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¿Imperialismo, sin imperio? Crisis, pugnas y ajustes en el sistema imperialista mundial


Frank Molano Camargo Pueblos

Brotes de guerra en el Cáucaso, relaciones militares de Rusia y Venezuela, crisis financiera en Norteamérica, llamados a revalorizar el monopolio estatal para salvar los bancos, mayor presencia de China en el mercado mundial, son algunos de los hechos que empiezan a hacerse visibles al finalizar el 2008. Algunos analistas plantean la existencia de una “nueva guerra fría”, otros la vuelta del keynesianismo, pero son argumentos insuficientes para comprender la magnitud de los problemas mundiales. A partir de la mirada clásica sobre la teoría del imperialismo propuesta por Lenin al comenzar el siglo XX, se propone una lectura posible, que tiene como centro el análisis de la tendencia hacia el final de la matriz de acumulación imperialista, compuesta por la tríada Estados Unidos – Europa y Japón, en la que EE.UU tuvo un lugar privilegiado.

"El siglo XXI no será un siglo americano. Será un siglo de vastos conflictos, del ascenso de luchas sociales que cuestionarán las ambiciones de Washington y del capital. La crisis está exacerbando las contradicciones entre las clases dominantes. Estos conflictos cobrarán dimensiones internacionales cada vez más agudas, y empujarán a estados y grupos de estados unos contra otros. Uno ya puede discernir los primeros flirteos de un conflicto entre los Estados Unidos, Japón y su fiel aliado australiano, por un lado, y China y otros países asiáticos por el otro. No es difícil prever el renacimiento del conflicto entre Estados Unidos y Rusia, si la última se las arregla para librarse de la espiral de muerte y de desintegración a donde la arrojaron Boris Yeltsin y sus “consejeros” norteamericanos".

(Samir Amín, La Economía Política del Siglo XX)

Se propone la tesis de que asistimos a un debilitamiento, más no fin, del proyecto imperial yanqui y a una reacomodación del sistema mundial imperialista. Para esto se plantean varios asuntos: la crisis de la matriz de acumulación y el debilitamiento norteamericano, la emergencia de dos poderosos rivales imperialistas: Rusia y China, y sus proyectos globales de dominación y, finalmente, una reflexión sobre lo que implica para la izquierda ser antiimperialista y no solamente antinorteamericano.


1. La crisis de la matriz de acumulación imperialista


Los análisis basados en las teorías del Imperio y la globalización, hoy se muestran plenamente limitados para explicar las tendencias y los cambios más inmediatos, pues descartaron del eje de sus planteamientos la existencia de la pugna entre potencias imperialistas, la conformación de los monopolios y el papel del Estado en la economía capitalista global y nacional.

Por esta razón, se hace clave acudir a la “caja de herramientas” propuesta por Lenin en su clásica obra Imperialismo, fase superior del capitalismo, quien caracterizó esta etapa de desarrollo capitalista a partir de cinco elementos: 1) la concentración y centralización de la producción en los monopolios imperialistas; 2) la fusión del capital bancario con el capital industrial y la creación, basada en ese “capital financiero” de una oligarquía financiera; 3) la exportación de capitales, que difiere de la exportación de mercancías; 4) la formación de asociaciones internacionales de capitalistas monopolistas, que se reparten el mundo entre sí, y 5) la división territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes" [1].

Es sobre estos elementos que en el proceso histórico del capitalismo, se constituyen y suceden matrices de acumulación, matrices de acumulación relacionadas con factores como el tipo de monopolios dominantes en el mercado mundial, el modo en que está repartido el mundo entre las potencias dominantes, y las formas de acumulación y explotación dominantes en el conjunto del sistema imperialista.

Después de la restauración del capitalismo en la Unión Soviética en la década de 1950, Mao Tsetung, analizó la existencia de una matriz de acumulación a partir de dos superpotencias imperialistas: Estados Unidos y la Unión Soviética, cada una con una estrategia de exportación de capital y red de alianzas en el mundo, basadas en el capital monopolista estatal. Con la disolución de la URSS en 1991 surgió una nueva matriz de acumulación, a partir de tres bloques imperialistas: Estados Unidos, Europa y Japón, que pugnan desde entonces por el reparto del mundo. La matriz de acumulación tuvo varias características: la triada imperialista [2] (Estados Unidos, Europa y Japón, con un lugar privilegiado para EE.UU.; la conformación de los megamonopolios imperialistas que pugnan por el control de mercados, materias primas y empresas de todo el mundo a partir del neoliberalismo; la reducción del intervencionismo económico del Estado; y el predominio del capital especulativo sobre el capital productivo.

