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La Experiencia de la Revolución Cubana


Ernesto 'Che' Guevara - 21.09.07

Publicado en "Monthly Review", Selecciones en Castellano, Año I, N° 3, octubre de 1963. Digitalizado por Prensa y Propaganda de Juventud Guevarista.

Nunca en América se había producido un hecho de tan extraordinarias características, tan profundas raíces y tan trascendentales consecuencias para el destino de los movimientos progresistas del continente como nuestra guerra revolucionaría. A tal extremo, que ha sido calificada por algunos como el acontecimiento cardinal de América y el que sigue en importancia a la trilogía que constituye la Revolución Rusa, el triunfo sobre las armas hitlerianas con las transformaciones sociales siguientes, y la victoria de la Revolución China.

CUBA ¿UN CASO EXCEPCIONAL?

Este movimiento grandemente heterodoxo en sus formas y en sus manifestaciones, ha seguido, sin embargo, y no podía ser de otra manera, las líneas generales de todos los grandes acontecimientos históricos del siglo, caracterizado por las luchas anticoloniales y el tránsito la socialismo.

Sin embargo algunos sectores, interesadamente o de buena fe, han pretendido ver en ella una serie de raíces y características excepcionales cuya importancia relativa frente al profundo fenómeno histórico-social elevan artificialmente hasta constituirla en determinantes. Se habla del excepcionalismo de la Revolución Cubana al compararla con las líneas de otros partidos progresistas de América y se establece, en consecuencia, que la forma y caminos de la Revolución Cubana son producto único de la revolución y que en los demás países de América será diferente el tránsito histórico de los pueblos.

Aceptamos que hubo excepciones, que le dan sus características peculiares a la Revolución Cubana; es un hecho claramente establecido que cada revolución cuenta con ese tipo de factores específicos, pero no está menos establecido que todas ellas seguirán leyes cuya violación no está al alcance de las posibilidades de la sociedad. Analicemos, pues, los factores de ese pretendido excepcionalismo.

El primero, quizás el más importante, el más original, es esa fuerza telúrica llamada Fidel Castro Ruz, nombre que en pocos años ha alcanzado proyecciones históricas. El futuro colocará en su lugar exacto los méritos de nuestro Primer Ministro, pero a nosotros se nos antoja comparables con los de las más altas figuras históricas de toda Latinoamérica.

¿Y cuáles son las circunstancias excepcionales que rodean la personalidad de Fidel Castro? Hay varias características en su vida y en su carácter, que lo hacen sobresalir ampliamente sobre todos sus compañeros y seguidores; Fidel es un hombre de tan grande personalidad que en cualquier movimiento en que participe debe llevar la conducción y así lo ha hecho en el curso de su carrera, desde la vida estudiantil hasta el premierato de nuestra patria y de los pueblos oprimidos de América. Tiene las características de gran conductor que, sumadas a sus dotes personales de audacia, fuerza, valor y a su extraordinario afán de auscultar siempre la voluntad del pueblo, lo han llevado al lugar de honor y de sacrificio que hoy ocupa. Pero tiene otras cualidades importantes, como son su capacidad para asimilar los conocimientos y las experiencias, para comprender todo el conjunto de una situación dada, sin perder de vista los detalles, su fe inmensa en el futuro, y su amplitud de visión para prevenir los acontecimientos y anticiparse a los hechos, viendo siempre más lejos y mejor que sus compañeros. Con estas grandes cualidades cardinales, con capacidad de aglutinar y unir oponiéndose a la división que debilita, su capacidad de dirigir a la cabeza de todos la acción del pueblo, su amor infinito por él, su fe en el futuro y su capacidad para preverlo Fidel Castro hizo más que nadie en Cuba para construir de la nada el aparato hoy formidable de la Revolución Cubana.

