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"Marx nos ayuda a enfrentar los desafíos de la crisis actual del capitalismo"



Jorge Insunza Becker
Rebelión

Este libro sale a luz en un momento especialmente oportuno. No digo que Alejandro lo haya previsto pero… en una de esas….

La síntesis del primer tomo de El Capital, hecha rigurosa y exclusivamente con textos de Marx, es un trabajo serio. Da cuenta de una compenetración profunda de los contenidos originales. Debiese ser un vehículo para que muchos, en especial muchos trabajadores y muchos jóvenes, accedan a la comprensión de la sociedad que sostienen con su trabajo y que, aunque sin ellos sería inviable, los maltrata.
Leyendo la síntesis me ha conmovido, como en la primera lectura de El Capital hace ya años, la profundidad de la elaboración de Marx. La vigencia de sus descubrimientos, permanece. Será una torpeza asumir que es el non plus ultra, que allí terminó la creación teórica. Pero más torpe aún es afirmar que esta creación es asunto del pasado. Marx escribió ya entonces que “ En la economía política, la libre investigación científica tiene que luchar con enemigos que otras ciencias no conocen. El carácter especial de la materia investigada levanta contra ella las pasiones más violentas, más mezquinas y más repugnantes que anidan en el pecho humano: las furias del interés privado”.

Está en curso una crisis económico financiera de inmensas proporciones. Los economistas serios evitan evaluaciones taxativas sobre su prolongación y profundidad. Pero todos, en un grado u otro, se remiten a la gran depresión de 1929 -33.

A parejas con sus dramáticos efectos materiales, se ha generado otro efecto, inesperado y preocupante para los sostenedores del sistema: el sorprendente incremento del interés por el pensamiento de Marx. La venta de El Capital en muchos países y de modo especial en su patria ha subido hasta en 300%. El Mercurio se preocupa: dice que el libro que se vende es el del Obispo Marx. Dios lo guarde!

Es que los engendros ideológicos, hijos del neoliberalismo, del tipo de fin de la historia, muerte del comunismo y tantos otros, que tienen por cierto seguidores en Chile, (hace pocos días, el 5 de Octubre, Patricio Aylwin repitió estas monsergas) se desmoronan.

Ya en el tomo que recoge esta síntesis, Marx desnuda las razones de este curso inevitable del capitalismo: periódicas e inevitables crisis que genera el desequilibrio estructural, inscrito en la matriz de sistema, entre su enorme capacidad de expansión de las fuerzas productivas, (puesto ya de relieve en El Manifiesto) y su incapacidad intrínseca de distribuir la renta acorde con esa expansión. El origen de ese desequilibrio es en último análisis la apropiación de la plusvalía generada por el asalariado en el proceso de producción por una minoría de capitalistas.

En la realidad de su tiempo, Marx constata que en la producción en los marcos del capitalismo “el curso característico....(es) de un ciclo decenal de períodos de animación media, producción a todo vapor, crisis y estancamiento” (227)

La AFP Cuprum, a página plena en El Mercurio, tratando de convencer a sus afiliados de mantenerse en los fondos que más potencian el juego especulativo con los dineros de los trabajadores, que es su gran negocio, dice “las crisis económicas y/o ajustes a burbujas en los mercados bursátiles ocurren cada cierto tiempo. En este período de 38 años se observan 7”, vale decir casi el doble de la frecuencia en los tiempos de Marx. ¿Esto desmiente o confirma los descubrimientos del fundador del socialismo científico? Quién quiera asumir el marxismo como un dogma podrá dar una respuesta positiva. Quien asuma, como Marx, que el futuro crea nuevas realidades y nuevos conocimientos rechazará tal afirmación como una tontería.