En la triada, cada potencia se trazó una agenda para pasar de esferas de influencia a bloques imperialistas. Esta matriz, que por lo visto está llegando a su fin, surgió en medio de una nueva forma de organización de la producción a escala mundial, como un aspecto de larga duración. Se trata de la conformación de un nuevo mercado mundial unitario y con acceso relativamente libre para los monopolios internacionales, impulsado por el desarrollo de las fuerzas productivas que ha permitido una gigantesca concentración y centralización de la producción [3]. Los megamonopolios lograron en los últimos años una gigantesca socialización de la producción (a costa del aumento de la superexplotación del trabajo), centralización, concentración e integración de la economía capitalista mundial. En el seno de esta matriz de acumulación pugnan fuerzas y tendencias del capital, no solamente las potencias imperialistas, sino también aquellas fuerzas de los monopolios capitalistas, en los que unos pugnan por la disolución del papel del Estado y otras por su mantenimiento.

Los imperialistas norteamericanos buscaron ocupar un lugar privilegiado dando un salto a superpotencia hegemónica única, capaz de subordinar a otros poderes mundiales. Para Samir Amin, el proyecto hegemónico de los EEUU se basa en el poder militar, que sustenta una estrategia global de cinco objetivos: neutralizar y subyugar a las otras partes de la tríada (Europa y Japón), minimizando su habilidad para actuar fuera de la órbita de los EEUU; establecer el control militar de la OTAN mientras se “latinoamericanizan” los fragmentos del antiguo mundo soviético; ejercer absoluta influencia sobre el Medio Oriente y el Asia Central, especialmente sobre los recursos petroleros; desmantelar China, asegurando la subordinación de las otras grandes naciones (India y Brasil), y previniendo la constitución de bloques regionales capaces de negociar los términos de la globalización, y marginar las regiones del Sur que carecen de interés estratégico [4].

Esta estrategia militar, cuyo máximo desarrollo fue la guerra mundial contra el terrorismo a partir de 2001, con la invasión a Afganistán y a Irak, tenía una clara motivación económica, de una parte convertir a sus monopolios en los amos del mundo, de hecho hasta el 2005, de los 12 megamonopolios que más venden en el mundo 6 eran norteamericanos y no había para entonces ninguna, china, rusa o hindú, por orden de importancia: Wall Mart (EEUU), Exxon-Mobil (EEUU), Royal Dutch Shell (holandesabritánica), British Petroleum (británica), General Motors (EEUU), Toyota (japonesa), Chevrón (yanqui), Daimler-Chrysler (Alemana), Conoco-Phillips (EEUU), Total (francesa), General Electric (EEUU) y Ford Motors (EEUU).

Por otra parte, hacer de los Estados Unidos una aspiradora de capital mundial, para tapar el déficit fiscal de la agenda guerrerista, en esto jugó un papel importante el dólar “fuerte” durante la década de 1990, La masa de dinero que venía del exterior (de un Japón en recesión desde el estallido de “su” burbuja especulativa inmobiliaria en 1989; del Tercer Mundo, y de Europa) fue la base en que se financió la llamada “New Economics”, con el argumento que a partir del espectacular cambio tecnológico y de la organización del trabajo con base en el procesamiento electrónico de información y las telecomunicaciones, esta nueva rama recuperaba definitivamente las tasas de ganancia sin necesidad de depender del capital productivo [5].

No analizaré la agenda propuesta por Japón y Europa, en el marco de esta matriz imperialista. Japón desde finales de la década de 1990 no se ha logrado recomponer de su crisis bursátil y de productividad, y en Europa, a pesar de la conformación de la Unión Europea, aún no existe una economía común, sino una pugna entre los imperialismos alemán y francés por ser cabeza de bloque.


1.1. La derrota norteamericana en las arenas de Irak


Al finalizar el 2006, se dio a conocer el Informe del Grupo de Estudio de Irak, o Informe Baker, compuesto de 10 políticos de la clase dominante de larga trayectoria: cinco demócratas y cinco republicanos, dirigidos por James Baker, ex secretario de Estado, y Lee Hamilton, ex representante.

