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La irracionalidad fundamental del capitalismo está en el núcleo de la crisis de civilización planetaria



Autor: François Chesnais **

Una advertencia inicial, porque el título puede ser equívoco. Este artículo no hace una presentación y análisis referido a los tres campos mencionados, sino que es apenas un intento de clasificación de las formas contemporáneas de guerra. Propone un marco analítico a ser alimentado con nuevos datos, de modo que su configuración pueda ir cambiando.

Partamos de una idea que gana terreno (en algunos es una aguda sospecha, en otros una hipótesis de trabajo, angustiante pero científica): lejos de ser el sistema racional que describen sus apologistas, la sociedad basada en "el mercado" está marcada por una profunda irracionalidad; tan profunda que incluso conlleva su auto-destrucción. "Puede parecer imposible que una sociedad tecnológicamente avanzada pudiese elegir autodestruirse. Sin embargo, esto es lo que estamos haciendo". Con estas palabras termina su libro sobre los cambios climáticos[1] Elizabeth Kolbert, una de las grandes periodistas estadounidenses especializada en temas medioambientales. Muchos dirán que semejante autodestrucción está en discusión, que no hay pruebas de que el planeta se modifique tan rápido ni tan claramente como dicen los "ecolo-pesimistas"… Pero todo depende de qué se esté hablando.

Una sociedad puede haber destruido su "civilización", entendida como el fundamento de su "vivir-conjuntamente", mucho tiempo antes de que el proceso de autodestrucción llegue a afectar las condiciones de reproducción de la vida de todos sus miembros. En sociedades estructuradas en clases y en un marco internacional en que la distancia entre los países se amplían cada vez más, algunos países y determinados grupos sociales pueden mantenerse a salvo bastante tiempo, mientras otros caen inexorablemente en la miseria. Y este es el camino en que estamos empeñados "nosotros", la sociedad capitalista mundializada contemporánea. La conversión en guetos de las ciudades del suburbio parisino y los cordones que rodean a las ciudades de provincia en vías de desindustrialización, el futuro radicalmente cerrado para la mayoría de quienes allí nacen, y los reflejos de temor ante las reacciones a veces realmente violentas de esos jóvenes devenidos "extranjeros" son expresiones "locales" de procesos mundiales. La palabra inglesa más utilizada para indicar el motivo que habilita despedir a los asalariado de una empresa, es que son "redundant", cuya traducción exacta es superfluos. Esta palabra muestra la realidad del capitalismo contemporáneo: en ningún lugar del mundo los asalariados pueden considerarse a salvo de procesos que los conviertan en superfluos. Y en algunas regiones, la "superposición" de procesos económicos y cambios climáticos hace que las cosas sean mucho más graves. Allí, explotados y dominados enfrentan la combinación de mecanismos considerados "económicos" y de fenómenos llamados "ecológicos" relacionados sobre todo con los cambios climáticos. El resultado de esta acción combinada es impedir, cada día más, que millones de chicos, mujeres y hombres accedan a condiciones elementales de vida, expropiándoles lo poco que les queda en algunas partes del globo y destruyendo además el medio físico en el cual tenía lugar su proceso de reproducción social colectiva. Aquí llegamos al problema de las relaciones entre el capitalismo contemporáneo y las guerras contemporáneas, pues los procesos combinados de rapiña imperialista y restricción de las condiciones elementales de supervivencia (en el caso de un continente como África, estrechamente entrelazados) abonan el terreno para estos estados de "guerra permanente", de guerras hechas "sin contemplaciones", sobre todo contra las poblaciones civiles. Frente a la crisis ecológica mundial y sus impactos sociales y por tanto políticos, ya se están preparando estrategias para defender "el orden mundial".

El capitalismo es incapaz de "auto-limitarse"

La hipótesis de que la humanidad estaría corriendo hacia el abismo bajo el efecto de un proceso auto-destructivo reapareció desde hace algún tiempo. Constituye un tema central de los filósofos políticos - poco numerosos actualmente - que siguen situándose (¿habría que decir "todavía"?) en el terreno de la crítica a la sociedad capitalista y tratan de fundamentarla. Así, en uno de sus últimos reportajes, Castoriadis caracterizaba "la sociedad capitalista como una sociedad que corre hacia el abismo, desde todo punto de vista, porque ella no sabe auto-limitarse". Y agregó "Pues una sociedad verdaderamente libre, una sociedad autónoma, debe saber auto-limitarse, saber que hay cosas que no puede hacer, o que no debe hacer o que ni siquiera debe intentar hacer o desear"[2]. Dejemos de lado la cuestión del "deseo", que retomaremos en otro artículo donde abordaremos el rol central que juega el fetichismo - tanto de la mercancía como del dinero - como engañoso sostén de la valorización del capital y como medio de dominación ideológico y político. Retengamos en cambio la idea de la incapacidad de la "sociedad capitalista" (sinónimo de capitalismo) para "ponerse límites", incluso cuando se hace evidente la necesidad de reconocer su existencia antes de chocarlos violentamente.

El tema del movimiento de auto-destrucción de un sistema que, en razón de sus mismos fundamentos, no puede ponerse límites, es también central en el trabajo de los filósofos alemanes del grupo Krisis, como Robert Kurz y Anselm Jappe. Es un trabajo importante, a pesar de algunos puntos muy discutibles (empezando por la construcción de una oposición mítica entre un "Marx exotérico" y un "Marx esotérico"), pues en otros aspectos renuevan la lectura de Marx, especialmente por el lugar que conceden a la teoría del fetichismo. Una debilidad importante tiene que ver con la elección teórica y política de Krisis, que aborda la categoría de capital desde el ángulo de la mercancía y el dinero, sin tomarlo también como una relación de producción antagónica, que enfrenta al capital y los proletarios (aquellos que están obligados a vender su fuerza de trabajo). Pero el dinero deviene capital y se reproduce únicamente apoderándose del producto del trabajo viviente. Es indispensable este paso mediante el que, como escribe Marx, "el capital se apodera del trabajo mismo; éste se ha convertido en uno de sus elementos y opera ahora como vitalidad fructífera"[3]. Una conversión que se realiza en las condiciones antagónicas que tienen raíces en los fundamentos mismos del capitalismo. Que las direcciones socialdemócratas o estalinizadas del movimiento obrero hicieran del "reparto equitativo de la riqueza producida" el principal terreno de la acción obrera no justifica negar que opera un antagonismo que encierra grandes contradicciones. Al hacerlo, estos teóricos son llevados a relacionar el movimiento de auto-destrucción de la producción capitalista únicamente con las contradicciones de la mercancía. De allí, por ejemplo, el título del libro de Jappe: Las aventuras de la mercancía. Y una teorización que omite el término capital y no aborda la compra y utilización de la fuerza de trabajo. Jappe dice que "la sociedad basada en la producción de mercancías con su universalidad exteriorizada y abstracta es, necesariamente, sin límites, destructiva y auto-destructiva".[4] En esta frase se afirma, correctamente, la consustancial incapacidad de auto-limitarse, pero cabe objetarle que la sociedad capitalista no se basa simplemente en la producción de mercancías. También está basada en un antagonismo esencial, un antagonismo fundacional como lo es el antagonismo del capital - de los propietarios de los medios de producción y los poseedores de la riqueza acumulada bajo forma financiera -, con respecto al "trabajo" -término que designa al conjunto de aquellas y aquellos a quienes el capital y el Estado en determinado momento cortaron los lazos directos con las condiciones de producción, y quedaron por tanto colocados en el estatus de individuos cuya suerte está dirigida por el capital. Se verá más adelante el alcance de la contradicción central que lleva a que las empresas, movidas por el antagonismo consustancial a la existencia del capital, consideren que sus asalariados (de los que se apropian el trabajo excedente y de los que dependen como compradores de las mercancías producidas), representan sobre todo un "costo".

La categoría central de la que se debe partir es el capital. Su movimiento de auto-valorización realmente sin fin exige, efectivamente, un paso que implica la transformación en mercancía. Pero lo que se debe comprender es la naturaleza del capital en cuanto tal. Y para ello, inicialmente hay que hacer abstracción de sus momentáneas configuraciones concretas, de los grupos industriales[5] y grupos de la gran distribución transnacional (las sociedades transnacionales o SNT), así como de los inversores institucionales (los grandes bancos, las sociedades aseguradoras y los fondos de inversión financiera), hoy cada vez más decisivos. Es preciso abordar el capital bajo la forma que en filosofía se denomina "abstracción concreta"[6]. Al nivel mas elemental, pero también más fundamental, el capital está constituido por sumas de valores cuyo objetivo exclusivo es la auto-valorización, la reproducción con un incremento, un beneficio, un agregado, una plusvalía. Estas sumas de dinero se presentan bajo la forma de dinero, una de cuyas variantes es la moneda. De allí esos pasajes claves donde Marx explica que la carencia de límites nace del capital en tanto dinero que busca un crecimiento sin fin, por ejemplo:

el capital […] como representante de la forma universal de la riqueza - el dinero - constituye el impulso desmesurado y desenfrenado de pasar sobre por encima de sus propias barreras. En caso contrario dejaría de ser capital, dinero que se produce a si mismo.[7]

Detrás del "desarrollo de las fuerzas productivas", junto a la dimensión "heroica" de la comprensión y dominación del mundo en tanto "Naturaleza" y la mas problemática conquista y sometimiento las sociedades no capitalistas, siempre coexistió el hecho de que "el principal motor de la producción capitalista" es "hacer dinero", y hacerlo sin límites.

