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Reflexiones sobre el socialismo en el siglo XXI

sábado, 29 de noviembre de 2008



James Petras
Rebelión

Traducido para Rebelión por José Antonio Bautista García

A fin de explorar las perspectivas para el socialismo en el siglo XXI, es esencial recuperar algunos de los postulados básicos, en los que se informa sobre el proyecto socialista. Además, es importante recuperar algunos de los avances básicos logrados durante los regímenes socialistas del siglo XXI así como reflexionar de manera crítica sobre la distorsión de sus políticas y políticas fallidas.

En el sentido más amplio es importante recordar que el socialismo supone una mejores condiciones materiales que bajo el capitalismo. Mayor calidad de vida, libertades políticas más amplias y seguridad interna y externa. Respeto, dignidad y solidaridad solo pueden ser entendidas como acompañantes de estos fines materiales, no como sustitutos. El respeto y la dignidad no pueden ser objetivos a largo plazo, privatización a gran escala, sacrificio y retraso en el cumplimiento de mejoras materiales. Los gobiernos que alegan ser socialistas y que tienen la idea de sacrificar los estándares de vida material en nombre de los abstractos principios de la justicia se parecen más a una orden religiosa de “socialismo espiritual” que a un moderno y dinámico gobierno socialista.

Las transformaciones sociales y el reemplazamiento de los propietarios capitalistas por el estado socialista solo se pueden justificar si el nuevo orden puede mejorar la eficiencia y condiciones laborales y puede responder ante los consumidores de la empresa socialista. Por ejemplo, en algunos sistemas socialistas, bajo el pretexto de una “ofensiva revolucionaria”, el estado intervino y eliminó a miles de pequeñas y medianas empresas de venta al por menor alegando que estaban “eliminando el capitalismo”. El resultado fue desastroso. Se cerraron tiendas, el estado fue incapaz de organizar un número alto de negocios pequeños y la mayoría de los trabajadores se vieron desprovistos de los servicios vitales esenciales.

Los estados socialistas del siglo XX crearon con éxito sistemas de salud, educación y seguridad eficientes al servicio de la mayoría de los trabajadores. La mayoría de los estados socialistas eliminó el control extranjero y la explotación de recursos naturales y en algunos casos se desarrollaron diversas economías industriales. En general el nivel de vida aumentó, el crimen descendió, los empleos, pensiones y bienestar fueron asegurados. Hacia el siglo XX el socialismo se dividió por profundas contradicciones que dieron lugar a serias crisis en el sistema. El centralismo burocrático denegó la libertad en los puestos de trabajo y restringió el debate público y el gobierno popular. El exceso de preocupación con la seguridad por parte de las autoridades públicas bloqueó la innovación, el espíritu empresarial y las iniciativas científicas y populares generando un estancamiento tecnológico y la pasividad de la masa. Los privilegios materiales de la élite de los cargos políticos dieron lugar a profundas desigualdades que socavaron en la conciencia popular sobre los principios socialistas e hicieron crecer los valores capitalistas.

Las desigualdades sociales favorecen al capitalismo; el socialismo profundiza hacia una mayor igualdad. Tanto capitalismo como socialismo dependen de que sus trabajadores sean eficientes, productivos e innovadores, para así aumentar los beneficios y sostener el crecimiento del estado de bienestar.

Lecciones del siglo XX para los socialistas del siglo XXI

Los socialistas del siglo XXI pueden aprender de los éxitos y fracasos del socialismo del siglo XX.

Primero: las políticas deben estar dirigidas hacia la mejora de la vida y las condiciones de trabajo de la gente. Esto se traduce en inversiones masivas en viviendas de calidad bien equipadas, transporte público y conciencia medioambiental y de infraestructura. La solidaridad y las misiones con otros países no deberían tener prioridad a gran escala: las inversiones a largo plazo en la expansión y profundización de mejoras materiales para la principal clase interna es la base del régimen socialista. La solidaridad empieza en el propio hogar.

Segundo: la política debería desarrollarse hacia la diversificación económica haciendo especial hincapié en la industrialización de materias primas, invirtiendo más en industrias que generen productos de calidad para el consumo masivo (ropa, calzado, etc.) y en agricultura, para lograr autosuficiencia de alimentos esenciales. Bajo ninguna condición la economía socialista debería confiarse en un solo producto o fuente de ingresos (azúcar, turismo, petróleo, níquel) el cual está sujeto a una gran variabilidad.

Un gobierno socialista debería financiar la educación, los ingresos y las políticas de infraestructura, que son compatibles con sus altas prioridades económicas, sociales y culturales. Esto implica la educación de agricultores y trabajadores del campo, trabajadores de la construcción cualificados (fontaneros, electricistas, pintores) e ingenieros civiles, transportistas y peritos urbanos y rurales de vivienda pública para descentralizar las megaciudades y sustituir el transporte privado por transporte público. Deberían nombrar un cargo elegido por el pueblo que se encargase del medio ambiente y consejos de consumidores para supervisar la calidad del aire, agua, niveles de ruido y la disponibilidad, calidad y precio de los alimentos.

Frecuentemente los gobiernos socialistas del siglo XX alienaron a sus trabajadores desviando grandes cantidades de ayuda a países extranjeros (¡muchos de estos ni si quiera eran progresistas!). Como resultado, las necesidades locales fueron descuidadas en nombre de la “solidaridad internacional”. La primera prioridad del socialismo del siglo XXI es la “solidaridad en casa”. Los socialistas del siglo XX hicieron hincapié en el bienestar desde arriba –gobierno dador y masas receptoras- desalentando la acción local y fomentando la pasividad. El socialismo del siglo XXI debe promover acciones de clase autónoma para contrarrestar a los privilegiados ministros burgueses “socialistas” que usan su puesto para acumular y proteger su riqueza privada a través del poder público. Las organizaciones populares autónomas pueden denunciar la hipocresía de los ministros ricos que atacan a los trabajadores industriales bien pagados como “privilegiados” mientras se desplazan en su Mercedes conducido por chofer y disfrutan de lujosos apartamentos, segundas y terceras “casas de vacaciones” y que mandan a sus hijos a exclusivos colegios privados del extranjero.

El socialismo busca la igualdad social sobre todo: igualdad de ingresos, escuelas y hospitales; igualdad entre clases y dentro de clases. Sin igualdad social, todo lo dicho sobre diversidad, dignidad y respecto no tiene sentido. Los capitalistas también apoyan la diversidad, siempre y cuando no afecte a sus beneficios y riquezas. Los socialistas apoyan que los ingresos y propiedades se distribuyan equitativamente entre todos los trabajadores, blancos y negros, desde granjeros indios hasta trabajadores urbanos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes. No hay dignidad si se es pobre y se está siendo explotado; la dignidad se consigue luchando y alcanzando los objetivos socialistas de igualdad social y el aumento de los estándares de vida.

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"No creo en el desmoronamiento del capitalismo"



Entrevista a Michel Husson, economista, miembro de Attac, analiza el gran sismo económico en curso

Ludovic Lamant
Insurrectasypunto

Considera, tal como el pensador americano Immanuel Wallerstein, que «el capitalismo se aproxima a su fin»?

Yo adoptaría una posición intermedia. Efectivamente, la envergadura de la crisis es tal que pone en tela de juicio la naturaleza del capitalismo. A pesar de eso, siempre critiqué la idea de un desmoronamiento del sistema capitalista.

No creo en un escenario de implosión. Mi esquema de interpretación es el siguiente: las ganancias aumentaron, pero las inversiones no los acompañaron. La satisfacción de una parte creciente de las necesidades sociales no le interesa más al capitalismo, porque implica una baja en la rentabilidad. Por consiguiente prefiere no satisfacerlas. De repente, las finanzas representan el sumidero de estos beneficios, que ya no son invertidos en la esfera de la economía real.
El modo de reconocimiento de las necesidades sociales del capitalismo se volvió excluyente, dicho de otra forma, «selecciona» entre lo que es rentable y lo que no es.. De ahí la incapacidad del capitalismo de hoy hacer aquello que hizo durante cerca de treinta gloriosos años, y que le garantizaba legitimidad: la mejoría del poder de compra.

Cuando yo era estudiante, me explicaron que el capitalismo garantizaba el pleno empleo, el aumento del poder de compra y la ampliación del Estado social. Estas pretensiones, hoy, desaparecieron completamente. Son un verdadero elemento de crisis sistémica. Ahora… de ahí a decir automáticamente que esto conduce al «fin del capitalismo», no creo. Eso si, esto fuerza al capitalismo a buscar formas de reproducción cada vez más regresivas a nivel social.

¿La crisis podrá acelerar el aumento de poder de los tres gigantes del Sur, Brasil, India y China?

Efectivamente, está por suceder algo significativo: la inversión de los flujos de capitales. Es una banalidad decirlo, pero todavía es difícil tener en cuenta todo el alcance de este cambio de dirección. El hecho de que el crecimiento mundial, sea aproximadamente del 0% en el Norte y del 6% en los mercados emergentes…

Aún hoy, en materia de raciocinio económico, permanecemos demasiado concentrados en la tríada Estados Unidos/Europa/Japón.

¿Que consecuencias tiene la crisis en los países emergentes?

Esta crisis debería avanzar en el sentido de un crecimiento más auto centrado en los países emergentes. Podemos hacer un paralelo con lo que pasó en América Latina después de la crisis de los años 30. Fue el período de la llamada «substitución de las importaciones»: asistiendo a la disminución de sus exportaciones corrientes, los países se centraron en si mismos. Es posible que lo mismo suceda actualmente. Cuando vemos, debido a su intenso intercambio con los Estados Unidos, hasta que punto México va a sufrir con la crisis...Si este mecanismo de auto centrarse se intensifica, tendrá una importante repercusión sobre el modelo.

China/Estados Unidos: China no podrá seguir garantizando, en las mismas proporciones, los capitales que financian el déficit de los Estados Unidos. Simplificando, en este momento, los Estados Unidos compran a China, y China aplica sus excedentes como una forma de financiar el déficit norteamericano.

Si China se «centra», esta configuración dejará de funcionar, en perjuicio del crecimiento norteamericano. Evidentemente, estos son ritmos largos. Pero es cierto que es en esa dirección que vamos. Tal vez la crisis actual va a acelerar este proceso.

¿El euro amortiguó la crisis en Europa?

Es un poco contradictorio. Sin el euro, habría una especulación de las monedas, lo cual multiplicaría por diez el desorden actual. España, por ejemplo, cuyo crecimiento de los últimos años fue consolidado por el sector inmobiliario, es impactada por un déficit comercial equivalente al 6 o 7% de su PIB. Sin el euro, este país habría conocido una monstruosa especulación.

La contrapartida de esto, es que, desde la explosión de la burbuja de Internet, la zona euro encaró de manera completamente débil la baja del dólar. Desde este punto de vista, las consecuencias varían según los países. Pero, en ciertos casos, el hecho de aceptar sin ninguna reacción las fluctuaciones monetarias puede tener un efecto considerable sobre el crecimiento.

Para los países del este de Europa mas afectados por la crisis, el hecho de no haber todavía adoptado el euro aparece hoy como una oportunidad...

Estructuralmente, los países del este de Europa tienen tendencia a tener inflación. Por razones de recuperación de su economía, aumentan la productividad, pero continúan sufriendo de inflación. Para estos países, el euro habría sido un corsé que los habría bloqueado.

Pero más allá de eso, hay un tema, que no es nuevo, pero que se volverá cada vez mas importante: las economías europeas, desde que adhirieron al euro, comenzaron a divergir, en vez de convergir. En contra de los criterios de convergencia de Maastricht. Hablamos de nuevo, recientemente, de la política económica alemana, que en gran medida vuelve a alimentarse de parte de los mercados de los países emergentes, así como de sus vecinos europeos...

¿El tratado de Maastricht está muerto, enterrado en la avalancha de planes de relanzamiento nacionales en Europa?

Por ahora, estamos contra-reloj. La cuestión es saber si los países europeos volverán a estos criterios mas tarde. Constatamos la incapacidad de definir una estrategia de relanzamiento coordinada en el plano europeo, y también su negativa a llevarlo a cabo. Asistimos a un retorno a los Estados Nación.

Los países europeos hacen, uno por uno, planes de relanzamiento. Pero hay una renuencia a ir más lejos y utilizar herramientas europeas para hacerlo. Es una cuestión de personas?

No. Creo que hay un sesgo ideológico en la manera en como construimos Europa, que se traduce, por ejemplo, en el rechazo en principio a toda política industrial coordinada. Seria muy útil en el período que se avecina, que un presupuesto europeo un poco más consecuente fuese destinado a la implementación de programas de inversión pública. Y eso no colocaría en tela de juicio los fundamentos de la economía capitalista...

¿Será que reinvirtiendo los beneficios de forma mas masiva en la economía, quedaremos protegidos contra la formación de una nueva burbuja?

Pero si el dinero que es distribuido actualmente a los bancos del sistema, es el dinero de la próxima burbuja!

Actualmente, los dirigentes americanos y europeos hacen exactamente aquello de lo que acusaron a Alan Greenspan (ex presidente de la Reserva Federal estadounidense de 1987 a 2006) de haber hecho. O sea, de haber inundado el mercado de liquidez, de haber bajado las tasas de intereses. Si no modificamos verdaderamente la estructura que alimenta la burbuja financiera, volvemos al mismo circuito.

¿Apoya las demandas para la implementación de un «nuevo Bretton Woods»?

Yo estoy de acuerdo con la idea de que es necesario reorganizar las finanzas mundiales. Sin embargo, la idea de que eso se pueda hacer en las condiciones actuales me parece errónea. Desde luego, porque soy mas que escéptico en relación a todos estos discursos sobre la regulación. Es preciso recordar que los recientes planes de protección de los bancos fueron hechos, en la mayor parte de los casos, sin que se pusiera a estos establecimientos la menor condición para la obtención de los fondos.

Las medidas concretas para regular las finanzas, ya sea que se trate de la limitación de la titularización, o de la interdicción provisoria de los mercados de productos derivados, no fueron impuestas, en caliente, en plena crisis, esta ocasión era perfecta.

Segunda razón. Solo podemos imaginar dos sistemas monetarios posibles: un sistema que repose sobre una moneda dominante (por ejemplo, el dólar), o un sistema que repose en una moneda mundial (como el Bancor que Keynes había imaginado en el momento de Bretton Woods). Claro, estas dos vías están hoy cerradas. ¿Por qué? Porque el grado de cooperación entre los países que intentan, durante esta crisis, librarse a tiempo de un negocio arriesgado, transfiriendo para los otros los efectos de la crisis, es nulo. O, en todo caso, es insuficiente para imaginar la implementación de una moneda mundial, con reglas precisas. Simultáneamente, ya no podemos reconducir el dólar en su función de moneda marco.

La última gran consulta de este tipo data de 1985, con los acuerdos de Plaza, en Nueva York. En la época, los Estados Unidos impusieron, por la fuerza, la desvalorización de su moneda al resto del mundo, con el objetivo de apoyar sus exportaciones. Ahora esta relación de fuerzas ya no existe más.

Digamos que estamos en una situación que no tiene condiciones suficientes para que podamos deducir que tipo de acuerdo monetario internacional se podrá imponer.

Lo que es impresionante es que las personas en torno de Dominique Strauss-Kahn, que ponen en marcha el nuevo papel del Fondo Monetario Internacional, no tienen ninguna otra propuesta que no sea esta. No se entiende lo que proponen concretamente.