El Informe Baker puso sobre el tapete la aceptación de la derrota militar en Irak, y las enormes contradicciones que confronta Estados Unidos, y en particular las contradicciones que agudizó la invasión de Irak.

Por otra parte, la resistencia Irakí se ha fortalecido y unificado, como lo afirmara recientemente Abu Muhammed, vocero del Partido Socialista Árabe Ba’ath en Irak y del Comando Supremo del Frente de Lucha [jihad] y Liberación en Irak (FSL siglas en inglés]:

“…Irak está actualmente viviendo bajo una ocupación militar y bajo aquellos que apoyan la ocupación. (…) En una encuesta reciente del periódico USA Today, la mayoría de los iraquíes apoya la resistencia y está en contra de la ocupación y favorece a un Irak democrático y pluralista. (…) Nosotros en la resistencia armada y no armada somos la única vía hacia la independencia y la estabilidad de Irak. Seguiremos resistiendo hasta la derrota de los EEUU o hasta que los EEUU acepte una retirada. Solo aceptaremos la negociación si EEUU reconoce los derechos de los iraquíes. De lo contrario, seguiremos con la resistencia. Hubo más de millón y medio de iraquíes muertos durante el período de las sanciones [1990 hasta 2003] y adicionalmente, más de un millón de iraquíes han sido matados desde la invasión. En el lado de los EEUU, los 3700 muertos reportados son nada más que los miembros de la Marina. No incluye a los mercenarios, y hay tantos mercenarios en Irak como tropas estadounidenses. Los mercenarios están combatiendo más que las tropas regulares en Faluya, Samara, y en otras ciudades” [6].

La crisis en Irak ha restringido la capacidad de Estados Unidos de proyectar su poder por todo el mundo, y ha abierto brechas y oportunidades para sus rivales imperialistas y otras fuerzas que considera hostiles a sus intereses, como China y Rusia [7]. La bancarrota militar en Irak es uno de los temas de las pasadas elecciones imperialistas: McCain se identificba estrechamente con la concepción maniquea y unilateralista de los neoconservadores y nacionalistas agresivos que definieron la política exterior durante el primer mandato del presidente George W. Bush, entre 2001 y 2005, que privilegió la opción militar frente a la diplomacia pero la tendencia a la baja en las encuestas ha hecho girar su discurso hacia un mayor énfasis en el empleo de la diplomacia y el diálogo con otros países para promover los intereses nacionales estadounidenses. Por su parte Obama, ha querido ser mostrado como un "internacionalista progresista", seguidor de la escuela de pensamiento creada por el ex presidente demócrata Woodrow Wilson (1913-1921), que promovió un orden mundial presidido por la Organización de las Naciones Unidas. Sin embargo, lo que debe tenerse claro es que Obama expresa la necesidad de relevo de un sector de las clases dominantes imperialistas, que reconoce la necesidad de una nueva agenda de dominación mundial, combinando el poderío militar con la diplomacia, no en vano Obama tiene entre sus asesores a Zbigniew Brzezinski, fundador de la Comisión Trilateral [8] y brazo de acero de los intereses de Rockefeller.


1.2. La crisis financiera norteamericana


La actual crisis financiera con centro en Estados Unidos es otra de las causas del debilitamiento de la matriz de acumulación imperialista. Esta crisis señala la bancarrota de la primacía de dos mitos imperialistas: la indestructibilidad del capital especulativo y la “nueva economía” de las telecomunicaciones y la información, que según se decía, aumentaría sin límites el crecimiento económico, acortaría las distancias, virtualizaría el trabajo, y convertiría a la web en el nuevo ciberespacio del capital y el trabajo, esta vez sin lucha de clases.

El crecimiento del sector de las empresas tecnológicas a escala mundial, fue una burbuja especulativa que empezó a deteriorarse en marzo de 2000 con el “derrumbe” del Nasdaq y los malos balances de las empresas del sector, se desató una ola de despidos y reestructuraciones que empezaron a poner en duda la estabilidad de este renglón de la economía imperialista.

Simultáneamente se conocieron los fraudes de grandes monopolios como Enron y World Com, tras los ataques a las Torres Gemelas. Decenas de miles de millones de dólares se pusieron a circular para “estabilizar los mercados tras los ataques”; la Reserva Federal yanqui, comenzó a bajar las tasa de interés, para estimular el crecimiento, aumentar los préstamos y financiar la inversión en gasto militar, al mismo tiempo se fomentó el crédito para el consumo, fundamentalmente a través de préstamos hipotecarios, lo que subió los precios de las propiedades.

