable para los trabajadores y el conjunto de las clases oprimidas. Lo que ha pasado ahora, que a pesar de ser exitoso, el neoliberalismo termina en un estruendoso fracaso, porque es el agotamiento de un ciclo largo, el ciclo que se inició a mediados de los años 70 y que fue la respuesta que el capital dio cuando a fines de la década del 60 había comenzado a caer la tasa de ganancia a nivel mundial.

El cierre de un ciclo

La respuesta del capitalismo fue una profunda reestructuración de sus espacios industriales, productivos, de servicios, de comercialización, de distribución de las mercancías, que fue precedido de una fuerte ofensiva del capital sobre el trabajo.

Esta ofensiva fue sostenida y generalizada. Sostenida, porque se desenvuelve desde los primeros años de la década del 70 hasta nuestros días. Y generalizada, porque ese despliegue lo fue sobre el conjunto de las conquistas obreras, que los trabajadores, generación tras generación, habían ido levantando como barreras para oponerse a la voracidad del capital.

Ahora bien, este proceso de reestructuración productiva y esta ofensiva del capital sobre el trabajo, requería que el capital fuera desmontando todas y cada una de las regulaciones y los controles estatales establecidos. Ustedes recordarán aquí los argumentos de Cavallo y compañía, los mercados “son muy rígidos”, condicionan la tasa de ganancia, “hay que achicar el estado para agrandar la nación”. Esto, con distintas formas y estilo, se reproducía en todo el mundo.

Ahora, la argumentación que nosotros podemos desenvolver, es sobre este desmonte de todas y cada una de las desregulaciones y controles estatales.

Esas desregulaciones y controles las había puesto el propio capital, en el llamado “ciclo dorado” que va del 45 al 75, precisamente para resolver la crisis de salida de la Segunda Guerra Mundial. Pero en 1975 eso se había convertido en una traba, y entonces desregularon todo.

Y ahora, ¿cuál es el argumento para explicar la crisis?: porque no se regulaba nada y no había ningún control estatal...

¿Qué quiero decir con esto?. Que tenemos argumentos suficientes en esta crisis, vinculando al tema de los ciclos, para explicar cómo el capital, una y otra vez, se ve sometido a crisis y tiene que superar los límites que el propio capital se impone en determinadas circunstancias. Entonces podemos explicar que lo que sabemos en teoría, y ahora lo podemos demostrar en la práctica cotidiana.

Esta crisis vulnera mucho más que las finanzas y la economía. Esta crisis vulnera toda la vida cotidiana del mundo. Es una crisis que tiene como telón de fondo una crisis alimentaria muy profunda, una crisis energética, una crisis ambiental, como nunca antes habíamos conocido.

Voy a dar unos datos: en la actualidad hay unos 950 millones de hambrientos en el mundo, hay 4.750 millones de pobres, hay 1.000 millones de desempleados, el 50% de la población activa está subempleada, o precarizada, el 45% no tiene acceso al agua potable, hay 3.000 millones de personas que no tienen acceso a servicios sanitarios en condiciones medianamente tolerables.

Esta crisis opera después de un ciclo corto, que se inició después del 2002 / 03, a nivel mundial, después del ataque a las Torres Gemelas, que le sirvió a Bush para cohesionar la sociedad civil de EEUU para lanzarse a la aventura militar en Iraq y Afganistán, y que dio origen, junto con la baja de las tasas de interés, a un ciclo de crecimiento de la economía estadounidense. Y el 60% de crecimiento de la economía mundial se explica por la demanda de Estados Unidos.

Después de todo este ciclo de crecimiento, resulta que tenemos esos datos catastróficos de hambre, pobreza y desempleo. Y, sobre esos datos catastróficos, cae ahora esta crisis mundial de proporciones. Entonces, con esto podemos demostrar a la sociedad, para ganar la conciencia de la gente, para desarrollar una política anticapitalista, lo que sabemos por teoría hace muchos años: que las crisis y los ciclos son esenciales para la reformulación del capitalismo, para la continuidad de la dominación del capital.

¿Resolución de la crisis en el plano de la política o de la economía?

Lo que sí creo es que la salida de esta crisis –que me parece que no será breve– va a ser otra fase del capital, con una condición: que no aparezca un sujeto social y político capaz de tirar el sistema al basurero de la historia, que es donde debiera estar de hace muchos años.

Pero si el problema no se resuelve en el plano de la política sino en el plano de la economía, el capital se va a reconstituir sobre otras bases. Lo que nosotros vamos viendo, de ciclo en ciclo, de fase en fase, es que esa reconstitución del capital, que siempre se da, es siempre en un nivel inferior al anterior. Por lo menos en los últimos dos o tres ciclos de veinte o treinta años, recompone la tasa de ganancia. Pero esa tasa de ganancia no alcanza el nivel de la del ciclo anterior. ¿Qué quiere decir esto? Que el capital, de ciclo en ciclo, tiene cada vez más dificultades para resolver los problemas de la sociedad, para atender la necesidad de cada vez mayor cantidad de seres humanos en el mundo.

