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BREVES APUNTES SOBRE EL DESARROLLO DEL PROYECTO NACIONAL SIMON BOLÍVAR 2007-2013 (PNSB): ALGUNAS DIFICULTADES A SALVAR.

martes, 14 de julio de 2009


Jaime Corena P.

A continuación miramos la coherencia de la directriz IV del PNSB con la teoría socialista y algunas medidas del liderazgo de la revolución para desarrollarla.

COHERENCIA DE LA DIRECTRIZ IV

La directriz IV del PNSB (rubricado por el Presidente Chávez) es coherente con la propuesta socialista original y está sujeta al desarrollo actual de la teoría socialista, que a nuestro juicio expresa muy bien el trabajo de Mészáros en su obra Más Allá del Capital. La directriz reza:

“Con el fin de lograr trabajo con significado, se buscará la eliminación de la división social, de la estructura jerárquica y de la disyuntiva entre la satisfacción de las necesidades humanas y la producción de riqueza subordinada a la reproducción del capital”.

COHERENCIA CON LA TEORÍA ORIGINAL.


Precisamente en la Ideología Alemana, Marx y Engels (página 43, tomo I, El Perro y la Rana, 2007, Caracas), apuntan que la posibilidad de que no caigan en choque dialéctico fuerte (contradicción antagónica) las actividades materiales y espirituales, el disfrute y el trabajo, la producción y el consumo (asignadas a diferentes individuos), reside solamente en que vuelva a abandonarse la división social del trabajo (subrayado nuestro).

Es claro entonces que la búsqueda de la eliminación de la división social del trabajo y su orden jerárquico, según el PNSB, tiene sentido originario. Pero surge una pregunta: ¿En las condiciones concretas de profundización de la Revolución Bolivariana de Venezuela y en su actual contexto internacional y regional, cómo dar pasos progresivos en esa dirección? La revolución soviética poco o nada pudo hacer al respecto y la china hasta ahora no muestra resultados a destacar.


COHERENCIA CON LA TEORÍA SOCIALISTA ACTUAL.

En Más Allá del Capital, Mészáros, (página 851, Vadell Hermanos, Caracas-Valencia, 2001), precisa a tono con la idea originaria:

“DADO que el objetivo de la emancipación socialista es la superación radical de la división social jerárquica del trabajo heredado, importa muchísimo cómo pueden las formas de mediación material transicionales emprender de manera efectiva la tarea de reestructurar el marco metabólico de la sociedad postrevolucionaria”.

A esa forma de mediación material transicional es que nos referimos cuando preguntamos por los pasos a dar para avanzar en este objetivo emancipatorio. El estado actual de la respuesta a esta pregunta es una tarea que el liderazgo de la revolución, el Consejo de Ministros, el Buró del PSUV y la Asamblea Nacional deben abordar con apoyo en la más amplia participación de los (as) trabajadores (as).

A juzgar por lo que vemos, en las relaciones sociales que todavía se reproducen en las empresas que podemos decir que hacen parte del área de la economía socialista, son muy pocas las huellas que hasta ahora se marcan en dirección a la búsqueda de eliminar la división social del trabajo y su orden jerárquico. El viejo orden cultural del capital, aún domina la gestión empresarial. Y en la organización del trabajo en las instituciones de la República Bolivariana de Venezuela, la cosa tampoco ha cambiado mucho (casi ninguna de estas ha elaborado un plan para avanzar en la directriz IV). Ello, pese a que desde diciembre de 2006 el presidente Chávez llamará a construir la economía socialista.

Como elementos de la mediación material transicional que genera conciencia y formación socialista de masas y de cuadros están, a nuestro juicio y entre otros (sobre los hombros de la propiedad social y/o comunal):

• La aprobación por asamblea del trabajo de los presupuestos de las empresas y su aplicación.
• La definición participativa de costos, precios, excedentes y distribución de estos últimos.
• La introducción participativa de nuevos productos para satisfacer necesidades humanas y del país.
• La conformación participativa del cuadro de dirección de la empresa y la elección por votación directa y secreta de la gerencia.
• El desarrollo científico tecnológico, la calidad y la productividad por medio de unidades de investigación y desarrollo participativas.
• La acreditación y potenciación del saber adquirido por experiencia laboral en la empresa y en convenio con universidades.