Completa indiferencia en cuanto al carácter y utilización de las mercancías producidas

A los ojos de los que poseen o centralizan el dinero "ocioso" y buscan su valorización, "el proceso de producción [capitalista] no es más que el eslabón inevitable, el mal necesario para poder hacer dinero"[8]. Es decisivo comprender este aspecto. El desarrollo de las fuerzas productivas y en particular el de la tecnología, jamás fue la finalidad de la producción capitalista. Fue un subproducto alimentado por la competencia capitalista y por la lucha contra la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Lo mismo ocurre con "el empleo". Comprometerse en el complicado proceso consistente en poner gente a trabajar para hacerla producir un trabajo excedente, apropiado bajo la forma de mercancías que es preciso inmediatamente vender, nunca fue para los poseedores de dinero a valorizar mas que un "mal necesario para poder hacer dinero", mientras que otras fracciones de la burguesía ven en la construcción de la industria un imperativo político, uno de los fundamentos del poder de Estado. Hoy, debido al proceso iniciado hace treinta años de centralización de una masa inmensa de dinero "ocioso" que busca maneras de reproducirse incrementándose en cada ciclo, en los viejos países industriales a comenzar por los Estados Unidos el poder capitalista decisivo pasó a manos de la nueva forma de propiedad concentrada en los fondos de pensión y de inversión financiera (los Mutual Funds). Esta forma de capital a la cual la liberalización y desreglamentación abrieron el espacio planetario de la mundialización contemporánea lleva así, más que cualquier otra antes, los atributos asociados al "valor en proceso", a esa fuerza impersonal dedicada exclusivamente a su auto-valorización y su auto-reproducción que Marx intentó exponer en los Grundrisse. Hoy esos atributos incluyen la extrema movilidad de los flujos de los capitales de inversión y la máxima flexibilidad en las operaciones de valorización del capital industrial, en definitiva, una indiferencia radical en cuanto al destino de social de sus inversiones, así como a sus consecuencias sociales o ecológicas. Esta indiferencia no comienza con el capitalismo dominado por los accionistas. Es preciso producir mercancías que puedan ser vendidas, pero su naturaleza y destino importan poco al capital. La valorización del capital mediante la venta de materiales para las cámaras de gas de los campos de exterminio nazis, sigue siendo el ejemplo mas extremo de esta indiferencia fundamental de capital con respecto a lo que produce y vende siempre que exista una "demanda solvente". Pero la producción y la venta de armas de todo calibre traducen el mismo agnosticismo. También el pillaje de los recursos naturales: a partir del momento en que la producción exige materias primas y que la competencia es un mecanismo de repartir las ganancias entre los capitalistas, tales materias primas serán explotadas hasta su agotamiento. Asimismo, puesto que el cierre exitoso de todo el ciclo al que se lanza el capital en el camino de la valorización exige vender las mercancías producidas, cualquier mercancía que ha encontrado compradores (un "mercado"), continuará vendiéndose sean cuales fueren el costo ecológico y los efectos sociales.


Efectos de la dominación del valor de cambio y el trabajo abstracto


Expuesta ya la naturaleza esencial del capital, podemos pasar efectivamente a la cuestión de la mercancía, que constituye para los teóricos del grupo Krisis la causa principal de la irracionalidad del capitalismo. El capitalismo surgió como momento de desarrollo y mutación cualitativa de una sociedad mercantil - a la que había insumido varios siglos emerger de la sociedad feudal - antes de preparar su muerte.

Una de las dos formas inicialmente adoptadas por el capitalismo fue la del capital mercantil, cuyos mecanismos de valorización consistieron particularmente en comprar el resultado del trabajo de sociedades no-mercantiles (por ejemplo, el de las naciones indígenas de América del Norte, antes de que la expansión del capital requiriese exterminarlas) para venderlo con una gran ganancia en Europa.

Paralelamente, en el marco europeo se asistió a la expansión, lenta al comienzo pero cada vez mas rápida después, de redes comerciales que implicaban el cambio (entre productores que todavía eran artesanos y campesinos) de productos cuyo "valor" ya no resultaba del uso que de ellos mismos se hacia, sino de concretar la venta. Esto exigía recurrir al dinero como instrumento de cambio y como medida de valor. Dinero y mercancía se desarrollaron pues a la par, en definitiva en un solo y mismo movimiento. En el momento en que el capitalismo se apoderó de la producción urbana y agrícola, la expansión de las relaciones de cambio era ya tan grande que se había hecho posible, como tempranamente lo notó Marx, que "la economía política" concibiera la comunidad de los hombres bajo la forma del cambio y el comercio, de tal manera que "el desarrollo de Adam Smith puede resumirse así […] En un estado avanzado, cada hombre es comerciante, la sociedad es una sociedad comercial." [9]
En los Grundrisse, Marx empieza analizando el capital y se refiere a la mercancía en el capítulo sobre el dinero, sin concederle demasiada atención. En El capital sigue el orden inverso, comenzando el libro con un extenso capítulo y otro algo más corto enteramente dedicados a la mercancía. Esta inversión ha sido y seguirá siendo objeto de intensos debates teóricos. Digamos que Marx parece haber querido anticipar algunas evoluciones por venir. El cuidado que pone en explicar las diferencias entre el valor de uso y el valor de cambio evidencia la voluntad de sentar jalones que permitiesen que las futuras discusiones sobre las características dominantes de las mercancías producidas y vendidas (los "bienes y servicios") se dieran sobre bases sólidas. Asimismo, se abren pistas referidas al "fetichismo" asociado a la mercancía y el dinero que facilitan, si se las toma en cuenta, la comprensión del ethos de una sociedad marcada por la omnipotencia de las mercancías.[10]

Con el pasaje de la economía mercantil al capitalismo, el valor de uso se encuentra definitivamente subordinado al valor de cambio, aunque las consecuencias de esto no aparecieran todas inmediatamente. El capital no se apodera sólo de la mercancía, sino también y sobre todo del trabajo, organizando su puesta en puesta en marcha u operatoria; dicho de otra manera: la explotación en las nuevas empresas. El intercambio de mercancías se realiza con ayuda del dinero, pero a partir de ahora será determinado por las cantidades relativas de fuerza de trabajo utilizadas para producirlas. A este nivel el trabajo es indiferenciado. Para el capital, es un "trabajo abstracto" productor de valores de cambio, del que sólo importan el precio (de ahí la importancia del costo de la fuerza de trabajo y la intensidad de su empleo) y la aptitud de esos valores para encontrar un mercado. Estas serán entonces las características de una sociedad dividida en clases y marcada por las contradicciones e impases nacidos de esta división, que orientan las características de las mercancías producidas. Acá la lectura de Jappe es muy útil. Por ejemplo cuando explica las consecuencias del hecho que el trabajo abstracto [reduce] todo a la unidad, a un gasto, simple o multiplicado, de esta facultad de trabajar que todos los hombres tienen en común, de modo que el trabajo es social sólo en tanto que esta vaciado de toda determinación social. Si el aspecto social de una cosa o un trabajo no reside en su utilidad, sino solamente en su capacidad de transformarse en dinero, las decisiones en sociedad no serán tomadas sobre la base de la utilidad individual o colectiva. El contenido de los trabajos concretos, sus presupuestos, sus consecuencias sociales, los efectos que tienen sobre los productores y sobre los consumidores, su impacto sobre el medio ambiente: todo eso ya no es parte de su carácter social. No es social más que el puro proceso automático e incontrolable de la transformación de trabajo en dinero.
Y como bien concluye Jappe, "la subordinación de la utilidad de los productos, que deviene una dimensión puramente privada, a su intercambiabilidad en tanto única dimensión social, no puede sino conducir a resultados catastróficos."[11]

Un antagonismo "objetivo", consustancial al capitalismo

Para que el dinero devenga capital y pueda auto-valorizarse, reproducirse con un excedente, una plusvalía, es imperioso que establezca, apoyándose casi necesariamente en instituciones políticas y el Estado en primer lugar, una relación directa o indirecta con el trabajo humano que le permita apropiarse de una parte de los resultados. El capital prestamista usurario de la Edad Media y más tarde el capital comercial en el inicio de los tiempos modernos lo consiguieron, cada uno a su manera, a través de métodos indirectos. Ya en el marco del capitalismo, el capital organiza esta apropiación directamente. El mercado de trabajo (más exactamente de la fuerza de trabajo) y el hacer trabajar a los asalariados en el seno de la empresa aseguran la particular alquimia que posibilita "la transformación del trabajo (como actividad viva y orientada a un fin) en capital"[12] que ya mencionamos. Esta alquimia exige la previa destrucción de la relación inmediata de los trabajadores campesinos y artesanos con sus medios de producción, es decir un gran acto expoliador inicial. Esta expoliación puede ser el resultado de la utilización directa de la fuerza, o del juego de "las fuerzas del mercado". Y no tiene fin. Comenzó durante la fase llamada de "la acumulación primitiva"[13], continuó luego inexorablemente, y se agravó aún mas en el curso de los últimos treinta años[14], bajo el efecto de las contradicciones a las que mas adelante nos referiremos. El antagonismo del capital con respecto al trabajo (seria más exacto decir respecto a los "proletarios", a tod@s aquell@s que deben vender su "fuerza de trabajo") no termina una vez realizada esa expropiación. Es consustancial al capitalismo, y esta es la razón por la cual Marx insiste en que su blanco nos son los capitalistas como individuos, sino como encarnación del capital). Este "antagonismo" no evoca solamente un aspecto "conflictivo". Por un lado, es resultado de la forma característica del capitalismo de apropiación del "producto excedente" por medio de procesos que maximizan la "productividad del trabajo". Por el otro, se impone a los mismos capitalistas individuales (las empresas) por medio de la competencia. El capitalismo tiene necesidad de asalariados. Sin ellos no puede funcionar. Tiene necesidad de su fuerza de trabajo, puesto que del valor de uso de esta fuerza de trabajo nace el excedente que está en la base de la ganancia. Los salarios que perciben los hacen también consumidores, sus compras permiten vender las mercancías a muchas empresas y cerrar el ciclo de la valorización del capital.