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Traducción: Insurrectasypunto

Version en español: www.insurrectasypunto.org
Versión original: http://www.mediapart.fr/journal/economie/111108/michel-husson-je-ne-crois-pas-a-l-effondrement-du-capitalisme

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¿Debacle financiera, crisis sistémica? Respuestas ilusorias y respuestas necesarias

jueves, 27 de noviembre de 2008



x Samir Amin

La crisis financiera era inevitable

No nos cogió desprevenidos la explosión brutal de la actual crisis que además había yo evocado hace unos meses cuando los economistas convencionales se esmeraban en minimizar sus consecuencias, particularmente en Europa. Para entender su génesis, conviene abandonar la definición corriente del capitalismo que se suele definir, hoy día, como "neo-liberal globalizado". Esta calificación es engañosa y oculta lo esencial. El sistema capitalista actual es dominado por un puñado de oligopolios que controlan la toma de decisiones fundamentales en la economía mundial. Unos oligopolios que no sólo son financieros, constituidos por bancos o compañías de seguros, sino que son grupos que actúan en la producción industrial, en los servicios, en los transportes, etc.
Su característica principal es su "financiarización". Con eso conviene comprender que el centro de gravedad de la decisión económica ha sido transferido de la producción de plusvalía en los sectores productivos hacia la redistribución de beneficios ocasionados por los productos derivados de las inversiones financieras. Es una estrategia perseguida deliberadamente no por los bancos sino por los grupos "financiarizados". Más aún, estos oligopolios no producen beneficios, sencillamente se apoderan de una renta de monopolio mediante inversiones financieras.

Este sistema es sumamente provechoso para los segmentos dominantes del capital. Luego no estamos en presencia de una economía de mercado, como se suele decir, sino de un capitalismo de oligopolios financiarizados. Sin embargo, la huida hacia delante en las inversiones financieras no podía durar eternamente cuando la base productiva sólo crecía con una tasa débil. Eso no resultaba sostenible. De allí la llamada "burbuja financiera" que traduce la lógica del sistema de inversiones financieras.

El volumen de las transacciones financieras es del orden de dos mil billones de dólares cuando la base productiva, el PIB mundial, sólo es de unos 44 billones de dólares. Un gigantesco múltiplo. Hace treinta años, el volumen relativo de las transacciones financieras no tenía ese tamaño. Esas transacciones se destinaban entonces principalmente a la cobertura de las operaciones directamente exigidas por la producción y por el comercio nacional e internacional. La dimensión financiera de ese sistema de los oligopolios finaciarizados es – ya lo dije – el talón de Aquiles del conjunto capitalista. La crisis debía pues estallar por una debacle financiera.

Detrás de la crisis financiera, la crisis sistémica del capitalismo avejentado

Pero no basta con llamar la atención sobre la debacle financiera. Detrás de ella se esboza una crisis de la economía real ya que la actual deriva financiera misma va a asfixiar el desarrollo de la base productiva. Las soluciones aportadas a la crisis financiera sólo pueden desembocar en una crisis de la economía real, esto es, un estancamiento relativo de la producción y lo que ella va a acarrear: regresión de los ingresos de los trabajadores, aumento del paro laboral, alza de la precariedad y empeoramiento de la pobreza en los países del Sur. En adelante debemos hablar de depresión y ya no de recesión.

Y detrás de esta crisis se perfila a su vez la verdadera crisis estructural sistémica del capitalismo. La continuación del modelo de desarrollo de la economía real tal y como lo venimos conociendo así como el del consumo que le va emparejado, se ha vuelto, por primera vez en la historia, una verdadera amenaza para el porvenir de la humanidad y el del planeta.

La dimensión mayor de esta crisis sistémica concierne el acceso a los recursos naturales del planeta que se han vuelto muchísimo más escasos que hace medio siglo. El conflicto Norte/Sur constituye por lo tanto el eje central de las luchas y conflictos por venir.

El sistema de producción y de consumo/despilfarro existente hace imposible el acceso a los recursos naturales del globo para la mayoría de los habitantes del planeta, para los pueblos de los países del Sur. Antaño, un país emergente podía retener su parte de esos recursos sin amenazar los privilegios de los países ricos. Pero hoy día ya no es el caso. La población de los países opulentos – el 15% de la población del planeta – acapara para su propio consumo y despilfarro el 85 % de los recursos del globo y no puede consentir que unos recién llegados accedan a estos recursos ya que provocarían desequilibrios que pondrían en peligro los niveles de vida de los ricos.

Si los Estados unidos se han fijado como objetivo el control militar del planeta es porque saben que sin ese control no pueden asegurarse del acceso exclusivo a esos recursos. Como bien se sabe, China, la India y el Sur en su conjunto también necesitan esos recursos para su desarrollo. Para los Estados Unidos se trata imperativamente de limitar ese acceso y, en último recurso, sólo existe un medio: la guerra.

Por otra parte, para ahorrar las fuentes de energía de origen fósil, los Estados Unidos, Europa y otras naciones desarrollan proyectos de producción de agro-carburantes en gran escala, en detrimento de la producción de víveres cuyos precios en alza azotan a los pobres.

Las respuestas ilusorias de los poderes vigentes


Los poderes vigentes, al servicio de los oligopolios financieros, no tienen otro proyecto sino el de volver a poner en pie este mismo sistema. Esas intervenciones de los Estados ¿qué son si no las que les manda la misma oligarquía? Sin embargo no es imposible el éxito de esta puesta de pie si las infusiones de medios financieros resultan suficientes y si las reacciones de las víctimas – las clases populares y las naciones del Sur – no dejan de ser limitadas. Pero en este caso el sistema sólo retrocede para mejor saltar y una nueva debacle financiera, aún más tremenda, será ineludible ya que las "adaptaciones" previstas para la gestión de los mercados financieros y monetarios resultan ampliamente insuficientes puesto que no ponen en tela de juicio el poder de los oligopolios.

Por otra parte, resultan divertidísimas estas respuestas a la crisis financiera mediante la inyección de fondos públicos astronómicos para restablecer la seguridad de los mercados financieros: privatizados ya los beneficios, en cuanto resultan amenazadas las inversiones financieras se socializan las pérdidas. ¡Cara: gano yo, cruz: tú pierdes!

Las condiciones de una respuesta positiva a los desafíos

No basta con decir que las intervenciones de los Estados pueden modificar las reglas del juego, atenuar las pérdidas. También es necesario definir su lógica y su impacto sociales. Desde luego, en teoría, se podría volver a fórmulas de asociación de los sectores públicos y privados, fórmulas de economía mixta como ocurrió durante los "treinta años gloriosos" (los años 1945/1975) en Europa y durante la era de Bandung, en Asia y en África, cuando el capitalismo de Estado dominaba ampliamente, acompañado por políticas sociales fuertes. Pero este tipo de intervención del Estado no está a la orden del día. Y ¿están las fuerzas sociales progresistas en condiciones de imponer una transformación de esta amplitud? Todavía no, opino yo.

La verdadera alternativa pasa por el derrocamiento del poder exclusivo de los oligopolios, el cual es inconcebible sin, finalmente, su nacionalización democrática progresiva. ¿Fin del capitalismo? No lo creo. Creo en cambio que son posibles unas nuevas configuraciones de las relaciones de fuerzas sociales que impongan al capital a ajustarse, él, a las reivindicaciones de las clases populares y de los pueblos. A condición que las luchas sociales todavía fragmentadas y a la defensiva, en su conjunto, consigan cristalizarse en una alternativa política coherente. Con esta perspectiva, resulta posible el comienzo de una larga transición del capitalismo al socialismo. Los avances en esta dirección, claro está, siempre serán desiguales de un país a otro y de una fase de su despliegue a otra.

Las dimensiones de la alternativa deseable y posible son múltiples y conciernen a todos los aspectos de la vida económica, social, política. Evocaré a continuación las grandes líneas de esta respuesta necesaria.

1) - La reinvención por los trabajadores de organizaciones apropiadas que hagan posible la construcción de su unidad con el fin de trascender su dispersión asociada a las formas de explotación vigente (paro laboral, precariedad, informalidad)

2) - La perspectiva es la de un despertar de la teoría y de la práctica de la democracia asociada al progreso social y al respeto de la soberanía de los pueblos y no disociada de éstos.

3) - Liberarse del virus liberal fundado en el mito del individuo, que ya pasó a ser tema histórico. Los rechazos frecuentes de los modos de vida asociados al capitalismo (múltiples enajenaciones, consumismo y destrucción del planeta) señalan la posibilidad de esta emancipación.

4) - Liberarse del atlantismo y del militarismo que le está asociado, ambos destinados a hacer aceptar la perspectiva de un planeta organizado sobre la base del apartheid a escala mundial.

En los países del Norte el desafío implica que la opinión pública no se deje encerrar en un consenso de defensa de privilegios inaceptables por los pueblos del Sur. El internacionalismo necesario pasa por el antiimperialismo, no por el humanitarismo.

En los países del Sur, la estrategia de los oligopolios mundiales lleva consigo el hacer recaer el peso de la crisis sobre sus pueblos (desvalorización de sus reservas monetarias, baja de los precios de las materias primas exportadas y alza de los precios de los productos importados). En contrapartida la crisis ofrece la oportunidad del renacimiento de una alianza nacional, popular y democrática de las clases trabajadoras. Y sobre esa base ir, de un modelo de desarrollo capitalista dependiente, con exclusión creciente de las mayorías, hacia un modelo alternativo de desarrollo inclusivo. En otras palabras, hacia la "desconexión". Lo cual implica:

a) El dominio nacional de los mercados monetarios y financieros

b) El dominio de las tecnologías modernas, ya accesibles (desarticulando el monopolio exclusivo del Norte, sobreprotegido por las reglas de propiedad industrial de la OMC)

c) La recuperación del uso de los recursos naturales,

d) La desarticulación tanto de la gestión mundializada dominada por los oligopolios (la OMC) como del control militar del planeta por los Estados Unidos y sus aliados,

e) Liberarse de las ilusiones de un capitalismo nacional autónomo, así como de los mitos decadentes (para-religiosos o para-étnicos).

f) La cuestión agraria, en efecto, está en el centro de las opciones por venir en los países del tercer mundo. Un desarrollo digno de así llamarse exige una estrategia política agrícola fundada sobre la garantía del acceso a la tierra para todos los campesinos (la mitad de la humanidad). En contrapunto, las fórmulas preconizadas por los poderes dominantes - acelerar la privatización de la tierra agrícola y transformar la tierra agrícola en mercancía – llevan consigo el éxodo rural masivo que bien venimos conociendo. Como el desarrollo industrial de los países afectados no puede absorber a esta mano de obra superabundante, ésta se amontona en las barriadas o se deja tentar por las aventuras trágicas de una huida en balsa por el Atlántico. Existe una relación directa entre la supresión de la garantía del acceso a la tierra y el acrecentamiento de las presiones migratorias.

g) La integración regional, al favorecer el surgimiento de nuevos polos de desarrollo, ¿puede constituir una forma de resistencia y de alternativa? La regionalización es necesaria, tal vez no para gigantes como China y la India o incluso para Brasil, pero seguramente sí para otras muchas regiones, en Asia del sur-este, en África o en América Latina. Venezuela, oportunamente, ha tomado la iniciativa de crear el Alba (Alternativa bolivariana para América Latina y el Caribe) y el Banco del Sur (Bancosur), incluso antes de la crisis. Pero el Alba – un proyecto de integración económica y política – todavía no ha recibido la adhesión de Brasil ni la de Argentina. En cambio el Bancosur, cuyo objetivo es promover otra forma de desarrollo, sí asocia a estos dos países, pese a que ambos mantienen una concepción convencional del papel que ha de desempeñar este banco.

Avances en esas direcciones, al Norte así como al Sur, bases del internacionalismo de los trabajadores y de los pueblos, constituyen las únicas garantías de la reconstrucción de un mundo mejor, multipolar y democrático, única alternativa a la barbarie del capitalismo alicaído. Más que nunca la lucha por el socialismo del siglo 21 está a la orden del día.

Traducido por Manuel Colinas para Investig'Action - www.michelcollon.info. Revisado por La Haine

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Países del ALBA deciden crear una moneda común: el "Sucre"



Bolpress

Los presidentes y representantes gubernamentales de los países miembros de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), más Ecuador, dieron hoy luz verde a la creación de una moneda común, denominada SUCRE (Sistema Único de Compensación Regional), que inicialmente circulará de manera virtual.

La declaración final de la III Cumbre extraordinaria del ALBA aprobada este miércoles en Caracas da luz verde a la construcción de la zona monetaria unida y un fondo de reservas con aportes de países miembros para sostener políticas de inversión para el desarrollo, dice el documento leído por el presidente venezolano Hugo Chávez.
El texto recibió el apoyo de los mandatarios Evo Morales de Bolivia; Rafael Correa de Ecuador; Manuel Zelaya de Honduras, Daniel Ortega de Nicaragua, y los representantes gubernamentales de Cuba y Dominica, quienes acordaron reunirse nuevamente el 14 de diciembre en Caracas para aprobar los detalles técnicos de la iniciativa.

Los dignatarios se comprometieron a articular propuestas regionales que busquen la independencia de los mecanismos financieros internacionales, además de activar estructuras en la ONU que respondan a los desafíos del mundo.

Los participantes en la Cumbre, convocada de urgencia por Chávez para evaluar la crisis financiera del capitalismo, expresaron su preocupación por la ausencia de propuestas reales para solucionar la crisis que amenaza a todos los pueblos.

El vicepresidente del consejo de ministros de Cuba Ricardo Cabrisas advirtió que el plan de rescate del presidente de Estados Unidos George W. Bush y Europa prioriza a los especuladores y banqueros declarados fracasados por el mercado. Destinaron unos tres millones de millones de dólares para salvar la estructura fracasada, pero durante décadas no fueron capaces de cumplir el compromiso de destinar el 0,7 del Producto Interno Bruto (PIB) a la ayuda oficial al desarrollo.

Tampoco, dijo, fueron destinados entre todos unos 30 mil millones de dólares para mejorar la producción agrícola en el Tercer Mundo ni 20 mil millones para el programa educación para todos. El presidente nicaragüense Daniel Ortega consideró inmoral el pretexto de que no hay recursos para el desarrollo, pero si para guerras como las de Irak y Afganistán, y para salvar bancos.

Cabrisas precisó que la crisis actual no es una repetición de las anteriores, pues viene acompañada de crisis energética, alimentaría, ecológica y social, y tiene lugar cuando la globalización económica es mas extensa e intensa que nunca. Por ello la crisis va más allá del neoliberalismo y convertirse en reto de la capacidad de los humanos para salvar la especie.

La crisis que vive la economía mundial es consecuencia de los modos de producción y expansión del sistema capitalista; es de carácter estructural y no sólo financiera como se ha pretendido mostrar. Engloba a su vez otras crisis que ponen en peligro a la humanidad, concluyeron dirigentes sociales de México, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Argentina, Bolivia y Chile, pertenecientes a la Alianza Social Continental (ASC), en una reunión en Quito el 15 de noviembre de 2008, al mismo tiempo que los líderes del G20 en Washington.

La ASC afirma que esta no es una más de las crisis cíclicas del capitalismo; la de hoy es mucho más profunda, pues además de la inevitable sobreproducción que conlleva, significa la explosión de un modelo económico que ha detenido la producción en el Sur, generando desempleo y profundizando la pobreza.

La reciente crisis financiera es una clara evidencia del fracaso ideológico del neoliberalismo y sus defensores, que plantearon el dogma de la mano invisible del mercado que lo autorregulaba. Ahora aplauden que la 'mano visible del Estado' los salve, cuando en los últimos 25 años han predicado que éste sólo debe garantizar seguridad y evitar intervenir en cualquier asunto económico.

