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Crisis: de la producción, como parte de la conciencia de clase, al consumo, como parte de la clase sin conciencia


José Iglesias | Para Kaos en la Red

Será muy lento y difícil transformar el capitalismo mientras la ciudadanía no tomemos conciencia de que las crisis recurrentes del sistema son estructurales al mismo. De igual manera, también nos costará entender porque el peso de los problemas que nos ahogan durante estas fuertes recesiones/depresiones, así como las soluciones que gobernantes y empresarios tomarán para salir de las crisis, siempre recaerán indiscutiblemente sobre los trabajadores y aquellos sectores de la población más débiles y empobrecidos.

Los que sufrimos el sistema, tanto en los períodos de abundancia por la explotación a que estamos sometidos, como en los de recesión por la precariedad de vida que genera, tenemos que comenzar a retomar la identidad de trabajadores con conciencia de clase que la hemos dejado desvanecer, y desprendernos de la identidad de consumidores sin conciencia que nos ha, primero seducido, y después, alienado y corrompido. Conseguir un nivel de vida digno, como utilizan de eslogan algunas organizaciones progresistas, e incluso de izquierdas, nunca será posible dentro del capitalismo. O acabamos con él sistema, o periódicamente tendremos que sufrir las consecuencias de sus enfermedades crónicas.
Producción y conciencia de clase

Para entender la necesidad de propugnar recuperar la conciencia y la lucha de clases, y con ella el rechazo del sistema capitalista y su transformación hacia una sociedad sin clases hemos de distinguir, de partida, la diferencia entre trabajo o actividad creativa humana, y empleo asalariado o trabajo alienado:

“Es preciso darse cuenta de que, para Marx, la noción de trabajo va más allá de su dimensión puramente económica y se convierte en una categoría antropológica. Marx caracteriza al hombre como un ser dotado de un “principio de movimiento”, principio que determina su impulso para la creación, para la transformación de la realidad. El hombre no es un ser pasivo sino activo, y el trabajo o la actividad personal la expresión de sus capacidades físicas y mentales, el lugar en donde el hombre se desarrolla y perfecciona (más exactamente, donde se debería desarrollar y perfeccionar); de ahí que el trabajo no sea un mero medio para la producción de mercancías sino un fin en sí mismo y que pueda ser buscado por sí mismo y gozado. Dada esta comprensión de la naturaleza humana como la de un ser que sólo puede encontrar su perfección en el trabajo, no es extraño que el tema central de la filosofía marxiana sea la transformación del trabajo sin sentido, enajenado, del trabajo como un mero medio, en un trabajo enriquecedor, en un trabajo libre. En sus primeros escritos, llamó “actividad personal” a la realización de esta inclinación al movimiento, y cuando criticó la forma concreta de darse esta actividad en las sociedades de explotación pidió la “abolición del trabajo”. En escritos posteriores estableció la diferencia entre trabajo libre y trabajo enajenado y su crítica a la alienación se expresó en su preocupación por la “emancipación del trabajo” […]

“Según el modo de producción y las relaciones sociales que de él se derivan, así será la estructura social. Cuando en una sociedad no todos sus miembros trabajen, es decir, no todos participen en la producción, esta sociedad será clasista, estará divida en clases sociales, una de las cuales será explotadora y otra, la compuesta por los trabajadores, explotada. Así, en la Antigüedad había amos y esclavos; en la Edad Media había señores y siervos, y en la Edad Moderna capitalistas y proletarios […]

“La sociedad capitalista burguesa aparece como consecuencia del desarrollo del comercio y de la industria. Existe un gran desarrollo técnico y una fuerte división del trabajo, lo que da lugar a clases sociales muy diferenciadas. La clase dominante es la burguesía de origen urbano. La concentración de trabajadores con vistas a la mayor productividad da lugar a la aparición del proletariado […]