Sin embargo, nadie podría afirmar que en Cuba había condiciones político-sociales totalmente diferentes alas de otros países de América y que precisamente por esa diferencia, se hizo la Revolución. Tampoco se podría afirmar, por el contrario, que a pesar de esa diferencia Fidel Castro hizo la Revolución; Fidel, grande y hábil conductor dirigió la Revolución en Cuba en el momento y en la forma en que lo hizo interpretando las profundas conmociones políticas que preparaban al pueblo para el gran salto por los caminos revolucionarios. También existieron ciertas condiciones que no eran tampoco específicas condiciones que no eran tampoco específicas en Cuba, pero que difícilmente serán aprovechables de nuevo por otros pueblos, por que el imperialismo, al contrario de algunos grupos, progresistas, sí aprende con sus errores. La condición que podríamos calificar de excepción, es que el imperialismo norteamericano estaba desorientado y nunca pudo aquilatar los alcances verdaderos de la Revolución Cubana. Hay algo en esto que explica muchas de las aparentes contradicciones del llamado cuarto poder norteamericano. Los monopolios como es habitual en estos casos comenzaban a pensaren un sucesor de Batista, precisamente porque sabían que el pueblo no estaba conforme y que también lo buscaba por caminos revolucionarios.

LOS FACTORES REVOLUCIONARIOS

¿Qué golpe más inteligente y más hábil que quitar el dictadorzuelo inservible y poner en su lugar a los nuevos "muchachos" que podrían, en su día, servir altamente a los intereses del imperialismo?

Jugó algún tiempo el imperialismo sobre esa carta de su baraja internacional y perdió lastimosamente. Antes del triunfo sospechaban de nosotros pero no temían; más bien apostaban a dos barajas, con la experiencia que tienen para este juego donde habitualmente no pierden. Emisarios del Departamento de Estado fueron varías veces, disfrazados de periodistas, a calar la Revolución montuna, pero no pudieron extraer de ella el síntoma de peligro inminente. Cuando el imperialismo quiso reaccionar, cuando se dio cuenta que el grupo de jóvenes inexpertos que paseaban el triunfo por las calles de La Habana, tenían una clara conciencia de su deber político y una férrea decisión de cumplir con ese deber, ya era tarde. Y así amanecía, en enero de 1959, la primera Revolución Social de toda esta zona del Caribe y la más profunda de las Revoluciones Americanas.

No creemos que pueda considerarse excepcional el hecho de que la burguesía, o por lo menos una buena parte de ella, se mostrara favorable a la guerra revolucionaria contra la tiranía, al mismo tiempo que apoyaba y promovía los movimientos tendientes a buscar soluciones negociadas que les permitieran sustituir el gobierno de Batista por elementos dispuestos a frenar la Revolución. Teniendo en cuenta las condiciones en que se libró la guerra revolucionaria y la complejidad de las tendencias políticas que se oponían a la tiranía política resulta excepcional el hecho de que algunos elementos latifundistas, adoptaran una actitud neutral o, al menos, no beligerante hacia las fuerzas insurreccionales.

Es comprensible que la burguesía nacional, acogotada por el imperialismo y por la tiranía, cuyas tropas caían a saco sobre la pequeña propiedad y hacían del cohecho un medio diario de vida, viera con cierta simpatía que estos jóvenes rebeldes de la montaña, castigaran al brazo del imperialismo, que era el ejército mercenario.
Así fuerzas no revolucionarias, ayudaron de hecho a facilitar el camino del advenimiento del poder revolucionario.

Extremando las cosas podemos agregar un nuevo factor de excepcionalidad, y es que en la mayoría de los lugares de Cuba, el campesino se había proletarizado por las exigencias del gran cultivo capitalista semimecanizado y había entrado en una etapa organizativa que le daba una mayor conciencia de clase. Podemos admitirlo. Pero debemos apuntar en honor a la verdad, que sobre el territorio primario de nuestro Ejército Rebelde, constituido por los sobrevivientes de la derrotada columna que hace el viaje del "Granma", se asentaba precisamente un campesinado de raíces sociales y culturales diferentes a las que pueden encontrarse en los parajes del gran cultivo semimecanizado cubano. En efecto, la Sierra Maestra, escenario de la primera colmena revolucionaria, es un lugar donde se refugian todos los campesinos que, luchando a brazo partido contra el latifundio, van allí a buscar un nuevo pedazo de tierra que arrebatan al Estado o a algún voraz propietario latifundista para crear su pequeña riqueza. Deben estar en continua lucha contra las exacciones de los soldados, aliados siempre al poder latifundista, y su horizonte se cierra siempre en el título de propiedad. Concretamente, el soldado que íntegra nuestro ejército guerrillero de tipo campesino, sale de esta parte social que demuestra más agresivamente su amor por la tierra y su posesión, es decir, que demuestra más perfectamente lo que puede catalogarse como espíritu pequeño-burgués: el campesino lucha porque quiere tierra para él, para sus hijos, para manejarla, para venderla y enriquecerse a través de su trabajo.