Alerta la ASC que ante la incapacidad de resolver por sus propios esfuerzos la recesión económica, las potencias acudirán a profundizar el recetario neoliberal de mayor explotación de la mano de obra y los recursos naturales, en busca de reactivar su producción. Incluso la crisis puede ser un pretexto para desconocer los compromisos internacionales tendientes a enfrentar la crisis climática y energética.

Unidad financiera

Los dirigentes de la ASC exigieron a los gobiernos de la región que cambien el modelo de desarrollo y que aceleren el proceso de integración regional desde los pueblos, una formidable herramienta para enfrentar la crisis sistémica actual.

Los pueblos han ido consensuando su propia propuesta de integración no sólo comercial sino para el vivir bien de todos y en armonía con la naturaleza. Acelerar este tipo de integración permitirá conquistar mayor soberanía para la implementación de modelos de desarrollo propios.

El vicepresidente del consejo de ministros de Cuba ratificó la validez de la integración regional y el valor del ALBA, una fórmula basada en solidaridad, cooperación, ventajas compartidas y sensibilidad hacia la deuda social acumulada.

Según Daniel Ortega, el ALBA coloca en posición ventajosa a la región para enfrentar la crisis porque constituye un modelo de orientación socialista, marcado por la solidaridad, la complementariedad, el comercio justo y la promoción de programas sociales como la salud y educación gratuita.

Los dirigentes sociales de la ASC propusieron combatir la inestabilidad financiera, la escasez de crédito y la tendencia a condicionar el otorgamiento de créditos por parte del sistema financiero multilateral, acelerando la creación de un sistema financiero regional que facilite financiamiento sin condicionamientos; que permita una defensa efectiva ante la inestabilidad financiera global, y apoye la estabilidad monetaria de todos los países ante posibles ataques especulativos contra monedas nacionales.

En ese marco, los gobiernos deberían implementar medidas defensivas inmediatas ante la especulación con las monedas y la posible fuga de capitales, tales como el control de cambio.

En la Cumbre del ALBA, el presidente de Ecuador Rafael Correa resaltó que las soluciones a la crisis mundial existen, pero es imprescindible tomar decisiones políticas. Por eso exhortó a los países de América Latina a crear una nueva arquitectura financiera para ser más autónomos y soberanos.

Su propuesta tiene tres pilares fundamentales: un banco de desarrollo regional, fondo de reservas del área para enfrentar potenciales crisis y eventuales problemas económicos, y una moneda común contable para los intercambios comerciales, la cual, en un principio, puede ser virtual.

La declaración del ALBA hace patente el deseo de sus miembros de salir del monopolio del dólar en las relaciones económicas internacionales. Apuntó Cabrisas que el sistema monetario internacional basado en el dólar como factor central del nudo de contradicciones de la crisis. Correa insistió en que el SUCRE no utilice ninguna divisa extranjera.

Chávez sugirió comenzar a organizar un fondo financiero de reservas parecido al que mantienen Venezuela y Cuba, mediante el cual el intercambio comercial creció de 200 millones a cinco mil millones de dólares.

La ASC observa que la crisis global visibiliza la vulnerabilidad de las economías que han hecho del sector exportador el único motor de crecimiento, un sector altamente vulnerable a las fluctuaciones de precios y ciclos económicos de las potencias. Por eso es preciso fortalecer el comercio intraregional complementario y el centro de la economía debe volver a ser la producción lo que se consume nacional y regionalmente.

Se necesitan políticas económicas que fortalezcan el mercado interno como principal motor de la economía, tendientes a conseguir la seguridad alimentaria nacional y regional, basadas en la producción familiar y no en monocultivos extensivos. Los gobiernos deben intervenir y regular la economía en función de un proyecto nacional de desarrollo y revisar todos los TLCs y Tratados de protección reciproca de inversiones.

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¿Construcción intelectual, eslogan político o expresión de las luchas antisistémicas?


Socialismo del siglo XXI

François Houtart
Tlaxcala

Ponencia presentada en el seminario en memoria de Andrés Aubry sobre los movimientos antisistémicos, en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, del 13 al 16 de diciembre de 2007.

Para mí es un privilegio emocionante el estar asociado a este homenaje a Andrés Aubry, quien logró combinar el respeto por cada persona con la participación en las luchas antisistémicas.

En enero de 1994 tuvieron lugar en México y en Chiapas eventos importantes. El mismo mes del mismo año, en una pequeña ciudad de Bélgica, Lovaina la Nueva, nació la revista Alternatives Sud, del Centro Tricontinental, destinada a difundir el pensamiento crítico y las experiencias alternativas del Sur (Asia, África, América Latina), continentes que para el Norte aparecían como vacíos de ideas e iniciativas. Uno de los primeros pasos que dio fue tomar contacto con Andrés Aubry para saber lo que significaba el movimiento Zapatista. Él cedió la palabra a Pablo González Casanova, quien en varias ocasiones se expresó en la revista.

Hoy, en memoria de Andrés hablaré del Socialismo del Siglo XXI. Sin duda es un tema controvertido. Para unos la idea del socialismo debe abandonarse, junto a la del capitalismo, porque fue solamente su imagen invertida. Para otros, el concepto lleva a la confusión por su ambigüedad: se trata del estalinismo, del maoísmo, de Pol Pot, de la de la socialdemocracia, de la Tercera Vía, de las FARC colombianas o del socialismo francés, en el seno del cual nacieron el director general de la OMC, el Presidente del FMI y el ministro de Relaciones exteriores del presidente Sarkozy. Hay un socialismo que provoca temor y un socialismo que suscita la risa. De ahí la necesidad de hablar de los procesos y del contenido de las alternativas.

1. Las luchas antisistémicas son procesos sociales

Proceso social significa a la vez acción y reflexión, análisis y afecto. Acciones sin aporte reflexivo conducen a revueltas a menudo sin futuro; ideas sin referencias constantes a la realidad se transforman en construcciones abstractas e impotentes; análisis sin emoción desembocan en el cinismo intelectual y afectos sin pensamiento tienden a confundir un proyecto social concreto con el reino de Dios.

Ningún elemento puede ser aislado de los demás. El vínculo entre práctica y teoría debe caracterizar todo movimiento antisistémico. Rosa Luxemburgo observaba que las reformas sin perspectivas teóricas se transforman rápidamente en pragmatismo y son fácilmente recuperables por el sistema capitalista. La teología de la Liberación nos recuerda que la fe religiosa puede ser un elemento poderoso de compromiso revolucionario y la enorme diversidad de las culturas de las luchas fue revelada por los Foros sociales mundiales.

Un proceso social no se decreta. Es el resultado de actores bien concretos que viven en lugares precisos y en un tiempo dado. Sus prácticas construyen un tejido social. La historia de los movimientos sociales nos lo enseña. Cuando se celebró el ochenta aniversario de la revolución de Octubre, se recordó que ésta no habría sido posible sin la existencia de los soviet, aquellos grupos de base que, al multiplicarse, constituyeron una red capaz de ejercer un peso antisistémico. Cuando se formó la Primera Internacional, Marx y Engels insistían en la importancia de los procesos de toma de decisión. Decían que valía más una conclusión adaptada por el conjunto de todos los componentes que diez impuestas desde arriba.

Sin embargo, un proceso social es también una construcción y aquí interviene el hecho de su institucionalización. La experiencia de los movimientos sociales comprueba dicha dialéctica, que oscila entre corrientes anarquistas, que privilegian la creatividad, las iniciativas de base, la efervescencia cultural, y los que insisten en la organización, la claridad de los objetivos y la adaptación de los medios a los fines. La paradoja es que los dos son necesarios, a condición de que la referencia a la utopía no se transforme en un cultivo de ilusiones y la institucionalización en sistemas piramidales que, tomándose como fin, terminan por contradecir los objetivos. Eso se experimenta en todos los campos de la vida social: el político, el social, el cultural, el religioso.

El entusiasmo de las luchas antisistémicas no puede ignorar la condición humana. Me acuerdo de una conversación en Ciudad Ho Chi Minh, poco después de la reunificación del Vietnam. Los interlocutores eran el arzobispo de Saigón, Monseñor Binh, hombre de gran sabiduría que yo había conocido durante el Concilio Vaticano II, y el señor Ba, secretario del Partido Comunista de la ciudad, que había sido representante del Frente Nacional de Liberación en París y Bruselas. El señor Ba explicaba con mucha convicción los planes de transformación de la ciudad en todos sus aspectos, políticos, sociales, culturales, y el arzobispo escuchaba con mucha atención. Cuando el secretario del Partido termino sus explicaciones, el arzobispo contestó con mucho respeto:”Es muy interesante, pero ojalá que los comunistas creyesen un poco más en el pecado original”. Hoy en día diríamos en la dialéctica.

De verdad toda institucionalización conlleva en su propio vientre las semillas de su propia contradicción, pero el problema no consiste en negarlo ni en querer escapar a la realidad, sino en afrontar los hechos y en encontrar los mecanismos de corrección, es decir, la democracia participativa, caracoles [1], otra campaña, cambios de roles, etc

Hoy día entre intelectuales y diversos movimientos sociales, el pensamiento posmoderno tiene un lugar importante. De hecho, la experiencia de un mundo dominado por el pensamiento y las prácticas de Occidente hace pensar en la necesidad de ir más allá de la simple crítica económica y política. Es la propia lógica del Siglo de las Luces lo que se debe cuestionar, pues al mismo tiempo es el fruto, el vehículo y la inspiración de un sistema económico destructor. Sus principios deben ser sometidos a una crítica epistemológica, es decir, debe ponerse en entredicho su propio sentido. Se trata de un cambio de civilización.

Existe, pues, un posmodernismo radical que reduce la historia a lo inmediato, establece el individuo como centro exclusivo de lo real, rechaza la idea de estructuras y de sistema, para concentrarse en los “pequeños relatos”, pues considera que los “grandes relatos”, es decir, las teorías, imponen necesariamente un peso totalitario al pensamiento y a la acción. Nada mejor para el capitalismo contemporáneo, que ha logrado edificar las bases materiales de su reproducción mundial –un sistema-mundo, como dice Immanuel Wallenstein– en una ideología que niega la existencia de sistemas y de estructuras.

Por el contrario, otros críticos de la modernidad no caen en este exceso. No niegan la existencia de paradigmas, incluso en un mundo de incertidumbres. Así, Edgar Morin, el sociólogo y filósofo francés, señala que en los mundos físicos, biológicos y antropológicos el caos y la incertidumbre siempre desembocan en la reorganización de la vida como paradigma fundamental. Por eso este autor hace una dura crítica del capitalismo, porque estima que acaba con la posibilidad de reorganización de la vida.


2. El contenido de las luchas antisistémicas

Hablaré solamente de tres aspectos: la deslegitimación del capitalismo, los pasos de las luchas antisistémicas y los ejes de un poscapitalismo o de un socialismo del siglo XXI.

1) Deslegitimar el capitalismo

No basta con condenar los abusos y los excesos del capitalismo, como hacen la mayoría de las religiones. La distinción entre un capitalismo “salvaje” y un capitalismo “civilizado” no vale, porque el capitalismo es “civilizado” cuando debe y “salvaje” cuando puede. Son los mismos agentes económicos quienes tienen que aceptar ciertos límites impuestos por luchas sociales, pues cuando es posible llegan hasta los extremos de la explotación, en particular en el Sur.

Es la lógica de la acumulación lo que debe ser contestado por las luchas antisistémicas, proceso que sin duda tomará mucho tiempo, pero que es indispensable, Hoy en día eso significa luchar contra la búsqueda de nuevas fronteras de acumulación por parte del capital: contra la transformación de la agricultura campesina en una agricultura productivista capitalista, contra la privatización de los servicios públicos, contra la obtención de beneficios con catástrofes naturales o políticas (Noemi Klein).

El carácter destructor del capitalismo, tato de la naturaleza como del trabajo humano, nunca ha sido tan alto y tan acelerado como durante el período neoliberal. La tierra puede ser destruida y jamás hubo tanta riqueza al lado de tanta pobreza. Nunca la humanidad ha producido un sistema tan ineficaz. La deslegitimación, antes de ser ética debe ser económica.

2) Los pasos de las luchas antisistémicas

Los cambios antisistémicos son el resultado de luchas, hoy en día a escala mundial, frente a actores globales y contra un imperialismo ciertamente congénito a toda forma de capitalismo, pero también representado por Estados Unidos de América. Tal vez este último sea un imperio en declive, pero todavía muy activo, con su hegemonía atómica, sus más de 700 bases militares en el exterior de su territorio y en América Latina, sus embajadas.

El primer paso es la toma de conciencia de esta realidad, que va mucho más allá de la dominación económica y política y que afecta la cultura y penetra en lo más profundo de las mentalidades. Los Foros sociales mundiales han contribuido mucho a este proceso de concienciación a escala mundial. La adopción de estrategias de luchas es una segunda exigencia y la diversidad de ellas, desde el plano local a las prácticas nuevas de cada uno de los actores, son la garantía de un verdadero progreso

La conceptualización de estas situaciones es una tarea importante ya este propósito no parece que la noción de “multitud” propuesta por Hardt y Negri sea adecuada. Demasiado abstracta, corre el riesgo de ser desmovilizadora. Porque se trata de construir un sujeto histórico nuevo, es decir plural, democrático, popular.

Las convergencias de los actores son también una condición de eficacia. Todos tenemos el mismo adversario, porque la globalización significa la subordinación generalizada del trabajo humano por parte del capital, real a través del salario y formal a través de mecanismos financieros o jurídicos, como las tasas de intereses, la deuda externa, los paraísos fiscales, los ajustes estructurales, etc. Ningún grupo humano escapa a la ley del valor. La nueva vía consiste en acciones de conjunto, donde los componentes no piensan en prioridades –cada uno tiene las suyas–, sino en objetivos estratégicos, como la lucha contra el ALCA, que fue un lugar de encuentro de movimientos muy diversos, ONG progresistas, Iglesias y fuerzas políticas.

El gran desafío actual, tanto en América Latina como en los demás continentes, como señaló Gilberto Valdez, es la vinculación de los movimientos antisistémicos con el campo político. ¿Cómo enfocar la colaboración orgánica que proponen nuevas iniciativas políticas, como el ALBA o el Banco del Sur, sin perder la autonomía? ¿Cómo contribuir al cambio, construyéndolo desde abajo y creando una nueva cultura política como “La Otra campaña”, sin caer en callejones sin salida? No se trata de esperar una situación sin ambigüedades, sino de elegir la propias ambigüedades.

Para decirlo con claridad, fue probablemente duro para los miembros de movimientos antisistémicos el apoyar a Lula en las últimas elecciones de Brasil, a pesar de su política interior socialdemócrata, o en Nicaragua el votar al Frente Sandinista a pesar de sus deficiencias institucionales y de las deficiencias de algunos de sus líderes. Se trataba de impedir alternativas de derecha con graves consecuencias, tanto internas como para la nueva integración latinoamericana.

Con todos los respetos uno podría preguntarse si en México un razonamiento similar no habría podido evitar una presidencia, todavía ilegítima, de derecha dura y entreguista. ¿Sería realmente imposible combinar una crítica radical y justa y una nueva práctica política con un juicio político más dialéctico? Es sólo una pregunta. No se trata de realpolitik ni de justificar medios para alcanzar fines, sino de reconocer que el dilema consiste en elegir entre ambigüedades. Tampoco eso significa el abandono de la ética, sino de no transformarla en sustituto de un juicio político. Supone también la continuación de la crítica de las formaciones políticas nacidas de movimientos antisistémicos y emancipadores que, como en el Brasil, en México o, peor todavía, en China, construyen “caracoles al revés”, contradiciendo sus propios principios.