Sin embargo, las empresas no ven en los asalariados más que un costo, que deben reducir. Enfrentadas a un movimiento tendencial de caída de la tasa o cuota de ganancia cuyas causas desconoce, así como a la competencia de sus rivales (no es preciso introducir aquí las exigencias de los accionarios-propietarios en lo referido a dividendos), las empresas buscan su salvación en dos direcciones: la "reducción de personal" y el acceso a mercados externos. La primera vía desencadena de manera inmediata un proceso acumulativo en el que la retracción de la demanda, la degradación de los anticipos de ganancia y los nuevos despidos que entonces se deciden se alimentan y refuerzan mutuamente. El segundo, pasado cierto umbral, desemboca en procesos similares.

Raíces del giro contemporáneo hacia un nuevo período histórico

La liberalización, la desreglamentación y el salto en la internacionalización del capital que las mismas provocaron (salto cuantitativo y también cualitativo) tuvieron como efecto desplazar este conjunto de elementos antagónicos y contradictorios del nivel de las economías de los Estados-nación al de la economía mundial como un todo diferenciado y jerarquizado. Este desplazamiento marca un radical cambio de período histórico. Del régimen económico y político internacional posterior a la Segunda Guerra mundial, caracterizado por la presencia de algunos mecanismos de "regulación"[15] (que en algún momento parecieron tan fuertes que el término "neocapitalismo" floreció, hasta la crisis de 1974-1975), se pasa a una situación radicalmente diferente. Sobre todo desde 2001, los numerosos efectos de la destrucción casi completa de las relaciones políticas y las instituciones que "contenían" la relación antagónica que ante definida (en el sentido de limitar su juego y contrarrestar parcialmente sus efectos), así como la anarquía de la competencia, pasaron progresivamente al primer plano.

Opondremos los dos período, a riesgo de forzar un poco los rasgos, utilizando sobre todo el cierre del ciclo del capital como instrumento analítico. De un modo muy, muy esquemático, figamos que el régimen económico y político de post-Guerra implicaba, en los países industrializados, el cierre del ciclo del capital de la mayor parte de los capitales individuales sobre una base nacional. El capital, mucho menos centralizado y concentrado de lo que posteriormente llegaría a ser, estaba inserto en relaciones políticas que, de manera mas o menos institucionalizada según los países, lo forzaban a negociar con los sindicatos los salarios, la protección social e incluso aspectos referidos a la intensidad de la tasa de explotación. En la mayoría de los países, el objetivo principal de las exportaciones era el financiamiento de importaciones indispensables. En cuanto a los países del "socialismo real", con propiedad estatal, la situación estaba marcada por una integración aún mas débil en los intercambios internacionales, pero también por un temor hacia la clase obrera lo suficientemente fuerte como para asegurar un empleo estable y un mínimo de protección social a los trabajadores. Cuando hacia 1995 y a causa de la caída de la tasa de ganancia las transnacionales norteamericanas se vieron obligadas a girar nuevamente hacia el mercado mundial, estuvieron durante todo un tempo obligadas a someter sus inversiones externas a este régimen de economías aún autónomas y a sus exigencias en materia de acumulación auto-centrada.

Tomando (también acá, a muy grandes trazos) a los países del Tercer Mundo como un bloque, puede decirse que ellos gozaron de de una demanda creciente y relativamente estable de las materias primas (había entonces mecanismos institucionales de respaldo internacional de precios). Sufrían los impactos del capitalismo mundial en condiciones en que las relaciones de subordinación semi-coloniales no implicaban todavía, como ocurrió a partir de la década de 1980, la pulverización del conjunto de relaciones sociales surgidas de una historia no-capitalista o sólo parcialmente capitalista. Agreguemos, para terminar, que hasta 1975/1978 la acumulación financiera "autónoma", aunque aumentaba regularmente desde 1965, seguía estando bastante limitada por las ataduras de numerosas reglamentaciones nacionales. Durante todo este período, el capital dinero bajo la figura de capital inversionista todavía no había pasado a convertirse en protagonista central del proceso de acumulación y de sus contradicciones[16].

Con la liberalización y la desreglamentación, el cierre del ciclo del capital pasó a hacerse a escala mundial, en el marco de una centralización y una concentración muy fuertes del capital. La consecuencia de este cambio fue el marcado debilitamiento cuando no la completa desaparición de las instituciones y relaciones políticas que habían sido capaces de bloquear parcialmente los mecanismos acumulativos "perversos" inherentes a la producción capitalista. Y esto tanto a nivel nacional como internacional. A causa de la liberalización, de la desreglamentación y de la mundialización, esos mecanismos "perversos" se desarrollan ahora como procesos realmente mundiales y cada vez con menos frenos. Es por tanto a nivel planetario, y como otra de las consecuencias de un movimiento único, que se acentúan las grandes manifestaciones de lo que puede y debe llamarse una crisis de civilización planetaria. El motor inmediato es la mundialización de los procesos de interacción y de refuerzo reciproco entre la restricción de la demanda, el deterioro de los anticipos de ganancia, la caída de salarios, los despidos y, en definitiva, la fuga hacia delante de las empresas en la deslocalización hacia las raras partes del mercado mundial que ofrecen a la vez un mercado en expansión y libertad para el ordenamiento de las relaciones capital-trabajo.

Las contradicciones fundamentales se dan en una economía jerarquizada única
Según los arquitectos de la liberalización y la desreglamentación, la constitución de un espacio mundializado de valorización del capital, ofreciendo a las empresas la posibilidad de cerrar el ciclo del capital en un mercado verdaderamente mundial y ya no sobre exiguos mercados nacionales, debía implicar la apertura de una nueva fase de expansión prolongada para el capitalismo mundial. Esto tendría reflejos positivos para las poblaciones, y permitía la promesa de un radiante futuro al amparo del neoliberalismo.

En lo referente al primer punto, desde las crisis asiáticas de 1997-1998 se han producido una serie de acontecimientos económicos que indican que el esperado respiro debido al desplazamiento de las contradicciones fundamentales del plano intestino al nivel mundial fue de corta duración. Salvo quienes se han plegado ciegamente a las tesis del neoliberalismo, los economistas constatan que lo que llaman "modelo" es un fracaso. Fue preciso que los dirigentes del Partido Comunista Chino se plegaran al capitalismo siguiendo una vía completamente nacional y muy controlada, para que el momento de estallido de tales contradicciones fuese postergado en el tiempo. Puede ser que esa postergación dure toda una década, o menos tal vez, pero lo seguro es que la amplitud de las contradicciones y por tanto de sus efectos, serán multiplicados por la culminación de la transformación de las bases sociales de China, y por su plena integración en la economía capitalista mundial.

En cuanto al "radiante porvenir", apenas podemos hacer una constatación, a la que deberán seguir estudios más detallados. Según los números que pueden leerse en las estadísticas, en el capitalismo liberalizado, desreglamentado y mundializado, hay un continuo aumento de la desocupación, tanto en los países industrializados como en los provenientes del área de las economías burocratizadas, desocupación acompañada con un aumento cualitativo en la precarisación de los asalariados vendedores de su fuerza de trabajo o postulantes a venderla. Hubo simultáneamente, según reconocen los mismos arquitectos del "neoliberalismo", un crecimiento muy importante de las desigualdades en el seno de cada país y entre los países. En dos décadas, la creación de empleo y las "salidas" de la pobreza o de la extrema pobreza quedaron circunscriptas a un pequeño número de países. Y en estos países, como China y la India, estuvieron acompañados por un muy fuerte crecimiento de las desigualdades y una mayor polarización social. En otras partes, la pobreza y la extrema pobreza aumentaron, sobre todo en África. La creación de empleos en algunas partes de la economía mundial, fue acompañada por la destrucción de empleos en otras, como si el capitalismo ya no pudiera abarcar, ni siquiera entre los sectores mas vulnerables del ejército industrial de reserva, más que a una fracción de las/los que se postulan.

