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Burgueses y Proletarios: el combate continúa


Por Luis R Delgado J

La crisis actual del capitalismo que de lejos será la más grave de su existencia, sigue confirmando que las supuestas teorías del fin de la historia o del estadio permanente neoliberal, fueron unas de las muchas patrañas que ha inventado la burguesía durante siglos para eternizar su supremacía sobre el resto de la sociedad, sobre los trabajadores y las trabajadoras.

Evidentemente la Lucha de Clases no se detuvo, de hecho en muchas partes se ha agudizado. La oligarquía mundial arreció su ataque sobre los pueblos con la excusa de llevar a cabo misiones civilizatorias, democráticas, profundamente defensoras de los derechos humanos, portadoras de un supuesto “Progreso”, y en los últimos años con el aval de la lucha contra el “Terrorismo” y el “Narcotráfico”. No es la primera vez que esto sucede, siempre los poderosos buscan razones éticas para justificar sus atropellos a los explotados y oprimidos.


Frente a esto los pueblos no se han quedado con los brazos cruzados. En Irak, Afganistán, Palestina y Colombia combaten las agresiones militares imperialistas. En Asia luchan por construir sociedades prosperas e independientes. En buena parte de África se lucha por sobrevivir y construir un futuro mejor. En los Centros del Capitalismo Mundial, los trabajadores luchan por la defensa de sus conquistas logradas en décadas de combate. En América Latina y el Caribe, los pueblos están empeñados en construir una alternativa viable a la sociedad capitalista, buscan romper las cadenas del imperialismo norteamericano. En todo el planeta se lucha porque otro mundo es posible y necesario.

De esta forma, el capitalismo en las últimas décadas ha demostrado su terrible capacidad destructiva de las dos principales fuentes de riquezas; la naturaleza y la humanidad. Por un lado se encuentra en peligro la supervivencia de los diversos ecosistemas y la vida del planeta producto de la lógica eco-depredadora del Capital. Y por otro lado la humanidad está sometida a la más cruel explotación producto de la contradicción Capital-Trabajo; a la opresión sistemática de los Estados gendarmes y policías del Capital; a la opresión patriarcal que condena a las mujeres a una terrible explotación, opresión y subordinación frente al hombre dominante; a la opresión adulto-céntrica que condena a los jóvenes a un segundo plano frente a la sociedad adulta; al etnocentrismo occidental que arrolla a las culturas originarias y milenarias de los cinco continentes, por medio de la exportación del Pensamiento Único (Ramonet 2003); y en fin a la ignominiosa exclusión que invisibiliza a millones de personas, las cuales expulsa de los derechos humanos básicos como son los servicios sociales fundamentales, tales como la educación , la salud, la alimentación, la vivienda, entre otros.

Este combate múltiple en el cual saltan a la vista diversas contradicciones sociales, políticas, económicas y culturales, está atravesado por una contradicción descrita por Marx y Engels hace más de 160 años en el Manifiesto Comunista, la contradicción entre Burgueses y Proletarios. Sin caer en simplificaciones esta sigue siendo una lucha fundamental, pese a que han cambiado muchos rasgos y aspectos de la forma, sin embargo la esencia y el contenido de la lucha entre la burguesía y la clase obrera se mantiene, el burgués no ha cesado su búsqueda de acentuar la explotación de la plusvalía de los trabajadores, es decir, no ha parado en su ansia de acrecentar su ganancia día tras día. Para ello se vale de muchas trampas, trata de disminuir los salarios reales, desarrolla tecnologías para acrecentar la productividad del trabajo y seguir pagando los mismos salarios; busca que los obreros y las obreras trabajen más tiempo por el mismo pago; busca destruir la seguridad social de la clase trabajadora; busca erradicar los partidos, sindicatos y otras organizaciones obreras, para poder explotar a la clase asalariada mucho más intensamente; pero lo más importante que la burguesía trata de lograr es dividir al proletariado, a la clase trabajadora, para que compita entre si, para debilitarlo en la lucha:

“… el capital necesita la separación y la división entre los asalariados para apoderarse de los frutos de la cooperación de la producción. La tendencia a “dividir para vencer” al trabajo asalariado es inmanente al capital. Como el trabajo asalariado está presente a lo largo del ciclo del capital, si este quiere realizar su objetivo, es indispensable una permanente separación y división de los trabajadores” (Lebowitz 2006, p. 166).

Estas contradicciones se reproducen permanentemente a escala mundial, así como también diariamente se reproduce el proceso de acumulación primitiva del capital en diversas partes del planeta donde la economía rural de subsistencia viene siendo desplazada y destruida de forma vertiginosa. En este sentido el capitalismo no ha dejado de valerse de mecanismos extraeconómicos para alcanzar sus objetivos de acumulación ampliada, las guerras, el pillaje y otras formas de violencia, siguen siendo útiles para la conquista de recursos naturales y humanos a lo largo y ancho del mundo.