3) Los ejes de un poscapitalismo o de un socialismo del siglo XXI

Para concluir, podemos retomar las lecciones de la historia, la experiencia de los movimientos sociales y de sus convergencias, las aspiraciones de los pueblos y proponer algunas ideas.

No se trata de imponer una doctrina desde arriba ni de hablar de una sola alternativa, sino de recoger lo vivido y reconciliar teoría y práctica en un esfuerzo compartido, de unir revolución y reformas en una búsqueda de la utopía necesaria y movilizadora sin despreciar los pequeños pasos, porque la gente no muere o sufre mañana, sino hoy.

Cuatro ejes parecen constituir el contenido del proyecto emancipador y antisistémico.

1) La utilización sostenible de los recursos naturales, que exige otra filosofía de las relaciones con la naturaleza: de la explotación a la simbiosis. El capitalismo es incapaz de realizar este cambio, que implica una revolución epistemológica, a la cual el enfoque de la “pachamama”, las filosofías orientales, la cultura tradicional africana y los afrodescendientes de América pueden contribuir de manera decisiva.

2) Privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio. El mercado existió antes del capitalismo. Este último hizo del valor de cambio el único factor de desarrollo humano, imponiendo su lógica a toda la sociedad. Regresar al valor de uso tiene enormes consecuencias prácticas, desde el control social de los medios de producción hasta el aumento de la vida de los productos y la reducción de las distancias de transporte. Pero, ante todo, significa un cambio de filosofía económica: de la producción de un valor añadido para intereses privados a la actividad destinada a asegurar la base de la vida física, cultural y espiritual de todos los seres humanos de la tierra. El capitalismo es incapaz de eso.

3) Establecer una democracia generalizada, no solamente política, representativa y participativa, sino en todas las relaciones sociales y económicas entre pueblos, entre hombres y mujeres. Eso exige también otra filosofía del poder, totalmente ajeno a la concepción del capitalismo.

4) Construir la multiculturalidad, es decir, dar la posibilidad a todas las culturas, a todos los saberes, a todas las filosofías, a todas las religiones de participar con sus propios aportes a la construcción de una nueva sociedad. Eso exige otra filosofía de la cultura, el abandono de la arrogancia de una cultura superior, aunque sea religiosa. Una vez más, la cultura del capitalismo, con su “modelo de desarrollo”, no puede responder a esta nueva perspectiva.

De verdad, a pesar de sus logros reales, podemos decir que el socialismo del siglo XX no ha podido alcanzar dichas exigencias. El drama del socialismo, decía Maurice Godelier, es que ha tenido que aprender a caminar con las piernas del capitalismo. Y eso se verificó en varios campos, como la explotación de la naturaleza, la falta de democracia y la dificultad de aceptar la multiculturalidad.

Por eso, la convergencia de las luchas sociales, característica de nuestro siglo, el afán de dignidad con sus bases materiales y de espiritualidad encarnada, nos permite compartir las palabras de un oratorio compuesto por un compositor israelí tras el asesinato de Monseñor Romero: “La esperanza no se mata”.


Nota

[1] Caracoles, estructuras zapatistas de administración municipal en Chiapas. Véase Los caracoles zapatistas, redes de resistencia y autonomía (Ensayo de interpretación), por Pablo González Casanova.


Ponencia original presentada el 15/12/2007 (revisada para su edición en Tlaxcala por Manuel Talens)

Traducción al alemán de Herbert Berger, también en Tlaxcala.

Sobre el autor, François Houtart

Este artículo se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al revisor y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=6381&lg=es

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¿Revolución en el siglo XXI?

miércoles, 26 de noviembre de 2008



Agencia Bolivariana de Prensa
Entrevista al investigador, ensayista y militante Néstor Kohan

¿Cuáles son en su opinión las vías y las formas de la revolución en América Latina?

En mi opinión lo primero que quisiera destacar en esa pregunta es algo previo a la respuesta. Me refiero a la pertinencia o no de la revolución… Porque durante los últimos 25 años, es decir, un cuarto de siglo, las grandes usinas del imperialismo y también de las diversas variantes del reformismo y la socialdemocracia internacional han tratado de inocular en el movimiento popular latinoamericano la peregrina idea de que la revolución ya no es viable, ni posible ni deseable. Preguntarse entonces por las vías y las formas presupone poner en discusión esa violenta campaña de desarme ideológico. Aclarado esto, me parece, desde mi modesta opinión —porque yo no soy un gurú con una bola de cristal ni un adivino que tenga la verdad revelada de ningún oráculo— que los caminos y las formas del proceso revolucionario latinoamericano son diversas y variadas.
No se pueden encapsular en recetas de pizarrón ni fórmulas de escritorio. Las transformaciones sociales vienen y vendrán a través de movimientos sociales, organizaciones políticas y organizaciones insurgentes, político-militares. Durante el último cuarto de siglo los “tanques pensantes” del imperialismo y de la socialdemocracia supuestamente progresista han tratado de recortar ese abanico de formas de lucha, de aplastarlo, de segmentarlo, reduciendo la única forma a la lucha de los movimientos sociales, despreciando la organización política y deslegitimando, demonizando y satanizando, de modo absolutamente macartista, las formas no institucionales, insurgentes y político militares que históricamente ha asumido y continúa asumiendo la rebeldía y la resistencia popular. Volver entonces a recuperar el debate por las vías y las formas de lucha y de transformación social radical se torna una tarea impostergable. Ya es hora de hacer un beneficio de inventario y un balance crítico con el reformismo y el posmodernismo que tanto nos reclamó despreciar las formas políticamente organizadas de la rebeldía popular (que no se limitan a las protestas espontáneas) y darles la espalda a las vías de confrontación radical —incluso político militares— con los poderes establecidos.

¿Tiene vigencia el planteamiento de la combinación de todas las formas de lucha?

Los enemigos de nuestros pueblos, el imperialismo y las burguesías criollas (mal llamadas “nacionales”) no renuncian a ninguna forma de lucha. Desde la construcción de consenso, la conformación de la hegemonía hasta el ejercicio de la fuerza material. Si ellos tienen a mano y despliegan ese abanico de formas, ¿en nombre de qué los pueblos deberían renunciar a ciertas formas de lucha? ¿Frente a la violencia de arriba, ejercida no por un loco suelto sino por toda una serie de instituciones represivas —policía, gendarmería, fuerzas armadas, organismos de inteligencia, etc.—, nuestros pueblos deberían acaso responder ofreciendo mansa y sumisamente “la otra mejilla”? No lo creo justificado. No lo creo realista. No lo creo deseable.

¿Cómo sería esa situación en el caso colombiano?

En Argentina existía un historiador y pensador de origen comunista, en su juventud, luego peronista revolucionario, en su madurez, que se llamaba Rodolfo Puiggros. Su obra historiográfica es prolífica y muy polémica. Yo comparto algunos de sus puntos de vista, en otros casos (como es el tema del populismo) tengo opiniones muy diversas a las que lo hicieron famoso. Sin embargo siempre me gusta citar una idea suya. Decía el viejo Puiggrós que muchas veces los argentinos hemos sido “inspectores de revoluciones ajenas…”. O sea que como no hemos podido hacer nuestra propia revolución, vamos por el mundo con el dedo en alto inspeccionando revoluciones ajenas… Creo que debemos aprender esa lección. No soy colombiano. No conozco en profundidad la realidad colombiana. Aclarado esto, creo sin embargo que como internacionalistas convencidos, que llevamos en la cabeza pero también en el corazón la Patria Grande latinoamericana, sí podemos opinar sobre otros países hermanos. Creo que el pueblo colombiano ha sido uno de los pueblos más dignos y combativos de la historia de nuestra América. Todo el mundo que esté mínimamente informado y que no tenga anteojeras ni reciba dinerillos del imperialismo sabe perfectamente que la violencia en Colombia no la inicia el pueblo sino las clases dominantes con el asesinato del caudillo popular Jorge Elieser Gaitán en 1948. Cualquiera que no haya vendido su pluma ni su conciencia a los grandes monopolios de (in)comunicación ni repita como un loro sumiso sus propagandas diagramadas desde una estrategia de “guerra psicológica”, sabe y conoce perfectamente que en Colombia las organizaciones político- militares nacieron hace varias décadas y que nunca han tenido nada que ver con la mafia ni con el narcotráfico. Por lo tanto, si en Colombia, a pesar de las innumerables campañas militares de exterminio contra el pueblo desarrolladas por varios gobiernos formalmente “constitucionales”, desvergonzadamente financiados por EEUU, continúan desarrollándose diversas formas de protesta popular (desde la movilización estudiantil, la huelga obrera, la protesta sindical urbana, la rebeldía indígena, las ligas agrarias y campesinas hasta las luchas guerrilleras, eso no responde a ningún “complot” de unos monstruos irracionales o delirantes. Para comprender la historia de América Latina hace falta dejar de lado la deformante estética de Hollywood y su eterna “conspiración” internacional de monstruos malditos que pretenden acabar con la vida apacible de las familias norteamericanas. Colombia es parte de nuestra América. Allí proliferan diversas formas de lucha popular. Los sectores progresistas y honestos, que no ceden al chantaje de la maquinaria de guerra psicológica del Comando Sur del Ejército norteamericano y sus organismos de inteligencia, no sólo no deberían demonizar esas luchas sino que, en mi modesta opinión, deberían apoyarlas.

¿Cómo debe enfrentarse hoy el terrorismo de Estado y el intervencionismo imperialista?

En primer lugar llamando a las cosas por su nombre. Cuando intervienen los norteamericanos no estamos frente a la “defensa de los derechos humanos” sino frente a una intervención imperialista. No se meten en los demás países en nombre de la “racionalidad liberal” para enfrentar el fundamentalismo. Lo hacen para defender sus intereses, imponiendo por la fuerza su “american way of life” y sus negocios. En segundo lugar, cuando el Estado de cualquier país de América latina utiliza sus instituciones permanentes, formadas por decenas y centenas de miles de personas profesionales y entrenadas, que estudian cómo vigilar, cómo pegar, cómo reprimir, cómo matar, cómo asesinar, debemos llamar las cosas por su nombre. Eso no es “seguridad”. Eso es represión. Eso es violencia de arriba. Eso no es “democracia”, eso es terrorismo. Debemos poner fin a la legitimación de la violencia de arriba contra el pueblo. Para enfrentar la violencia de los Estados y la intervención del imperialismo todas las formas de rebeldía, resistencia y solidaridad popular son legítimas. Desde las grandes campañas de repudio, las movilizaciones a las embajadas yanquis, las huelgas, las protestas y también la resistencia armada. La violencia de los pueblos es una justa respuesta a una violencia sistemática implementada contra los pueblos. ¿Quién dijo que la única violencia legítima es la que se ejerce para mantener y reproducir el capital?

¿Tiene alguna opinión sobre el debate en torno a las FARC y la lucha armada que recientemente ha tenido lugar entre el comandante Fidel Castro y el sociólogo James Petras?

Esa es una pregunta sumamente difícil, debo reconocerlo. Me resulta difícil opinar, porque el tema es complejo y porque además me siento muy vinculado a ambos polemistas. En el caso de Fidel, no sólo le tengo una admiración personal y un cariño que no puedo ni quiero disimular. Además lo considero un maestro. No mío, sino de varias generaciones de revolucionarios de nuestra América. Así lo he expresado en varios artículos publicados en Cuba, en Venezuela y en Argentina. También lo he condensado en un libro dedicado a la biografía de Fidel (titulado Fidel para principiantes, texto por el cual pasé años leyendo y estudiando los discursos de Fidel y muchísima bibliografía sobre su vida y sobre historia de la revolución cubana). Tuve el inmenso honor de conocerlo personalmente en el año 2001 y de conversar largamente con él. Una experiencia absolutamente inolvidable que me sigue emocionando cada vez que lo recuerdo. Realmente le tengo mucho cariño a Fidel. Lo digo sin diplomacia alguna. Es lo que sinceramente siento y lo que pienso. Siempre he defendido a Cuba y a su revolución socialista y lo seguiré haciendo.

En el caso de James Petras, también lo conozco personalmente desde hace aproximadamente 15 años, desde una visita suya a la Argentina. He estado junto a él varias veces en La Habana y en Caracas. James ha sido siempre muy valiente. En los años ’90, cuando todo el mundo se hacía neoliberal o socialdemócrata, Petras seguía denunciando al imperialismo y la domesticación de los intelectuales “aggiornados”. Me consta que Petras siempre ha sido un defensor sincero de la revolución cubana. Pero no de manera hipócrita, para que lo inviten a eventos y grandes hoteles, sino por convicción. Petras tiene un estilo muy confrontativo en las polémicas, es ácido, es irónico (maneja la ironía no sólo en inglés sino también en español, lo cual es difícil ya que no es su lengua). A veces el estilo sumamente hiriente de Petras lastima, ofende o molesta (lo cual no siempre es lo mejor, si lo que se busca es convencer al otro), pero muchas veces, detrás de ese estilo discutible, hay verdades fuertes y muy buenas fundamentaciones. Recuerdo sus polémicas de los años ’90 y sus impugnaciones ácidas de quienes pretendían dejar de cuestionar al imperialismo.

He leído algunas partes de la polémica. No estoy seguro de haberla leído en forma completa, quizás haya intervenciones que me faltan consultar.

Lo primero que podría decir, remarcando una vez más la complejidad del problema abordado y lo difícil que me resulta opinar al respecto, es que es muy saludable que haya polémica entre los revolucionarios. Si hay polémica es porque el marxismo está vivo y la revolución está viva. Si hay polémica es porque el pensamiento radical —allí se ubican tanto Petras como Fidel— no ha muerto y sigue dando batallas. ¡Bienvenida entonces la polémica fraternal entre compañeros y hermanos de la misma causa!

En segundo término, agregaría que Fidel había expresado esa opinión sobre la posible caducidad de la lucha armada ya antes de la muerte del comandante Marulanda. En los últimos años Fidel vino dos veces a la Argentina, si no recuerdo mal. Una vez estuvo en Buenos Aires, otra en Córdoba. Junto con miles y miles de jóvenes, fuimos a los dos actos. No me los podía perder. Escuchar a Fidel es un privilegio. Compartí gran parte de lo que dijo. Pero debo confesar, para ser sincero, que no me gustó nada cuando expresó que la lucha armada era cosa del pasado. No me pareció una formulación feliz, sobre todo tomando en cuenta que su auditorio no era el de viejos nostálgicos que recordaban los años ’60 (aunque también había ese tipo de público) sino jóvenes que comenzaban a realizar sus primeras experiencias políticas luego de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001. Jóvenes que hoy piensan cómo organizar fuerzas sociales revolucionarias en Argentina. Muchas veces, corrientes reformistas o populistas, mayoritariamente institucionalistas e incluso cooptadas por el Estado y los partidos burgueses, nos han replicado en Argentina “lo de ustedes está bien, pero es romántico, viejo y antiguo, acuérdense de lo que dijo Fidel cuando vino…”. Esa formulación desafortunada de Fidel, poco justificada y hasta incomprensible si la analizamos desde la óptica de los movimientos populares (no desde la lógica estatal de la diplomacia o la razón de Estado), sirvió para legitimar al gobierno de Kirchner y también para impugnar cualquier opción de cambios de fondo, radicales y revolucionarios, en nuestro continente. Aun siendo absolutamente defensores de la revolución cubana, con la cabeza y con el corazón, con la militancia y con las ideas, en los libros y en la militancia de la vida cotidiana, esa formulación de Fidel no nos ayudó ni nos ayuda.