Si estos elementos, y otros relevantes, no se empiezan a incorporar a la vida de las empresas, se convierten en dificultades a salvar y (hasta ahora hay poco al respecto en la Revolución Bolivariana); sino superamos estas dificultades pudiese ocurrir lo que Mészáros advierte (página 851 obra citada):

“Porque un fracaso en la progresiva puesta bajo control de las fuerzas que continúan reproduciendo los inicuos parámetros estructurales de la toma de decisiones jerárquica legada por el pasado, condena al proyecto socialista, en el mejor de los casos, al estancamiento si no a la recesión y la involución”.

De estas fuerzas reproductoras del pasado si que hay mucho en los ministerios de la economía y en algunas empresas nacionalizadas. Debatir sobre su influencia en el retardo de la aplicación de la directriz IV del PNSB es una tarea que los socialistas no debemos eludir.

CHÁVEZ DA SEÑALES DE DESARROLLO DE LA DIRECTRIZ IV DEL PNSB.

En lo que va corrido del año 2009, en especial en el segundo trimestre, el presidente Chávez, en actos en Guayana y La Costa Oriental del Lago ha hecho tres anuncios transcendentales de su gobierno en relación con el desarrollo de la directriz IV del PNSB:

• Todas las empresas nacionalizadas en Guayana serían parte de un subsistema de construcción socialista (complejo empresarial obrero de vanguardia), a cuyo interior se establecerían relaciones sociales socialistas acorde con ciertos apuntes que al respecto habían hecho los mismos trabajadores en un evento, cuyo acto de cierre hizo el propio presidente.
• Podrían elegirse los gerentes de las empresas de ese complejo por votación directa, previa definición de normas que impidan la reproducción de poderes grupales perniciosos.
• Una gran parte de los excedentes, producidos por los trabajadores de las empresas nacionalizadas que prestan servicios a PDVSA en la Costa Oriental del Lago, podrían ser distribuidos según prioridades de desarrollo social, por los consejos de trabajadores de esas empresas y los consejos comunales de ese territorio.

Ojala esas medidas anunciadas por el presidente, sean parte del debate (3R) que sobre construcción socialista debe desarrollarse en el PSUV, en los ministerios que dirigen la economía y en la Asamblea Nacional. Y por consiguiente entre los productores libremente asociados de bienes y servicios.

Son medidas que de sostenerse en el tiempo y generalizarse apuntarían a que el trabajo (directivo-operativo) participe de la toma de las decisiones fundamentales de las empresas y el conjunto de la economía y siente algunas de las bases de la irreversibilidad de la revolución. De esta forma Chávez empieza a apostar sustancialmente por lo que Mészáros (página 851 obra citada) precisa:

“….seguirá siendo igualmente cierto que en un sentido muy profundo el patrón de medición de los logros socialistas es hasta qué grado las medidas y políticas adoptadas contribuyen activamente a la constitución y consolidación bien arraigada de un modo sustancialmente democrático (es decir, verdaderamente no jerárquico en su modo de operación en todas las esferas) de control social y autogestión general. Por consiguiente, no hay forma de que las opiniones de un pensador socialista acerca de la división del trabajo resulten prescindibles”.

Las medidas materiales de la mediación transicional, para completar la democratización de la política, la economía y la producción de los conocimientos en la construcción socialista, deberían traducirse en el desarrollo de empresas de propiedad social y /o comunal de alta productividad y calidad, de tal manera que progresivamente por parte del trabajo mismo se muestre que el socialismo es superior al capitalismo en todas las esferas de la actividad humana, y que por tanto haya que controlar de forma social consciente (aprendizaje social o de masas convertido en costumbre) la reproducción metabólica del capital (su división social del trabajo y su orden jerárquico). Esto último no implica en los estadios actuales de la construcción socialista en el marco ALBA, eliminar responsabilidades individuales en los trabajos directivos u operativos, pero sí que el trabajo en su conjunto asuma progresivamente (no por cuenta gotas) la toma asamblearia de las decisiones políticas y económicas fundamentales.

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CRISIS MUNDIAL DEL CAPITALISMO Y CONSTRUCCION DEL SOCIALISMO EN VENEZUELA: COMUNAS Y ECONOMÍA COMUNAL, PLANEACIÓN Y PRESUPUESTOS PARTICIPATIVO.

viernes, 10 de julio de 2009


Rafael Enciso Patiño. Caracas. Junio 5 de 2009.

En una perspectiva de transición del capitalismo al socialismo en la República Bolivariana de Venezuela, el pueblo organizado en Consejos Comunales, Comunas, Consejos de Trabajadores y Redes de Productores de Materias Primas, debe participar en la planificación de todas las dimensiones de la vida: en sus aspectos políticos, sociales, culturales, económicos y ambientales.