A pesar de su espíritu pequeño-burgués, el campesino aprende, rápidamente, que no puede satisfacer su afán de posesión de la tierra, sin romper el sistema de la propiedad latifundista. La Reforma Agraria radical, que es la única que puede dar la tierra al campesino, choca con los intereses directos de los magnates azucareros y ganaderos. La burguesía teme chocar con esos intereses; el proletariado no teme chocar con ellos. De este modo la marcha misma de la Revolución une a los obreros y a los campesinos. Los obreros sostienen la reivindicación contra el latifundio; el campesino pobre, beneficiado con la propiedad de la tierra, sostiene lealmente el poder revolucionario y lo defiende frente a los enemigos imperialistas y contrarrevolucionarios.

LATIFUNDISMO E IMPERIALISMO

Creemos que no se pueden alegar más factores de excepcionalismo. Hemos sido generosos en extremarlos. Veremos ahora, cuáles son las raíces permanentes de todos los fenómenos sociales de América, las contradicciones que, madurando en el seno de las sociedades actuales, provocan cambios que pueden adquirir la magnitud de una revolución como la cubana.

En orden cronológico, aunque no de importancia en estos momentos, figura el latifundio. El latifundio fue la base del poder económico de la clase dominante durante todo el periodo que sucedió a la gran revolución anticolonial libertadora del siglo pasado. Pero esa clase social latifundista, que existe en todos los países, está por regla general a la zaga de los acontecimientos sociales que conmueven al mundo. En alguna parte, sin embargo, lo más alerta y esclarecido de esa clase latifundista advierte el peligro, y va cambiando el tipo agrícola, trasladando parte de sus intereses a industrias o convirtiéndose en agentes comerciales del monopolio. En todo caso, la primera revolución libertadora no llegó nunca a destruir las bases latifundistas que, actuando siempre en forma reaccionaria, mantienen el principio de servidumbre sobre la tierra. Este es el fenómeno que asoma sin excepciones en todos los países de América y que ha sido sustrato de todas las injusticias cometidas, desde la época en que el rey de España concediera a los muy nobles conquistadores las grandes mercedes territoriales dejando, en el caso cubano, para nativos, criollos y mestizos, solamente los realengos, es decir, la superficie que separa tres mercedes circulares que se tocan entre sí. El latifundista comprendió, en la mayoría de los países, que no podía sobrevivir solo, y rápidamente entró en alianza con los monopolios, vale decir, con el más fuerte y fiero opresor de los pueblos americanos. Los capitales norteamericanos llegaron a fecundar las tierras vírgenes, para llevarse después, insensiblemente, todas las divisas que antes "generosamente" habían regalado, más otras partidas que constituyen varias veces la suma originalmente invertida en el país "beneficiado". América fue campo de la lucha interimperialista: Las "guerras" entre Costa Rica y Nicaragua, la segregación de Panamá, la lucha entre Paraguay y Bolivia, no son sino expresiones de esta batalla gigantesca entre los grandes consorcios monopolistas del mundo, batalla decidida casi completamente a favor de los monopolios norteamericanos después de la Segunda Guerra Mundial. De ahí en adelante, el imperialismo se ha decidido a perfeccionar su posesión colonial y a estructurar lo mejor posible todo el andamiaje, para evitar que penetren los viejos o nuevos competidores de otros países imperialistas. Todo esto da por resultado, una economía monstruosamente distorsionada, que ha sido descripta por los economistas pudorosos del régimen imperial con una frase inocua, demostrativa de la profunda piedad que nos tienen a nosotros, los seres inferiores (llaman "inditos" a nuestros indios explotados miserablemente, vejados y reducidos a la ignominia; llaman "de color" a todos los hombres de raza negra o mulata, postergados, discriminados, instrumentados como persona y como idea de clase, para dividir a las masas obreras en su lucha por mejorar destinos económicos), a nosotros, pueblos de América, se nos llama con otro nombre pudoroso y suave: "subdesarrollados".

¿QUE ES EL SUBDESARROLLO?