¿Acaso desapareció la salvaje política de “seguridad” (léase represión) de las burguesías criollas (burguesías lúmpenes las denominaban Ruy Mauro Marini y André Gunder Frank) en América Latina? ¿Ya no hay violencia de arriba contra nuestros pueblos en nuestro continente? ¿Se puede cambiar el mundo sin revolución (como propone por ahí John Holloway…)? ¿Puede haber acaso revolución sin confrontación social, sin ejercicio de la fuerza material y sin grandes choques de clase? ¿Se puede recuperar para el pueblo lo que las burguesías y el imperialismo históricamente le expropiaron sin enfrentar por todos los medios posibles al Estado burgués y sus instituciones de represión?

Las respuestas, a mi modo de comprender, no son positivas, sino todo lo contrario. ¡Sin revolución no podremos expropiar a los grandes ricachones, resistir al imperialismo, defender nuestros recursos naturales y sociales, hacer respetar a nuestras patrias ni construir el socialismo! Recuerdo y traigo a colación el testimonio del embajador norteamericano —hombre siniestro de la CIA— en el reciente documental Salvador Allende. Recordando lo que sucedió en Chile, este cínico agente de la CIA en Santiago, organizador y ejecutor del nacimiento a sangre y fuego del neoliberalismo a escala mundial en septiembre de 1973, declaró ante las cámaras de ese conocido documental lo siguiente (cito de memoria): “Ninguna clase social se suicida. ¿Qué querían inventar? Esto ya lo demostró Lenin”. Como dicen los abogados: a confesión de parte, relevo de pruebas. Si los imperialistas lo reconocen…

Fidel lo sabe mejor que nadie. Basta consultar sus formidables discursos tras la muerte de su entrañable amigo y compañero Salvador Allende… ¿no vamos a aprender nada de aquella experiencia? Hoy en Bolivia, en Venezuela, en Colombia y en varios otros países vuelve a plantearse de manea urgente el problema. Nuevamente proliferan las ilusiones sobre la supuesta “neutralidad profesional de las Fuerzas Armadas” en Bolivia y en otros países. Es cierto, nunca se repite la historia, pero debemos aprender de ella.

En tercer lugar, se alega que “ya no hay condiciones para la lucha armada”. ¿Es cierto esto? Quizás pudo haber sido cierto en los años 90, cuando proliferaba y reinaba el neoliberalismo más furioso y agresivo (aun así en aquellos años —1994, si no recuerdo mal, apenas cinco años después de la caída del muro de Berlín— los zapatistas patearon el tablero, fusil en mano, y comenzaron a desmontar la euforia neoliberal, acompañando de este modo la persistencia irreverente y por entonces solitaria de la insurgencia colombiana). Pero en el siglo XXI queda claro que la situación ha cambiado. No se puede ocultar. Hoy hay un giro hacia la izquierda en todo el continente. Ya no estamos en los 90. Por el lado revolucionario o por el lado reformista, los “neoliberales clásicos” retroceden. Gracias al comandante Hugo Chávez y la revolución bolivariana, hoy se vuelve a discutir el socialismo (palabra prohibida en los 90…) en la agenda latinoamericana. Hoy hay nuevas generaciones que van para adelante, dejando atrás el pesimismo y la resignación de los 90. Además actualmente el imperialismo sufre una crisis tremenda, lejos estamos de la euforia de Francis Fukuyama que vaticinaba el reinado indiscutido y eterno de los EEUU.

¿Por qué decir entonces que “no hay condiciones”? ¿Por qué seguir repitiendo un latiguillo de los años 90 cuando la situación cambió de forma tan notable? Solo se podría explicar por la lógica diplomática y la razón de estado. ¡Pero es que el mismo Fidel ha sido el gran maestro que nos enseñó a despreciar esa lógica impulsando el internacionalismo militante en las épocas más oscuras! ¡De él y del Che lo hemos aprendido! ¿Por qué abandonarlo y subordinarse a la razón de estado y las conveniencias geopolíticas o diplomáticas?

Incluso, pienso, si no hubiera condiciones… ¿no habría que intentar crearlas? ¿No fue la revolución cubana la gran maestra que nos enseñó que no debemos arrodillarnos ante el culto ciego y fanático de “las condiciones objetivas” (tan cultivadas por los manuales del marxismo ortodoxo de la antigua Unión Soviética, cuestionados ácida y más que justamente por Fidel y el Che)?

En cuarto lugar, emerge la cuestión de la hegemonía. A esta altura de la historia, ya está bien claro que el capitalismo no se cae solo. ¡Basta ya de catastrofismo determinista y economicista! Por más crisis económica que haya (incluso ante una crisis tremenda como la actual, sólo comparable con la de 1929), el sistema del capitalismo no se derrumba si no hay organización, construcción de fuerza social y empuje popular que lo voltee y lo tumbe. La teoría de la hegemonía de Antonio Gramsci nos resulta de una actualidad abrumadora. Ganar mentes, corazones y espíritus —es decir, dar la batalla en el terreno de la subjetividad popular— es la gran tarea. Fidel lo ha comprendido de manera clara y diáfana. Es un maestro. Lo denomina con la terminología de José Martí, batalla de las ideas. Es la lucha por la hegemonía. Está muy bien. Nada más urgente en la época de la imagen y los grandes multimedias de la (in)comunicación.

Ahora bien. La batalla de ideas y la lucha por la hegemonía, urgentes, impostergables, insustituibles, no excluyen ni cancelan la violencia revolucionaria. Antonio Gramsci era muy claro cuando nos enseña que hegemonía es la combinación de consenso y violencia. Nunca hay consenso puro, como tampoco existe violencia pura. Siempre hay una combinación de ambos. Ni el régimen más despótico (pensemos en Pinochet o Videla) desestimó la construcción del consenso. Ni los regímenes más “pacíficos” (pensemos en Suecia o Noruega, paraísos añorados por todo socialdemócrata que se precie de tal) cancelan la violencia. ¿El político socialdemócrata y pacifista Olof Palme falleció de muerte natural? ¿En Francia no hay servicios de inteligencia? ¿No hay policía en Alemania ni grupos de choque antidisturbios? ¿En el estado español no se tortura y no se reprimen las manifestaciones?

Todo proyecto revolucionario en nuestra América debe combinar la batalla de las ideas, la lucha por la nueva hegemonía, la creación de consenso con la estrategia de confrontación y el manejo de todas las formas (actuales o potenciales según el país) de lucha. Prepararse en todos los terrenos es la gran tarea del momento.

En cuarto lugar, se habla de la insurgencia colombiana y se le aconseja que la lucha armada ya no tendría vigencia. Eso fue lo primero que dijo Fidel. Respondiendo a las críticas que recibió, aclaró más tarde que no deberían entregar las armas, aunque la idea en cierto modo rondaba la polémica, por eso tuvo que aclarar, sino no hubiera hecho falta.

Preguntémonos entonces: ¿deberían entregar las armas? ¿A nombre de qué? ¿Las guerrillas deben rendirse? ¿Es que acaso ya hay garantías democráticas, participación popular, nivel de vida digno para los humildes, respeto a la mujer, defensa del medio ambiente y soberanía completa para el pueblo colombiano? ¿Se acabaron los paramilitares? ¿Ya no hay presos políticos en Colombia? ¿Todos los torturadores, violadores y asesinos de la motosierra han sido juzgados y encarcelados?

¿Por qué exigirle a la guerrilla que se arrodille sin condiciones? ¿Nos olvidamos de los 5000 asesinados de la Unión Patriótica, cuando las FARC intentaron una salida política y los aniquilaron como moscas ante el silencio cómplice de gran parte del progresismo ilustrado y bienpensante? ¿Alguien le pide al ejército colombiano, por ejemplo, que deposite todas sus armas en una plaza de Bogotá? Cualquier persona con sentido común lo vería como un despropósito. ¿No es cierto?

La legitimidad de la insurgencia colombiana no se puede anular por decreto. Además, la mejor manera de que los yanquis no enfoquen toda su energía represiva y contrarrevolucionaria sobre el heroico pueblo cubano que tan valientemente ha resistido durante tantos años al bloqueo, es que se mantengan las actuales resistencias antimperialistas (Colombia, Palestina, Irak, Afganistan) y surjan incluso nuevas resistencias. Que la insurgencia colombiana —especialmente las FARC— siga existiendo y desarrollándose es la mejor garantía para que la Venezuela bolivariana no sea cercada por el títere del los yanquis Uribe y así pueda profundizar su proceso. Que sigan existiendo las FARC es la mejor garantía para que los yanquis tengan que dispersar sus fuerzas ayudando de este modo a que la Cuba de Fidel se mantenga firme sin ceder un milímetro, como siempre lo ha hecho. Esa era precisamente la estrategia del Che en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”: multiplicar las luchas para dispersar la fuerza del enemigo. Hoy no es Vietnam sino Colombia, Palestina, Irak, el país vasco y Afganistán. La estrategia del Che sigue siendo actual y pertinente, adaptada a nuestra coyuntura.

¡La mejor defensa de Cuba hoy pasa por la continuidad de las luchas sociales radicales, sindicales, campesinas, estudiantiles y político-militares, contra el capitalismo y el imperialismo en toda América Latina, incluida la resistencia armada de los guerrilleros y las guerrilleras colombianas! Flaco y delgado favor le harían a Cuba si las FARC abandonaran la lucha armada, según mi modesta opinión.

En quinto lugar, considero un error —producto de toda exageración que suele acompañar a las polémicas— contraponer las virtudes de Marulanda por sobre el Che, como por momentos deja sugerir uno de los escritos de Petras. ¿Hay que elegir entre uno y otro? Sinceramente no lo creo. Ernesto Guevara y Manuel Marulanda son dos de los grandes símbolos de lo mejor que produjo nuestro continente. La juventud de todo el mundo (incluida la cubana y la argentina) debería aprender de ambos, no de uno u otro. Fidel es también otro de esos maestros, aunque se pueda disentir fraternal y respetuosamente con él en una opinión puntual.

El gobierno colombiano vaticina el ocaso definitivo de las FARC. ¿Es realista ese diagnóstico?

Reitero que no soy colombiano y que tampoco aspiro a ser un inspector de otras realidades. Sin embargo, por lo poco que conozco, esos vaticinios triunfalistas ya son habituales y hasta “folclóricos” en Colombia, donde diversos gobiernos anunciaron la muerte de Marulanda una cantidad innumerable de veces, durante décadas, muchísimo antes de su reciente fallecimiento. Esos vaticinios dan risa y provocan la sonrisa. Lo mismo hacía el tirano Somoza, poco antes de ser derrocado por la insurgencia sandinista. Somoza decía “son unos forajidos, ya los tenemos derrotados” escaso tiempo antes de caer. Yo no compraría “carne podrida”, como suelen decir los periodistas en Argentina (esto es: información falsa carente de veracidad). La derrota terminal, ocaso final y disolución de la guerrilla de las FARC tiene más que ver con los deseos de los narco guerreristas y toda la política mafiosa de un gobierno ilegítimo (cuestionado por la Corte Suprema de la justicia colombiana) que con la verdad histórica. En cuanto a la delirante y macartista acusación del gobierno colombiano y de su patrón yanqui, quienes acusan a las FARC de ser un grupo “terrorista” me limito a recordar el análisis del libro del brillante intelectual estadounidense Noam Chomsky Estados canallas (editorial Paidos) quien demuestra en forma contundente y demoledora que las FARC no son terroristas, narcos ni nada parecido.

¿La crisis financiera del capitalismo coincide con el fin de las FARC?

La crisis financiera recién comienza. Es más que probable que se profundice. Hasta los periódicos más conservadores y neoliberales así lo vaticinan. Nada tiene que ver ese fenómeno del capitalismo con una supuesta derrota de las rebeliones y rebeldías populares, incluyendo dentro de estas últimas la lucha de la insurgencia colombiana de las FARC. Mientras que el capitalismo está en crisis, las rebeldías aumentan y crecen, acompañadas de nuevos sujetos sociales que comienzan a luchar (el caso de los indígenas colombianos es muy expresivo en este sentido). Por lo tanto, esa supuesta coincidencia no es tal, desde mi punto de vista.

Algunos sectores de la izquierda consideran que las FARC deben terminar con la lucha armada y entregar a todos los prisioneros de guerra sin condiciones. ¿Qué opina al respecto?

Lo deseable sería que todos los seres humanos vivieran en el planeta Tierra de manera armoniosa y pacífica. ¿Quién puede desear lo contrario? Sólo un loco o un perverso. Pero lamentablemente vivimos desde hace milenios en sociedades divididas en clases sociales, con explotadores y explotados, con gente que ejerce el poder y gente que se resiste. Mientras existan clases sociales antagónicas habrá contradicciones y confrontaciones, habrá luchas de clases. La modalidad más alta de esas confrontaciones sociales, según Antonio Gramsci, son las guerras civiles. Lenin —disculpas por citar a alguien tan vigente y tan demonizado… pero ya es hora de comenzar a recuperar todo lo que perdimos en el terreno teórico durante los últimos 25 años— consideraba que las guerras civiles se desarrollan no entre unos pocos locos sueltos, de un lado, y todo el pueblo del otro lado, sino entre dos partes del pueblo. Las guerras civiles de verdad, no la de los pizarrones y los libros de epopeya o las películas de Hollywood, se despliegan y tienen lugar entre dos partes del pueblo. En esas guerras, en esas confrontaciones de clases, en esas luchas de clases aparece el problema de los prisioneros. No puede apelarse a un falso e hipócrita humanitarismo estilo de la ONU o el Vaticano, poniendo en un lado a “víctimas inocentes y virtuosas” y en el otro lado, a “guerrilleros monstruosos” representantes del “eje del mal”. Esa imagen macartista y maniquea que lamentablemente han logrado instalar muchos monopolios de (in)comunicación resulta insoportable y sinceramente provoca nauseas.

Además, en mi país todo el mundo comentó que cuando apareció ante los medios de comunicación la señora Ingrid Betancourt aparecía rozagante y luminosa. Nada tenía que ver la propaganda de una mujer maltratada, al borde la muerte. Parece que mal no la trataban los insurgentes para que apareciera de la noche a la mañana casi como una modelo televisiva. ¿no es cierto? Eso me lo comentó mucha gente en Argentina, incluso gente que no es de izquierda ni simpatiza con el socialismo. Se trata de una evidencia de sentido común.

Entonces, el problema de los prisioneros y las prisioneras debe analizarse desde el ángulo de la lucha de clases del pueblo contra los explotadores, eludiendo el falso atajo de la CNN y otras agencias similares que manipulan la verdad y construyen lo que ellos quieren para convencer a millones.

Nunca entendí porqué las FARC deberían entregar a los prisioneros militares (colombianos o yanquis que hoy participan y actúan en la guerra civil colombiana) a cambio de… ¡nada!. ¿De nada? ¿No hay prisioneros insurgentes en las cárceles de Colombia? ¿Nadie se enteró que hay más de medio millar de combatientes presos en las peores condiciones inimaginables? El propio gobierno de Uribe se vanagloria públicamente de haber apresado durante su primer gobierno nada menos que 150.000 (ciento cincuenta mil) civiles, muchos de ellos acusados de supuestos “vínculos con las FARC”. ¿Por qué nadie habló durante la crisis del caso Betancourt de las presas políticas del pueblo violadas en las mazmorras del régimen de Uribe? Hubo muchas misas hipócritas (a una de ellas asistió la presidente argentina Cristina Kirchner, dicho sea de paso…). Misas y velas que pedían la libertad de un solo bando. ¿El humanitarismo ve de un solo ojo? ¿Es un humanitarismo tuerto? ¿Por qué no hacían misas por las prisioneras políticas torturadas y violadas? ¿No existen? Eso sólo se explica por la hipocresía de una moral burguesa (falsamente religiosa) que, repito, sencillamente da nauseas y ganas de vomitar.