La democracia participativa y protagónica de la población se hace real, no solo cuando vota para elegir a sus gobernantes, si no, en muchas otras decisiones de tipo periódico, que afectan su vida cotidiana. En especial, cuando participa en la elaboración de los planes de desarrollo y presupuestos de una localidad o territorio; en los presupuestos, planes de trabajo anual y en la distribución de excedentes de una Empresa de Propiedad Social (EPS), en un Consejo Comunal, o en el futuro cercano, en las Comunas Socialistas, ahora en proceso inicial de construcción.


Por medio de los planes y presupuestos de las organizaciones sociales y económicas, se decide hacia dónde quiere avanzar la sociedad: qué problemas o necesidades quiere resolver; que aspiraciones quiere alcanzar; cómo quiere lograr estos objetivos y en qué tiempo; que trabajadores participarán en el logro de los objetivos; con qué recursos contarán para ello y cómo se distribuirán los recursos disponibles entre los diversos programas, proyectos y actividades que se van a ejecutar; posteriormente, cómo se distribuirán los excedentes generados mediante el trabajo social.

La economía rentista de Venezuela

En el caso de Venezuela, el pueblo trabajador cuenta con el apoyo del Gobierno Revolucionario del Presidente Chávez, que destina grandes recursos para apoyar los proyectos de los Consejos Comunales, que provienen en su mayor parte de la renta petrolera. Esta última circunstancia, se debe a que su economía fue distorsionada y su aparato productivo fuertemente constreñido durante 500 años por las políticas del imperialismo y las oligarquías, que convirtieron a Venezuela en un país subordinado y dependiente: exportador de petróleo crudo y consumista e importador de casi todo lo necesario para la vida, en especial los alimentos y bienes manufacturados: de lujo para las oligarquías y de mediana y baja calidad para el resto de la población.

La alienación y el consumismo capitalista, destrucción de la cultura productiva

La venta, uso y consumo de bienes importados, fue sistemáticamente promovida en toda América Latina por los medios masivos de comunicación: la radio a partir de mediados de los años 30, el cine y la televisión a partir de los años 50 del siglo pasado. Manipulando las conciencias y fabricando deseos, Estados Unidos y Europa nos impusieron parte de sus hábitos de vida y patrones de consumo, y con el modelo de la globalización neoliberal implantado a partir de los años 70 del siglo XX, sustituyeron la poca producción nacional existente por más importaciones, con las cuales, su economía y sus ganancias crecían y sus niveles de desempleo se hacían relativamente bajos.

Así, destruyeron o disminuyeron gravemente la cultura productiva de la población, tanto agrícola como industrial de los países dependientes (incluida Venezuela); estimularon la migración del campo a la ciudad y fueron causa del desempleo crónico, la falta de ingresos para la población, la pobreza y miseria extremas, la descomposición social y la delincuencia generalizada.

Gran parte de la población fue alienada y obligada a adaptarse para vivir sin producir, -o produciendo muy poco-, en trabajos relacionados con el comercio y los servicios (a excepción de los vinculados a la actividad petrolera), en una economía rentista, en donde la mayor parte de los ingresos del Estado provienen de la venta del petróleo. Este es extraído del subsuelo mediante el trabajo, pero no es producido por él, sino por la naturaleza. Sus precios son determinados en el mercado mundial por la oferta y la demanda, y por los movimientos especulativos del gran capital financiero e industrial. Finalmente, los altos precios del petróleo (que se forman cuando se juntan varias de las circunstancias arriba planteadas, más una fuerte organización y políticas coordinadas de los países exportadores) son pagados por los trabajadores del planeta, a quienes los capitalistas trasladan sus costos, mediante el aumento del precio final de cualquier mercancía, para cuya producción se utilice energía proveniente de combustibles fósiles.

Rentismo y clientelismo político, herencia nociva de la cuarta república

La renta se distribuye a través del aparato del Estado, que en el sistema capitalista es instrumento de opresión y manipulación del pueblo. Una de sus formas más odiosas y alienantes es el clientelismo político, que ha sido práctica generalizada en el capitalismo y que, desafortunadamente, aún se aplica en parte en Venezuela por no pocos “polítiqueros” y funcionarios públicos reproductores del sistema de explotación capitalista, que superaremos con el socialismo bolivariano, cuyas bases culturales y materiales se construyen de manera progresiva con el Plan Nacional Simón Bolívar 2007-2013, y su proyección al año 2019.