La Reserva Federal redujo las tasas de interés e inyectó fondos en el sistema bancario. Los bancos tuvieron acceso a créditos abundantes de bajo interés. Mediante el marketing agresivo y engañoso, presionaban a la gente a adquirir hipotecas. El Banco de la Reserva Federal inyectó más fondos de bajos intereses en el sistema bancario a fin de apuntalar los préstamos y alimentar una burbuja hipotecaria especulativa de largo plazo. Los bancos vendieron esas hipotecas a bancos de inversión. Estos combinaban estos préstamos con otros préstamos, crearon productos financieros complejos y los vendieron a inversionistas grandes, en Estados Unidos y otros países. Estos bonos con aval hipotecario (así se llaman) circularon en los mercados financieros y llegaron a constituir la base para otros préstamos. La garantía final de esta cadena de préstamos eran los préstamos hipotecarios iniciales.

El déficit fiscal de Estados Unidos es gigantesco, en septiembre de 2008, se reconocían 438.000 millones de dólares, superando al récord anterior de 413.000 millones de 2004), y un déficit comercial de más de 800.000 millones de dólares, además está el “déficit privado” de empresas y familias que están fuertemente endeudadas y gastando más de que ahorran. Este sobredimensionamiento del consumo se financiaba con el resto del mundo, donde miles de millones de dólares volvían a los Estados Unidos gracias a que los demás países, y en particular Asia –y especialmente China- acrecientan sus reservas en dólares o bonos del Tesoro.

Los desequilibrios del modelo económico norteamericano provocaron dos “avisos” que no fueron atendidos por el gobierno de Bush, quien esperaba un rotundo triunfo militar en Irak, para reversar los efectos de la crisis financiera: las caídas de la Bolsa de Wall Street en mayo-junio del 2006 y febrero del 2007, esto fue el preludio de los problemas venideros.

La burbuja inmobiliaria, con los valores de las propiedades por las nubes, hizo que los agentes inmobiliarios tuvieran más dificultad para encontrar nuevos compradores, así que se vieron obligados a bajar los precios de las propiedades, mientras creció el número de viviendas invendibles. En ese mismo momento las tasas de interés subieron y muchos se encontraron con que no podían pagar las cuotas de sus hipotecas, lo que llevó a una acumulación de créditos impagables, generando la posterior reacción en cadena.

La crisis estalló en julio del 2007, cuando quebraron dos fondos de riesgo de la banca de inversiones de EE.UU. Lo que generó una grave caída en la Bolsa de Wall Street, a continuación quebró el American Home Mortgage Investment, uno de los principales bancos hipotecarios, y después se extendió a otras instituciones que no tenían nada que ver con del negocio inmobiliario, pero que estaban relacionadas con los negocios especulativos. En agosto la crisis llegó a Europa, cuando tanto el banco alemán IKW como el francés BNP-Paribas (primer banco de Francia), anunciaron dificultades debido a que tenían fondos de crédito invertidos en hipotecas. En Estados Unidos la situación se agravó cuando se conoció que tres grandes bancos habían tenido que recurrir a la Reserva Federal porque se encontraban en dificultades.

La reacción del capital financiero especulativo, fue buscar la ayuda de los Estados, o mejor de sus bancos centrales, lo que se conoce como el “salvataje”, que consiste en que el mercado mundial de divisas es inundado con dineros estatales para evitar una quiebra en masa. A pesar de que en diciembre del 2007, la Reserva Federal de EE.UU. y el Banco Central Europeo habían hecho circular más de un billón de dólares, la crisis no se detuvo. A comienzos de octubre de 2008 del secretario del Tesoro Paulson propuso un nuevo plan de rescate de la banca norteamericana, lo que llevó a algunos a hablar de “Socialismo en Wall Street”, debido a esa inadecuada confusión de los teóricos neoliberales entre estatismo y socialismo.