Un enano de cabeza enorme y tórax henchido es "subdesarrollado", en cuanto a que sus débiles piernas o sus cortos brazos no articular con el resto de su anatomía; es el producto de un fenómeno teratológico que ha distorsionado su desarrollo. Eso es lo que en realidad somos nosotros, los suavemente llamados "subdesarrollados", en verdad países coloniales, semicoloniales o dependientes. Somos países de economía distorsionada por la acción imperial, que ha desarrollado anormalmente las ramas industriales o agrícolas necesarias para complementar su compleja economía. El subdesarrollo distorsionado, conlleva peligrosas especializaciones en materias primas que mantienen en amenaza del hambre a todos nuestros pueblos. Nosotros, los "subdesarrollados", somos también los del monocultivo, los del monoproducto, los del monomercado. Un producto único, cuya incierta venta depende de un mercado único que impone y fija condiciones: he aquí la gran fórmula de la vieja y eternamente joven divisa romana: divide e impera.

El latifundio, pues, a través de sus conexiones con el imperialismo plasma completamente el llamado "subdesarrollo", que da por resultado los bajos salarios y el desempleo.

Este fenómeno del bajo salario y el desempleo es un círculo vicioso que da cada vez más bajos salarios y cada vez más desempleos, según se agudizan las grandes contradicciones del sistema, y constantemente crean lo que es un denominador común de los pueblos de América, desde el Río Bravo al Polo Sur. Ese denominador común, que pondremos con mayúscula y que sirve de base de análisis para todos los que piensan estos fenómenos sociales se llama: HAMBRE DEL PUEBLO, cansancio de estar oprimido, vejado, explotado al máximo (ante el miedo de engrosar la enorme masa de desempleados) para que se exprima de cada cuerpo humano el máximo de utilidades, derrochadas, luego, en las orgías de los dueños del capital.

Vemos, pues, como hay grandes e inesquivables denominadores comunes en América Latina, y que no podemos decir nosotros, que hemos estado exentos de ninguno de estos entes ligados que desembocan en el más terrible y permanente: hambre del pueblo. El latifundio, ya como forma de explotación primitiva, ya como expresión de monopolio capitalista de la tierra, se conforma a las nuevas condiciones y se alfa al imperialismo, forma de explotación del capital financiero y monopolista más allá de las fronteras nacionales, para crear el colonialismo económico, eufemísticamente llamado "subdesarrollo", que da por resultado el bajo salario, el desempleo, el subempleo, el hambre de los pueblos. Todo existía en Cuba. Aquí también había hambre, aquí había una de las cifras porcentuales de desempleo más altas de América Latina, aquí el imperialismo era mucho más feroz que en muchos de los países de América, y aquí el latifundio existía con tanta fuerza como en cualquier país hermano.

LA LUCHA ARMADA

¿Qué hicimos nosotros para liberarnos del gran fenómeno del imperialismo con su gran secuela de gobernantes títeres en cada país y sus ejércitos mercenarios, dispuestos a defender a ese títere y a todo el complejo sistema social de la explotación del hombre por el hombre? Aplicamos algunas fórmulas, que ya otras veces hemos dado como descubrimientos de nuestra medicina empírica para los grandes males de nuestra querida América Latina; medicina empírica que, rápidamente, se enmarcó dentro de las explicaciones de la verdad científica.

Las condiciones objetivas para la lucha están dadas por el hambre del pueblo, la reacción frente a ese hambre, el temor desatado para aplacar la reacción popular y la ola de odio que la represión crea.

Faltaron en América condiciones subjetivas de las cuales una de las más importantes es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la vía violenta frente a los poderes imperialistas y sus aliados internos. Esas condiciones se crean mediante la lucha armada, que va haciendo más clara la necesidad del cambio (y permite preverlo) y de la derrota del ejército por las fuerzas populares y su posterior aniquilamiento (como condición imprescindible a toda revoluciona verdadera).

