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Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos


Jorge Dimitrov
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Primera Edición: «IV Congreso de la Internacional Sindical», Moscú, 1928
Digitalización: Aritz
Fuente: J. Dimitrov, Obras Completas, Editorial del PCB, 1953
Esta Edición: Marxists Internet Archive, año 2001
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Hemos de darnos perfectamente cuenta de que el fascismo no es un fenómeno local, temporal o transitorio, sino que representa un sistema de dominación de clase de la burguesía capitalista y de su dictadura en la época del imperialismo y de la revolución social. Después de la guerra imperialista y de la victoriosa Revolución de Octube, después de la existencia de diez años de la Unión Soviética y en las condiciones de la enorme influencia revolucionaria de dichos factores sobre el proletariado, las masas campesinas, las nacionalidades oprimidas y los pueblos coloniales, la burguesía no puede mantener por mucho tiempo bajo su hegemonía de clase a las masas populares y afrontar las tareas de la estabilización y racionalización del capitalismo mediante las viejas formas y métodos de la democracia parlamentaria.

La salida para la burguesía es someter a las masas por medio del fascismo. El fascismo es la última fase de la dominación de clase de la burguesía. Todos los países burgueses pasan uno tras otro, tarde o temprano, al fascismo -por medio de golpes de Estado o de manera "pacífica"; de manera máa brutal o "más suave"- los métodos de transición pueden ser diversos y dependen de las particularidades, de las circunstancias, de la estructura social y de la correlación de las fuerzas de clase y políticas en un país determinado.

El peligro del fascismo para el proletariado y para el movimiento sindical clasista es un peligro permanente y creciente. La eliminación definitiva de dicho peligro sólo es posible mediante el derrocamiento de la dominación de la burguesía, mediante la sustitución de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado en alianza con los trabajadores del campo. Considerar el fascismo como un fenómeno temporal y transitorio, que, dentro de los marcos del capitalismo, podría ser reemplazado por el restablecimiento del viejo régimen democr&acte;tico-burgués, así como negar el peligro del establecimiento del fascismo en los grandes países capitalista es hacerse vanas ilusiones, que sólo pueden debilitar la vigilancia y la resistencia del proletariado, servir al fascismo y coadyuvar al fortalecimiento temporal de la dictadura fascista. Estas ilusiones deben ser rechazadas de la manera más resuelta; los partidarios de la Internacional Sindical están obligados a llevar a cabo una lucha sin cuartel contra ellas.

Todo eso es aún má,s valedero para el Sudeste de Europa (los países balcánicos, Hungría y otros), donde una serie de causas particulares de orden histórico, económico y político empujan inevitablemente a la burguesía por el camino del fascismo. Entre estas causas las principales son las siguientes:
En los Balcanes y en Hungría no ha habido aún una verdadera revolución democrático-burguesa. La burguesía no ha cumplido ninguna de las tareas revolucionarias que la hubieran destacado como dirigente de las masas populares contra el feudalismo y el absolutismo en el pasado y la hubieran ligado fuertemente tanto en lo ideológico, como también en lo político, con las masas. Los campesinos no han recibido tierra a través de una revolución democrática de la burguesía. Al contrario, ellos sólo fueron víctima de la más desenfrenada explotación y saqueo para la acumulación inicial de capitales. El feudalismo no está eliminado definitivamente. El problema nacional sigue sin resolver. En la mayoría de dichos países, el proletariado proviene del seno de las masas campesinas, está ligado a ellas y desde su germinación está compenetrado por su estado de ánimo de oposición anticapitalista.

Los países balcánicos y Hungría se encuentran en un estado de semicolonias del imperialismo. Son países primordialmente agrarios con una industria relativamente débil, que sufre la fuerte competencia del capitalismo altamente desarrollado de los Estados imperialistas. Se encuentran en una guerra económica intestina encubierta, en constantes conflictos nacionales y territoriales, atizados y aprovechados por los Estados imperialistas. Sus mercados internos están limitados hasta el extremo, debido a la capacidad adquisitiva monstruosamente baja de las amplias masas, mientras que los mercados exteriores en su mayor parte están cerrados para ellos. Sus propias posibilidades de estabilizar el capitalismo y racionalizar la producción son muy limitadas. Los estragos causados por la guerra imperialista, el peso de las reparaciones para algunos de ellos y las grandes deudas de guerra para todos dificultan aún más su situación económica y agudizan la crisis en sus economís.