“Según la filosofía marxista, en la sociedad capitalista la explotación es un dato objetivo. Sin embargo, no siempre los trabajadores tienen conciencia de dicha explotación, por lo que con frecuencia es necesaria una actividad de propaganda y de concienciación de la clase trabajadora. La conciencia de clase consiste precisamente en este darse cuenta por parte del trabajador de la existencia de la alienación económica, política, social y religiosa en la que vive en la sociedad capitalista. En esta concienciación de la clase trabajadora es muy importante la aportación de la filosofía ya que ésta desenmascara las explicaciones que los propios capitalistas dan para justificar la sociedad capitalista, mostrando, por ejemplo el carácter social –no natural– de la propiedad privada, o la esencial dimensión que tiene la vida productiva para la autorrealización, o la esencia y mecanismo de la alienación económica. La conciencia de clase es requisito indispensable para la revolución y la liberación de la explotación del hombre por el hombre”.[1]
El Estado como mecanismo garante del los intereses de la clase dominante

Cada año, cuando las empresas cierran sus cuentas de pérdidas y ganancias, a la vista de los resultados, se plantean si amenazan a las Administraciones y a sus trabajadores con un ERE. Esta medida, como es obvio, depende de si los beneficios han sido positivos o negativos.

Las empresas, especialmente las multinacionales, saben que tienen poder para conseguir chantajeando con el desempleo o la deslocalización, o ambas medidas, la capacidad de convencer a las administraciones respectivas (autonomía y estatal) para conseguir acuerdos de las mismas que compensen las cantidades esperadas antes del ejercicio económico en curso. Con fuerza ya para sacarse de encima la responsabilidad sobre la crisis actual, ahora ya tienen la cara dura de culpar a los propios trabajadores de la misma. El presidente de la Comisión de Economía de la CEOE, José Luis Feito, “ha reiterado de que el "elevado" coste del despido es uno de los motivos por los que en España se está destruyendo empleo masivamente, por lo que consideró "perjudicial" el anuncio del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de no rebajarlo. También nos dirán, lo repiten frecuentemente, que la imposibilidad de despedir libremente y sin coste adicional, es otra de las consecuencias del paro en España.

Estas medidas y ‘argumentos’ las han repetido muchas veces, la patronal en general, y las empresas en particular: la Citroen, la Ford, la Nissan, la Wolkswagen (SEAT), etc. Pero el chantaje que comentamos no es exclusivo de la industria del motor: lo practica el sector del transporte cuando desea petróleo subvencionado; el sector agrícola y ganadero cuando, caen los precios de los alimentos o sube el diesel; el sector turístico, cuando no se cumplen sus expectativas de ocupación; y ahora los empresarios de la industria del metal, que reclaman, una bajada en los impuestos, compensaciones ante la morosidad, y la reforma laboral con despidos libres y gratuitos, algo que ya tienen en los contratos de los trabajadores temporales; etc.

Cuadro 1. Dividendos obtenidos por los principales accionistas hasta noviembre del 2008

En el momento actual, muchas de las empresas quieren aprovechar la coyuntura alegando pérdidas (en algunos casos reales) para despedir a una buena parte de la plantilla. Lo que no dicen es lo que ganan los propietarios, directores y socios de las empresas en los años de bonanza económica. Tomamos el ejemplo de las grandes constructoras del país para ver cuanto ganan estas personas anualmente. El Cuadro 1 sólo refleja los ingresos en concepto de dividendos, es decir, no refleja los sueldos ni las rentas por otras participaciones en otras empresas de otros sectores. Añadimos también una columna en la que comparamos los dividendos de esta gente con los salarios mínimos de los peones que trabajan en sus empresas. El señor Entrecanales de la empresa Acciona, con un 58,8% de participación en las acciones de la empresa, se embolsó 140 millones de euros hasta el 17 de diciembre del 2008, 16.667 veces el salario mínimo de un peón de su empresa.

Ante esta aplastante realidad en la distribución de los ingresos que proceden de la actividad productiva, ¿se puede negar la existencia de la explotación en el sistema capitalista?

Por empresas y Comunidades, veamos las amenazas de paro ¿Mejor llamarle chantajes? Y las ofertas de dinero gratis por parte de las autoridades públicas:

§ Renault y la industria auxiliar contribuyen con un 25% del PIB en Castilla y León. Con 37.000 empleados, hasta 12.000 están afectados por ERE. El Gobierno ha destinado 350 millones a facilitar liquidez a las empresas y 180 millones para inversión en I+D+i, así como ayudas a fondo perdido en internacionalización.