Lo cierto es que el capitalismo en la medida que pasan los años se torna cada vez más irracional, sus contradicciones son más agudas. Marx y Engels nos describieron hace más de un siglo, que el capitalismo ha revolucionado profundamente las sociedades, que ha destruido sin tregua cada una de las barreras que la sociedad anterior le colocaba; desarrolló el Mercado Mundial; unificó al mundo en una unidad contradictoria planetaria, el Sistema Capitalista Mundial; le dio un carácter cosmopolita a la producción, la distribución y el consumo de bienes materiales y espirituales; ha revolucionado permanentemente la ciencia y la tecnología aplicada a la producción; ha desarrollado intensamente la división social del trabajo, entre el campo y la ciudad, entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, entre los centros imperialistas y los países dependientes.

El capitalismo unificó las naciones dispersas en feudos y unidades político territoriales pequeñas, en espacios mayores denominados Estados-Nacionales, hoy los mismos ya se tornan reducidos para la burguesía transnacional, por lo cual esta trata de crear espacios más grandes para el flujo mercantil y de capitales, la Unión Europea y el ALCA son dos propuestas al respecto. La burguesía creó el moderno Estado Representativo, basado en la igualdad formal de los ciudadanos, en los ideales constitucionales, democráticos y liberales.

Sin embargo los padres del Socialismo Científico nos advertían, que estos procesos en todo momento se han sustentado en la brutal explotación, opresión y subordinación de la clase trabajadora. El Sistema Capitalista Mundial, que algunos manipuladores han denominado la “Aldea Global” por eso de la supuesta novedad de la Globalización (para algunos autores como Samir Amin e Immanuel Wallerstein este proceso tiene más de 500 años, desde la conquista de América por Europa), no es otra cosa que un sistema en el cual un reducido grupo de burgueses habitantes de no más de 10 países, explotan al resto de los seis mil millones de habitantes del planeta que viven en más de 190 países. La riqueza de los países más ricos se sostiene sobre la miseria de los países más pobres, la riqueza que acumula la burguesía es inversamente proporcional a pobreza de los trabajadores y las trabajadoras.

Hoy el capitalismo en esta nueva crisis, se muestra amenazante ante los pueblos, ante la clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía, las mujeres, los jóvenes, las minorías, los pueblos originarios, ya que para los burgueses son los de abajo los que deben pagar los platos rotos. La burguesía mundial esta presta a avanzar contra las conquistas de los trabajadores y las trabajadoras para restituir sus tasas de ganancia. La burguesía mundial está decidida a utilizar las guerras como mecanismo para reflotar sus economías y para conquistar nuevos territorios destinados a la explotación capitalista.

Sin embargo como afirmaba el marxista italiano Lucio Colletti (1975):

“… con el capitalismo se preparan, según Marx, las condiciones de la liberación del hombre: aumento gigantesco de la productividad del trabajo (aunque sea en la forma de la “intensificación” de la explotación de la fuerza de trabajo); destrucción de los límites localistas y nacionales, y unificación del mundo (aunque sea en la forma del “mercado” mundial); socialización del hombre, o sea, su unificación con el género (aunque sea a través de la formación del proletariado industrial)”. (p. 197)

En este sentido los trabajadores y las trabajadoras deben apropiarse críticamente del conocimiento de esta realidad para elevar sus niveles de conciencia, para asumir de forma organizada y combativa su papel de actores protagónicos de la revolución. El proletariado debe asumir, que es él quien mueve el mundo contemporáneo, absolutamente todo lo que vemos, todo lo que nos rodea es producto del trabajo colectivo o de la naturaleza.

Hoy en estos momentos de crisis mundial del capitalismo, insistimos, la clase obrera debe fortalecer su conciencia y su organización para aplicar la mejor defensa contra las oligarquías, la ofensiva revolucionaria que apuntale la construcción de una nueva Hegemonía, un nuevo Poder, el Socialismo auténtico. Recordemos estas palabras enunciadas por Marx y Engels (2006) hace más de 160 años:

“La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado. El trabajo asalariado presupone, inevitablemente, la concurrencia de los obreros entre sí. Los progresos de la industria, que tienen por cauce automático y espontáneo a la burguesía, imponen, en vez del aislamiento de los obreros por la concurrencia, su unión revolucionaria por la organización. Y así, al desarrollarse la gran industria, la burguesía ve tambalearse bajo sus pies las bases sobre que produce y se apropia lo producido. Y a la par que avanza, se cava su fosa y cría a sus propios enterradores. Su muerte y el triunfo del proletariado son igualmente inevitables”. (p. 30)