Apuntando ya que las condiciones se completan mediante el ejercicio de la lucha armada, tenemos que explicar que es escenario una vez más de esa lucha, es en el campo y que, desde el campo, un ejercito campesino que persiga los grandes objetivos por los que debe luchar el campesino (el primero de los cuales es la justa distribución de la tierra), tomará las ciudades. Sobre la base ideológica de la clase obrera, cuyos grandes pensadores descubrieron las leyes sociales que nos rigen, la clase campesina de América dará el gran ejército libertador del futuro; como lo dio ya en Cuba. Ese ejército creado en el campo en el cual van madurando las condiciones subjetivas para la toma del poder (que va conquistando las ciudades desde afuera, uniéndose a la clase obrera y aumentando el caudal ideológico con esos nuevos aportes), puede y debe derrotar al ejército opresor inicialmente en escaramuzas, combates, sorpresas; en grandes batallas al final, cuando ha crecido desde su minúscula condición de guerrilla, para alcanzar la de un gran ejército de liberación. Etapa de la consolidación del poder revolucionario será, como apuntáramos anteriormente, la liquidación del antiguo ejército.

Si todas estas condiciones que se han dado en Cuba se pretendieran aplicar en los demás países de América Latina, en otras luchas por conquistar el poder para las clases desposeídas, ¿qué pasaría?, ¿sería factible o no? Si es factible, ¿sería más fácil o más difícil que en Cuba?

LA ALIANZA REACCIONARIA

Vamos a exponer las dificultades que, a nuestro entender, harán más duras las luchas revolucionarias de América. Hay dificultades generales para todos los países y dificultades más especiales para algunos cuyo grado de desarrollo o peculiaridades nacionales les diferencian de otro.

Habíamos apuntado, al principio de este trabajo, que se podían considerar como factores de excepción, la actitud del imperialismo, desorientado frente a la Revolución Cubana y, hasta cierto punto, la actitud de la misma clase burguesa nacional desorientada, incluso mirando con cierta simpatía la acción de los rebeldes debido a la presión del imperialismo sobre sus intereses (situación esta última que es, por lo demás, general a todos nuestros países). Cuba ha hecho de nuevo la raya en la arena y se vuelve al dilema de Pizarro. De un lado están los que lo odian y entre ellos cada vez más determinada la raya que divide indefectiblemente a las dos grandes fuerzas sociales: la burguesía y la clase trabajadora, que están definiendo con más claridad sus respectivas posiciones, a medida que avanza el proceso de la Revolución Cubana.

Esto quiere decir que el imperialismo ha aprendido la lección de Cuba y que no volverá a ser tomado de sorpresa en ninguna de nuestras veinte repúblicas, en ninguna de las colonias que todavía existen en alguna parte de América. Esto quiere decir que grandes luchas populares contra poderosos ejércitos de invasión aguardan a los que pretendan ahora violar la paz de los sepulcros, la paz romana. Importante, porque si dura fue la guerra de liberación cubana, con sus dos años de continuo combate, zozobra e inestabilidad, infinitamente más duras serán las nuevas batallas que esperan al pueblo, en otros lugares de América Latina.

Los Estados Unidos apresuran la entrega de armas a los gobiernos títeres que considera más amenazados y les hace firmar pactos de dependencia para hacer jurídicamente más fácil el envío de instrumentos de represión y de matanza, y de tropas encargadas de ello. Además aumenta la preparación militar de los cuadros en los ejércitos represivos con la intención de que sirvan de punta de lanza eficiente contra el pueblo. ¿Y la burguesía?, se preguntará. En muchos países de América existen contradicciones objetivas en las burguesías nacionales que luchan por desarrollarse y el imperialismo que inunda los mercados con sus artículos para derrotar, en desigual pelea, al industrial nacional, así como en otras formas o manifestaciones de lucha por la plusvalía y la riqueza.

No obstante estas contradicciones, las burguesías nacionales no son capaces, por lo general, de mantener una actitud consecuente de lucha frente al imperialismo. Demuestran que temen más a la revolución popular que a los sufrimientos bajo la opresión y el dominio despótico del imperialismo, que aplasta la nacionalidad, afrenta el sentimiento patriótico y coloniza la economía.

La gran burguesía se enfrenta directamente a la Revolución y no vacila en aliarse al imperialismo y al latifundismo para combatir al pueblo y cerrarle el camino de la Revolución.