No fue Marx, por ejemplo, quién descubrió los llamados ciclos largos. Fue, decenios después, otro economista marxista, el economista ruso Kondratieff, quién descubrió este fenómeno: ciclos largos que enmarcan los ciclos cortos en períodos en que las curvas de descensos y subidas de esos ciclos cortos apuntan en su recuperación hacia arriba o hacia abajo, es decir a expansiones o estancamientos en los marcos de esos ciclos largos. Es este un gran logro teórico que profundiza el descubrimiento de Marx y confirma a la vez el hecho esencial: el capitalismo en cualquiera de sus formas no puede evitar el desequilibrio entre producto y consumo que la apropiación capitalista de la plusvalía genera y que provoca obligatoria y permanentemente crisis.

¿Qué es una crisis capitalista? Para definirla un cronista (Alba Rico) razonó poniendo de relieve en primer lugar lo que no es una crisis capitalista. Que haya 950 millones de hambrientos en todo el mundo, eso no es una crisis capitalista. Tampoco que haya 4.750 millones de pobres, que haya 1.000 millones de desempleados, que 3.000 millones de personas carezcan de acceso a servicios sanitarios mínimos. Menos aún que 13 millones de personas mueran cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente y al cambio climático, que 16.306 especies estén en peligro de extinción, entre ellas la cuarta parte de los mamíferos. Hoy se reconoce que hay crisis no por esa segregación brutal de la humanidad provocada por la acumulación capitalista desenfrenada sino porque pese a ella y en verdad por ella, el tipo de economía impuesta no es suficientemente rentable para unas 1.000 empresas multinacionales y 2 millones 500 mil millonarios.

Gente de buen corazón ha denunciado la codicia como factor desencadenante de la situación actual. Ese mismo buen corazón les dificulta aceptar que la codicia es la forma necesaria de existencia del capital. “El capital no tiene mas que un instinto vital: el instinto de acrecentarse, de crear plusvalía, de absorber, con su parte constante, los medios de producción, la mayor masa posible de trabajo excedente” dice Marx Y agrega “el capital es trabajo muerto que no sabe alimentarse, como los vampiros, mas que succionando trabajo vivo” (104), esto es la fuerza de trabajo asalariada.

Para fundar el nuevo sistema desde la vieja sociedad, el capital no vaciló ante nada para despojar a decenas de millones de hombres y mujeres de la posibilidad de subsistir de su trabajo independiente. Para ello las guerras internas o coloniales fueron requisito del parto. La acumulación originaria es no solo acumulación de dinero sino, a la vez, la generación de despojados que deben vender su fuerza de trabajo para vivir. Sin ellos el capitalismo no podría existir pues el capital no es una cosa, dinero o medios de producción, sino una relación social.

La capacidad de succionar riqueza es frenética. Los avezados capitalistas ingleses no les bastaba apropiarse del trabajo excedente de sus trabajadores. Agregaron a ello las pulperías donde recortaban una parte adicional del salario percibido por estos. Se dirá: eso es pasado. Cierto. Hoy no hay pulperías: han sido reemplazadas por las tarjetas de crédito. 21 millones de tarjetas no bancarias con intereses de 51% anual y transacciones que sumaron 3.000 millones de dólares sólo el último trimestre de 2007. El capital financiero por esta vía toma una parte sustancial de lo pagado como salarios.

Conquistada ya la hegemonía del sistema de acumulación capitalista, emerge una etapa diferente que Marx conoció y vivió: ya no basta expropiar al trabajador independiente, el desarrollo impone la necesidad de expropiar a directamente a unos capitalistas por otros.

Cito a Marx:: “Esta (nueva forma de) expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, la centralización de los capitales. Cada capitalista desplaza a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación consciente de la ciencia, la explotación sistemática y organizada de la tierra, la transformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista.” (224)

Como dice Alejandro ¿Qué hizo Marx en ese párrafo, escrito hace más de 140 años, sino describir el mundo económico de hoy?