El clientelismo político es un chantaje. Es la compra del voto y la conciencia de los ciudadanos; la manipulación de la acción política de los ciudadanos con recursos del Estado: “si ayudas a elegir y votas por determinado politiquero, entonces tu hijo tendrá la beca; o tú tendrás un empleo en un ministerio o institución pública; tendrás el anhelado aumento de sueldo, o pasarás a ser empleado fijo; tendrás acceso a una vivienda por la política habitacional, etc., etc.” Y así, en todos los aspectos de la vida. Esto es algo que debe ser liquidado por completo de las costumbres políticas en Venezuela, si queremos un Estado Comunal y Socialista al servicio del pueblo y no, un Estado y un pueblo al servicio de explotadores, burócratas y corruptos.

Ha mejorado la calidad de vida del pueblo

Como resultado de las políticas del gobierno revolucionario del Presidente Chávez y la reestructuración de las relaciones internacionales del país para recuperar la soberanía nacional; su incidencia en las políticas de la OPEP; el aumento de los precios del crudo en el mercado internacional; la superación del golpe de Estado en 2002 y del golpe petrolero en 2002- 2003 por la acción masiva y revolucionaria del bravo pueblo de Venezuela y su estamento militar, el país contó entre los años 2005 y 2008 con grandes ingresos de divisas.

Con estos recursos, a pesar de que aún existe mucha corrupción dentro del Estado y sus instituciones, se ha logrado mejorar notablemente la calidad de vida del pueblo, realizando importantes inversiones en servicios sociales: alimentación, salud, educación y cultura (Misiones Sociales); en obras de infraestructura; y en la creación – con apoyo de países aliados como China, Rusia, Irán y Argentina-, de las bases de una industria nacional capaz, -si se gestiona con orientación socialista-, de satisfacer parte de las necesidades de la población y de afianzar en el mediano plazo la soberanía nacional.


Crisis mundial del capitalismo y necesidad de superar la economía rentista, con una economía productiva comunal, socialista y sustentable


Pero la situación ha cambiado drásticamente: la crisis mundial del capitalismo, con sus expresiones financiera y económica, con epicentro en los países industrializados, y en el calentamiento global que está afectando el planeta con todos sus habitantes, tiene un fuerte efecto en Venezuela por su incidencia en el Presupuesto Nacional. Los precios del petróleo cayeron en febrero de 2009 hasta menos de 40 dólares por barril, cuando fueron calculados a 60 dólares en el presupuesto nacional para el mismo período. En años anteriores el precio llegó hasta los 150 dólares.

Esto obligó al Presidente y a la Asamblea Nacional a reajustar el presupuesto en el mes de febrero de 2009 y a subir el IVA del 9% al 14%, afectando el monto de los recursos disponibles para la ejecución de muchos de los proyectos nacionales, los presupuestos y planes de desarrollo de las gobernaciones y alcaldías, y la capacidad adquisitiva de los trabajadores. A pesar de todo, las inversiones para el gasto social se mantuvieron, gracias a fuertes reservas internacionales acumuladas durante varios años y a los fondos de desarrollo creados por el Presidente Chávez.

El precio del crudo ha subido lentamente desde el mes de marzo para alcanzar los 60 dólares en junio de 2009 y se espera que pueda ubicarse en los 70 dólares al final del año. Pero la profundización de la crisis, ya convertida en recesión, que frena e incluso obliga a disminuir la producción industrial en los más poderosos países capitalistas de Europa, Estados Unidos y Japón, podría presionar de nuevo los precios a la baja. Es una situación de incertidumbre. La construcción del socialismo requiere planificación y no incertidumbre. O, en todo caso, cada día mayor planificación y menor incertidumbre.

Por esto; y porque en la etapa actual de la revolución es indispensable crear nuevas relaciones sociales con valores socialistas en los procesos integrados de financiamiento, producción, distribución, intercambio y consumo, la planificación y el presupuesto participativo no pueden basarse solamente en determinar las necesidades y aspiraciones de la comunidad, definiendo prioridades, para solicitar al Estado, los recursos que permitan satisfacerlas. Esto genera dependencia del Estado y no corresponsabilidad entre Estado y Comunidad; minusvalía de la comunidad y sus integrantes. Parasitismo y alienación social. Estimula el clientelismo político, el burocratismo y la corrupción.