Estados Unidos y América Latina

Ahora me parece que, si entramos en otra fase del capital, en algún momento, no sé cuando, seguramente va a haber un nuevo equilibrio de las relaciones de poder. Probablemente más multilateralismo, probablemente veamos alguna recuperación de cierto nivel de proteccionismo por países y regiones.

Eso hay que estudiarlo acá en el Mercosur. Se está hablando también de que puede haber regiones monetarias. Pero eso vamos a verlo.

Un momento central para nuestra intervención

La otra cosa que quiero decirles, es que cada vez que suceden estas grandes crisis, en ese interregno, en ese espacio temporal en que se producen las crisis, la declinación del ciclo anterior y comienza la recuperación del otro ciclo, es el momento central, donde nuestra intervención puede tener mayor capacidad política, mayor rédito político. Entonces hay que tener cierta capacidad de intervención, hay que ver que es lo que está en el arte de los tiempos en ese momento, para intervenir con decisión y con audacia.

La otra cuestión que quisiera decir es que esta crisis no se da en un mar político sereno, en un cielo sereno. Se presenta en un marco donde hay una vuelta –después de la caída de la URSS– a las disputas interimperialistas e intercapitalistas a escala mundial. La principal potencia imperialista y sus aliados están empantanados en dos guerras, en que es tan malo para ellos salir como quedarse. Se da con una Unión Europea, que todavía no logró asimilar los veintitantos países que se incorporaron con su ampliación.

Se da también en una Europa que todavía no restañó las heridas del desmembramiento de Yugoslavia en los Balcanes. Se da con la reaparición de Rusia como potencia que juega en el escenario mundial, que tiene alianzas con la China y que acaba de hacer acuerdos con Venezuela y con Cuba, y que ayer anunció que su flota va a volver a dar vueltas por el Caribe, como una contrapartida de la IV Flota de los EEUU. Esto, además, se da en un momento en que, al otro día del triunfo de Obama, Rusia adelantó la línea de misiles en Europa.

En este contexto, la Unión Europea no logra salidas o propuestas de conjunto para la crisis. Cada vez que se reúnen, dicen “soluciones nacionales” en cada uno de los países. No logran, en general, soluciones en conjunto.

El imperialismo no tiene propuestas para América Latina

Ahora, para concluir y para discutir después, el imperialismo no tiene propuestas para América Latina. Hay un vacío de políticas. Fíjense ustedes en el ALCA, que fue el proyecto político global para el conjunto del continente americano, el primero después de la Alianza para el Progreso en el año 61.

Tardaron cuarenta y tantos años para tener un proyecto político global para la región y se lo voltearon en cinco años. Hoy no hay un proyecto, por más que andan dando vueltas algunos TLCs y el proyecto IRSA para infraestructura. Pero eso no alcanza a ser una política global como la que pretende Estados Unidos.

En este vacío de políticas, es posible entender cómo hay algunas burguesías locales que recuperan cierta capacidad de movimiento, que tienen cierta capacidad de moverse con un mayor grado de independencia, que en los años ’90. Y se da, entonces, una confrontación entre aquellos países, un debate no explicitado, entre los que quieren profundizar el “socialismo liberal” y los que nosotros solemos llamar neodesarrollistas.

A la vanguardia de los primeros está Brasil, que plantea recuperar la Ronda de Doha antes de fin de año, lo cual va a significar acuerdos para liberalizar el ingreso de productos que estén al tono con nuestro país.

Por otro lado, hay modelos que llamamos “neodesarrollistas”, que se encarnan en países como Bolivia, Venezuela, Ecuador, y en cierta forma en Argentina, que plantean cierto grado de confrontación con el imperio, y hay cierta posibilidad concreta de desarrollar en todo este terreno políticas de características anticapitalistas.

Necesitamos un programa concreto

Para concluir, me parece que lo que necesitamos es un programa concreto que tiene que tener dos virtudes: en primer lugar, no es un tipo de programa clásico como los que siempre hemos levantado. Hay que tener lo que está en el aire, lo que está dando vueltas y reformularlo para ejercer esos programas.

Y, en segundo lugar, ese programa debe tener la capacidad y la virtud de convocar de tal manera a distintas fracciones de la sociedad, para que, en la medida que desenvolvemos ese programa, ayudemos a modificar la relación de fuerzas sociales, que hoy es muy desfavorable para los trabajadores. Pero creo que la crisis brinda una oportunidad para los revolucionarios y no hay que dejarla escapar.

Socialismo o Barbarie

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