Si bien no estamos aún en el colapso del sistema imperialista, la crisis financiera si muestra tendencias que son importantes a la hora de analizar el sistema mundial y las luchas por venir, como los sostiene el investigador independiente Andrés Tapia, que se trata de una lucha de la banca mundial, europea principalmente, canadiense, China y japonesa por destrozar el esquema bancario desregulado y especializado de EEUU e Inglaterra, que los llevo a ser los lideres mundiales en la banca de inversión. Es el fin de las políticas desreguladoras de los mercados financieros mundiales sobre todo de los EEUU e Inglaterra, a cambio de regulaciones por parte de los Estados y de sus bancos centrales. La cuestión no es que el Estado someta al capital financiero sino al revés, el capital monopolista de Estado, queda subordinado completamente al capital financiero especulativo, pero con contradicciones. Lo que esta por suceder es el surgimiento de nuevos o actuales fortalecidos súper monopolios bancarios y con una regulación estatal más acorde a esos intereses [9].

2. La revitalización imperialista de Rusia y la pugna con EE.UU

Bajo los gobiernos de Vladimir Putin (diciembre de 1999 y mayo de 2008) y el reciente de Dmitri Medvéded, un poderoso sector de la mafia rusa y de la burguesía monopolista estatal y privada, busca recuperar aceleradamente el poder y la influencia que perdió con la implosión de la URSS, poniendo fin al esquema de privatizaciones desmedidas impulsadas por el gobierno de Boris Yeltsin en la década de 1990. La agenda de lucha por la supremacía mundial de Putin (hoy primer ministro de Medvéded) ha estado sustentando en los altos precios del petróleo y el uso intensivo que hace de su producción y exportaciones. Con la elevación del precio del petróleo a partir del 2002 ha hecho resurgir la economía rusa, lo que a su vez ha permitido repotenciar sus Fuerzas Armadas. Esto le ha hecho aspirar a un rol más influyente en el sistema internacional, comenzando por las repúblicas ubicadas en su periferia.

No se trata de una completa nacionalización de las empresas, sino de un fortalecimiento de los monopolios imperialistas rusos para la lucha por el control de mercados. De las 100 mayores empresas rusas, 45 tienen estrategias multinacionales de expansión en el extranjero. El monopolio Gazprom es el más importante a escala internacional en el control del mercado de gas. Además de los monopolios rusos 15 corresponden al sector energético, 20 a la transformación de materias primas.

Actualmente el poderío económico de Rusia es sólo un 14% del norteamericano, más de la mitad de sus exportaciones se destinan a la Unión Europea, esto presiona a la burguesía imperialista rusa a abrirse paso en la economía mundial, para lo cual debe desafiar el cerco militar y económico que Estados Unidos ha tendido a su alrededor, inspirado en la perspectiva geopolítica que va de Spykman (1943) a Brzezinski (1997) y que consiste en negarle el control de la “Rimland” o región colindante con los mares. El Cáucaso y Ucrania son las piezas principales en esta crítica disputa, que además se vincula con arterias de gas y petróleo a Europa, dependiente de la energía rusa.

En agosto de 2008 tropas de Georgia convertida en una neocolonia de Washington que busca el control de los gigantes oleoductos que van hacia Europa, avanzaron sobre Osetia del Sur, región anteriormente rusa, pero dividida luego del colapso soviético, e incorporada a Georgia. Moscú ha buscado recuperarla, atrayendo su población, mayoritariamente rusa, con un discurso “panruso” separatista; en respuesta, Rusia realizó un “genocidio relámpago” que puso fin a los planes del Pentágono de llevar a Rusia en una larga guerra de desgaste. Al igual que en Chechenia, la masacre de miles de georgianos y osetos del sur fueron las credenciales, para marcar terreno y advertir a Washington y a la OTAN que no admitirá más intromisiones en su propio “patio trasero”.

Los Estados Unidos, además de impulsar iniciativas para frenar el expansionismo ruso, aconsejando su expulsión del G8, el grupo de los países más industrializados del mundo y promoviendo el boicot para que Rusia no sea el anfitrión de los Juegos Olímpicos de 2012; firmó con Polonia, un nuevo aliado, un acuerdo para instalar cohetes antimisiles apuntando a Rusia, la respuesta rusa fue considerar a Polonia como blanco posible de sus misiles [10].

Simultáneamente, los rusos desafían la dominación imperialista norteamericana en el Caribe, al buscar acuerdos para operaciones conjuntas con la armada venezolana, el gobierno de Chávez plantea que se trata de contrarrestar la presencia nuevamente de la IV Flota de marina norteamericana. Tras las maniobras militares, son claros los intereses rusos, a partir de sus relaciones con Venezuela, para el control del mercado mundial del petróleo y el gas. No en vano, se buscan relaciones comerciales entre el monopolio imperialista ruso Gazprom y la venezolana PDVSA.