Muchos movimientos actuales plantean siempre la unidad. ¿Cuáles serían en su opinión los pasos prácticos hacia ese objetivo?

La unidad es impostergable. Pero no unidad con los poderosos, no unidad con la burguesía, sino unidad de las rebeldías, unidad de la izquierda social, la izquierda política y la izquierda insurgente. Las tres son dimensiones de una misma batalla antimperialista y anticapitalista. Los pasos concretos podrían ser construir una agenda mínima de movilizaciones a nivel continental contra el imperialismo, por la defensa de los recursos naturales, por la defensa de los presos políticos del pueblo. Unidad concreta entre las coordinaciones de la Vía Campesina, la Coordinadora Continental Boliviana, el Encuentro Cono Sur y otras experiencias de articulación a nivel latinoamericano.

Desde la Coordinadora Continental Boliviana existe una propuesta de crear el Movimiento Bolivariano. ¿Cómo valora esa iniciativa?

Creo que es una propuesta interesante. Puede ayudar a confluir en el gran torrente de la lucha contra los poderosos del norte, porque el nuevo gobierno de Obama continuará aplastando y dominando a nuestros pueblos. Debemos prepararnos para enfrentar a un imperio con cara “multicultural”, presidente negro, generales gays, torturadoras mujeres… Construir un movimiento bolivariano donde converjan diversas rebeldías puede ser un paso importante hacia la unidad antimperialista continental.

¿Qué opina de constituir el 26 de marzo como día universal del derecho a la rebelión armada?

Si no estoy mal informado esa fecha ha sido elegida por la muerte del comandante Manuel Marulanda Velez. Creo que es una buena elección. Recordemos que el 8 de marzo fue elegido por la revolucionaria comunista Clara Zetkin como día universal de la mujer. Tal esta nueva fecha se transforme con el tiempo en una fecha emblemática…

¿Que le dicen estos tres nombres: Bolívar, Marulanda y Che?

Los tres sintetizan la historia de nuestra América. Bolívar, junto a San Martin, Tupac Amaru, Bartolina Sisa y Toussaint de Louverture, sin olvidarnos de Artigas, Mariano Moreno ni de Manuel Rodriguez, entre muchísimos otros, expresa el momento de la primera independencia americana. El Che sintetizó el momento más alto, a nivel mundial, de la rebelión por la segunda independencia. Manuel Marulanda, tan demonizado, tan injustamente “olvidado”, pero al mismo tiempo tan admirado por sus compañeros y compañeras, es el nombre que sintetizó la continuidad de la lucha revolucionaria del Che en tiempos de neoliberalismo, posmodernismo, socialdemocracia y contrainsurgencia “democrática”. Todos esos nombres son grandes maestros, espejos donde deberían mirarse las nuevas generaciones de jóvenes rebeldes. ¡Ninguno de ellos ha muerto! Todos están vivos, nos acompañan día a día en las nuevas rebeliones del siglo XXI por la Patria grande, la lucha antimperialista, el hombre nuevo, la mujer nueva y el socialismo.


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El Retorno



Éric Toussaint

Las crisis financiera, económica, alimentaria y climática tomaron un carácter dramático a escala mundial en 2008. Los efectos serán de largo plazo. Las respuestas dadas a las crisis en curso por las organizaciones internacionales y la mayoría de los Gobiernos hicieron crecer sus propias crisis de legitimidad. En efecto una gran parte de la opinión pública se da perfectamente cuenta de que se procede al salvataje de los banqueros sin ninguna consideración por el pueblo inocente. La conjunción de estas crisis muestra al pueblo la necesidad de liberarse de la sociedad capitalista y su modelo productivista ya que constituyen la raíz del problema.
El pensamiento neoliberal desarrolla el concepto de ineluctabilidad: el sistema que es, debe ser porque es; la mundializacion/globalización tal como se desarrolla es inevitable, todos y todas deben someterse.

Se sumerge así en el misticismo y el fatalismo. Con todo, una mirada atenta sobre la historia demuestra la incongruencia de la idea «de irreversibilidad». Tomemos el ejemplo del ámbito financiero. A principios del siglo XX, la libertad de los movimientos de capitales garantizada por el patrón oro, la libertad de los cambios garantizada por los Tratados sobre el comercio y la inversión parecían irreversibles. La primera guerra mundial vino a trastornar todo eso. En los años veinte, la omnipotencia de los mercados financieros parecía tan irreversible como pretende serlo actualmente. La quiebra de 1929 y la larga crisis que siguió obligaron a los gobiernos a supervisar estrechamente las actividades bancarias y financieras. Al final de la segunda guerra mundial, los gobiernos de los principales países capitalistas vencedores se pusieron de acuerdo para dotarse de instrumentos de control financiero en el nivel internacional. El FMI, en particular, tenía por objetivo velar por el este control (el artículo VI de su estatuto lo estipula explícitamente). Varios gobiernos de Europa Occidental emprendieron a partir de 1945 extensos programas de nacionalizaciones, incluso de bancos, bajo la presión del mundo del trabajo.

Las certezas teóricas neoliberales enunciadas actualmente no valen mucho más que las de los liberales o conservadores que estaban en el poder en los años veinte en vísperas de la quiebra financiera. El fracaso económico y el desastre social causados por los neoliberales de hoy podrían desembocar en nuevos grandes cambios políticos y sociales. La globalización no es una aplanadora que destroza todo a su paso: las fuerzas de resistencia están completamente presentes.
¿Por qué, por lo tanto, excluir que el descontento social se exprese nuevamente alrededor de proyectos de emancipación? No hay ni fatalidad económica ni situación política que resista a la acción de las fuerzas sociales.

La satisfacción de los derechos humanos fundamentales para el Sur

Sería inútil esperar de la lógica del mercado que cubriera las necesidades esenciales. 2.800 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día no disponen del poder adquisitivo suficiente para que los mercados se interesen por ellas. Sólo políticas públicas pueden garantizar, a todos y a todas, la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Esta es la razón por la que es necesario que los poderes públicos dispongan de los medios políticos y financieros que les permitan honrar sus compromisos y deberes con sus conciudadanos.

La aplicación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (1966) no se podrá obtener sino por la acción de un poderoso movimiento social y ciudadano. Es necesario, en primer lugar, poner fin a la hemorragia de los recursos que constituye el reembolso de la deuda.

No es necesario esperar que instituciones internacionales tomen por sí mismas la decisión de cancelar la deuda de los PED (Países en Desarrollo). Es la acción decidida de un Estado o de una coalición de Estados la que podrá conducir a tal medida. Los juristas que se reunieron en Quito en julio de 2008 tienen perfectamente razón al afirmar: «Sostenemos los actos soberanos de los Estados que, fundados en el Derecho, declaren la nulidad de instrumentos ilícitos e ilegítimos de la deuda pública, incluyendo la suspensión de los pagos.» |1|

Una vez logrado este primer paso, es esencial sustituir la economía de endeudamiento internacional actual por un modelo de desarrollo social justo y ecológicamente sostenible, independiente de las fluctuaciones de los mercados financieros y las condicionalidades de los préstamos del FMI y el Banco Mundial.

Para que una anulación de deuda sea útil para el desarrollo humano es necesario que las sumas destinadas hasta el momento de la anulación al pago de la deuda, sean utilizadas en adelante para el desarrollo humano. Las nuevas modalidades deben ser determinadas de manera democrática por cada país en cuestión.

Poner fin a los planes de ajuste estructural


Los planes de ajuste estructural, que llevan este nombre o que las instituciones financieras internacionales, predicando la liberalización total de las economías del Sur, hayan rebautizado «Cuadros estratégicos de lucha contra la pobreza», tienen por consecuencia el debilitamiento de los Estados, volviéndolos más dependientes de fluctuaciones exteriores (evolución de los mercados mundiales, ataques especulativos, etc.) y su sumisión a condicionalidades inaceptables impuestas por el tándem Banco Mundial /FMI y, detrás, por los gobiernos de los países acreedores agrupados en el Club de París. El balance humano de las políticas de ajuste estructural es trágico. Éstas deben ser suprimidas y sustituidas por políticas que se destinen con prioridad absoluta a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales, orientadas hacia la soberanía y la seguridad alimentaria y la búsqueda de complementariedades regionales.

Los planes de ajuste estructural van más allá «… de la simple imposición de un conjunto de medidas macroeconómicas en el nivel interno. Estas medidas son la expresión de un proyecto político, de una estrategia deliberada de transformación social a escala mundial, cuyo principal objetivo es hacer del planeta un ámbito en el que las sociedades transnacionales podrán operar con total seguridad. En pocas palabras, los programas de ajuste estructural (PAE) desempeñan un papel de “ correa de transmisión” para facilitar el proceso de globalización, que pasa por la liberalización, la desregulación y la reducción del papel del Estado en el desarrollo nacional». ONU-CDH, Informe conjunto del experto independiente Fantu Cheru y del Relator especial, E/CN.4/2000/51, 14 de enero de 2000.

La Comisión de derechos humanos de la ONU |2| adoptó numerosas Resoluciones sobre la problemática de la deuda y del ajuste estructural. En una ellas, adoptada en 1999, la Comisión afirma que «el ejercicio de los derechos fundamentales de la población de los países endeudados: a la alimentación, al alojamiento, a la vestimenta, al trabajo, a la educación, a los servicios de salud y a un medio ambiente sano, no puede supeditarse a la aplicación de políticas de ajuste estructural y a reformas económicas generadas por la deuda» (1999, Artículo 5).

Devolver a los ciudadanos de los PED lo que les han robado


Riquezas considerables, acumuladas ilícitamente por gobernantes y capitalistas locales, se depositaron en los países más industrializados, con la complicidad de las instituciones financieras privadas y la complacencia de los gobiernos del Norte. La restitución de estas riquezas implica el resultado de procedimientos judiciales iniciados a la vez en los países del Tercer Mundo y en los países más industrializados. Tales investigaciones permitirían por otro lado no dejar impunes a corruptos y corruptores: es la única manera de lograr, algún día, poder ver a la democracia y a la transparencia superar la corrupción. Se trata también de exigir reparación por el saqueo al cual el Tercer Mundo es sometido desde hace cinco siglos. Eso implica, en particular, la restitución de bienes económicos y culturales robados a los continentes asiático, africano y suramericano.

«Los Estados proporcionarán reparación por medio de mecanismos eficaces, que podrán incluir la restitución, establecidos conjuntamente con los pueblos indígenas, respecto de los bienes culturales, intelectuales, religiosos y espirituales de que hayan sido privados sin su consentimiento libre, previo e informado o en violación de sus leyes, tradiciones y costumbres.» Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas. |3|

Instaurar un impuesto excepcional a las grandes fortunas

En su informe de 1995, la CNUCED propone efectuar una única exacción («one-shot») sobre el patrimonio de las grandes fortunas. Tal impuesto, aplicado a lo largo y a lo ancho de todo el mundo, permitiría movilizar fondos considerables. Este impuesto excepcional (diferente de un impuesto recurrente sobre el patrimonio, tal como existe en algunos países del planeta) podría ser aplicado alternativamente a escala nacional. Tal impuesto excepcional de solidaridad podría generar recursos considerables. Según el World Wealth Report 2008 |4| publicado por las sociedades Merrill Lynch y Capgemini, 10,1 millones de personas en el mundo tienen más de 1 millón de dólares en activos y su riqueza acumulada alcanza 40,7 billones de dólares, lo que representa 30 veces la deuda exterior pública de todos los países en desarrollo… Por lo tanto, como ejemplo, un impuesto del 10% excepcional sobre este patrimonio aportaría más de 4 billones de dólares sin por ello condenarlos a la miseria…

El orden económico dominante «comenzó a imponerse cuando la gran mayoría de los países en vías de desarrollo eran aún países dependientes y no podían, por lo tanto, participar en su formación; era pues inevitable que fuese, desde el principio, un orden no equitativo y contrario a sus intereses. […] El orden económico internacional actual es ciertamente injusto, principalmente porque los países ’en desarrollo’ no participaron en su formación y porque son ellos quienes sufren hoy la mayor parte de sus efectos negativos. Este hecho impone pues reparar la situación en pos del interés superior de los derechos humanos.» Raúl Ferrero, Relator especial de la ONU sobre el Nuevo orden económico internacional y sobre la promoción de los derechos humanos, 1983 |5|

Numerosas indefiniciones subsisten. ¿Qué impuesto (tasa) imponer? ¿Una tasa única? ¿Una tasa progresiva? ¿Qué parte de los fondos iría a proyectos mundiales? ¿A los proyectos continentales? ¿Un fondo para la reforestación? ¿Un fondo para la desnuclearización completa? ¿Qué prioridades y qué proyectos? ¿Determinados por quien? ¿La Asamblea General de la ONU precedida por los referéndums nacionales? ¿Continentales? ¿Qué parte iría a proyectos locales? Pero algo es seguro: es necesario comprometerse en esta vía, y en forma más generalizada, instaurar un sistema fiscal realmente redistributivo, que dé a las autoridades públicas los medios para cumplir sus obligaciones con sus ciudadano(a)s respecto a los derechos económicos, sociales y culturales.

Redistribuir equitativamente las riquezas a nivel planetario


Jamás la riqueza ha estado tan desigualmente repartida en el mundo. Con el objeto de luchar contra este crecimiento dramático de la desigualdad, es imprescindible la instauración de impuestos (tasas) internacionales, que podrían tomar varias formas: impuestos de tipo Tobin sobre la especulación financiera (como la recomendada por la red ATTAC), un impuesto sobre los beneficios de las sociedades transnacionales (en 2006, Total obtuvo el mayor beneficio anual de la historia de la economía francesa, un valor de 12.585 millones de euros, una tercera parte del cual se distribuyó entre su accionistas en forma de dividendos…), un impuesto sobre las industrias contaminantes, etc. Esos ingresos deben ser usados en la lucha contra la desigualdad, para la educación, la salud pública, la soberanía alimentaria, la promoción de los bienes públicos y para la protección del medio ambiente.

¿Un impuesto sobre los billetes de avión?

Damien Millet

Después del nacimiento de la asociación Attac en 1998, el debate sobre el concepto de impuesto internacional no dejó de tomar amplitud. En 2003, Jacques Chirac, presidente francés, creó una comisión con el fin de reflexionar «sobre la posibilidad de nuevas contribuciones financieras internacionales para reducir la pobreza, favorecer el desarrollo, y financiar los bienes públicos globales, como el medio ambiente, la salud pública o los recursos escasos». |6| Entre las propuestas seleccionadas en el informe |7| de 2004, el ex presidente francés eligió instaurar un impuesto sobre los billetes de avión. En julio de 2006, Francia fue el primer país que hizo realidad este impuesto que variaba entre 1 y 40 euros por billete de avión, según el destino y la clase de viaje. Numerosos jefes de Estado se comprometieron a seguir el ejemplo, pero en agosto de 2008 sólo pocos países aplicaban tal impuesto. |8| Su producto, estimado en 300 millones de dólares al año, abastece a Unitaid, una organización que facilita la compra a bajo precio de medicamentos contra el SIDA, la tuberculosis y el paludismo, con destino a los PED.