Desde el punto de vista de la teoría de la acumulación, esto quiere decir que el ciclo de valorización del capital "mundial" (compuesto también aquí de una multiplicidad de ciclos particulares y en competencia), se cierra de tal modo que incorpora como asalariados (a quienes compra y pone en movimiento su fuerza de trabajo) solamente a una fracción, y podríamos decir una muy pequeña fracción, de aquell@s que potencialmente podría incorporar. Siempre desde el punto de vista de la teoría de la acumulación, esto quiere decir que estamos ante un sistema basado en la producción y la apropiación de plusvalía, pero que sin embargo produce un monto limitado de plusvalía, mucho menor al que la fuerza de trabajo disponible permitiría en principio producir. Y esto no es resultado de obstáculos externos: el capitalismo acabó con el "socialismo real", incorporó o reincorporó a todos los países del planeta en su funcionamiento (la única excepción sería Corea del Norte, aunque habría que verlo con más detenimiento) y somete a un desenfrenado pillaje los recursos del planeta. Por lo tanto, este déficit expresa los límites internos de un sistema que ajusta la producción y por tanto el empleo, a las perspectivas de ganancia y las dimensiones del mercado, cuya dimensión limita al mismo tiempo con esos mismos mecanismos. Por un lado, la caída de la tasa de ganancia, como resultado de las medidas tomadas para aumentar la productividad de la fuerza de trabajo; por el otro, para la mayoría de la población la posibilidad de comprar mercancías depende de que previamente logre vender su fuerza de trabajo ¡que cada vez más frecuentemente el capital no quiere o no quiere más!

Un sistema con sed de plusvalía y que, por razones propias, no logra producirla en cantidad suficiente

Recapitulemos el camino recorrido. Partimos enunciando la característica fundamental del capital, que aparece como característica central de la vida moderna, y es la característica de no soportar límite alguno "de lo contrario, dejaría de ser capital: es decir, dinero que se produce a sí mismo"[17]. Y lo que comenzamos a entrever en las condiciones históricas del inicio del siglo XXI es, una vez más, lo que enfrentó Marx cuando escribió el Libro III de El capital, y lo llevó concluir que "El verdadero límite de la producción capitalista, es el mismo capital"[18].

Cuando una fuerza tan poderosa como el capital, cuya particularidad es no soportar límites, se los crea por sí y contra sí a través de su propio funcionamiento, y al mismo tiempo se encarna en formas de organización capitalista muy concentradas (como son las sociedades transnacionales, los grandes fondos de pensión e inversión colectiva, y los aparatos políticos y militares de Estado que defienden sus intereses), la resultante para todos los que vivimos en la sociedad planetaria modelada por el capital, muy probablemente, será la barbarie bajo múltiples formas.

Ahora nos detendremos en la principal especificidad de las condiciones históricas a comienzos del siglo XXI, que ya mencionamos al pasar. Se trata del rol que tienen actualmente las instituciones y mecanismos designados con el término "finanza". Y sobre todo, está el hecho de que las decisiones industriales estratégicas han pasado, casi por completo, a manos de las instituciones financieras - bancarias y sobre todo no bancarias - que intervienen en los mercados bursátiles. El carácter del capital como fuerza impersonal volcada exclusivamente a su auto-valorización y su auto-reproducción, y completamente indiferente con respecto al destino social de las inversión o a sus consecuencias, se agrava singularmente cuando esa determinada forma de capital que se valoriza según el ciclo D-D’ es la que domina a las otras formas de capital, como ocurre al menos en los países capitalistas mas antiguos[19].

Entre los rasgos de la forma de capital que piensa en términos del ciclo corto D-D’ se cuentan lo que se llama "distanciamiento con respecto a la producción", una focalización exclusiva en el rendimiento inmediato y su "insaciabilidad" [20]. El desarrollo de las operaciones de este tipo de capital en los mercados de títulos introduce la profunda inestabilidad financiera que es otro de los rasgos característicos del período. La especificidad de estos mercados y sus operadores es el manejo de títulos que son expresión de un capital ficticio, en el mejor de los casos "la sombra de un capital productivo", pero constituyen "bonificaciones a sacar" de una producción con un curso y porvenir incierto. Una producción que no "rendirá" nunca todo lo que los gestores financieros esperan, tanto por razones coyunturales como por las razones "estructurales" a las cuales ahora deberemos volver a referirnos.

Las hipótesis principales a las que llegamos, en lo referido a las barreras que el capitalismo contemporáneo se levanta a sí mismo, son las siguientes. Estaríamos ante un sistema que, habiendo alcanzado un grado muy fuerte de mundialización y debido a ella, tiene la característica de cerrarse (desde el punto de vista de sus relaciones sistémicas fundamentales) incorporando solamente a una fracción de la población mundial. Esto tiene grandes implicaciones, todas generadoras de barbarie. Para la fracción de la población que se encuentra totalmente marginalizada, así como también para la que es parte de la periferia del ejército industrial de reserva mundial, este rasgo del capitalismo mundializado representa una condena. Quienes no son incorporados son arrojados al hambre, a no tener acceso al agua, a sufrir pandemias[21]. Pero es preciso advertir también lo que implicará para el capitalismo el hecho de que, debido a su incapacidad de emplear más que una fracción de los que obligadamente reclaman ser asalariados, pase a sufrir una penuria de producto excedente en la forma característica del capitalismo, es decir, una penuria de plusvalía creada y apropiada en base a las instituciones específicas del capitalismo: propiedad privada de los medios de producción, mercado del trabajo, organización del trabajo en la empresa bajo la autoridad de los jefes. Acicateado por la fracción que lo domina, que sólo comprende el movimiento D-D’, el capital se lanza en un doble movimiento. Por un lado, someter a l@s que emplea a una presión extrema. Por el otro, la búsqueda sistemática de todo lo que en el mundo sea pasible de apropiación, de pillaje, de sometimiento al reino de la mercancía.

Refiriéndonos al marco analítico de la acumulación del capital y sus contradicciones, habríamos pasado de la figura de "superpoblación relativa", analizada detalladamente por Marx, a una situación de "superpoblación absoluta" cuya posibilidad sólo entrevió. En lo que hace a la penuria de plusvalía, para que esta aparezca se requiere que la caída de la tasa de plusvalía deje de ser compensada por el monto total de plusvalía producida y apropiada. Es una hipótesis contemplada en las situaciones de crisis periódicas esbozada por Marx: son períodos en los que la caída de la tasa de ganancia deja de ser simplemente una tendencia, para devenir momentáneamente una realidad reconocible y en los que puede plantearse la cuestión de la masa de plusvalía producida. En el siglo XIX esas situaciones eran todavía hipotéticas, porque los factores que Marx agrupó bajo la denominación de "Causas que contrarrestan la ley"[22] (de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia) entraban rápidamente en acción. ¿Ocurrirá lo mismo en nuestra época? No es para nada seguro.

Estrategias del capital para restablecer la cuota de ganancia y anarquía de la competencia

Nuevamente, una aclaración metodológica. La tendencia decreciente de la cuota de ganancia constituye una tendencia de fondo que subyace permanentemente a la acumulación, y se hace visible en las estadísticas elaboradas por los historiadores económicos. De modo que las "causas que contrarrestan la ley" (que Marx examina en el capítulo XIV del Libro III de El capital ) y su identificación tan precisa como sea posible, importan tanto como la tendencia misma (que en realidad no es una "ley")[23]. Ahora bien, de las seis causas contrarrestantes examinadas por Marx allá por 1870, tres parecen ser, en diverso grado, cada vez más inoperantes.
Habiéndose llegado a la culminación del "mercado mundial" con la implantación profunda del capitalismo en partes del mundo que antes eran controladas por el imperialismo y ahora devienen competidores de los países capitalistas centrales (China y la India) los efectos de la causa contrarrestante analizada bajo el subtitulo "El comercio exterior" en gran medida habrían desaparecido.
El alza del precio del petróleo y de muchas materias primas debido a su rarificación podría haber terminado con cualquier esperanza de efectos benéficos provenientes del "Abaratamiento de los elementos que forman el capital constante".

Finalmente "El aumento del capital-acciones" que fuera un factor positivo para la recuperación de la tasa de ganancia ayudando a la centralización y concentración, pasó a ser una fuente específica de agravamiento de las contradicciones capitalistas.
Así, las posibilidades que restan a los capitalistas serían incrementar la utilización de los tres mecanismos contrarrestantes basados en el agravamiento de la situación de los/las asalariados y explotados: "Aumento del grado de explotación del trabajo"; "Reducción del salario por debajo de su valor" (por debajo del nivel necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo y de los asalariados como clase); "La superpoblación relativa" (aumento de la desocupación). Llegamos así a la hipótesis de una época en que el capital se encarnizará contra el trabajo a estos tres niveles, aprovechando las nuevas posibilidades abiertas por la mundialización: un ejército industrial de reserva efectivamente mundial, y la agudización de la competencia de los obreros entre sí impuesta por el capital.