El imperialismo, desesperado e histérico, decidido a emprender toda clase de maniobras y a dar armas y hasta tropas a sus títeres, para aniquilar a cualquier pueblo que se levante, un latifundismo feroz, inescrupuloso y experimentado en las formas más brutales de represión, y una gran burguesía dispuesta a cerrar, por cualquier medio, los caminos a la revolución popular, son las grandes fuerzas aliadas que se oponen directamente a las nuevas revoluciones populares de la América Latina.

EL CAMINO ELECTORAL

Tales son las dificultades que hay que agregar a las provenientes de luchas de este tipo en las nuevas condiciones de América Latina, después de consolidado el fenómeno irreversible de la Revolución Cubana. Hay otras dificultades más específicas. Los países que, aun sin poder hablar de una efectiva industrialización, han desarrollado su industria media y ligera, o, simplemente, han sufrido procesos de concentración de su población en grandes centros, encuentran más difícil preparar guerrillas. Además, la influencia ideológica de los centros poblados, inhibe la lucha guerrillera y da vuelo a luchas de masas organizadas pacíficamente.

Esto último, da origen a cierta "institucionalidad" ya que en períodos más o menos "normales", las condiciones sean menos duras que las que corresponden al trato habitual que se da al pueblo.

Llega a concebirse, incluso, la idea de posibles aumentos cuantitativos en las bancas parlamentarias de los elementos revolucionarios, hasta un extremo que permita un día un cambio cualitativo. Esta esperanza, según creemos, es muy difícil que llegue a realizarse en las condiciones actuales, en cualquier país de América. Aunque no está excluida la posibilidad de que el cambio en cualquier país se inicie por vía electoral, las condiciones prevalecientes en ellos harán más remotas esas posibilidades.

Los revolucionarios no pueden prever de antemano todas las variantes técnicas que pueden presentarse en el curso de la lucha por su programa libertador. La real capacidad de un revolucionario se mide en el saber encontrar tácticas revolucionarias adecuadas en cada cambio de la situación, en tener presente todas las tácticas y en explotarlas al máximo. Sería error imperdonable desestimar el provecho que puede obtener el programa revolucionario de un proceso electoral dado, del mismo modo que sena imperdonable limitarse, tan solo, a lo electoral y no ver los otros medios de lucha armada para obtener el poder, instrumento indispensable para aplicar y desarrollar el programa revolucionario. Si no se alcanza el poder, todas las demás son inestables, insuficientes, incapaces de dar las soluciones que se necesitan por más avanzadas que puedan parecer.

Y cuando se habla del poder por vía electoral, nuestra pregunta es siempre la misma: si un movimiento popular ocupara el gobierno de un país por amplia votación popular, y resolviese, consecuentemente iniciar las grandes transformaciones sociales que constituyen el programa por el cual triunfó, ¿no entraría en conflicto inmediatamente con las clases reaccionarias de ese país?, ¿no ha sido siempre el ejército el instrumento de la opresión? Si es así, es lógico razonar que ese ejército tomará partido por su clase y entrará en conflicto con el gobierno constituido. Ese gobierno puede ser derribado mediante un golpe de Estado más o menos incruento y volver a empezar el juego de nunca acabar; puede el ejército opresor ser derrotado mediante la acción popular armada en apoyo de su gobierno. Lo que nos parece difícil es que las fuerzas armadas acepten de buen grado reformas sociales profundas y se resignen mansamente a su liquidación como casta. En cuanto a lo que antes nos referimos, acerca de las grandes concentraciones urbanas, en condiciones de atraso económico puede resultar aconsejable desarrollar la lucha fuera de los limites de la ciudad, con características de larga duración. Más explícitamente: la presencia de un foco guerrillero en una montaña cualquiera, en un país con populosas ciudades, mantiene perenne el foco de rebelión, pues es muy difícil que los poderes represivos puedan rápidamente, y aun en el curso de los años, liquidar guerrillas con bases sociales asentadas en un terreno favorable a la lucha guerrillera, donde existan gentes que empleen consecuentemente la táctica y la estrategia de este tipo de guerra.

LA GUERRA DE GUERRILLAS

Es muy diferente lo que podría ocurrir en las ciudades; puede allí desarrollarse hasta extremos insospechados la lucha armada contra el ejército represivo, pero esa lucha se hará frontal, solamente cuando haya un ejército poderoso que luche contra otro ejército. No se puede entablar luchas frontales contra un ejército poderoso y bien armado cuando sólo se cuenta con un pequeño grupo.