Se ruega a los ciudadanos aplaudir. ¿Pero es tan simple? La contribución de Unitaid es la prueba de que un impuesto internacional es perfectamente realizable, pero ese es su único mérito, ya que no parece haber sido objeto de una verdadera reflexión sobre los objetivos pretendidos y los medios a aplicar para alcanzarlos. Si el objetivo es mejorar los sistemas de salud en los PED, la anulación de la deuda y el abandono de las políticas de ajuste estructural habrían sido palancas mucho más acertadas, puesto que los Estados del Sur reembolsaron 190.000 millones de dólares a sus acreedores en 2007, lo que representa más de 600 veces el importe que recibe Unitaid. Por supuesto, otras medidas son indispensables para mejorar la salud pública: el final de las patentes sobre los medicamentos y la producción a amplia escala de medicamentos genéricos de alta calidad proporcionados gratuitamente a las poblaciones que las necesitan. Si el objetivo es avanzar sobre el tema de un impuesto internacional, la elección de los billetes de avión dista mucho de ser la mejor, puesto que se trata finalmente de un impuesto sobre el consumo, no de un impuesto que contempla básicamente a los que acumulan más riquezas, como un impuesto sobre la especulación financiera o sobre los beneficios de las sociedades transnacionales. Los trabajadores africanos que emigran a un país rico con el fin de enviar fondos para la supervivencia de su familia que permanece en África pagan este impuesto cuando vuelven a su país. Limitándose a actuar al margen de la universalización financiera, esta contribución sobre los billetes de avión evita todo cuestionamiento de las elecciones macroeconómicas |9| que condujeron al sector de la salud al callejón sin salida actual.

Llevar la ayuda oficial al desarrollo (AOD) como mínimo al 0,7 % del PIB


La AOD no cumple el papel que debería tener. No se compromete teniendo en cuenta las necesidades al Sur, sino en función de los intereses geopolíticos, comerciales y de propaganda mediática de los países donantes. Se trata como un anuncio publicitario, solamente se seleccionan los proyectos visibles y rentables, las empresas implicadas son en general las del país de donde viene el dinero, demasiadas manipulaciones estadísticas tienen lugar y el contorno de la AOD es borroso: incluye préstamos con una tasa reducida que se reembolsarán hasta el último céntimo, las condonaciones de deuda, los gastos de enseñanza (gastos de escolaridad de los estudiantes del Sur en los países en cuestión), la recepción de los refugiados (y demasiado a menudo la vuelta por la fuerza a su país de origen), los gastos de misiones de expertos que realizan peritajes bien poco útiles, el salario de cooperadores que benefician raramente a las poblaciones desamparadas… La parte de la AOD que llega in situ y es aprovechada por los más pobres es ridícula. La triplicación de la AOD permitiría lograr sumas sustanciales. Por fin, para hacerlo bien, la AOD debería pagarse enteramente en forma de subvenciones y, más que de hablar de ayuda o subvención, convendría en adelante utilizar el término «reparación». Se trata, en efecto, de reparar los daños causados por siglos de saqueo e intercambio desigual.

En este contexto, la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados adoptada por la ONU en 1974 |10| es una contribución importante. El Capítulo 1 prescribe que las relaciones entre Estados deberían ser reguladas por una serie de principios entre los cuales figura en el acápite i) el de «Reparación de injusticias que han sido impuestas por la fuerza y que privan a una nación de los medios naturales necesarios para su desarrollo normal.» El artículo 17 prescribe la obligación general de los Estados de cooperar en el desarrollo de los Estados más necesitados, concretamente afirma la necesidad: «de cooperar a los esfuerzos de los países en vías de desarrollo para acelerar su progreso económico y social garantizándoles condiciones exteriores favorables y aportándoles una ayuda activa, conforme a sus necesidades y a sus objetivos en cuanto a desarrollo, en cumplimiento riguroso de la igualdad soberana de los Estados y sin condiciones que afectan a su soberanía.» Una obligación similar, que incluye a todos los Estados, «de responder a las necesidades y objetivos de desarrollo generalmente reconocidos o mutuamente aceptados de los países en vías de desarrollo», figura en el artículo 22 |11|.

Garantizar la vuelta al ámbito público de los sectores estratégicos que se privatizaron

Las reservas y la distribución de agua, la generación y distribución de electricidad, las telecomunicaciones, el correo, los ferrocarriles, las empresas de extracción y de transformación de bienes primarios, el sistema de crédito, algunos sectores de la educación y de la salud… han sido sistemáticamente privatizados o están en vías de serlo. Resulta conveniente asegurar el retorno de esas empresas al dominio público.

Todo Estado tiene derecho a: «Nacionalizar, expropiar o transferir la propiedad de bienes extranjeros, en cuyo caso el Estado que adopte esas medidas deberá pagar una compensación apropiada, teniendo en cuenta sus leyes y reglamentos aplicables y todas las circunstancias que el estado considere pertinentes. En cualquier caso en que la cuestión de la compensación sea motivo de controversia, ésta será resuelta conforme a la ley nacional del Estado que nacionaliza y por sus tribunales... » ONU, Carta de los derechos y deberes económicos de los Estados, 1974, artículo 2/2

Adoptar modelos de desarrollo parcialmente autocentrados

Este tipo de desarrollo supone la creación de zonas política y económicamente integradas, la aparición de modelos de desarrollo endógenos, un refuerzo de los mercados internos, la creación de un ahorro local para financiamientos locales (mientras que en muchos países, las sumas colocadas en el extranjero por los más ricos sobrepasan el importe de la deuda exterior del país), el desarrollo de la educación y la salud ambas públicas y gratuitas, la instauración de un impuesto progresivo y de mecanismos de redistribución de las riquezas, una diversificación de las exportaciones, una reforma agraria que garantice un acceso universal a la tierra a los campesinos, una reforma urbana que garantice un acceso universal al alojamiento, etc.

En la arquitectura mundial actual, es necesario sustituir reagrupaciones económicas regionales. Sólo tal desarrollo parcialmente autocentrado permitirá la aparición de relaciones de complementariedad Sur-Sur, condición sine qua non para el desarrollo económico de los PED.

Si se quiere dar un contenido de justicia social al proyecto de integración Sur-Sur, es necesario que las autoridades públicas recuperen el control sobre los recursos naturales y sobre los grandes medios de producción, crédito y comercialización. Es necesario nivelar hacia arriba las conquistas sociales de los trabajadores y pequeños productores, reduciendo al mismo tiempo las asimetrías entre las economías. Es necesario sostener a los pequeños productores privados en numerosas actividades: agricultura, artesanía, comercio, servicios. El proceso de emancipación social que persigue el proyecto socialista del siglo XXI quiere liberar a la sociedad de la soberanía capitalista apoyando las formas de propiedad que tienen una función social positiva: pequeñas propiedades privadas, propiedad pública, propiedad cooperativa, propiedad comunal y colectiva, propiedad tradicional de los pueblos indígenas…

Actuar sobre el comercio

Es necesario reformar radicalmente las reglas del comercio. En lo que se refiere a la agricultura, como lo reivindica el movimiento campesino Vía Campesina, conviene reconocer el derecho de cada país (o grupo de países) a la soberanía alimentaria y, en particular, a la autosuficiencia para los productos básicos.

Las reglas del comercio mundial deben por otro lado supeditarse a criterios ambientales, sociales y culturales estrictos. La salud, la educación, el agua y la cultura deben excluirse del campo del comercio internacional. Los servicios públicos deben ser los garantes y deben por tanto ser excluidos del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), que prepara la liberalización total de los servicios públicos. Conviene, por otra parte, suprimir los Acuerdos sobre los derechos de propiedad intelectual relativos al comercio (ADPIC) que impiden los países del Sur producir libremente bienes (medicamentos, por ejemplo) destinados a la satisfacción de las necesidades de sus poblaciones.

«Todos los Estados tienen el derecho de asociarse en organizaciones de productores de materias primas con el fin de desarrollar sus economías nacionales... » Carta de los derechos y deberes económicos de los Estados, las Naciones Unidas, 1974.
Artículo 5

Se trata de establecer mecanismos que garanticen una mejor remuneración de la canasta de productos exportados al mercado mundial por los PED (estabilizar el precio de las materias primas en un nivel satisfactorio para los países productores, garantizar los beneficios de exportación, constituir stocks reguladores —lo que implica el abandono de stock cero—, etc.).

Para ir hacia tales mecanismos concertados, conviene apoyar los esfuerzos de los PED para constituir carteles de países productores. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), a menudo es denigrada aunque desempeña en varios aspectos un papel positivo |12|. La consecución de tales carteles podría permitir a la vez una reducción de los volúmenes exportados (lo que, por una parte, limitaría el agotamiento de los recursos naturales y, por la otra, permitiría el aumento de las superficies utilizadas para los cultivos alimentarios) y un aumento de los ingresos de exportación que deben volverse a invertir en el desarrollo por los países beneficiarios. ¿Por qué no hay un cartel de los productores de cobre (Chile no hace mucho tiempo representaba, él solo, el 30% de las exportaciones mundiales)? ¿Un cartel del café? ¿Un cartel del té? Etc.

Por otra parte, los PED deben poder recurrir a medidas de protección de sus producciones locales, en particular, como lo pide Vía Campesina, «la abolición de todo apoyo y subsidio directos o indirectos a las exportaciones», «a la prohibición de la producción y la comercialización de semillas y alimentos genéticamente modificados» y «a la prohibición de la patente de lo vivo así como a la apropiación privada del conocimiento relativo a la agricultura y a la alimentación».

“Para garantizar la independencia y la soberanía alimentaria de todos los pueblos del mundo, es crucial que los alimentos sean producidos mediante sistemas de producción diversificados, de base campesina. La soberanía alimentaria es el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas agropecuarias y en materia de alimentación, a proteger y regular la producción agropecuaria nacional y el mercado doméstico al fin de alcanzar metas de desarrollo sostenible, a decidir en qué medida quieren ser autosuficientes sin volcar sus excedentes en terceros países mediante la práctica del dumping. […] No se debe conceder primacía al comercio internacional por encima de otras metas sociales, ambientales, de desarrollo o culturales |13| . ” Vía Campesina

Adoptar una nueva disciplina financiera

Las crisis financieras de repetición de los años noventa y la crisis financiera mundial que estalló en 2008 probaron, por el absurdo, que ningún desarrollo sostenible podía alcanzarse sin un control estricto de los movimientos de capitales y de la evasión fiscal. Varias medidas son pues necesarias para llevar a los mercados financieros a la satisfacción de las necesidades humanas fundamentales: volver a regular los mercados financieros, controlar los movimientos de capitales, suprimir los paraísos fiscales y suprimir el secreto bancario para luchar eficazmente contra la evasión fiscal, la malversación de fondos públicos y la corrupción, adoptar normas garantizando la protección de los países que recurren a la deuda externa. Es pues necesario implantar una arquitectura financiera diferente, y la creación en diciembre de 2007 del Banco del Sur es un paso en este sentido.

Ante la crisis financiera, los gobiernos deberían tomar el control de los bancos privados sin indemnización. En el caso de la nacionalización de bancos privados al borde de la quiebra, es necesario que el gobierno recupere el coste de la operación de rescate de los depósitos de los ahorristas tomando esa suma del patrimonio de los grandes accionistas y de los administradores. En vez de salvar a los banqueros, es necesario salvar el ahorro y el crédito populares.

Suprimir los paraísos fiscales y otras actividades offshore
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Estos paraísos fiscales —y judiciales— tienen como efecto inflar la burbuja financiera y debilitar las economías legales (anualmente se blanquean entre 500.000 millones y 1,500 billones de dólares). El centro offshore de la City de Londres representa por sí solo un 40% del volumen de negocios realizado por los paraísos fiscales. En la lista de los principales paraísos fiscales aparecen: Suiza, Países Bajos, Irlanda, Gran Ducado de Luxemburgo, que representan alrededor de un 30%. El 30% restante pasa por unos sesenta destinos exóticos, como las islas Vírgenes, las islas Caimán, las Bermudas… Es necesario suprimir los paraísos fiscales y los centros offshore suprimiendo al mismo tiempo el secreto bancario para luchar eficazmente contra la evasión fiscal, la malversación de fondos públicos y la corrupción.

Asegurar un control democrático de la política de endeudamiento

La decisión de los Estados de contraer empréstitos y los términos en los que se suscriben deben presentarse a la aprobación popular (debate y voto en el Parlamento, control ciudadano). A este respecto, el proyecto de nueva Constitución boliviana prevé que en adelante sea la Asamblea legislativa plurinacional (se refiere a las varias naciones que se reconocen en el país, NdT) que autoriza el recurso al empréstito |15| . Del mismo modo, la Constitución ecuatoriana coloca, de manera transparente, la decisión del endeudamiento en las manos de los funcionarios electos por el pueblo.

“Art. 289.-La contratación de deuda pública en todos los niveles del Estado se regirá por las directrices de la respectiva planificación y presupuesto, y será autorizada por un comité de deuda y financiamiento de acuerdo con la ley, que definirá su conformación y funcionamiento. El Estado promoverá las instancias para que el poder ciudadano vigile y audite el endeudamiento público.” Constitución ecuatoriana 2008.

Garantizar a las personas el derecho de circulación y de radicación

Además de que la libertad de circulación y de radicación constituye un derecho humano elemental, es necesario tener en cuenta el hecho de que los envíos de los emigrantes hacia su familia de origen, que vive en un PED, representan un recurso considerable para decenas de millones de familias. Sólo en 2007, los envíos de los emigrantes representaron la suma de 240.000 millones de dólares, lo que representa cuatro veces más que la parte «subvención» del conjunto de la ayuda pública al desarrollo. Obviamente, sobre la base de una verdadera mejora de las condiciones de vida, que serán la consecuencia de la aplicación de las medidas preconizadas más arriba, las presiones migratorias disminuirán mucho. Es por ese ángulo por el que es necesario solucionar el problema, no por el del cierre de las fronteras a los seres humanos.
« En Haití y en Jamaica, ocho de cada diez diplomados universitarios emigran al extranjero. En Sierra Leona y en Ghana, son cinco diplomados de cada diez. Numerosos países de América Central Y del África subsahariana, así como ciertos países insulares del Caribe y del Pacífico, informan tasas de migración de personas muy calificadas en más de 50%.» Banco Mundial, «Migraciones internacionales, envíos de fondos y éxodo de competencias », 24 de octubre de 2005

Establecer la igualdad hombre-mujer

Aunque la expresión se puso de moda, esta igualdad es la clave absolutamente indispensable para una alternativa real. Es importante precisar, a la hora de las palabras ambiguas, que se trata efectivamente de «igualdad» que debe establecerse y no de «equidad». Estas dos palabras a menudo se emplean indiferentemente pero no cubren la misma necesidad ni la misma urgencia. El que tiene 6 manzanas y decide darlos a dos personas puede considerar «equitativo» dar 2 a uno y 4 al otro según criterios que le parezcan pertinentes. Lo mejor posible, por ello las mujeres viven de equidad: según las posibilidades objetivas, según los partidos en el poder, según la jerarquía de las urgencias… A este nivel, es útil actualizar las ideologías que, incluso progresistas, dejaron de lado la lucha por la emancipación de las mujeres.

Las mujeres no son seres humanos rebajados y, en todos los casos, deben beneficiarse del mismo tratamiento que los hombres en todos los ámbitos. En primer lugar en la esfera pública: los derechos civiles y políticos, los derechos económicos, sociales y culturales. ¡Cada uno y cada una sus 3 manzanas! Y sobre todo en la esfera privada: en las familias, los hogares, las comunidades. Ya que es en última instancia allí es que el patriarcado se refugia cuando se logran avances en la sociedad. Allí pueden subsistir los deseos de poder, allí es donde se producen las compensaciones frente a las injusticias externas. ¡El que se siente esclavo o explotado afuera, se convierte en potentado en su hogar por la gracia del patriarcado! El feminismo, como instrumento de la emancipación de las mujeres y de la lucha contra el patriarcado, es pues parte integral de la alternativa, no es negociable.