3. El papel del imperialismo chino

En los últimos quince años China se ha convertido en el nuevo “milagro” asiático y en una de las fuerzas motrices del capitalismo mundial. En el período 1990-2005 China creció a una tasa media anual del 10,1% (en dólares de 2000), gracias a lo cual su participación en la producción mundial pasó del 1,9% en 1990 al 7% al comenzar el siglo XXI, manteniendo una tendencia expansiva importante.

La agenda imperialista China tiene como reto inmediato posicionarse a escala global como poder económico fundamental. Por ahora, en términos de cifras, el PBI de los Estados Unidos es de 13.195 miles de millones de dólares, casi cinco veces el de China, que alcanza a 2.645 miles de millones de dólares (valores del 2006 del FMI). Es decir, que aún, ni China, ni la suma de los BRICs (“big recent industrialised countries”: China, India, Rusia y Brasil) están en condiciones de reemplazar el consumo norteamericano. Estados Unidos absorbe el 75% de los excedentes mundiales. El consumo norteamericano representa casi 9 billones de dólares, mientras que el chino sólo un billón y el de la India 600 mil millones. La mitad de las exportaciones chinas tienen como destino Estados Unidos, Europa o Japón. Si bien es cierto que la China tiene un mercado interno “potencial” de 1.300 millones de personas, la realidad es que sólo 120 millones –con un ingreso anual de 30.000 dólares – tienen una capacidad de consumo similar a la clase media de los países desarrollados.

Sin embargo, la crisis prolongada en Estados Unidos y el rápido crecimiento chino, constituyen hoy las principales ventajas de esta potencia económica cuyo éxito ha estado fundamentado en un modelo económico socialimperialista, en el que fueron reformadas las empresas del Estado, permitiendo la inversión de capital extranjero, para capitalizarlas, promover procesos de concentración de capital y colocarlas en una condición para pugnar en el mercado mundial. Todo esto se realizó con el desmonte de las conquistas de los trabajadores en tiempos de la China maoísta, la jornada de trabajo fue elevada de ocho a doce horas, los salarios fueron reducidos De otra parte, el Partido Comunista de China, ha tenido que justificar los cambios y giros como potencia imperialista. El 16 Congreso del PCCH, realizado en noviembre de 2002, aprobó la tesis de las “tres representaciones”, que sostiene que el partido, no representa los intereses del proletariado y el campesinado sino a las fuerzas productivas avanzadas, a la cultura innovadora y a las masas. Con estos argumentos los jefes de los monopolios imperialistas han empezado a ser parte de la dirección partidaria: el director del conglomerado del acero Shen Wenrong y el presidente de la junta directiva del monopolio Haier, Zhang Ruimin, son parte del nuevo Comité Central [11].

Los socialimperialistas chinos buscan que sus monopolios hagan parte de los 500 principales del mundo en el futuro, hoy 12 hacen parte de esta flamante lista. "Nosotros promoveremos activamente a nuestras propias multinacionales", dijo la vice primera ministra Wu Yi en la Conferencia de Declaración sobre el Desarrollo Económico Mundial, en 2007. Las estadísticas del Ministerio de Comercio chino muestran que durante los 20 años pasados, las firmas chinas se han vuelto más fuertes. En el 2002, el volumen de negocios de las principales 500 compañías industriales de China constituyó el 68 por ciento del producto interno bruto del país.

Estos monopolios han empezado a dirigir su mirada hacia el extranjero. La Corporación Nacional de Importación y Exportación de Cereales, Oleaginosas y Productos Alimenticios, una de las 500 principales a nivel mundial, se ha convertido en la mayor compañía de alimentos de China. La Corporación Gree, la mayor fabricante de acondicionadores de aire, estableció su primera sucursal en Brasil en el 2001. La Corporación TCL, uno de los mayores fabricantes de televisores de China, se fusionó con Thomson S.A. de Francia el 4 de noviembre para establecer la mayor fabricante de televisores del mundo con una capacidad anual de 18 millones de aparatos.