Además, el listado que hiciera Marx de las "causas contrarrestantes de la ley" vale decir de los medios con que el capital busca frenar la caída de la tasa de ganancia y combatir sus efectos, no es exhaustivo. Hoy debe ser ampliado, y dos cosas sobre todo deben ser incluidas en el análisis. Una surge de la manera en que los "capitalistas particulares" - hoy en día grupos industriales muy concentrados que cotizan en Bolsa - tratan de hacer caer sobre los competidores directos, sobre los sub-contratistas y sobre sus asalariados, el peso de los efectos de la caída de la tasa de ganancia y la permanente insuficiencia de la demanda final. La segunda, que es simultáneamente el producto directo de esta competencia y resultante del movimiento del sistema según sus fundamentos (propiedad privada, salario y mercancía), se refiere a que el capital trata de de activar las "causas contrarrestantes de la ley" aunque las mismas sean poco o nada operativas, intentando forzar la realidad y someterla a las exigencias de rentabilidad.

Expliquemos en primer lugar el alcance de la muy fuerte acentuación de la competencia y de la peculiar anarquía que le es inherente. Según los apologistas del neoliberalismo, la liberalización y desreglamentación de las IDE, de las transacciones comerciales y de los flujos financieros, impuestos en una escala sin precedentes, serían un proceso político inacabado. Sin embargo, lo cierto es que está muy avanzado, al punto que por primera vez en la historia del capitalismo, verdaderamente, el mercado mundial "no sólo es el mercado interno en relación a todos los foreign markets [mercados externos] que existen fuera de él, sino al mismo tiempo el mercado interno de todos los foreign markets [mercados externos] como partes componentes a su vez del home markets [mercado interno]" [24]. A medida que se derrumban las protecciones nacionales, tanto las tarifas aduaneras como los subsidios estatales, los grupos capitalistas quedan presos del caos de la competencia. En un marco mundializado y liberalizado, el juego de "las leyes coercitivas de la competencia" es en si mismo un aguijón para las tendencias destructivas que el capitalismo lleva en su seno.

La crisis ecológica, agravante cualitativo para el cambio de período histórico
Partimos de las declaraciones de una especialista norteamericana en el recalentamiento del clima sobre el "curso autodestructivo" de la sociedad contemporánea. Debemos ahora recolocar la crisis ecológica en la interpretación de conjunto esbozada. Los prolegómenos de la crisis climática son anteriores a la transición hacia el período de la mundialización. Pero el hecho de que esta crisis alcance su madurez y se acelere (aunque mas no sea porque China adopta no sólo el capitalismo, sino que una fracción de su población pasible de ser incorporada al cierre del ciclo de valorización del capital, adopta también el "modo de vida americano") agrava cualitativamente el conjunto de los procesos y problemas que marcan el cambio de período histórico.

La crisis climática no es una cuestión sentimental. En los últimos veinte años progresó tan rápidamente que no sólo amenaza la continuidad de las condiciones de reproducción social de algunas clases, de algunos pueblos e incluso de algunos países, sino que en algunas partes del mundo ya las ha destruido. Por otra parte, las proyecciones científicas cada vez más precisas sobre el ritmo del descongelamiento los hielos polares en el Ártico y en la Antártida y los efectos de esto, muestran que falta muy poco tiempo para que también sufran sus efectos los países industriales viejos y nuevos.

Entre las fuentes emisoras de gas con efecto invernadero, el transporte automotor, camiones y aviones ocupan el primer lugar. Pero precisamente sobre estos medios y las industrias que los producen se basan los planes y proyecciones del "crecimiento" mundial. Se piensan economías de energía a muchos niveles, pero nunca en relación con los inmensos desperdicios asociados a la minoría de la población que expresa una demanda monetaria y a la cual es preciso entonces imponer mercancías que ya tienen.
¿Cómo explicar que debido a "la ceguera" y "el curso autodestructor" se adopte este tipo de vías? La explicación mas inmediata y en gran medida más fácil es, evidentemente, el rol jugado por el muy poderoso bloque de interés de grupos industriales con fuerte intensidad destructiva de la ecosfera en particular y del medio ambiente en general: los del complejo petrolero-automotriz y petroquímico y del complejo militar-industrial con el que tienen intereses compartidos; así como también los grandes grupos de ramas como las minería, la agro-industria y el papel.

Las ganancias de estos oligopolios dependen de la continuidad de los modos de vida (el uso del automóvil y las correspondientes opciones urbanas, etcétera) que tienen los mayores efectos en término de emisión de gas con efecto invernadero, en particular CO2. El objetivo que estos grupos industriales se han fijado, con la cooperación activa del Partido Comunista de China y los nuevos capitalistas locales, es que una fracción aunque sea mínima (10%) de los mil cien millones de habitantes de China reemplacen con el automóvil los servicios públicos y las bicicletas. No importan los efectos ecológicos, desde que el mercado chino garantiza al capitalismo mundial una década de "crecimiento" que permitirá a los mercados bursátiles - en Wall Street, en Tokyo y en Europa - postergar el momento en que la misma dimensión de la acumulación de capital ficticio (títulos que representan una "promesa", una pretensión de llegar a compartir las riquezas creadas) desembocará en un crack financiero mundial. El rol de este bloque de intereses es real, algunos puntos están documentados (por ejemplo, las estrategias implementadas para desacreditar a los científicos e introducir dudas donde ya no debería haberlas)[25] y sería imposible sobreestimar su importancia. Pero no es toda la explicación.

¿Cómo explicar el grado de aceptación del que goza esta propaganda, a pesar de la magnitud y proximidad de la amenaza? Un primer factor explicativo es el grado superlativo en que nuestro pensamiento está impregnado por la concepción de las relaciones de los hombres con la "naturaleza" forjada a lo largo de cuatro siglos.

La frase célebre de uno de los primero teóricos del capitalismo naciente, Francis Bacon, según la cual "la naturaleza [está] para ser tomada como una mujer pública", vale decir para ser sometida sin restricciones a las exigencias de la producción para el mercado, fue dicha en el siglo XVII. Después, prácticamente toda la actividad científica y tecnológica estuvo impregnada por este enfoque, cuando no directamente sometida a las exigencias del ciclo de valorización industrial. El capitalismo tendrá muchas dificultades para alejarse de esta posición, sea cual fuere la gravedad de los efectos del cambio climático[26] o la rarificación de los recursos. Posición que, además, tuvo y en parte conserva su versión "socialista", bajo la forma de una interpretación del rol progresista del capital desde el ángulo del "desarrollo de las fuerzas productivas"[27]. Otro factor que explica la relativa sordera de la mayoría de los asalariados de los países industrializados tiene ciertamente que ver con la polarización social mundial, y con el hecho de que el deterioro de las condiciones cotidianas de los asalariados (empleo, poder de compra, etcétera) les parece el problema prioritario. Dado que la gente que sufre primero el impacto directo de la crisis ecológica generalmente está situada en lo que se llama "el Sur" o en el antiguo "Este", y como los otros procesos siguen siendo difíciles de explicar y comprender, para la mayoría de los asalariados de los países industrializados la amenaza sigue siendo lejana y por tanto abstracta. El tiempo muy largo de gestación de los plenos efectos de mecanismos que están presentes en el capitalismo desde sus orígenes, fue y sigue siendo un poderoso factor de inercia social en los países capitalistas avanzados[28]. Los grupos industriales y los gobiernos de los países de la OCDE aprovechan muy bien esto para difundir la idea de que la degradación de las condiciones físicas de la vida social sería parte de los males "naturales" que algunos pueblos estarían condenados a sufrir, una "desgracia" adicional. En lo que "nos" concierne, los habitantes de los países industriales tenemos tiempo para ver lo que se viene. Sobre todo porque el desafío es realmente inmenso, porque se trata nada menos que de poner en evidencia la "naturaleza" de la problemática del valor de cambio, y por tanto del reino del capital.

En cuanto alguien comienza a interesarse en las cuestiones del cambio climático y la destrucción de los recursos del planeta, rápidamente comprende que en los países avanzados lo que hace falta no son cambios marginales, sino un giro copernicano en el modo de vida cotidiano y en la organización social. Toda la organización de la vida social deberá ser repensada luego de ser sustraída al mercado y después de que el ejercicio del derecho de propiedad haya sido seriamente encuadrado. Es la incapacidad o negativa de los partidos Verdes a enfrentar esta evidencia lo que origina sus balances tan pobres, sus crisis y descrédito. El origen último de los problemas ecológicos reside en que , en el marco del capitalismo, el trabajo humano no interactúa con la "naturaleza" como trabajo concreto productor de valores de uso, sino como trabajo abstracto productor de valor de cambio, en el seno de movimiento infinito de valorización del capital[29]. Cuando se demostró la necesidad o mas bien se la percibió empíricamente, como ocurrió en algunas comunidades campesinas, el trabajo productor de valores de uso pudo establecer con la "naturaleza" una relación de "gestión prudente", basada en el reconocimiento de la cantidad limitada de determinados recursos y en el respecto a las exigencias para la reproducción de las especies vivientes terrestres y acuáticas. La producción de valor de cambio con vistas a la ganancia no puede hacerlo, sobre todo cuando las firmas experimentan una feroz competencia internacional y sufren el diktat de los accionistas. La disminución de costos y la maximización de beneficios, dirigidas por la producción para la ganancia, conducen obligatoriamente a que se extiendan los enfoques semejante al de la explotación "minera". Esta consiste en sacar de la "mina", que puede ser también una zona de pesca en el océanos, un bosque, tierras vírgenes, toda la materia prima que pueda y durante todo el tiempo en que sea rentable, sin preocuparse con los daños sociales o ecológicos (como máximo considerados, al igual que en las guerras, "daños colaterales") y después ir a recomenzar en otra parte la misma operación.