§ El automóvil contribuye en Catalunya en un 7,5% del PIB y emplea a 160.000 personas. Un total de 18.000 están afectadas por ERE. El Gobierno ha ofrecido a las empresas ayudas para reconvertir su actividad si no son competitivas y para inversiones en I+D, así como 500 millones en avales para las empresas con dificultades de liquidez. A la vez, lleva a cabo un programa pionero de acompañamiento a las empresas para evitar que presenten ERE. La Nissan es una de estas empresas presionando al Gobierno catalán.

§ En Aragón, donde el sector representa el 3,5% del PIB, hay unas 8.000 personas afectadas por ERE. El Gobierno ha ofrecido un aval de 200 millones para General Motors y sus auxiliares.

§ Ford da empleo a cerca de 7.000 personas en el País Valenciano y contribuye con un 3% al PIB, sin contar la industria auxiliar, con 40.000 empleos. El Ejecutivo ha propuesto a Industria un Plan Renove con ayudas directas a la compra por valor de 1.500 a 2.000 euros.

§ En el País Vasco, el ERE de Mercedes ha afectado a unos 3.800 empleos. Vitoria destina cinco millones de ayudas a empresas y ha creado un centro de I+D para el automóvil en Amorebieta.

Para ilustrar el proceso, tomamos como ejemplo de referencia de la Nissan, pero la táctica es la misma en todas las empresas:

§ Primero anuncian pérdidas. Dice que espera una pérdida neta de 265.000 millones de yenes (2.910 millones de dólares), frente al beneficio de 160.000 millones de yenes (1.754 millones de dólares) de octubre, y pérdidas operativas de 180.000 millones de yenes (1.974 millones de dólares), frente al beneficio de 270.000 millones de yenes (2.961 millones de dólares).

§ Después anuncian despedidos. El fabricante japonés Nissan ha anunciado que prescindirá de 20.000 empleados en todo el mundo antes de marzo de 2010, al dar a conocer unos resultados financieros dominados por las pérdidas.

La reacción de las administraciones puede ser lenta pero casi siempre positiva para los sectores demandantes de dinero gratis:

§ Luego acuden la ayuda oficial. Aseguró “el ministro de Industria, Turismo y Comercio, Miguel Sebastián, que todavía es prematuro decir qué compañías del sector del automóvil recibirán las ayudas del Gobierno español y que no será hasta marzo cuando se conozcan los beneficiarios […] El ministro de Industria negó que el Gobierno haya tomado una decisión sobre las ayudas, en referencia a una información publicada por "El Periódico de Catalunya" que asegura que el Ejecutivo ha garantizado ya cien millones de euros del paquete de ayuda de 800 millones al fabricante japonés Nissan "Es prematuro decir o pensar cuáles son los proyectos que va a apoyar el Gobierno español con los 800 millones", apuntó el ministro, quien reafirmó la apuesta del Gobierno "por el sector del automóvil en España como un sector de futuro, estratégico y además muy competitivo" […] El grueso del Plan Integral de la Automoción (690 millones) será en forma de préstamos y los 110 millones restantes tendrán el carácter de subvenciones. Asimismo, Sebastián no quiso opinar al respecto de la decisión de Nissan de despedir a 20.000 trabajadores en todo el mundo y de cancelar su participación en el proyecto de línea de montaje conjunto con Renault que iba a desarrollar en Tánger, norte de Marruecos […] Nissan no es una empresa española, tiene su centro de decisión en Japón y yo no puedo entrar a evaluar las decisiones que hace una empresa extranjera", señaló Sebastián”.[2]

§ En Cataluña, el Gobierno catalán ya ha anunciado que destinará 100 millones de euros para que la Nissan no abandoné el país.

§ Finalmente, los empresarios tampoco se olvidan de ejercer el poder que tienen como clase explotadora. Estos si que tienen y ejercitan su conciencia de clase explotadora, su corporativismo. La CEOE, a través de su presidente y principal portavoz de la asociación, insiste diariamente en reducir las indemnizaciones por despido; qué el estado no intervenga en los expedientes de relación de empleo; en la eliminación del sistema de convenios colectivos, de forma que cada empresa pueda negociar un convenio individual con cada trabajador y no con los sindicatos; que las empresas puedan rebajar las subidas salariales pactadas y adaptarlas al IPC cuando este baja; que puedan articular medidas disciplinarias de cara a lo que la empresa defina como absentismo laboral. Sin embargo, estos representantes de la patronal que exigen tal endurecimiento contra los trabajadores, un trato como si fuésemos mulas de carga, no se olvidan de exigir y hacer cumplir sus derechos cuando abandonan la CEOE; el que fuera secretario de la asociación durante el mandato del presidente anterior JM Cuevas, JJ Aguilar, exigió una indemnización de 1,9 millones de euros cuando el actual presidente le ‘invitó a dejar la institución por incompatibilidad y desavenencia de caracteres.[3]