Es indispensable crear, con participación protagónica del pueblo una economía en transición al socialismo, productiva y de servicios, capaz de satisfacer de manera sustentable sus necesidades materiales y culturales, y de crear las mejores condiciones para su máxima estabilidad, seguridad y felicidad posibles. Con lo cual se avanzará en la construcción de verdadero Poder Popular, que es necesariamente socialista, y en la minimización del clientelismo político, que reproduce al viejo Estado burgués, que a su vez, reproduce las principales bases de la explotación y de la reproducción metabólica del capital: a. La división social y la estructura jerárquica del trabajo, b. La alienación social y c. La propiedad privada sobre los medios fundamentales de producción. Esto se puede hacer por medio de Empresas de Propiedad Social (EPS) con gestión socialista, que pueden ser propiedad social directa (de las comunas), indirecta (del Estado) o mixta, en donde se combina la propiedad social de las comunas, con la del Estado.

Planificación participativa, poder popular y economía comunal

Las comunidades organizadas deben planificar con mucha inteligencia: qué necesidades satisfacer de manera prioritaria y cómo invertir de manera sustentable, los recursos del Estado, complementados con formas de autofinanciamiento comunal.

No se trata de producir solamente cosas, bienes materiales, se debe producir al mismo tiempo, productos y cultura socialista; propiciar el desarrollo endógeno local y regional socialista para depender cada vez menos, tanto del apoyo del Estado como de las importaciones, puesto que, junto a varios motivos de importancia estratégica, en caso de volver a una situación de bajos precios del petróleo en el mercado mundial, y en la medida en que vayan disminuyendo las reservas internacionales y los fondos sociales, habrá menor cantidad de divisas disponibles y por tanto, solo será posible importar lo esencial.

En otras palabras: las Comunas y el Poder Popular con contenido socialista solo existirán de manera real, si cuentan con una economía productiva, en la que la población y los trabajadores de un territorio, conjuntamente con el Estado a nivel local o regional, tomen las decisiones fundamentales sobre: qué producir, cómo hacerlo y con qué modelo de gestión; cómo distribuir el resultado del trabajo y cómo distribuir los excedentes que se generen en el proceso de financiación, producción, transformación, distribución y consumo.

Como ha orientado el Presidente Chávez, esta economía debe concretarse en Empresas de Propiedad Social Directa (de la comuna) con Gestión Socialista, articuladas a las cadenas y redes socio productivas de su rubro o sector. En ellas, las Empresas de Propiedad Social Indirecta (del Estado) juegan un papel primordial, a las que deben articularse también otras formas de propiedad social y privada (incluye a las cooperativas).

Esto es válido en todos los sectores de la economía pero, en este período incipiente (aunque decisivo) de transición del capitalismo al socialismo, se debe dar prioridad a: la soberanía y seguridad alimentaria de la población; la salud, la educación y la cultura; la vivienda; el derecho al trabajo digno, no alienado ni explotado; y a la prestación cotidiana de servicios de todo tipo a la población, a través de trabajadores de múltiples oficios organizados manera interdisciplinaria en EPS: albañilería, plomería, electricidad, carpintería, etc., etc.

Criterios fundamentales para la selección de los proyectos de Empresas de Propiedad Social (EPS) a financiar

Como hemos dicho anteriormente, en medio de la crisis económica y general del sistema capitalista mundial y su proyección a Venezuela en diferentes ámbitos de la vida económica, social, política, cultural y militar; y teniendo en cuenta:

a. Los recortes hechos al presupuesto nacional y por tanto a todas las gobernaciones, alcaldías e instituciones del Estado;
b. La experiencia histórica acumulada y los planteamientos del Presidente Chávez en materia de economía política difundidos por televisión y en sus escritos semanales “Las Líneas de Chávez”;
c. La lógica socialista y comunitaria mínima necesaria,

Proponemos las siguientes sugerencias generales, que en escritos posteriores serán aplicados de manera específica y explicativa al tema de la soberanía y seguridad alimentaria:

• Los proyectos de EPS, solo podrán ser financiados por el Estado, a través del Sistema Único de Financiamiento de los Consejos Comunales (SAFONAC), INAPIMI, BANDES, BANFOANDES, BANMUJER, etc., si entre varios requerimientos de tipo técnico y obligatorio cumplimiento, (que no pueden ser los mismos que los exigidos para los proyectos capitalistas), han sido formulados con participación protagónica de los sujetos sociales que lo van a ejecutar, así como de todos aquellos que serán afectados o influidos por su actividad; y también, por los destinatarios de sus productos o servicios.
• Que algunos voceros de Consejos Comunales o líderes comunitarios claves, en la formulación del proyecto, sean financiados por las instituciones públicas de manera temporal. Así, podrán dedicar el tiempo necesario para contribuir con eficiencia en la formulación de proyectos de cierta complejidad, que requieren mucho tiempo y dedicación, como podrían ser por ejemplo: Plantas de procesamiento agroindustrial; depósitos comunales de materiales de construcción y ferretería; proyectos de vivienda comunal, mercado comunitario.
• Todos los proyectos de EPS correspondientes a un mismo estado, o que vayan a desarrollarse en el territorio de una misma comuna en proceso de construcción, deberán ser considerados de manera interrelacionada y sistémica. Esto puede reflejarse en una matriz construida de manera colectiva (con sus propias metodologías) con participación conjunta de integrantes de instituciones públicas, Consejos Comunales y otras organizaciones sociales existentes. Posteriormente deben ser desarrolladas en sus múltiples aspectos y dimensiones.
• Concentrar en unos cuantos proyectos prioritarios, el potencial humano existente y los recursos de todo tipo disponibles, (o susceptibles de conseguir): financieros, técnicos, naturales, ambientales, de infraestructura, etc., para lograr verdaderos éxitos de construcción de economía y cultura socialista, que servirán de referencia y como factor comparación. Los éxitos iniciales, crearán un ambiente social y político favorable para posteriores proyectos de EPS.

• Estos proyectos deben estar localizados en los territorios donde existan las mejores condiciones políticas y sociales para avanzar en la construcción socialista. Por ejemplo: Consejos Comunales bien organizados y realmente activos, PSUV bien dirigido y compenetrado con la población, Alcalde revolucionario, Escuela de Formación Socialista, etc.,unidas a las condiciones técnicas requeridas según estudio de prefactibilidad.

• Estos proyectos solamente serán aprobados si han sido concebidos de manera integral (los que estén incompletos deberán completarse). Deben incluir toda la cadena y red socio productiva (aunque algunos eslabones ya pueden existir y solo haga falta articularlos), porque de lo contrario, como ya lo demuestra la experiencia, serán subordinados y convertidos por los monopolios en eslabones de la reproducción del capitalismo.

• Las cadenas y redes socio productivas deben abarcar:

a. El financiamiento.
b. La producción primaria (agrícola, pecuaria, pesquera, forestal o minera).
c. El acopio y el transporte.
d. La transformación industrial y agroindustrial.
e. La distribución.
f. El Intercambio.
g. El consumo final.
h. La distribución de excedentes.
i. La formación en Gestión Socialista y la capacitación.

• De acuerdo al PNSB 2007-2013 y a las orientaciones presidenciales, podrán participar en estos proyectos y en sus redes socio productivas, diversas formas de propiedad (incluida la privada, de la que hacen parte las cooperativas), pero asegurando la hegemonía de la Propiedad Social: Indirecta (del Estado) y Directa (de las comunidades), sobre la propiedad privada, para que en lo fundamental, los resultados finales en cuanto a productos y servicios (acceso, calidades y precios) , así como la distribución de excedentes, beneficien a la población y al Estado a su servicio, y sirvan para la creación de una economía productiva con relaciones sociales de producción, distribución, intercambio y consumo, con orientación socialista.

• Los eslabones estructurantes de las cadenas, (es decir, los que determinan la orientación estratégica de las mismas) deben ser de propiedad social: Directa, Indirecta, o Mixta entre las dos; y si hay participación privada, esta siempre deberá ser minoritaria.

• Aplicar una Matriz de Modelo de Gestión Socialista (Ver Revista Poliética año 1, 2009, No. 5, Formación y Gestión Socialista, Conclusiones del tercer seminario nacional sobre formación y gestión socialista, Pág. No 40) a los proyectos de EPS y perfeccionarlos con participación social; es decir, de los sujetos que estarán implicados en su ejecución. Esto debe hacerse de manera obligatoria y será un proceso de aprendizaje colectivo sobre socialismo y su construcción planificada con participación social. Si estas condiciones no existen es mejor desistir del proyecto respectivo.

• Todo proyecto deberá contar para su desarrollo y correcta orientación, con por lo menos, un cuadro político de nivel medio con formación socialista y con probada voluntad política (ojala también con formación profesional y técnica pertinente al proyecto) y tener incluido como elemento esencial, la creación de una Escuela de Formación Socialista para todos los sujetos sociales que participarán en la cadena y red socio productiva correspondiente. Si esto no se cumple, tampoco tiene sentido para el Gobierno Nacional que el proyecto sea financiado con recursos del Estado, porque solo generará más capitalismo.