La guerra imperialista y sus consecuencias desprestigiaron fuertemente a la burguesía ante las masas. El abismo entra la burguesía dominante y las masas explotadas y oprimidas se hizo aún más profundo. En dichos países, la burguesía, defendiéndose contra la competencia extranjera, explotaba sin límites al proletariado y saqueaba sin miramientos a las masas campesinas. Después de la guerra imperialista todo eso se practicaba en escala aun mayor. Incluso mediante una tenaz y prolongada lucha. Con esto se explica la intransigencia del proletariado hacia la burguesía y el espíritu revolucionario relativamente alto de las masas. De ahí proviene también la debilidad de la aristocracia obrera y del reformismo, a diferencia de los países imperialistas, en los cuales la burguesía, valiéndose de sus superganancias realizadas en las colonias, logró crear capas privilegiadas del proletariado corromperlas, dándoles ciertas limosnas, y convertirlas en sus servidores directos o indirectos. La burguesía del Sudeste de Europa no está en condiciones, en este momento preciso, de hacer ninguna clase de concesiones económicas serias a los obreros y a las masas trabajadoras, para tender un puente sobre el hondo abismo abierto entre ambas clases.

Debido a la gran semejanza entre la estructura social de la vieja Rusia y la de la Europa de Sudeste, aquí precisamente la influencia de la Revolución de Octubre fue y es la más fuerte y la simpatía de las masas hacia la Unión Soviética muy profunda.
En tal situación aparece evidente que la dictadura de la burguesía no puede ser sostenida por medio de formas de democracia parlamentaria, y menos aún, cuando para la burguesía se hace inevitable e imprescindible tomar medidas extraordinarias para la estabilización del capitalismo, haciendo recaer el peso sobre la clase obrera y las masas campesinas.

Sólo valiéndose de la dictadura fascista la burguesía puede esperar mantener temporalmente su dominación, quebrantar la resistencia de las masas y conseguir la máxima estabilización y racionalización capitalista a expensas de dichas masas.


La burguesía balcánica y la burguesía de todo el sudeste europeo seguirán inevitablemente ese camino, también bajo la presión del imperialismo, ante todo en relación con la participación de los Balcanes y demás países sudorientales en la preparación de la guerra imperialista y antisoviética, condición decisiva para la cual es imprescindible sofocar, desorganizar y debilitar el movimiento revolucionario del proletariado, del campesinado y de las nacionalidades oprimidas.

Pero las condiciones particulares en los países del sudeste europeo le imprimen al fascismo un carácter específico. La particularidad consiste en el hecho de que, a diferencia, por ejemplo, del fascismo de Italia, en dichos países el fascismo viene predominantemente no desde abajo, por medio de un movimiento de masas hasta su establecimiento como una forma estatal de gobierno, sino al contrario desde arriba. Apoyádose en el poder estatal usurpado, en las fuerzas militares de la burguesía y en el poderío financiero del capital bancario, el fascismo se empeña en penetrar entre las masas, para crearse entre ellas un respaldo ideol&oacuet;gico, político y orgánico. En Bulgaria, esto se hizo mediante el golpe de Estado militar-fascista del 9 de junio. En Yugoeslavia, el inspirador y organizador del fascismo es el bloque monárquico, militarista y bancario. En Rumania y Grecia, con pequeñas variantes, se está haciendo otro tanto. Hungría al frente con Horty y Betlén no es excepción a esta regla. En Austria, y de manera más encubierta en Checoeslovaquia, el fascismo se organiza, se arma y se prepara febrilmente para el ataque decisivo bajo la protección y máxima colaboración de los mismos gobiernos "republicanos".