Desde el siglo XVII, cada vez que la producción capitalista agota la explotación de una materia prima, se desplaza para recomenzar la operación en otro lado, o encuentra un sustituto en la naturaleza, o pide a los científicos que creen un reemplazo con la ayuda de acciones científicas y tecnológicas guiadas por las necesidades del capital. Pero la humanidad, la sociedad humana planetaria, ha llegado a un punto en que esta manera de proceder conduce a crisis terribles. So pena de caer en el caos, una de cuyas caras es la guerra, el futuro de la sociedad planetaria exige, o exigirá, terminar con la competencia feroz por materias primas raras o en vías de rápido agotamiento, su socialización, la planificación negociada de su utilización mas racional en relación con las necesidades sociales mundiales, compartiéndolas. ¿Existen acaso otras salidas al curso auto-destructor?

Guerras multiformes en la época de la mundialización

Es el conjunto de las relaciones antagónicas, los procesos contradictorios y las tendencias ciegas que venimos de esbozar, lo que prepara el terreno de las guerras de comienzo del siglo XXI. De aquí proviene su carácter multiforme. Es una de las expresiones del cambio de período cuya naturaleza y causa intentamos exponer en este artículo, señalando el lugar que pasaron a ocupar la competencia cada vez más ciega, la multiplicación de los "desarreglos" de la naturaleza, la extensión de la esfera de la privatización por Estados que quieren "achicar" gastos, y todo esto en el marco de un sistema que ya no logra producir toda las plusvalía que requiere.

Uno de los rasgos a escala mundial desde los años 1990 es la multiplicación de guerras que desgarran a los países del llamado "Sur" (la expresión "Tercer mundo" desapareció). Una tercera parte de los países clasificados como "menos avanzados" por el Banco Mundial estuvo comprometido en guerras de al menos un año de duración. Estas guerras, civiles o fronterizas, y en donde las víctimas son casi exclusivamente civiles, afectan muy especialmente al continente africano. Los sostenedores de la mundialización las presentan como resultado de una "mala gobernancia" (corrupción, derechos de propiedad mal definidos, debilidad de la democracia, rivalidades étnicas, etcétera) y de la demora de gobiernos y poblaciones en adherir al proceso de mundialización[30]. A veces son llamadas "guerras por los recursos", otras "guerras locales". De hecho, tienen rasgos combinados. Son también "guerras imperialistas por materias primas estratégicas" frecuentemente hechas a través de interpósitas personas en el contexto de la competencia por las materias primas entre países capitalistas centrales, que no quieren ni pueden restablecer las formas de dominación política directa de la época colonial.

Los países que experimentan este tipo de guerras cuentan con importantes recursos naturales cuya producción, transporte y negociación están en manos de STN. Son recursos destinados casi exclusivamente a los mercados de los países industrializados, incluida China. Mientras mas bajos sean sus precios, mayor será la economía de capital constante (ver mas arriba). Los recursos minerales indispensables para la producción de algunos bienes manufacturados críticos son apropiados y exportados hacia los países desarrollados, en el contexto de guerras deliberadamente provocadas. A titulo de ejemplo, el caso de las "guerras de Coltan", un metal necesario para la fabricación de condensadores electrónicos, fue documentado en informes de la ONU y las ONGs que cuestionaron la responsabilidad de compañías occidentales en las mortíferas guerras en la República Democrática del Congo. También son estrechas las relaciones entre los recursos naturales destinados al consumo de los hogares de países ricos (maderas de ebanistería y diamantes) en las guerras en Liberia y Sierra Leona. Otra dimensión imperialista tiene que ver con el rol de los operadores y mercados financieros en la cadena que va desde la extracción/predación de recursos hasta su venta en mercados solventes. La desreglamentación de los mercados financieros reforzó la opacidad de las transacciones financieras y multiplicó los paraísos fiscales, dos elementos que facilitan la circulación del "dinero sucio". Así colocan a salvo fortunas inmensas los grupos industriales, las elites locales, los intermediarios remunerados para establecer esos corredores entre los lugares de producción de recursos (el Sur) y su utilización (el Norte), y algunos hombre políticos en el Norte se benefician con retro-comisiones (por ejemplo por la venta de armas que alimentan esas guerras del Sur).

Las "guerras por los recursos" se producen frecuentemente en Estados o regiones donde viven, o mejor dicho sobreviven, los que podríamos llamar los "condenados de la mundialización". Invariablemente, las víctimas son las poblaciones civiles. Tanto más cuanto que estas guerras pueden abrir paso o servir como tapadera a otras guerras, en las que el objetivo identificable tiene que ver con una voluntad de tipo genocida de aniquilación de decenas o centenares de miles de mujeres y hombres que anteriormente pudieron coexistir en un mismo territorio. Llevadas adelante en nombre de la religión o de la pertenencia étnica, son guerras atizadas por una forma de competencia que las poblaciones más miserables se hacen para obtener medios de supervivencia. El acoplamiento de las expresiones de la barbarie creciente, que es propio del período en que hemos entrado, hace que estos Estados o regiones sean generalmente también aquellos donde el cambio climático ya se tradujo por la destrucción de medios tradicionales de reproducción social y en los que ha comenzado a provocar los movimientos migratorios que son propios de tales situaciones.

Se puede hacer un aproximación al menos parcial entre las "guerras locales" de África y las guerras del tipo a las que dio lugar el estallido de Yugoeslavia, es decir guerras ligadas a procesos de "balcanización" que las mundialización puso en marcha. Así como en una fase histórica anterior la constitución de Estados unitarios se correspondió con las tendencias de fondo del desarrollo del capitalismo, su dislocamiento traduce las tendencias que actúan cuando son la liberalización y la privatización las que dominan. Para el capital las fronteras son una molestia, y no ven en el Estado más que una institución del mantenimiento del orden. Las STN y los gobiernos de todos los países de los que surgieron no ven inconvenientes en el estallido de Estados unitarios, y ellos (o algunos de ellos) pueden incluso fomentarlos, como sucedió con Alemania en la ex-Yugoeslavia. La mundialización del capital conduce a lo que los geógrafos denominan "economía en archipiélago"[31], que hace de los países una simple yuxtaposición de territorios colocados en la dependencia de relaciones extravertidas conducidas por la inversión de tal o cual STN, acompañadas de esas inmensas concentraciones de gente expulsadas de sus tierras o privadas de trabajo por las empresas, como son las grandes ciudades del "cuarto mundo".

A diferencia de otros enfoques que abordan la guerra contemporánea poniendo en el núcleo del análisis la política de los Estados y sobre todo de los Estados Unidos, hemos puesto como punto de partida la comprensión del capitalismo contemporáneo.

Hasta aquí no los habíamos considerado, pero debemos ahora introducir el rol de los grandes Estados que construyeron y mantuvieron las relaciones mundiales de intercambio desigual de predación y dominación. La vía de ingreso fue sugerida mas arriba: la economía mundial entendida como totalidad diferenciada y jerarquizada tanto a nivel económico como a nivel político. Hasta el presente, la mayoría de las STN fueron originarias de países desarrollados que tenían los medios para ejercer exteriormente un poder económico que se podía prolongar militarmente. El grado de ingerencia internacional de estos países, estimulando conflictos armados, o participando directamente en ellos, fue variable pero siempre existió. El militarismo nunca desapareció en países como Francia y el Reino Unido, que siendo sede de grupos industriales activos en las áreas del petróleo, el gas y los recursos naturales, dedicaron una parte importante de su presupuesto al financiamiento de importantes industrias armamentistas, cuyos peculiares "productos" debían venderse. Existe un renacimiento del militarismo en el Japón, que tiene también una industria armamentista, y levanta cabeza en Alemania.


Los Estados Unidos, potencia hegemónica propagadora del caos


En el seno de este grupo de países y, mas en general, a nivel mundial, los Estados Unidos ocupan desde 1945 un lugar aparte, que consolidaron en 1989-1992 y que actualmente conservan, aunque las relaciones políticas mundiales están cambiando, y tal vez más rápidamente de lo que suele creerse. Una de las principales consecuencias de la liberalización y de la desreglamentación fue crear las condiciones que posibilitaron a los Estados Unidos realizar una doble exhibición de fuerza. En primer lugar, haber aportado -al menos en apariencia- un desmentido a la teoría de la "decadencia norteamericana", dado que se pasó de una década signada por su retroceso industrial frente a rivales como Japón y Alemania, a la posición que ocuparon luego de 1992, de potencia hegemónica sin rival tanto a nivel financiero como en el plano de la fuerza militar. Además, al mismo tiempo, haber logrado asentar el funcionamiento cotidiano de su economía sobre una inmensa acumulación de capital ficticio, sobre relaciones de profunda dependencia sino de predación respecto al resto del mundo. Las contradicciones que conllevan estas relaciones, cuyos indicadores económicos son los múltiples déficit norteamericanos, así como el sentimiento de inseguridad que genera esta dependencia, son un elemento constitutivo de las diversas guerras que los Estados Unidos protagonizaron al comenzar este siglo.