El proceso de internacionalización que Marx subraya trae consigo la guerra por los mercados que incorpora también el recurso de la fuerza. Dos guerras mundiales y las aún interminables invasiones de estados soberanos, los golpes de estado, las desestabilizaciones, confirman esta realidad. El actual proyecto norteamericano de control militar del planeta se funda en la convicción que la fuerza es indispensable para garantizar el éxito de la globalización a dominio del gran capital, esto es, en su forma neoliberal. La tesis de la guerra preventiva en cualquier oscuro lugar del mundo es funcional a esa concepción de dominio.

La crisis en curso es la consecuencia directa de las concepciones más ortodoxas del capitalismo en su expresión neoliberal, de los adversarios jurados del marxismo.

El final del ciclo largo expansivo de la segunda posguerra vio convertirse el desfase entre producción y consumo en capital financiero, proceso potenciado por la supremacía de un modelo que impuso la desregulación, las privatizaciones, la flexibilización laboral, el ajuste fiscal, el crecimiento hacia fuera en los países subordinados ligado a un menosprecio total por el desarrollo del mercado interno, políticas que en Chile la dictadura aplicó a sangre y fuego y que en todo lo esencial, cierto que con algunos parches, permanecen hasta hoy.

Será impropio eludir el peso que en este cuadro tiene los errores e insuficiencias que llevaron a la derrota en muchos países de una forma de socialismo que, pese a sus defectos, contenía la avidez del capital. El desmoronamiento del llamado campo socialista arrastró consigo, por ejemplo, los estados de bienestar, concesiones del capital para prevenir cambios revolucionarios y con ello su desplazamiento y abrió camino a la intensificación extrema del empleo de las agresiones militares imperialistas.

A nivel mundial se impuso la hegemonía radical del capital financiero, que potenció su capacidad de especulación. Impuesta la globalización a dominio capitalista más del 90% de los movimientos económicos se dan no en la esfera de la producción o del comercio de bienes, sino en la compra y venta de papeles.

A principios de los ochenta, el total de activos financieros (acciones, bonos, préstamos, hipotecas) era aproximadamente igual al Producto Interno Bruto mundial, es decir, igual a la riqueza creada en el planeta. Al final del 2005, era equivalente a 3,7 veces el PIB mundial. En ese mismo período, el valor nominal de los derivados financieros –que son instrumentos que, para decirlo con el primer ministro inglés, crea el ingenio del mercado- representó tres veces el valor del total de dichos activos, es decir, mas de 10 veces el PIB mundial (Lynn Walsh). Estas maniobras, que aprovechan la desregulación impuesta por el neoliberalismo para generar inmensas ganancias especulativas, provocan las denominadas burbujas que resultan ser verdaderas bombas nucleares económicas como queda en evidencia en estos días. Hay quienes se enriquecieron inmensamente mientras la gran mayoría paga sus desmanes. En el caso de Chile es emblemático el caso de los trabajadores empujados a las AFP: han perdido mas de una quinta parte de sus fondos, mas de 25 mil millones de dólares, pero los dueños de las AFP han ganado millones en el camino porque se pierden los fondos pero no las comisiones ya cobradas y embolsadas. Hace 15 días el señor Velasco afirmó sin sonrojarse “los ahorros de los trabajadores chilenos están a buen recaudo”.

Los primeros estallidos de la crisis en curso datan de Julio del año pasado pero nuestros economistas dominantes lo ignoraron. Pocos días antes de la agudización del proceso, simbólicamente el 11 de Septiembre, el Banco Central de Chile en su informe de política monetaria afirmó “al menos los riesgos de un colapso financiero sistémico parecen haber sido controlados a tiempo para afirmar enseguida que “el crecimiento mundial mantendrá su dinamismo”. Suscribe esto José de Gregorio, economista que naturalmente se cuenta entre los que creen en el fin de la historia y en la obsolescencia de Marx. Habrá que enviarle de regalo un ejemplar del libro que presentamos.