• Para formar al conjunto de cuadros se requiere la existencia de una Escuela Socialista a nivel estadal o regional, con un programa de Formación en Didáctica para los facilitadores que se desempeñarán en todas las demás escuelas de formación socialista: Del estado; de Empresa de Propiedad Social (EPS); de cadena y red socio productiva; de productores libres asociados; de Consejos Comunales y Comunas; de Ministerios, Gobernaciones y Alcaldías.

• Uso de los medios masivos de comunicación para la difusión de los proyectos y sus logros posteriores, facilitando la intercomunicación de sus sujetos sociales y para la formación, en el modelo de gestión socialista, de los trabajadores de empresas y otras unidades económicas, vinculadas a las cadenas, redes socio productivas y comunas.

A estas sugerencias, podrán sumarse muchas otras, surgidas de las experiencias diversas en cada situación particular, en cada estado o región, o por diferentes grupos poblacionales, como pudieran ser las comunidades afro descendientes, indígenas, campesinas; mujeres, jóvenes, indigentes, población carcelaria, medios alternativos de comunicación, etc.

Es importante tener en cuenta la posibilidad de vincular al máximo posible en estos proyectos a cuadros políticos revolucionarios (algunos de los cuales además pueden ser profesionales y técnicos) provenientes de los países del ALBA, y de organizaciones sociales de América Latina y El Caribe, que sean afines a la revolución socialista bolivariana, puesto que esto será un importante proceso solidario, de hermanamiento de los pueblos, para construir de manera conjunta el mayor potencial liberador para los pueblos, comunidades e individuos del continente.

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Planteamientos para el Seminario: “Intelectuales, Democracia y Socialismo”, del Centro Internacional Miranda

miércoles, 17 de junio de 2009


Javier Biardeau R. Aporrea

Yo quisiera comenzar mi intervención rápidamente con una pequeña cita del actual embajador en Argelia, Michel Mujica:

“Aquí se nos plantea un dilema. La alternativa no reside entre un capitalismo consustanciado en al desigualdad o en un socialismo privado de democracia. Si nos resignamos ante una de las dos posibilidades anteriormente mencionadas, ahogaremos las posibilidades de la democracia socialista.” (Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci; 1994, p. 51)

Michel Mujica escribió un texto que no debería estar durmiendo en silencio de las bibliotecas, sino que debería estar habitando justamente los debates de lo que llamamos acá el “proceso popular constituyente”. Se llama “Democracia sustantiva, democracia formal y hegemonía en Antonio Gramsci”. Yo quisiera hacer de alguna manera hoy una suerte de homenaje a unas tesis de este libro, porque son muy pertinente para lo que estamos discutiendo hoy, sobre todo para una discusión que yo no la percibo desde la perspectiva de un “moralismo optimista”, desde la “profecía auto cumplida” que proyecta que en el 2021 veremos el cielo y llegaremos al paraíso socialista; sino justamente observando y planteando que los procesos históricos están sometidos a las luchas sociales y políticas, que las luchas históricas dependen de una composición social y de clases específica y que, como decimos nosotros en términos de sentido común, los “deseos no preñan”.


I.- Estamos en una encrucijada crítica

Si en física casi todos los “modelos teóricos” están construidos a partir del supuesto del “vacío”, de un “espacio sin fricciones”, en el proceso histórico, social y político nosotros tenemos fricciones, luchas, conflictos, antagonismos, avances, retrocesos, flujos y reflujos. Y creo que la revolución bolivariana esta viviendo un momento que el intelectual Edgardo Lander calificó como encrucijada crítica (Ver: http://www.aporrea.org/actualidad/a47861.html).

II.- ¿Se ha hecho un balance del socialismo real?

Una encrucijada, y por eso hay caminos que no deberían seguirse si no se quieren repetir errores que ya se conocen en las experiencias del llamado “socialismo realmente existente”, sobre todo ya que desde Venezuela no se ha hecho balance de inventario de la experiencia de transición al socialismo del socialismo burocrático, o como deseen llamarlo, esa sería la primera inquietud. ¿Hasta que punto, en Venezuela, se ha metabolizado, desde un punto de vista de la estructura política y intelectual, el balance e inventario de las experiencias de socialismo real? ¿Que conclusiones surgen de este balance de inventario para la praxis política?