Algunos defienden la idea de que al menos parte de las guerras libradas por los Estados Unidos serían "guerras ideológicas". Los Estados Unidos estarían en una ofensiva para extender "la democracia y el mercado". De ninguna manera me parece así. La especial responsabilidad que tiene Estados Unidos en el agravamiento del militarismo expresa tanto su vulnerabilidad como su fuerza. Un informe muy importante publicado en el 2000 coloca la defensa de la "viabilidad y la estabilidad de la globalización" (entendida como "el conjunto de los grandes sistemas globales como son las redes comerciales, financieras, de transporte y energéticas") en el primer plano de sus "intereses vitales" que en caso de ser amenazados justificarían acciones militares[32]. Estas incluyen por supuesto acciones con el objetivo de crear condiciones políticas que aseguren a los Estados Unidos un máximo aprovisionamiento de petróleo y gas. Las dos guerras contra Iraq caen parcialmente dentro de este esquema de "guerras del petróleo", libradas por el control de un recurso estratégico y que incluyen también una dimensión de rivalidad económica inter-imperialista. Pero guerras como la de Afganistán, la afirmación del "derecho" de actuar preventivamente sin que exista ninguna agresión, o de violar tratados como las Convenciones de Ginebra, tienen sobre todo el objetivo de recordar que Estados Unidos tiene la voluntad y capacidad de hacer perdurar, cueste lo que cueste, las relaciones exteriores necesarias para la perennidad del "modo de vida americano".

Esta problemática es anterior a los ataques del 11 de septiembre. Estos revelaron a gran parte de la población la inestabilidad de sus relaciones con el resto del mundo, despertando sus temores. La "guerra sin fronteras" declarada contra un enemigo terrorista que está en todas partes y en ninguna, y cuya identidad es por definición variable, tiene los rasgos paradójicos y paroxísticos de una guerra conducida tanto para conjurar un sentimiento de inseguridad como para enfrentar a enemigos identificables. Su aspecto interno conlleva el montaje de un sistema jurídico y policiaco liberticida (el Patriot Act con todos los agregados que se le hicieron y los que están siendo preparados) potencialmente preparatorio de un verdadero "totalitarismo de economía de mercado"[33].

La política - e incluso la acción militar como tal - de países que van a la guerra al menos en parte para conjurar la inseguridad y el temor, tienen el aspecto de fuga hacia adelante[34]. Se asiste hoy a una combinación contradictoria entre una muy grande capacidad de alcanzar objetivos circunscriptos, fundada en un gran dominio de tecnologías tanto "duras" como "blandas" (el management científico con ayuda de supercomputadoras) la inconsistencia de los objetivos estratégicos y la pérdida de control en el terreno (los Estados Unidos en Iraq, Israel en el Líbano), por desconocimiento no sólo de realidades políticas y sociales locales, sino también por lois rasgos profundos de un período histórico en que las fuerzas del caos se han liberado. Caos que se acentúa con el creciente recurso a empresas especializadas en el suministro de mercenarios llamadas sociedades militares privadas (SMP), cuyo rol se hace cada vez más evidente dado el lugar que les hacen jugar en Iraq los Estados Unidos y Gran Bretaña. Claude Serfati informa[35] que hay aproximadamente 20.000 "asalariados" de sociedades norteamericanas proveedoras de mercenarios presentes en Iraq, de modo que constituyen el "segundo ejército de ocupación". El auge de las empresas de mercenarios, cuya cifra de negocios alcanzaría los 100 mil millones de dólares en el 2005, traduce un proceso de privatización de funciones soberanas. Como escribe Serfati, esto es parte de "la agenda neo-liberal". Para el neoliberalismo, el desplazamiento de las fronteras de lo económico y lo político que va mas allá de los cambios de relaciones entre el "mercado" y el Estado, llega hasta las funciones soberanas del Estado. Las funcinoes de defensa, y no sólo la producción de armas, tienen vocación de ser privatizdas, así como lo son el sistema carcelario y al menos una parte del aparato judicial. La privatización de las "tareas de seguridad" está en el primer plano de los procesos de externalización y subcontratación puestos en marcha por los grandes grupos que operan en la energía, las materias primas y metales preciosos. A esto se debe que, desde hace dos décadas, las SNT recurren, con la autorización tácita sino con la ayuda de sus Estados, a los servicios de sociedades militares privadas, sobre todo en Africa. Para los grandes crupos multinacionales que han invertido en regiones desgarradas por las guerras, y para las que "el negocio debe continuar" durante las masacres de las que son generalmente co-responsables, los mercenarios son "colaboradores" indispensables. En Angola, la complicidad de grupos petrolíferos (norteamericanos, británicos, franceses, etc.), del ejército gubernamental y de las SMP ha sido denunciado desde hce muchos años por las ONGs. Estudios serios estiman que los grupos multinacionales destinan entre el 3 y el 5% de su cifra de negocios al mantenimiento de fuerzas de seguridad. Estos batallones de mercenarios serán las tropas de choque de las SNT de todos los países predadores de materias primas cuando comiencen las guerras por los movimeintos migratorios masivos provocados por el cambio climático. Si el Pentagono fue el primero en realizar estudios sobre esto, los ministerios de defensa de los principales países lo han seguido. A este nivel, a la luz de las medidas de "lucha contra la inmigración" podemos estar seguros de que se formará un compacto bloque en defensa de "Occidente".

Límites de la hegemonía norteamericana e incremento de las amenazas de guerra
Sería necesario hablar de Rusia, donde todos los procesos aquí esbozados parecen en marcha, pero por falta de elementos lo dejaré de lado. El desarrollo más reciente de la cuesíón está referido a la multiplicación de los límites politicos de la hegemonía militar de los Estados Unidos, demostrativos del hecho de que la hegemonía militar no garantiza la hegemonía política. Las expresiones de los cambios en marcha, que muestran los límites de la hegemonía norteamericana o la cuestionan parcialmente, no provienen de Europa. El desacuerdo expresado por Jacques Chirac y Gerhard Schroder a la invasión de Iraq y la negativa a sumarse a la coalición constituye el máximo de la oposición que los Estados europeos serían capaces ante los Estados Unidos, y es posible que haya sido la última vez. Francia y Alemania se cuentan entre los paises que toman la posta de los Estados Unidos en Afganistán y constituyen la columna vertebral de la combinación política y militar que actúa en el Líbano para salvar la cara de Israel y también de los Estados Unidos. La "política exterior comun" no tiene la misión de proponerse como "alternativa" a la de los Estados Unidos, sino de acupar los espacios y retomar la acción donde las mismas fracasan.

Es en Asia donde las rlaciones se modifican rápidamente. El análisis de las modalidades y consecuencias del desplazamiento geopolítico del núcleo de la acumulación efectiva y del ingreso a escena como potencia capitralista de China ocupará un lugar cada vez más central en la consideración del nuevo período. La transformación de China en "fábrica del mundo", con el impulso de mecanismos endogenos pero también de la masiva ayuda privada extranjera representada por la llegada de las SNT norteamericanas, japonesas y ahora europeas, está en el corazon de los procesos en los que el capital, que verá levantarse ante sí las barreras anteriormente conocidas, con las que volverá a encontrarse con formas más graves, nuevas barreras antes desconocidas. Y hay algo más. Asistimos al "desdoblamiento", por así decirlo, de los países en que están situacos los centros financieros y son los bastiones de capital de inversiones con rasgos rentistas, y los países de Asia donde se efectúa la acumulación efectiva, la que asiste a a la incorporación al ejército de proletarios explotados por el capital a centenares de millones de nuevos reclutas, a lo cual se agrega la acumulación de nuevos medios de producción y de comunicación que esta explotación exige. Cuando los países en cuestión tienen el tamaño, la cilización multisecular y las ambiciones de la China o incluso de India, este "desdoblamiento" necesariamente deve ser acompañado por grandes cambios en la configuración de las relaciones políticas y militares. Los Estados Unidos han permitido que la India, que al iguaal que Israel jmás adhirió al Tratado de limitación de la proliferación nuclear, dotarse del arma atómica. El objetivo es hacerse un aliado para las confrontaciones por venir con Pakistán y sobre todo con la China.

