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Breves reflexiones sobre el Socialismo del siglo XXI


Por Luis R Delgado J

La realidad dantesca que provoca la expansión del capitalismo a nivel mundial, nos coloca en el dilema planteado por Marx y popularizado por Rosa Luxemburgo de Socialismo o Barbarie, y como recientemente ha planteado Iñaki Gil de San Vicente “Comunismo o Caos” (www.lahaine.org/index.php?blog=2&p=32568). Es decir, frente al capitalismo que ha mostrado su característica per se bárbara y mortal (explotadora, opresiva, alienante, fetichista, etc.) debemos oponer la construcción del Socialismo en estos nuevos tiempos, el Socialismo para este siglo XXI, teniendo siempre presenta las nuevas condiciones históricas y valorando en todo momento las enseñanzas (positivas y negativas) del pasado.

Hoy en este nuevo marco internacional donde las resistencias se han incrementado y en algunos lugares se ha retomado la ofensiva como aquí en Venezuela, es menester retomar las banderas del Socialismo que habían caído al piso producto de los traumas históricos sufridos a comienzos de los 90 con la caída del Estado Soviético, inspirador fundamental de las revoluciones del siglo XX. La caída de este referente necesario de la izquierda significó como ha comentado Jerónimo Carrera (2007) la muerte de nuestros padres, hecho muy doloroso en un primer momento pero que nos enseña que la vida continúa y hay que seguir viviéndola con optimismo en el porvenir.

La discusión sobre el Socialismo que había perdido actualidad pero no pertinencia a lo largo de la década de los 90 y que sólo se circunscribía a los círculos de la izquierda tradicional, ha sido revitalizada con fuerza por el Proceso Bolivariano que hoy vive Venezuela, gracias a la convocatoria para la construcción del Socialismo del Siglo XXI que hizo el Comandante Hugo Chávez en el Foro Social Mundial del año 2005. Esta intervención histórica de nuestro presidente reactualizó la Utopía Concreta, entendida esta como un horizonte posible para la humanidad, redefinió un objetivo estratégico que estaba extraviado producto de las anteriores derrotas del campo popular y revolucionario. Otro Mundo es Posible, fue definido solo si es Socialista.

En este sentido, la renovación y reactualización del debate sobre el Socialismo, pasa por una valoración histórica crítica de las diversas experiencias concretas desarrolladas durante el siglo XX, unas fallidas y otras hoy existentes (Cuba, China, Vietnam, Moldava, etc. Con lo problemático y polémico que esto implica).

Dos enseñanzas sobre los errores de las experiencias pasadas nos parecen de suma importancia estratégica: 1) El Socialismo no debe reñirse con la Democracia, por el contrario debe profundizarla en todos los sentidos (en lo económico, lo político, lo cultural, etc.), Lenin decía que el Socialismo es más Democracia. 2) El desarrollo del Socialismo no debe ser contradictorio con la protección del Medio Ambiente, premisa necesaria para la existencia de la vida.

Ahora bien para desarrollar el tema del Socialismo deben definirse ciertos puntos:

En primer lugar el tema del Socialismo debe abordarse diferenciando dos procesos distintos pero íntimamente relacionados como son: la transición hacia el socialismo y el socialismo como transición hacia el comunismo (Katz 2006, Isa Conde 2006). La no distinción de estos dos momentos trae como consecuencia errores graves en la táctica y la estrategia de la revolución.

En segundo lugar el Socialismo es una nueva sociedad que construye la humanidad de forma consciente, es decir, no es producto de ningún determinismo o mecanicismo histórico, no es un destino manifiesto. Hombres y mujeres del pueblo pasan de ser sujetos pasivos y dirigidos ha convertirse en sujetos transformadores y constructores de la historia.

En tercer lugar deben identificarse el sujeto o los sujetos históricos que pueden acometer la tarea histórica de construcción del Socialismo, ya que el problema de la revolución no es solo un tema de vanguardias esclarecidas y liderazgos mesiánicos sino que compete a enormes sectores de la sociedad; la Revolución Socialista no es parafraseando a Rosa Luxemburgo un problema de cuchillo y tenedor, sino implica ante todo un radical (de raíz, y la raíz del hombre es el hombre mismo nos recordará Marx) cambio de civilización.

Lo que la teoría revolucionaria definió como la Clase Obrera, junto a las demás Clases y sectores trabajadores (Campesinos, Empleados, Profesionales y Técnicos, Militares Patriotas, Artistas, etc.) siguen siendo el sujeto histórico fundamental de transformación, pero además se le suman factores sociales transversales tales como: las mujeres oprimidas y doblemente explotadas por el capitalismo y el patriarcado, los jóvenes marginados por la sociedad adulto-céntrica, las minorías étnicas subordinadas a las culturas oficiales fundamentalmente pro-occidentales, los defensores consecuentes del medio ambiente, los excluidos y marginados entre otros actores sociales.

En cuarto lugar, este debate debe definir y delinear algunas propuestas programáticas en los distintos planos donde se desarrolla de forma desigual y combinada la Lucha de Clases; el plano económico, político, cultural y moral, todos necesarios para la construcción del Socialismo para este nuevo siglo.

La discusión sobre el Socialismo debe seguirse profundizándose, pero debe tenerse cuidado con la charlatanería socialdemócrata y utopista porque puede desviar la atención de los más agudos problemas que debe resolver la Humanidad para salir del bárbaro mundo de la lógica del Capital.