La lucha frontal se harta entonces con muchas armas. Y surge la pregunta: ¿Dónde están las armas?

Las armas no existen de por sí, hay que tomárselas a ese enemigo, hay que luchar, y no se puede luchar de frente. Por lo tanto, la lucha en las grandes ciudades debe iniciarse por un procedimiento clandestino, para captar los grupos militares o para ir tomando armas, una a una, en sucesivos golpes de mano.

En este segundo caso se puede avanzar mucho y no nos atreveríamos a afirmar que estuviera negado el éxito a una rebelión popular con base guerrillera dentro de la ciudad. Nadie puede objetar, teóricamente, esta idea, por lo menos no es nuestra intención; pero sí debemos notar lo fácil que sería mediante una delación o, simplemente, por exploraciones sucesivas, eliminar a los jefes de la revolución. En cambio aun considerando que se efectúan todas las maniobras concebibles en la ciudad, que se recurre al sabotaje organizado y, sobre todo, a una forma particularmente eficaz de la guerrilla, que es la guerrilla suburbana, pero manteniendo el núcleo en terrenos favorables para la lucha guerrillera, si el poder opresor derrota a todas las fuerzas populares de la ciudad y las aniquila, el poder político revolucionario permanece incólume, porque está relativamente a salvo de las contingencias de la guerra. Considerando siempre que está relativamente a salvo, pero no fuera de la guerra, ni dirigiéndola desde otro país o desde lugares distantes: está dentro de su pueblo, luchando. Estas son las consideraciones que nos hacen pensar que, aun analizando países en que el predominio urbano es muy grande, el foco central político de la lucha puede desarrollarse en el campo.
Volviendo al caso de contar con células militares que ayuden a dar el golpe y suministren las armas, hay dos situaciones que analizar.

Primero. Si esos militares realmente se unieran a las fuerzas populares para dar el golpe, considerándose ellos mismos como núcleo organizado y capaz de autodecisión; en ese caso será un golpe de una parte del ejército contra otra y permanecerá, muy probablemente, incólume la estructura de casta del ejército.

Segundo. Si los ejércitos se unieran rápida y espontáneamente a las fuerzas populares. En nuestro concepto, ello sólo se puede producir después que aquellos hayan sido batidos violentamente por un enemigo poderoso y persistente; es decir, en condiciones de catástrofe para el poder constituido. En las condiciones de un ejército derrotado, destruida su moral, puede ocurrir este fenómeno, pero para que ocurra es necesaria la lucha, siempre volvemos al punto de partida: ¿Cómo realizar esa lucha? La respuesta nos llevará al desarrollo de la lucha guerrillera en terrenos favorables, y contando siempre con la más amplia participación posible de las masas obreras y guiados naturalmente, por la ideología de su clase.

CONSECUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN

Hemos analizado suficientemente, las dificultades con que tropezarán los movimientos revolucionarios de América Latina. Ahora cabe preguntar si hay o no, algunas facilidades con respecto a la etapa anterior, es decir, la de Fidel Castro en la Sierra Maestra.

Creemos que también aquí hay condiciones generales que facilitan el estallido, de estos brotes de rebeldía, y condiciones específicas de algunos países que las facilitan aún más.

Debemos apuntar dos razones subjetivas como las consecuencias más importantes de la Revolución Cubana: la primera, es la posibilidad del triunfo, pues ahora se sabe perfectamente la capacidad de coronar con el éxito una empresa como la acometida por aquel grupo de ilusos expedicionarios del "Granma" en su lucha de dos años en la Sierra Maestra. Ello indica inmediatamente, que se puede hacer un movimiento revolucionario que actúe desde el campo, que se ligue a las masas campesinas, que crezca de menor a mayor, que destruya el ejército en lucha frontal, que tome las ciudades desde el campo, que vaya incrementando, con su lucha, las condiciones subjetivas necesarias para tomar el poder.

La importancia que tiene este hecho, se mide por la cantidad de excepcionalistas que han surgido en estos momentos. Los excepcionalistas son los seres especiales que encuentran que la Revolución Cubana, es un acontecimiento único e inimitable en el mundo, conducido por un hombre que tiene o no fallas, según el excepcionalista sea de derecha o de izquierda, pero que evidentemente, ha llevado a la revolución por unos senderos que se abrieron única y exclusivamente para que ella fuera el camino de la Revolución Cubana. Falso de toda falsedad, decimos nosotros.