Y cuando no es la CEOE, es alguno de los empresarios, siempre insatisfechos con lo que ganamos o con los derechos que tenemos. El consejero delegado de Abertis y presidente del Cercle d’Economía, dijo que toda la sociedad debíamos comprometernos en pagar los platos rotos de la crisis. Como medida, Salvador Alemany propone que los usuarios de los servicios públicos, por ejemplo la sanidad, paguemos algo por los mismos, como forma de tomar conciencia del coste. Este señor, representante de intereses privados en sectores como autopistas, aeropuertos, telecomunicaciones, aparcamientos, etc., nos cree tan ignorantes a los ciudadanos que piensa que no somos conscientes de que los servicios públicos no son gratuitos, sino que ya los pagamos con nuestros impuestos. ¿Por qué se empeña en que los paguemos dos veces? Porque detrás de esta ingenua propuesta está la idea de la privatización de los mismos. Hoy comienzas pagando un euro de copago, y el derecho se convierte en una mercancía, la cual mañana pagarás a precios de mercado a la industria de la sanidad privada. Alguna patronal del sector sanitario ya reclamó que pagásemos hasta por las comidas cuando estuviésemos internados. Este señor casi seguro que está entre los directores que ganan más de 2 ó 3 millones de euros anuales y le ingresan otros 100.000 euros cada año en su plan privado de pensiones. (Véase nota en el apéndice).

¿Aprenderemos los trabajadores de quienes no están jamás satisfechos ni con nuestro trabajo, ni con los salarios de hierro que siempre están deseando imponernos? Mientras ellos defienden férreamente su conciencia de explotadores, nosotros seguimos pendientes de defender al equipo de mi pueblo, la selección nacional, el deportista de turno, insistiendo en que las lentejas de mi pueblo son las mejores, etc. ¿Cuándo volveremos a recuperar la conciencia de clase trabajadora luchando contra la explotación de estos gandules que viven únicamente de ser propietarios privados de los recursos que necesitamos para subsistir? ¿Cuándo volveremos a recuperar la conciencia ciudadana para evitar que día a día nos recorten los derechos cívicos y sociales? ¿Cuándo asumiremos que somos los ciudadanos los únicos que tenemos que decidir en la esfera de la producción y del consumo que fabricamos y consumimos, así como en los asuntos políticos que afectan a toda la colectividad?
Consumo y clase sin conciencia

Para entender la necesidad de propugnar recuperar la conciencia y la lucha de clases, hemos de entender y combatir el papel alienante de la esfera del consumo capitalista. Los ciudadanos y ciudadanas, como mano de obra asalariada, nos fuimos despolitizando, cambiando nuestra condición de trabajadores por la de consumidores compulsivos. Es decir, en esta fase del capitalismo neoliberal y globalizado, en los países desarrollados, hemos subsumido la condición de consumidores, dándole prioridad sobre la de trabajadores. Separamos inconcientemente el sector de la producción, en la cual el capitalismo nos explota y domina, de la esfera de consumo, donde este sistema realiza y cierra el ciclo del dominio y la explotación.

El resultado de este proceso, es la pérdida de la conciencia de clase. Como consecuencia, ya sólo nos manifestamos como obreros cuando la empresa en la que trabajamos decide cerrar por deslocalización u otros elementos convenientes a la propiedad de la empresa, pero jamás se nos ocurre solidarizamos con los trabajadores de la empresa vecina cuando esta decide cerrar por causas similares y la plantilla se ve obligada a hacer manifestaciones. Lo mismo que hay que recordar que el personal obrero de esta última empresa tampoco se solidarizó cuando la empresa anterior se vio en las mismas circunstancias. He/hemos asumido e interiorizado, en mi/nuestro egoísmo individual, que lo que ocurra en la empresa vecina no es de mi/nuestra incumbencia, porque hace años que no me siento, no nos sentimos, miembro/s de la clase obrera.