En este movimiento del fascismo desde arriba (con los medios del aparato estatal) hacia abajo, hacia las masas, sus instrumentos más valiosos son los reformistas que, liquidando todos los restos de la lucha de clases, proclamando y aplicando la política de la "paz industrial" y de arbitraje obligatorio, luchando despiadadamente contra el movimiento revolucionario obrero, ocupan abiertamente posiciones fascistas.
Para el avance del fascismo, la conquista de los sindicatos, la destrucción del movimiento sindical clasista es una necesidad imprescindible. Así como la dictadura del proletariado es imposible sin los sindicatos, del mismo modo la existencia duradera de la dictadura fascista de la burguesía es imposible sin el sometimiento del proletariado y de los campesinos (de una u otra manera) y ante todo sin el aplastamiento del movimiento sindical clasista.

Sin renunciar en ningún caso a lanzar consignas demagógicas y a emplear todos los procedimientos de corrupción, el fascismo balcánico del Sudeste europeo cuenta, ante todo, para sostenerse con la aplicación de la violencia y el terror más salvaje contra el proletariado más consciente, llegando hasta a masacrar en masa a cientos y miles de obreros revolucionarios, como sucede en Bulgaria y en Hungría.

Los esfuerzos principales del fascismo están dirigidos a tener en sus manos el movimiento de los obreros del transporte, de los mineros y de los obreros de las ramas más importantes de la industria, así como del movimiento de los empleados ocupados directamente en el aparato estatal. Creando toda clase de obstáculos para la existencia y el fortalecimiento de las organizaciones clasistas de ferroviarios, de empleados de telégrafos y correos, de empleados estatales y de mineros, etc., el fascismo se adueñó de las organizaciones reformistas y amarillas en estas ramas con la activa colaboración de los mismos reformistas y dirigentes amarillos. En todos los países balcánicos el fascismo ejerce ya una influencia decisiva sobre la dirección de las actuales organizaciones de ferroviarios, empleados de telégrafos y correos y de los empleados estatales, y paraliza cualquier tentativa de organización legal de los mineros.

Grandes son los esfuerzos que dedica además el fascismo para fortalecer su influencia en el seno de los trabajadores agrícolas, aprovechando su gran atraso cultural, así como entre las masas de los trabajadores desocupados que pasan hambre.

No menor atención dedica el fascismo a la juventud obrera del agro, que trata de captar por medio de diferentes organizaciones deportivas y culturales, contando con la ductilidad de una parte de dicha juventud, que no ha vivido directamente los horrores de la guerra imperialista.

En el sentido ideológico, el fascismo utiliza principalmente las ideas del nacionalismo y del chovinismo, tratando de enfrentar a los obreros nacionales contra los venidos de otros países, de engañar particularmente a los desocupados y desviando la atención de las masas de los problemas internos hacia los externos, instigando a las masas contra los demás pueblos, atizando las pasiones nacional-chovinistas y pintando perspectivas de mejoramiento de la situación de la clase obrera por medio de la conquista de regiones y territorios vecinos.

El fascismo esgrime en primer plano la teoría de colaboración entre los capitalistas y los obreros en el dominio de la estabilización y la racionalización de la producción; la teoría sobre la armonía entre las clases, de comunes intereses entre ambas, de la liquidación de cualquier lucha de clase y de sustituir las huelgas por arbitrajes obligatorios, de la transformación de los sindicatos en órganos del Estado burgués.

También en este caso la dirección reformista de las organizaciones sindicales está en pleno acuerdo ideológico y político con el fascismo. En su prensa propagan las mismas ideas, la misma política. Los dirigentes reformistas de los ferroviarios y de los empleados de telégrafos y correos en Bulgaria son incluso miembros de la organización fascista «Kubrat» y colaboran en la revista fascista «Zveno» cuya tarea consiste en influir ideológicamente sobre el proletariado y la pequeña burguesía, especialmente sobre el movimiento sindical. Ellos también hacen frente único con el fascismo en la persecución de los sindicatos clasistas; sus partidarios en las oficinas y empresas denuncian a los elementos revolucionarios, etc. Este es ya un fenómeno general en todos los países balcánicos y en Hungría.

Al mismo tiempo, utilizando a este efecto los líderes de ciertos sindicatos, los fascistas hacen enormes esfuerzos por crear sus propios grupos sindicales que les servirían en el aplastamiento por la fuerza de los sindicatos clasistas como apoyo organizado para apoderarse de todo el movimiento sindical.