Entre los años 2001 y 2005, China invirtió más de 50.000 millones de dólares en el resto del mundo a través de más de 10.000 empresas distintas. Aunque Asia fue la región que más inversión china recibió, Africa y América Latina, son nuevos escenarios de inversión, lo que inevitablemente afecta los intereses de imperialistas norteamericanos. En Venezuela, por ejemplo, China ha invertido más de 400 millones de dólares en la infraestructura de 15 pozos petrolíferos, así como en la producción de gas y en la mejora del sistema ferroviario y de refinería. En el caso brasileño, empresas públicas chinas han empezado a trabajar con Petrobrás para expandir la producción de petróleo, mejorar la infraestructura y construir un gasoducto.

Otra región del mundo en la que China exporta capitales es África, desde hace diez años, en busca del control de reservas de petróleo y gas (sin olvidar las de cobre, cobalto, carbón y oro), necesarias para mantener el rápido ritmo de crecimiento económico. Pero también la presencia de mercados de fácil penetración, en los que las manufacturas chinas, de buena tecnología y poco precio, desbaratan toda competencia, particularmente la francesa y norteamericana.

En 2006 Pekín declaró el “Año de Africa” consistente en el fortalecimiento de relaciones diplomáticas y firma de contratos con paises estratégicos para su proyecto global: Mozambique (fuente clave de madera), Zambia (cobre), Congo (amplia gama de minerales), Guinea Ecuatorial (petróleo) [12]. Sudán es el principal destinatario de las inversiones extranjeras chinas y uno de los países africanos con los que Pekín tiene más intercambios comerciales. Las tres principales compañías petrolíferas estatales de China, la CNPC, la CNOOC, y la SINOPEC se están quedando con más y más espacios en la explotación del crudo africano. Mientras la CNPC anda comprometida en prospecciones en el Sur del Chad y en Etiopía Occidental, la CNOOC ha firmado en enero del pasado año un acuerdo multimillonario con Nigeria para comprar el 45% de la concesión de propiedad de la South Atlantic Petroleum, que comprende importantes yacimientos off-shore tanto de petróleo como de gas.

Estos vínculos económicos y comerciales, inversiones en infraestructuras, cooperación técnica y militar, se desarrollan desde la perspectiva diplomática del pragmatismo chino, impulsado por Teng Siao-pin en contra de la Revolución Cultural maoísta y consignada en la famosa frase “no importa de color sea el gato siempre que cace ratones”, de ahí que el gobierno chino se haga de la vista gorda con los gobiernos corruptos, la violación de derechos humanos, las guerras de mercenarios, el comercio de nuevos esclavos. Por ejemplo en 2004, los Estados Unidos propusieron repetidamente al Consejo de Seguridad que se adoptaran sanciones económicas contra Sudán por su actitud agresiva y militarista, pero el veto de China bloqueó cualquier sanción a su principal abastecedor de crudo en África.

Por ahora, ante este tipo de diplomacia china en Africa, es mirada con recelo por Estados Unidos y Europa, quienes tratan de frenar la « expanión amarilla » acudiendo a las sanciones contra los gobiernos « corruptos » de Africa, que ellos mismos ayudaron a forjar y que hoy tienen excelentes relaciones con la potencia imperialista asiática. Sin duda se trata de un escenario de nuevas pugnas interimperialistas. Mientras que occidente buscó aislar las zonas salvajes y pobres del campitalismo, los Chinos recurren a ellas para fortalecer su estrategia mundial.

4. Antiimperialismo o antinorteamericanismo

Todos saludamos el debilitamiento y ojala el fin de esa máquina de horror que es el imperialismo norteamericano. Todo parece indicar, que las clases dominantes de EE.UU. enfrentaran serias dificultades económicas y una mayor competencia de sus rivales imperialistas nuevos y viejos.

No obstante, ser antinorteamericano no puede confundirse con el antiimperialista, y esto tiene implicaciones políticas y sobre todo de principio. Hay quienes consideran que solo es imperialista la potencia yanqui, mientras que Europa, Rusia, China, son Estados no imperialistas, amigos de la paz mundial y el bienestar de los pueblos. Este tipo de posturas, proponen una estrategia de lucha de alianza con enemigos de Estados Unidos, sin tener en cuenta que tales aliados, están orientados por los intereses rapaces de los monopolios imperialistas. Por esta razón, son preocupantes las recientes actuaciones y declaraciones del Presidente venezolano Hugo Chávez frente a las agresiones de Rusia en el Cáucaso. No se trata de negar el derecho de toda nación a tener relaciones internacionales, más cuando como en el caso de Venezuela, Estados Unidos busca aislarla, invadirla y derrotar el proyecto revolucionario. Pero si se trata de llamar la atención, como preocupación solidaria y llamado fraterno a planteamientos no revolucionarios que se inspiran en la “real politik”, bajo argumentos de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” desconociendo el carácter de clase y los intereses en juego. En tal sentido, preocupan declaraciones como la presentada por la Cancillería de la República Bolivariana de Venezuela de Agosto de 2008, en la que se dice:

“… el gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, observó que la Federación de Rusia, amparada en los acuerdos internacionales que legitiman la presencia de sus fuerzas de paz en Osetia del Sur, actuó para preservar la vida de la población suroseta, así como la de sus connacionales”.

Este tipo de afirmaciones, en nombre de la defensa contra las intenciones norteamericanas en el Cáucaso, soslayan y minimizan el genocidio imperialista ruso contra la población civil y sobre todo, desconocen uno de los principios del antiimperialismo, “el derecho a la autodeterminación de los pueblos”.

Por esto resulta cuestionador que en respuesta a los saludos de Hugo Chávez, los imperialistas rusos, publicaran en el diario Pravda de agosto 14, un artículo titulado “El combate por Osetia del Sur se traslada a América Latina”, en cuyos apartes se dice:

“Cuba y Venezuela respaldaron abiertamente a Rusia durante la agresión georgiana contra Osetia del Sur. La cooperación con La Habana, Caracas y La Paz en los ámbitos técnico-militar y de hidrocarburos nos reportan ya ingresos multimillonarios. (…) Sin embargo es necesario trabajar más activamente con los líderes de los estados de la región, concertar con ellos la realización de proyectos económicos a largo plazo… Tanto Cuba como Venezuela no están en contra de suministrar su territorio para instalar bases militares rusas… Rusia, respaldándose en sus aliados en América Latina, podría obligar a los norteamericanos a preocuparse por el cuidado de sus propias fronteras”.

Hoy más que nunca la lucha antiimperialista exige una caracterización clara y sin ambigüedades de este tipo de orden social, para poder asumir una postura sin compromisos, independiente y eso sí, saber aprovechar las pugnas y crisis interimperialistas, para fortalecer proyectos de emancipación.

En conclusión, como lo plantearía José Carlos Mariátegui “somos anti-imperialistas porque somos marxistas, porque somos revolucionarios, porque oponemos al capitalismo el socialismo como sistema antagónico” [13]. Y porque no necesariamente ser antinorteamericano es ser anticapitalista ni antiimperialista.

Frank Molano Camargo es docente de Licenciatura en Educación Básica con énfasis en Ciencias Sociales de la Universidad Distrital “Francisco José de Caldas”. Este artículo ha sido publicado en el nº 8 de la revista colombiana CEPA (febrero-abril de 2009).

[1] Lenin, Imperialismo Fase superior del Capitalismo, Ediciones en lenguas Extranjeras, Pekín, 1975.

[2] Samir Amin, “Geopolítica del siglo XX”

[3] Stefan Engel, Crepúsculo de los dioses sobre el “nuevo orden mundial”, Verlag Neuer Weg, Essen, Alemania, 2004.

[4] Ibid.

[5] José Ernesto Castillo, "Crisis de la economía mundial. En el marco de 40 años de crisis crónica del capitalismo".

[6] "La resistencia irakí demanda reconocimiento y retiro de EE.UU".

[7] Larry Everest, "Grandes apuros, profundas divisiones, opciones cada vez más".

[8] Esta Comisión surgió en la década de 1970, y busca un gobierno mundial comandado por el sector financiero de los Estados Unidos, que base su poder en los acuerdos interimperialistas y en las operaciones de sabotaje y conspiración, más que de intervención militar directa (que no se descarta), para obtener los objetivos globales.

[9] Andrés Tapia: “Sobre las crisis inmobiliaria, bursátil, bancaria, financiera y las recesiones” Bogotá, octubre de 2008, inédito.

[10] “La Rusia de Putin plantó bandera”, Semanario del PCR de la Argentina HOY, No. 1230, agosto, 2008.

[11] Stefan Engel. op. cit. p. 212.

[12] “ChiAfrica”, Richard Behar, Revista Avianca, octubre de 2008, p. 201.

[13] José Carlos Mariátegui, “Punto de Vista Antiimperialista”, Lima 21 de mayo de 1929.