Sin embargo, sí que comprobamos que aparecen brotes de descontento, siempre expresado de forma individual, cuando todos aquellos servicios que no funcionan en el ámbito del sector público capitalista nos afectan. Entonces es cuando asoma el usuario o consumidor que llevo dentro expresando la insatisfacción, el enojo por las molestias que me causa tal ruptura. Por ejemplo, en cuanto al mal funcionamiento de un servicio (léase el transporte público aéreo o terrestre), o a la carestía de la vida (aumento de los precios de productos de consumo), entonces aparece el usuario que protesta de forma individual con la ya consabida y harto conocida frase del no hay derecho que nos traten así, o el consumidor que se lamenta de que con su salario o pensión no puede hacer frente a la carestía de la vida: ¿a dónde vamos a parar con estas subidas de precios? Pero de aquí no va más lejos el descontento, la decepción, el simple enfado con los poderes responsables de la ineficiencia de tales servicios o de la carestía de tales productos. Contrastemos el Cuadro 2, la evolución del poder adquisitivo de los trabajadores, con los dividendos cobrados por los directores del Cuadro 1. A lo largo del año 2008, los sueldos pactados en convenios de empresa han perdido casi 1 punto de media mensual. Sin embargo, el presidente de la CEOE todavía tenía la desfachatez de reclamar que los salarios se redujesen para adaptarlos a la tasa del IPC registrada en el mes de diciembre. Por tanto, dejamos que la falta de conciencia como consumidores aplaste la conciencia de clase que debiéramos tener como trabajadores. Es decir, el salario que ganamos como obreros, dejamos que nos lo reduzcan los capitalistas cuando actuamos como consumidores: es el acto de apropiación por desposesión.[4]

Cuadro 2. Evolución del poder adquisitivo enero 2008 / enero 2009

Evolución del IPC y de la subida de los sueldos pactada en España

Por tanto, como trabajadores no nos organizamos ni tampoco nos solidarizamos por que ya no tenemos conciencia de clase. Y como consumidores no pasamos de la queja individual porque ya nos hemos convertido en una clase sin conciencia. Como trabajadores, el capital nos han precarizado la vida (contratos temporales y salarios reales en declive, aparte del aumento del número de personas paradas y empobrecidas); como consumidores, el capital nos ha vuelto a esclavizar, ya que estamos a merced de esa condición de personas precarias con o sin empleo asalariado, pero indefensas por haber aceptado una vida sin conciencia de clase.
Indispensable el recuperar la conciencia de clase

En el Estado español somos unos 45 millones de ciudadanos, y no llega a mil las personas que deciden nuestro presente y nuestro futuro.[5] ¿Cómo es posible que tan poca gente pueda dominar a tanta? Una parte de la respuesta está en la falta de conciencia de clase que tenemos perdida los ciudadanos y ciudadanas. Se impone, por tanto, el recuperar la conciencia de que somos seres humanos maduros con capacidad para asumir nuestro propio destino como seres sociales, colectivos. Hay que responsabilizarse de gobernar nuestras vidas de forma comunal, y acabar con los parásitos de esta sociedad clasista. Es hora de negarnos a arrimar el hombro los que no tenemos nada que ver con ninguna de las causas de las crisis del capitalismo, pero que siempre salimos perjudicados. Por tanto, no se trata de cesar “fulminantemente a todos los ejecutivos del Banco Central Europeo, del Gobernador del Banco de España y de las patronales AEB, AEMT, ANFAC, CEOE, CEPYME”,[6] como dice la CGT, sino de recomendarles e indicarles el camino del exilio voluntario. Los españoles que querían la Segunda República ya practicaron esta formula con el rey Alfonso XIII, el abuelo del actual Rey, que se fue ‘voluntariamente al exilio’, sin una abdicación formal, cuando entendió el descontento del pueblo, el 14 de abril de 1931. Por tanto, repito, también ha llegado el momento de invitar a nuestros altos funcionarios, gobernantes y empresarios a que, por las buenas o por las malas, “se vayan ya”. [7]

José Iglesias Fernández

Barcelona, febrero del 2008

Ver tablas en el documento adjunto

Apéndices

Clase social

Definida como el “conjunto de personas con los mismos intereses económicos como consecuencia de relacionarse del mismo modo con los medios de producción. En la sociedad capitalista las dos clases más importantes son la burguesía y el proletariado.