En empresas más grandes se nombran, para cargos de vigilancia y seguridad, oficiales de reserva fascistas y toda clase de elementos lumpenizados, que representan grupos armados y que aterrorizan a los obreros y empleados y tratan de desorganizarlos y desmoralizarlos, limpiando al mismo tiempo las empresas de los mejores elementos proletarios revolucionarios y, de este modo, decapitan a las masas en las empresas.

Rechazando en general la existencia de organizaciones sindicales clasistas legales de mineros, ferroviarios, obreros portuarios y de otras importantes ramas de la industria, así como de los empleados del Estado, el fascismo trata de limitar el movimiento sindical clasista dentro de los marcos y del apoyo orgánico de la pequeña producción artesanal y de las demás ramas de la industria, que no tienen un significado decisivo para la lucha de clases.

Al mismo tiempo el fascismo trata a toda costa de no permitir la centralización de los sindicatos clasistas en federaciones nacionales, procurando desmembrarlos en agrupaciones sindicales locales, para evitar de este modo que puedan llevar a cabo una lucha victoriosa.

El fascismo aprovecha las escuelas técnicas profesionales para la preparación del nuevo personal técnico calificado, que esté bajo la influencia fascista y pueda reemplazar a los cuadros del proletariado revolucionario del transporte y de las ramas decisivas de la industria.

La política del fascismo respecto al movimiento sindical puede ser expresada con la consigna romana: "¡Divide et impera!" El fascismo se empeña en dividir y oponer unas a otras las diferentes categorías del proletariado, a los desocupados contra los que trabajan, a los obreros del país contra los obreros extranjeros, en sembrar la escisión en las filas de las organizaciones sindicales, en levantar organizaciones fascistas sobre las ruinas del movimiento sindical clasista. El fascismo es un enemigo resuelto del restablecimiento de la unidad del movimiento sindical y allí donde las organizaciones sindicales, como en Grecia y Hungría, por ejemplo, aún no están desunidas, junto con los reformistas, trabajan intensamente por su escisión.

La dominación del fascismo en el movimiento sindical significa la esicisión del movimiento sindical, la destrucción de los sindicatos clasistas, el aniquilamiento del movimiento sindical independiente del proletariado.
El fascismo es el enemigo mortal del proletarido y de los sindicatos clasistas. Contra el fascismo hay que llevar una lucha intransigente, despiadada hasta el fin.

No puede haber conciliación alguna entre el movimiento sindical clasista y el fascismo. No debe haber ni un solo caso, ni un solo lugar, donde los partidarios de la Internacional Sindical marchen unidos o paralelamente con el fascismo. Y en los lugares donde los fascistas aún no han llegado a un acuerdo definitivo y a un mutuo entendimiento con las direcciones reformistas de los sindicatos (por ejemplo la Unión Sindical de los maestros en Bulgaria) y aun existe una competencia entre ellos, los partidarios de la Internacional Sindical en su lucha contra los reformistas ni pueden tener nada de común con los fascistas. Los errores cometidos en este sentido por los partidarios de la Internacional Sindical en Bulgaria en la organización de los ferroviarios y de los maestros deben evitarse con todo empeño en el futuro. La lucha contra el reformismo debe ser siempre una lucha contra el fascismo y viceversa.

Contra el fascismo en el movimiento sindical y especialmente contra los sindicatos fascistas debe llevarse a cabo una lucha sin cuartel, tenaz, despiadada y sin tregua en todas las líneas y en todos los frentes. El fascismo debe ser batido en todas partes donde se manifieste: en las empresas, establecimientos, organizaciones, en los medios de los desocupados, etc. - la lucha de debe dirigirse concreta y activamente desde el punto de vista de la liberación de clase del proletariado y en relación indivisible con los intereses inmediatos de los obreros y empleados, así como con las tareas especiales de las mismas organizaciones sindicales.

Esta lucha contra el fascismo debe llevarse a cabo simultáneamente en el campo ideológico, político y orgánico del movimiento sindical en las siguientes direcciones principales.