En cambio, Paul Krugman, reciente Premio Nobel de Economía evalúa que “todo apunta a un receso económico que será desagradable, brutal y largo”. Y agregaba “Está políticamente en boga despotricar contra el gasto gubernamental … pero exactamente ahora un mayor gasto público es justo …debe proporcionar más beneficios a los desempleados…es también un buen momento para involucrarse en gastos serios en infraestructura…”. No es la opinión de nuestros economistas dominantes.

En las páginas finales de este primer tomo, Marx expresa su convicción de la inevitable superación del capitalismo y el paso de la humanidad a un nuevo estado social. Allí está ese párrafo conmovedor que expresa su convicción de la veracidad de su análisis y su profundo amor por la humanidad: “La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista… Ha sonado la hora final de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados”

Muchos revolucionarios confirman, como es lógico, sus convicciones en medio de las crisis más cuando constatan los dramas que el sistema genera en los pueblos y se empeñan con mayor ardor en el impulso del cambio. Fue así en el período de la gran depresión de los 30 y en otros momentos.

El análisis razonado, fundado en la aproximación científica a la economía política es un potente recurso. Pero, no basta tener la razón. A la ciencia hay unir el arte. La vida ha enseñado que la salida progresista a las crisis requiere el despliegue de organización de energías de las fuerzas populares capaces de imponer el nuevo rumbo. Para eso hay que ir con Marx mas allá de Marx, asumiendo las realidades nuevas de nuestro tiempo como él lo hubiese hecho.

Me detengo un minuto antes de terminar en uno o dos aspectos de muchos que debemos reflexionar. La crisis cursa y se extiende en la globalización a dominio imperialista. Podemos y debemos luchar para convertirla en un momento de cambio hacia una mundialización que haga valer los derechos y necesidades de los pueblos. Un camino para ello es, en nuestro espacio, el potenciamiento de la integración latinoamericana.

Es también un momento propicio para que el Estado asuma no el papel de pagador del desfalco de los que privatizaron las ganancias, pero imponen la socialización de las pérdidas sino de impulsor de un nuevo proyecto nacional de desarrollo. Para ello se debe emplear los recursos de los fondos soberanos y de las AFP en el desarrollo de inversiones productivas que reviertan los efectos recesivos. La crisis de los 30 y el Frente Popular en Chile dio a luz CORFO. Hoy debemos abordar con creatividad y en concordancia con la realidad de este tiempo la instalación de ese nuevo proyecto nacional. Eso requiere una incidencia en la formación de la subjetividad social que contraste el aplastante dominio del gran capital en su formación que usa, entre otros medios, la educación o el abrumador dominio en los medios de comunicación de masas.

Es evidente que las crisis no tienen sólo una salida. El capital despliega todos sus recursos para evitar su derrota. En los 30 emergieron los Frentes Populares que significaron la superación de un período sectario del movimiento comunista y uno conciliador de la social democracia. Pero también, empleando una demagogia desenfrenada pero eficiente, combinada con el empleo de la violencia contrarrevolucionaria, el capital promovió la emergencia del fascismo a posiciones de poder estatal.

Los desafíos que tenemos por delante se agrandan por tanto. La posibilidad palpable de un empeoramiento de las condiciones de vida de las masas, la miserable reacción de los dogmáticos neoliberales de fuera y dentro del gobierno, la urgencia que tiene la creación de propuestas movilizadoras para conquistar cambios de fondo, están a la orden del día. Y no es una propuesta que emane solo de la izquierda: para muestra un botón: el día de ayer el senador Mariano Ruiz Esquide planteó la necesidad de nacionalizar las AFP.

Debemos y podemos impulsar la creación de un frente amplio alternativo al capitalismo salvaje que se ha impuesto desde hace ya casi 40 años y para llevarlo adelante se requiere una amplia unidad en la diversidad.

La difusión de este libro será una contribución que nos debe comprometer a todos.

- Jorge Insunza Becker es miembro de la Comisión Política del Partido Comunista de Chile.