Los Estados Unidos son la única potencia hegemónica que ha ayudado a un Estado que tiene la particularidad de se el único capaz de llegar a ser su rival directo, a franquear de manera acelerada las etapas decisivas de recorrido que puede lelvar a tal resultado. Son los grandes grupos de la industria manufacturera y de la gran distribución los instrumentos de esto mediante la implementación de estrategias industriales concebidas bajo la imposición de la caida de las ganancias y las exigencias de de sus accionistas y mercados bursátiles. Sería difícil encontrar mejor ejemplo de una fuga hacia adelante bajo la presión de las ciegas leyes de la competencia. Menos que en cualquier otra parte del mundo, los Estados unidos no tienen las manos libres en Asia. Como lo demuestra la crisis nuclear con corea del Norte, son los grandes paises asiáticos, China y Japón, quienes deciden la respuesta a dar. Lo hacen en condiciones de rivalidad creciente con Japón. En la península indostana, los Esados Unidos están en una situación mendicante ante Pakistán, el único capaz de ayudarlos a salir del pantano afgano. ¿Quién está marcando el movimiento de generalización de situaciones de guerra en el Medio Oriente? Después del empantanamiento de los Estados Unidos en Iraq, cuyo estallido precipitaron ¿no han sido Israel, Irán y Arabia Saudita tanto como ellos?[36]

Es posible alegrarse, pero es posible también medir hasta que punto dicho debilitamiento está acompañado por procesos de diseminación del arma nuclear y ha provocado que los Éstados Unidos recomenzaran los estudios sobre la utilización "táctica" de bombas atómicas miniaturizadas. Finalmente, el caos sino desencadenado al menos acelerado por el capital "liberado" se traduce en la emergencia de otros actores privados en el campo militar y de la seguridad internacional. Junto con otros, Claude Serfati los llama redes transnacionales violentas, denominación que
parece a la vez más englobante que el de organizaciones criminales transnacionales (mafias, etcétera) y mas neutro que el de redes terroristas generalmente utilizado en los documentos estratégicos de los países desarrollados, pues sabemos que las organizaciones internacionales no han formulado ninguna definición concensuada de los "terroristas". Estas redes disponen de medios tecnológicos a veces muy exitosos.

La diseminación de "armas de destrucción masiva" (nuclear, bacteriológica, quimicas) por las RTN está sin dudas encaminada, pues su punto de partida está en los países que los producen o en la relativa rusticidad de algunas tecnologías utilizadas para fabricar tales armas. Y a falta de ellas, estos grupos transforman a vectores civiles (aviones, vehículos con bonbas, etc.) en instrumentos de destrucción.[37]

Tal es el contexto de la acción política actualmente. Sin embargo, en la campaña electoral que comienza [en Francia NdT] estas cuestiones seguirán silenciadas, por responsabilidad de todas las formaciones políticas sin excepción, con el pretexto de que son "asuntos demasiado difíciles para los electores". En comparación con semejante enanismo, por la forma en que conduce su la campaña sobre el cambio climático, Al Gore parece un gigante, mas allá de la tremenda debilidad de los remedios que propone. ¿Será necesario ser un "ex-futuro presidente" para intentar explicar a la gente, aunque sea con un dossier, hacia donde marcha la sociedad planetaria?.

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* Artículo publicado en Carré Rouge nº 37, noviembre de 2006, presentado como aporte al debate en el marco del proyecto "Pensar el comunismo, el socialismo, hoy". Traducido para Herramienta por Aldo Casas.

** François Chesnais es economista, redactor de la revista Carré Rouge y colaborador de Herramienta. Los últimos libros que dirigió o en los que participó son La finance mondialisée (La Découverte, 2004); La finance capitaliste (PUF, Actuel Marx, 2006); Fin du néolibéralisme?(Actuel Marx N° 40, PUF, 2006).


[1] Elizabeth Kolbert, Field Notes from a Catastrophe, Nueva York. Citado en el suplemento especial de Courrier International, "Trop chaud", octubre 2005, pág. 13.
[2] Cornelius Castoriadis, Le Monde Diplomatique, agosto 1998. Cita tomada del texto "Entre croissance et décroissance, reinventer la politique", enviado por Geneviève Azam al Grupo de trabajo de Attac sobre Ecología y sociedad.
[3] Carlos Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economia política (borrador) 1857-1858, Buenos Aires, Siglo XXI, 1971, vol. 1, 238.
[4] Anselm Jappe, Les adventures de la marchandise: Pour une nouvelle critique de la valeur. París, Denoel, 2003, pag. 141.
[5] El término "industria" actualmente incluye las industrias extractivas, manufactureras y de "servicios" de conjunto.
[6] Se encuentra una definición, por ejemplo, en Alain Bihr, La reproduction du capital. Prolegómenes à une théorie générale du capitalismo. Lausana, Editions Page Deux, 2001, tomo 1, pag. 79.
[7] C. Marx, Elementos… ob. cit. Vol. 1, pag. 276.
[8] C. Marx, El capital. Crítica de la economía política. México, F.C.E. 1973. Vol. 2, pag. 52.
[9] C. Marx, Manuscritos Económico-Filosóficos de 1844, Buenos Aires, Ediciones Colihue, 2004, pag. 175/6.
[10] También para la cuestión del fetichismo la lectura de Jappe es muy importante, pero los límites del artículo exigen dejar la presentación de tal análisis para otra ocasión.
[11] Jappe, ob. cit., pags. 64-5.
[12] C. Marx, Elementos… ob. cit., vol 1, pag. 249.
[13] A. Bihr, La préhistoire du capital, Lausana, Editions Page Deux, 2007.
[14] Es lo que David Harvey denomina "acumulación por desposesion", aunque no dice con la necesaria claridad que la misma sólo puede complementar y no reeemplazar la producción y apropiación de plusvalía creada en las empresas capitalistas. Ver David Harvey, The New Imperialism. Oxford University Press, 2003.
[15] Ver Robert Boyer, La théorie de la régulation: une analyse critique. París, Editions La Découverte, 1987. Leer este libro veinte años después muestra hasta qué punto esa noción estaba ligada a la existencia de condiciones políticas totalmente específicas.
[16] En lo referido al carácter simultáneamente relativo y fundante del "poder de la finanza", ver F. Chesnais "La prééminence de la finance au sein du ‘capital en general’, le capital fictif et le mouvement contemporain de mondialisation du capital", en La finance capitaliste. París, Collection Actuel Marx Confrontations, PUF, 2006.
[17] Ver nota 7.
[18] C. Marx, El capital, ob. cit. Libro III, vol. 3, pag. 248.
[19] Ver F. Chesnais, ob. cit.
[20] La expresión "insaciabilidad de la finanza" está tomada de los que se dedican a la finanza como Pascal blanqué, y la utilizo para que se comprenda el proceso de tentativa de valorizacion infinita del dinero. Ver mi propio capítulio en F. Chesnais (coord.), La finance mondialisée, racines sociales, configuration, conséquences. Paris, Editions La Découverte, 2004.
[21] Ver Mike Davis, Planet of Slums. Londres, Verso, 2006.
[22] C. Marx, El capital, ob. cit. Libro III, vol. 3, pags. 213-263. La Sección Tercera lleva como título general "Ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia", incluyeendo el Capítulo XIII "La ley como tal", el Capítulo XIV "Causas que contrarrestan la ley" y el Capítulo XV "Desarrollo de las contradicciones internas de la ley".
[23] Ver inter alia, para el período 1950-2000, Robert Brenner, The Economics of Global Turbulence, nueva edición ampliada, Londres, Verso, 2006, cuadro 15.8, pag. 312, que muestra muy bien el juego de la ley en los Estados Unidos, así como las causas contrarrestantes de sus efectos que fueron puestas en marcha.
[24] C. Marx, Elementos… ob. cit. Vol. 1, pag. 222.
[25] Ver el film La verdad que molesta de Al Gore y otros, así como el número especial de Courrier International ya citado.
[26] En el ya citado Courrier… ver sobre todo los artículos referidos a "Aprendices de hechiceros del clima".
[27] Ver François Chesnais y Claude Serfaty, "Les conditions physiques de la reproduction sociale", en J-M. Harribey y Michael Lowy (director) Capital contre nature. Paris, Actuel Marx Confrontation PUF 2003. Allí explicamos el camino que estuvimos obligados a seguir para desprendernos de lo que los adversarios ecologistas del marxismo y del pensamiento marxiano presentan como una tara constitutiva. Mostramos que no es así: basta con leer a Marx de otra manera.
[28] Sobre la cuestión de los tiempos largos propios de la ecología, ver Jean-Paul Deléage, Une histoire de l’écologie. Paris, Editions de la Découverte, 1991.
[29] Ver Philippe Muhlstein "Le travail, son sens et son alienation", nota de trabajo para el grupo Ecología y Sociedad, del consejo Científico de ATTAC.
[30] Sobre este punto y los que siguen a continuación, me apoyo en un trabajo de Claude Serfati "Guerra y Militarismo en la mundialización", preparado para la reunión del Consejo Científico de ATTAC del 21 de octubre de 2006.
[31] Una visión tranquilizadora de esta caracterización propone Pierre Veltz. Mondialisation, villes et territoires: l’economie d’archipel. Paris, PUF, 1996.
[32] Report of the Commission on Americ’s National Interests, Washington D.C., 2000, analizada por Claude Serfati en La mondialisation armée, le déséquilibre de la terreur. Paris, Textuel, 2001.
[33] Ver el editorial del New York Herald Tribune del 29 de septiembre de 2006: "A tyrannical antiterror law".
[34] Remito a la discusión en Carré rouge nº 25, abril 2003, al comienzo de la guerra contra Iraq
[35] Ver la ya citada nota de Serfati al Consejo cientifico de ATTAC. También, el reciente libro de Xavier Renou, La privatisation de la violence, mercenaires et societés militaires privées au service du marché. Marsella, Editions Agone, 2006.
[36] No incluyo dentro de esta lista al retroceso de Estados Unidos en Latinoamérica, porque es el único continente donde se ha hecho bajo el efecto de la movilización de los explotados y no como simple expresión de pérdida de control por parte de la potencia norteamericana.
[37] Claude Serfati, en la ya citada nota de trabajo a ATTAC.
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