«Los Estados deben adoptar, a nivel nacional, todas las medidas necesarias para la consecución del derecho al desarrollo y deben garantizar, en particular, la igualdad de oportunidades de todos para el acceso a los recursos básicos, a la educación, a los servicios de salud, a la alimentación, al alojamiento, al empleo y a una distribución equitativa de la renta adoptarse. Deben adoptarse medidas eficaces para garantizar una participación activa de las mujeres en el proceso de desarrollo. Deben hacerse reformas económicas y sociales convenientes con el fin de eliminar todas las injusticias sociales.» ONU, Declaración sobre el Derecho al Desarrollo |16|

Garantizar el derecho de los pueblos indígenas a la autodeterminación

La visión jerarquizada de la historia del mundo implica muy a menudo una visión racista de las relaciones sociales. ¡Con qué condescendencia a menudo, incluso en los textos mejor intencionados, se abordan los derechos de las «comunidades indígenas»! A menudo minoritarias por la «fuerza» de los acontecimientos históricos, como las masacres y los saqueos de los colonos, los pueblos nativos están en estado de alerta permanente para salvaguardar sus derechos. E incluso, siempre que el pueblo nativo sea mayoritario con relación a los descendientes de los colonos blancos, por ejemplo en varios países andinos, el racismo invierte la jerarquía de los valores y da todos los derechos a las minorías dominantes. La autonomía constituye pues un medio político para llevar a hombros la pretensión de los derechos. Esta autonomía no puede adquirirse, una vez más, sino por la creación de una relación de las fuerzas: por ello, durante las últimas décadas, por todas partes en el mundo, los pueblos indígenas rechazaron la oferta del modelo dominante y se plantaron contra las multinacionales, contra los gobiernos, contra las instituciones internacionales, para hacer valer su derecho, su elección de sociedad. Nuevas Constituciones en Bolivia, Venezuela, Ecuador ratifican estas luchas y abren el campo a una justa autonomía de los pueblos nativos, permitiéndoles vivir o hacer revivir los hábitos, las tradiciones, el derecho, la concepción de la política, la concepción de la democracia que son los suyos. ¿Es el mejor medio, es la única vía que debe seguirse? La reflexión merece llevarse en las filas de los movimientos sociales. Lo que queda claro, es que autonomía permitirá a los pueblos beneficiarios probar el fundamento de sus elecciones y a las otras comunidades de encontrarlos en pie de igualdad.

En septiembre de 2007, y después de más de veinte años de negociaciones, la Asamblea General de la ONU adoptó una «Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas» |17|, que reconoce, en particular, para las aproximadamente 370 millones de personas en esa categoría: «el derecho a la autodeterminación» y «el derecho a definir y elaborar prioridades y estrategias con el fin de ejercer su derecho al desarrollo», con el fin de proteger sus culturas y la integridad de sus tierras, sin ninguna forma de discriminación. Algunas reparaciones están previstas incluso para los perjuicios sufridos: «El pueblo autóctono privado de sus medios de subsistencia y desarrollo tiene derecho a una indemnización justa y equitativa.» Aunque esta declaración no tiene el valor jurídico y vinculante de un Tratado, es un paso adelante que es necesario saludar. Hay que indicar que once países, entre ellos Rusia y Colombia, se abstuvieron, mientras que otros cuatro (Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) votaron en contra |18| .

Proteger los bienes comunes de la humanidad

La reflexión sobre los bienes comunes de la humanidad está en el centro de los debates altemundialistas. El nombre que se les da varía (bienes públicos, patrimonio de la humanidad…) y el campo que cubren tiene tendencia a ampliarse. Hacer una lista y una clasificación de los bienes comunes requiere pues una extensa consulta democrática donde se reflejan historias y culturas diferentes.

El concepto «bien común» coincide con el concepto de «derecho» en muchos aspectos. La protección de los bienes comunes quiere en efecto garantizar el derecho y el acceso de todos: al agua, al aire puro, a la energía, a la comida, al transporte, a la educación básica y también al conocimiento en sentido amplio, al derecho al desarrollo, a la igualdad, a la libertad, al placer, en resumen, el derecho a la vida. Se enunciaron magníficamente todos estos derechos en las cartas y pactos de las Naciones Unidas.

A escala planetaria, otros derechos deben garantizarse: el derecho universal a un empleo digno por una reducción radical del tiempo de trabajo, que se opone a la lógica actual en la que se ven desocupados (parados) coexistir con asalariados agotados y corroídos por la tensión; el derecho universal a una renta de ciudadanía; la defensa de los sistemas de jubilación por distribución, en comparación con el sistema de jubilación por capitalización (la instauración de un sistema por distribución allí donde no existe); la gratuidad de la educación (nivel universitario incluido) y la salud; extensos programas de trabajos públicos socialmente útiles y preservando el medio ambiente (por ejemplo, construcción de alojamientos y adaptación urbana, renovación del hábitat existente, infraestructura de transportes colectivos por ferrocarril…) ; gratuidad del transporte públicos; campañas de alfabetización, vacunación, asistencia sanitaria primaria, como fue el caso, con resultados extraordinarios, en Nicaragua entre 1980 y 1983 o en Venezuela en 2003-2005.

La cuestión de la democracia política es obviamente central. Sin la intervención activa de los/las ciudadanos/as a todos los niveles de la decisión política, el conjunto de las propuestas presentadas aquí no tiene verdaderamente sentido.
Construir una nueva arquitectura internacional
Es necesario optar por propuestas que redefinan radicalmente el fundamento de la arquitectura internacional (misiones, funcionamiento…). Retomemos el caso de la OMC, del FMI y del Banco Mundial, organizaciones que es necesario reemplazar.

La nueva OMC debería aspirar en el ámbito del comercio a garantizar el cumplimiento de una serie de pactos internacionales fundamentales, comenzando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todos los otros tratados fundamentales en cuanto a derechos humanos (individuales o colectivos) y ambientales. Su función sería supervisar y regular el comercio de tal modo que se ajuste rigurosamente a las normas sociales (convenios de la Organización Internacional del Trabajo - OIT) y ambientales. Esta definición se opone de manera frontal a los objetivos actuales de la OMC. Esto implica obviamente una estricta separación de los poderes: es inaceptable que la OMC, como, por otra parte, cualquier otra organización, posea su propio tribunal. Es necesario pues suprimir el Órgano de Resolución de Conflictos.
La organización que sustituirá al Banco Mundial, que será una organización fuertemente regionalizada (los Bancos del Sur podrían conectarse), tendría por función proporcionar préstamos a tasas de interés muy bajas o nulas y subvenciones que sólo podrían concederse a condición de utilizarse cumpliendo rigurosamente las normas sociales y ambientales y, más generalmente, los derechos humanos fundamentales. Contrariamente al Banco Mundial actual, el nuevo banco, cuyo «mundo» tiene necesidades, no pretendería representar los intereses de los acreedores e imponer a los deudores un comportamiento de oferta al mercado-rey, tendría por misión prioritaria la defensa de los intereses de los pueblos que reciben los préstamos y las subvenciones.

El nuevo FMI, por su parte, debería reencontrar una parte de su función original para garantizar la estabilidad de las monedas, luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales, actuar para prohibir los paraísos fiscales y el fraude fiscal. Para lograr este objetivo, podría colaborar con las autoridades nacionales y los fondos monetarios regionales en el cobro de distintos impuestos internacionales.

Todas estas pistas requieren la elaboración de una arquitectura mundial coherente, jerarquizada y dotada con una división de los poderes. La clave debería ser la ONU, siempre que su Asamblea General se convierta en la verdadera instancia de decisión —lo que implica suprimir el estatuto de miembro permanente del Consejo de Seguridad (y el derecho de veto que le está vinculado)—. La Asamblea General podría delegar misiones específicas a organismos ad hoc.

Creemos en la posibilidad y en la necesidad de la reforma de la ONU por tres razones: su carta es globalmente progresista y democrática; el principio de su composición es democrático (un Estado = un voto) —incluso se debería completar, tal como se ha sugerido más arriba, con un sistema de representación proporcional y directa—; en los años 60 y 70, la Asamblea General adoptó resoluciones y declaraciones claramente progresistas (que en principio aún no han sido aplicadas) y estableció algunas instituciones útiles (la OIT, la CNUCED, la OMS…).

Otro tema al que aún no se dio la suficiente importancia es el de un dispositivo internacional de derecho, de un poder judicial internacional (independiente de las otras instancias de poder internacional), que complete el dispositivo actual constituido principalmente por el Tribunal Internacional de La Haya y por el joven Tribunal Penal Internacional. Con la ofensiva neoliberal de los veinte últimos años, la ley del comercio dominó progresivamente a la ley del derecho público. Instituciones internacionales no democráticas como la OMC y el Banco Mundial funcionan con su propio órgano de justicia: el Órgano de resolución de conflictos en la OMC y el CIADI cuyo papel aumentó excesivamente. Algunos miembros permanentes violan regularmente la carta de la ONU en su Consejo de Seguridad. Se crean algunos nuevos espacios de no derecho (los presos sin derecho encarcelados en Guantánamo por Estados Unidos). Este país, después de haber desafiado al Tribunal Internacional de La Haya (en el que ha sido condenado en 1985 por haber atacado a Nicaragua), rechaza el Tribunal Penal Internacional. Todo eso es extremadamente preocupante y requiere urgentemente iniciativas para completar un dispositivo internacional de derecho.

Mientras tanto, es necesario obligar a instituciones tales como el Banco Mundial y el FMI a rendir cuentas a la justicia. En efecto, mientras que en principio están sujetas del derecho internacional y, en particular, al conjunto de los Tratados relativos a los derechos humanos, estas dos instituciones (a las cuales es necesario añadir los bancos regionales de desarrollo) hacen caso omiso de ellos.
«El agravamiento de la desnutrición, el retroceso de la tasa de escolaridad y el aumento del desempleo fueron imputados a las políticas de ajuste estructural. Ahora bien, estas mismas instituciones [el FMI y Banco Mundial] siguen prescribiendo la misma terapia y poniéndolas como condición para que los países puedan beneficiarse de una reducción de la deuda, negando la evidencia - a saber que los programas de ajuste estructural acentuaron incuestionablemente la pobreza. » Fantu Cheru, Relator especial de la ONU |19|

Por otra parte, estas instituciones sostuvieron (y sostienen aún) activamente regímenes dictatoriales, y desestabilizaron (y desestabilizan aún ahora) a gobiernos democráticos que llevan a cabo políticas que desagradan en Washington y en otras capitales. La lista de sus fechorías es larga y los delitos que cometieron y cometen aún son muy graves. Es necesario comenzar pleitos en su contra en distintas instancias habilitadas a hacerlo, comenzando por órganos jurisdiccionales nacionales |20|.

Traducción : Guillermo Parodi con Griselda Pinero y Raul Quiroz

Notas al pie de la páginas:

|1| Ver el texto integral de la declaración final: www.cadtm.org/spip.php ?article3616. Para una ampliación detallada desde el punto de vista del derecho internacional a favor de un acto soberano unilateral, ver Hugo Ruiz Díaz Balbuena, « La décision souveraine de déclarer la nullité de la dette ou la décision de non paiement de la dette : un droit de l’Etat » (La decisión soberana de declarar la nulidad de la deuda o la decisión de no pago de la deuda: un derecho del Estado), www.cadtm.org/spip.php?article3680

|2| Refiriéndose a las investigaciones de ponentes especiales, de grupos de trabajo de expertos y del Secretario General de la ONU.

|3| Artículo 11, sección 2. Esta declaración fue adoptada en septiembre de 2007. Ver más adelante.

|4| Disponible en www.ml.com/media/100472.pdf

|5| Estudio sobre el nuevo orden económico internacional y la protección de los Derechos Humanos, E/CN.4/Sub.2/1983/24, par. 10.

|6| Carta de Jacques Chirac, presidente de la República, dirigida a Jean-Pierre Landau, consejero financiero en la embajada de Francia en Londres y presidente del grupo de trabajo sobre las nuevas contribuciones internacionales para el financiamiento del desarrollo, 7 de noviembre de 2003, www.elysee.fr rúbrica Archivos.

|7| Les nouvelles contributions financières internationales (Las nuevas contribuciones financieras internacionales), Grupo de trabajo presidido por Jean-Pierre Landau, La Documentation française, 2004.

|8| Ver www.unitaid.eu/index.php/fr/Un-mode-de-financement-innovant.html : « Aujourd’hui, la taxe est déjà en place dans les pays suivants : France, Chili, Côte d’Ivoire, Congo, République de Corée, Madagascar, Maurice, Niger. Pour sa part, la Norvège affecte une partie de sa taxe sur le CO2 (kérosène) à UNITAID.» (« Actualmente, la tasa está implantada en Francia, Chile, Costa de Marfil, Congo, República de Corea. Madagascar, Mauricio, Niger. Por su lado, Noruega afecta una parte de su tasa sobre el CO2 (kerosene) a UNITAID.»)

|9| En el sitio web de Unitaid, puede leerse: « En Francia, la tasa entró en vigencia el 1º de julio de 2006 y no apareció ningún impacto negativo sobre la industria del transporte aéreo. Air France publicó un resultado que muestra un alza del 5 % sobre un año de su transporte de pasajeros en septiembre de 2007.»

|10| Resolución 3281 (XXIX) de la Asamblea General del 12 de diciembre de 1974.

|11| Ver Cetim, Quel développement? (¿Qué desarrollo?) Quelle coopération internationale? (¿Qué cooperación internacional?), 2007.

|12| Por ejemplo, Venezuela, miembro de la OPEP, firmó acuerdos con unos quince países del Caribe y de Latinoamérica por los que les vende el petróleo a precio de «amigo», mucho más bajo que el precio de venta a Estados Unidos, del que es uno de los principales proveedores.

|13| Vía Campesina, en Rafael Díaz-Salazar, Justicia Global. Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre, Icaria editorial - Intermón Oxfam, 2002, p.87 y 90

|14| Un centro offshore o paraíso fiscal es un artificio contable, un espacio ficticio de hecho, presente en las cuentas de las empresas (inversores institucionales —zinzins—, transnacionales industriales y otras), que permite que una transacción en un territorio preciso escape de toda forma de control y de pago de impuestos en ese territorio por el hecho de que la transacción se considera como producida en otro lugar en el plano jurídico.

|15| Ver especialmente el artículo 322

|16| Artículo 8, sección 1. Declaración adoptada por la Asamblea General de la ONU en su resolución 41/128 del 4 de diciembre de 1986. Texto integral reproducido en Eric Toussaint, Banco Mundial: el Golpe de estado permanente. Centro Internacional Miranda. Venezuela, 2006.

|17| Ver la declaración completa : www.un.org/french/documents/view_doc.asp ?symbol=A/RES/61/295 www.un.org/esa/socdev/unpfii/es/drip.html

|18| Ver « Les Nations unies reconnaissent les droits des peuples indigènes » (« Las Naciones Unidas reconocen los derechos de los pueblos indígenas »), Le Monde, 14 de septiembre de 2007.

|19| ONU, Comisión de los derechos del hombre, E/CN.4/2001/56, 18 enero 2001, p. 14.

|20| Para una argumentación detallada sobre este tema, ver Eric Toussaint, Banco Mundial : el Golpe de estado permanente. Centro Internacional Miranda. Venezuela, 2006, capítulos 22 a 24.4.

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URL: http://www.cadtm.org

Éric Toussaint, doctor en Ciencias políticas de las Universidades de Liege (Bélgica) y Paris VIII (Francia), presidente del Comité para la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo - Bélgica, www.cadtm.org , autor de Banco del Sur y nueva crisis internacional, Viejo Topo, Barcelona, 2008; Abya-Yala, Quito, 2008; Observatorio DESC-Bolivia, La Paz, 2008

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