Primera. Contraponer decididamente a la ideología fascista la ideología revolucionaria de clase del proletariado. Desenmascarar y fustigar el nacionalismo y chovinismo y las teorías de una "paz industrial" y "armonía de las clases"; liquidar la colaboración de clases; todo género de reformismo. Desenmascarar el fascismo como destructor y sepulturero del movimiento sindical; desenmascarar el fascismo como ideolgía del capital bancario y del imperialismo. Desenmascarar el fascismo como portador del peligro de guerra, especialmente de la guerra contra la gran Unión de Repúblicas Soviéticas. Popularizar más amplia e incansablemente entre la masas el programa y la táctica de la Internacional Sindical, la Internacional del movimiento sindical clasista.

Segunda. Fortalecer orgánicamente los sindicatos clasistas e incorporar a sus filas a las masas obreras no organizadas. Allí donde se ha hecho imposible la existencia de sindicatos clasistas legales (en el caso de los mineros y otros), es necesario crear grupos sindicales ilegales que mantengan relaciones con las amplias masas obreras y que dirijan su lucha. Fortalecer el ala clasista en los sindicatos reformistas, nacionalistas, autónomos y otros y su relación con los sindicatos clasistas para un trabajo y lucha en común. Ensanchar y fortalecer la red de comités obreros comunes en las empresas y establecimientos como órganos de las mismas masas en cada lugar y vincular su labor con el movimiento sindical clasista. Organizar el movimiento de los desocupados y coordinarlo con las campañas de las organizaciones sindicales clasistas. Organizar al proletariado del campo. Incorporar a las filas de los sindicatos clasistas a la enorme masa de la juventud obrera y de las mujeres trabajadoras. Organizar y asegurar la defensa de los obreros en todos los aspectos.

Tercera. Son particularmente importantes las campañas y huelgas de masas por el aumento de los salarios, por la disminución de la jornada de trabajo, por la protección del trabajo y por la libertad de organización y de huelgas; oponer de esta manera (en el proceso de la misma lucha por las reivindicaciones inmediatas e intereses de los obreros) a las masas contra el fascismo (y su ayudante -el reformismo) y desenmascarar su naturaleza burguesa traidora. Aislar de esta manera al fascismo y a los sindicatos fascistas de las masas proletarias.

Cuarta. Asegurar en la lucha de los obreros (en las huelgas, etc.) el apoyo activo moral y material de las demás masas de trabajadores de la ciudad y del campo: establecer el frente único de los obreros y trabajadores del campo, la estrecha colaboración de los obreros de las empresas industriales (de la industria tabacalera, azucarera, etc.) con los pequeños productores de materias primas para las empresas (productores de tabaco, de remolacha azucarera, etc.) en su lucha común contra el capital industrial respectivo y aislar de esta manera al fascismo de estas capas de trabajadores, en el proceso de la misma lucha.

Quinta. Organizar la autodefensa contra las violencias fascistas en las empresas (defensa de las organizaciones, reuniones, huelgas, militantes sindicales, etc.). Llevar a cabo campañas para echar de las empresas a los agentes, vigilantes, espías y provocadores fascistas.

Sexta. Fortalecer la campaña desde abajo entre las masas contra la política escisionista del fascismo y el reformismo, en el proceso de la mismo lucha por la unidad de clase del movimiento sindical, sin admitir ningún compromiso con la Internacional de Ámsterdam y los sindicatos fascistas, y luchar sin tregua contra ellos.

La lucha contra el fascismo en el movimiento sindical y contra los sindicatos fascistas debe llevarse a cabo en escala internacional, con los esfuerzos unidos del proletariado consciente de todos los países. Es particularmente necesario organizar campañas internacionales en defensa de los sindicatos clasistas en los países, donde ya está establecida la dictadura fascista (Italia, Bulgaria, etc.). El debilitamiento del fascismo en los países, donde éste ocupa una posición dominante, aliviaráa, sin duda alguna, la lucha contra la ofensiva del fascismo del movimiento sindical de aquellos países, donde aún no ha sido establecida la dictadura fascista.
No es necesario subrayar que el éxito de toda lucha contra el fascismo en el movimiento sindical dependerá en primer término de la calidad del trabajo de los partidarios de la Internacional sindical, de la aplicación de una línea justa por parte de ellos, de ganarse la confianza de las masas y de encabezar las acciones de lucha de éstas contra la ofensiva del capital y el peligro de guerra.

Sin eso es imposible conservar el movimiento sindical clasista.