La posibilidad del triunfo de las masas populares de América Latina, está claramente expresada por el camino de la lucha guerrillera, basada en el ejército campesino, en la alianza de los obreros con los campesinos, en la derrota del ejército en lucha frontal, en la toma de la ciudad desde el campo, en la disolución del ejército como primera etapa de la ruptura total de la superestructura del mundo colonialista anterior.

Podemos señalar, como segundo factor subjetivo, que las masas no sólo saben la posibilidad de triunfo: ya conocen su destino. Saben cada vez con mayor certeza que, cualesquiera sean las tribulaciones de la historia durante los períodos cortos, el porvenir es del pueblo, porque el porvenir es de la justicia social. Esto ayudará a levantar el fermento revolucionario, aún con mayores alturas que las alcanzadas actualmente en Latinoamérica.

CONCLUSIONES

Podríamos anotar algunas consideraciones, no tan genéricas y que no se dan con la misma intensidad en todos los países. Una de ellas, sumamente importante, es que hay más explotación campesina en general, en todos los países de América, que la que hubo en Cuba. Recuérdese para los que pretenden ver en el período insurreccional de nuestra lucha el papel de la proletarización del campo que en nuestro concepto, la proletarización del campo sirvió para acelerar profundamente la etapa de cooperación en el paso siguiente a la toma del poder con la Reforma Agraria, pero que, en la lucha primera, el campesino, centro y médula del Ejército Rebelde, es el mismo que está hoy en la sierra, orgullosamente dueño de su parcela e intransigentemente individualista. Claro que en América hay particularidades; un campesino comunal del Perú, Bolivia o Ecuador, pero el hambre de tierra, permanentemente presente en los campesinos, da la tónica general de América y como en general, están más explotados aún de lo que habían sido en Cuba. Aumentan las posibilidades de que esta clase se levante en armas.

Además, hay otro hecho. El ejército de Batista con todos sus enormes defectos, era un ejército estructurado de tal forma que todos eran cómplices en la explotación del pueblo, desde el último soldado al general más encumbrado. Era un ejército mercenario completo, y esto le daba una cierta cohesión al aparato represivo. Los ejércitos de América, en su gran mayoría, cuentan con una oficialidad profesional con reclutamiento periódico. Cada año los jóvenes que abandonan su hogar escuchando los relatos de los sufrimientos diarios de sus padres, viéndolos con sus propios ojos palpando la miseria y la injusticia social, son reclutados. Si un día son enviados como carne de cañón para la lucha contra los defensores de una doctrina que ellos sienten en su carne como justa, su capacidad agresiva estará profundamente afectada, y con sistemas de divulgación adecuados, haciéndoles ver a los reclutas el por qué de la lucha, la justicia de la lucha, se lograrán resultados magníficos.

Podemos decir, después de este somero estudio del hecho revolucionario, que la Revolución Cubana ha contado con factores excepcionales que le dan su peculiaridad y factores comunes a todos los pueblos de América, que expresan la necesidad interior de esta Revolución. Y vemos también, que hay nuevas condiciones que harán más fácil el estallido de los movimientos revolucionarios, al dar a las masas la conciencia de su destino, la conciencia de la necesidad y la certeza de la posibilidad y que al mismo tiempo, hay condiciones que dificultarán el que las masas en armas puedan rápidamente lograr su objetivo de tomar el poder. Tales condiciones se resumen en la alianza estrecha del imperialismo con todas las burguesías americanas, para luchar a brazo partido contra la fuerza popular.

Días negros esperan a América Latina, y las ultimas declaraciones de los gobernantes de los EE.UU., parecen indicar que días negros esperan al mundo. Lumumba, salvajemente asesinado, en la grandeza de su martirio muestra la enseñanza de los trágicos errores que no se deben cometer. Una vez iniciada la lucha antiimperialista, es indispensable ser consecuente y se debe ser y dar duro, donde duela, constantemente y nunca dar un paso atrás, siempre adelante, siempre contragolpeando, siempre respondiendo a cada agresión con una más fuerte presión de las masas populares. Esa es la forma de triunfar.

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