El marxismo considera que las clases sociales aparecen en las sociedades con división social del trabajo. No todo el mundo trabaja de la misma manera, ni se relaciona del mismo modo con las fuerzas productivas. Con la aparición de la propiedad privada, la sociedad se divide en dos grandes grupos o clases: la de las personas que poseen propiedad privada, que son dueñas de los medios de producción (tierras y naturales fábricas; recursos naturales e instrumentos de producción) y la de aquellas personas que no son dueñas de dichos medios y sólo disponen de la fuerza de su trabajo para sobrevivir. De este modo, son básicamente dos las clases sociales en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción: la clase explotadora. En función de las peculiaridades del modo de producción de cada sociedad, del modo en que cada sociedad produce bienes, las clases sociales serán distintas.

CLASIFICACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES

Modo de producción: ESCLAVISTA, FEUDAL, CAPITALISTA

clase explotadora. amos, señores, burguesía

clase explotada: esclavos, siervos, proletariado

En el modo de producción capitalista la división social más importante es la que opone a la burguesía y al proletariado, aunque Marx también señaló variantes de estas clases sociales:

1. burguesía financiera (banqueros y propietarios de las materias primas)

2. burguesía industrial (propietarios de las grandes empresas)

3. pequeña burguesía (pequeña empresa, pequeños propietarios, comerciantes)

4. clase terrateniente (dueños de las tierras)

5. clase campesina

6. proletariado (obreros de las fábricas y asalariados en general, que viven exclusivamente de su trabajo)

7. lumpemproletariado (clase desposeída situada fuera del mundo laboral y que sólo es contratada esporádicamente, en función de las necesidades del capitalismo)

El factor fundamental que define a una clase es la relación que las personas que en ella se incluyen tienen con los modos de producción, pero, a partir de este factor principal, las clases sociales presentan también otras características: por ejemplo, en “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” nos dice Marx que las condiciones económicas determinan “su modo de vivir, sus intereses y su cultura”. Como consecuencia de la existencia de esta fractura en la sociedad, el marxismo es una teoría que destaca el conflicto, el enfrentamiento entre clases sociales (guerra encubierta dice Marx a veces); no es posible la armonía ni la paz social definitiva en las sociedades clasistas, la armonía y la paz social sólo será posible en la sociedad sin clases (comunismo)”.[8]

Alta dirección de Abertis

Según el Informe sobre Cuentas anuales consolidadas e informe de gestión consolidado, “la retribución correspondiente al ejercicio 2007 de los miembros que componen la Alta Dirección, entendiendo esta como los directores generales y asimilados del Grupo Abertis que desarrollan sus funciones de dirección bajo dependencia de directa del Consejo de Administración, de la Comisión Ejecutiva o del Consejo Delegado de Abertis Infraestructuras SA., ha ascendido a 4.826 miles de euros. Así mismo, la Alta Dirección ha recibido como otros beneficios, aportaciones por obligaciones contraídas en materia de pensiones y seguros de vida por importe de 718 mil euros y 398 mil euros respectivamente

Abertis Infraestructuras SA, dispone de sistemas de retribución ligados a la evolución bursátil de las acciones de la Sociedad tal como se detalla en esta Memoria” (página 51).

José Iglesias Fernández

Barcelona, febrero del 2008

[1] Javier Echegoyen Olleta.

En http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiacontemporanea/Marx/Marx-

[2] G. Ayuso. “Las comunidades dan avales y piden ayudas directas”. Público. 9 febrero del 2009.

[3] El Periódico de Cataluña. 18 febrero del 2009.

[4] David Harvey. El nuevo imperialismo. Akal. Madrid 2003.

[5] Taifa. Seminario de economía crítica. “Hay pobres porque hay ricos, muy ricos”. Informes de economía nº 4. Septiembre 2007.

[6] La “CGT exige el cese inmediato de todos los ejecutivos de las finanzas y la patronal”.

En http://www.kaosenlared.net/noticia/cgt-cese-inmediato-todos-ejecutivos-finanzas-patronal

[7] Naomi Klein. ¡Qué se vayan todos! Sin Permiso, http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=2344