III.- Muchas dudas sobre el Primer Plan Socialista

Creo que hay múltiples guiones de referencia presentes en las políticas públicas de la revolución bolivariana. En Venezuela hemos logrados que la Agenda Alternativa Bolivariana cumpla todos sus objetivos. Pero si analizamos los planes posteriores, y sobre todo esto que llamamos el Primer Plan Socialista, la pregunta que nos debemos hacer es ¿Hasta que punto el proceso popular, nacional, revolucionario tiene la capacidad efectiva de lograr, concretar, las ambiciones y aspiraciones que allí están contenidas? ¿En que condiciones políticas? ¿En que condiciones institucionales? ¿Con cuales fuerzas motrices, dirigentes y de apoyo nacionales e internacionales? ¿En que contexto de fuerzas internacionales? ¿En que contexto económico? Hay que evitar, desde mi punto de vista, una invariante histórica, algo que ha sucedido reiteradamente en la experiencia del socialismo real: el tema de la “fortaleza asediada”. Es decir, ¿La revolución venezolana va a justificar permanentemente un debate marcado por una transición al socialismo en el contexto de convertirse en una “fortaleza revolucionaria asediada”?

Tenemos por ejemplo, un caso específico: el caso chileno. Una revolución democrática, pacifica, legal, constitucional, una transición democrática al socialismo, que no contaba justamente entre sus fortalezas con aquella que suponemos todos los aquí presentes con que contamos: con la “base de sustentación” de unas fuerzas armadas comprometidas con la estabilización del proceso popular constituyente, con el proceso revolucionario, pero justamente ¿cuál fue el devenir y destino del caso Chileno a partir de las fricciones del campo político? No fue simplemente un “golpe seco y frío”. Nosotros pudimos observar en el caso chileno —que fue emblemático— cómo la fluidez e inestabilidad de las correlaciones de fuerzas en el parlamento chileno generaron una precondición para el golpe de estado de Pinochet. Es decir, el propio parlamento chileno le abrió la puerta al golpe militar. Y a veces nosotros perdemos de vista estos pequeños detalles históricos.

IV.- Hay un campo minado que debemos desarmar para el 2010

Eso lo digo a propósito de la prospectiva política inmediata para el año que viene. A veces nosotros pensamos que lo que se esta discutiendo en la coyuntura y la situación presente, la ley electoral, las elecciones de este año, las elecciones que vienen, se movilizan como si el carril donde va el “tren revolucionario” estuviese completamente aceitado. Yo creo que hay piedras en el camino, que hay un campo minado que debemos desarmar, y eso creo que es la tarea de los intelectuales: prever y analizar en detalle ese campo minado.

Un campo geopolíticamente minado por la administración norteamericana y sus aliados, y geopolíticamente minado por la derecha venezolana, que ha ido labrando, tejiendo una estructura de apoyos, en eso que llaman “sociedad civil organizada”, que ellos la denominan como “sociedad democrática”. Ellos se asumen como monopolizadores de la “sociedad democrática”. Intentan volver a revitalizar los llamados “programas de transición”, lo que llaman en los Estados-Unidos la oficina de transición democrática, con sus “revoluciones de colores”.


V.- La oposición puede llegar a ganar no menos del 30 a 35% del parlamento nacional


Yo no preveo un 2021 como le proyecta Luis Britto Garcia. Yo preveo unos años por venir en los cuales se va a tratar de nuevo de montar una “oficina de transición democrática” en Venezuela, donde el parlamento se va convertir en una fundamental “caja de resonancia” para una ofensiva de la derecha venezolana, tratando de capitalizar el poco espacio político-institucional que controlan. Tratarán de generar un 30 o 35% mínimo de espacio parlamentario a partir de una coalición perfecta que les permita a ellos controlar este espacio. Tratando simultáneamente de dividir la alianza política y social que apoya la revolución bolivariana (PPT, PCV, PSUV y movimientos sociales), tratando de causar fricciones, tratando de seducir algunos sectores de la alianza política revolucionaria desde Washington, para tratar de generar un escenario si no de división, por lo menos de debilitamiento de las fuerzas que apoyan la revolución y de crecimiento y avance de la derecha en el parlamento venezolano.

Entonces en ese contexto que no es de 2021 sino de 2010 yo planteo lo que para mi son, retos fundamentales que nosotros debemos abordar y entre ellos la relación entre democracia y transición al socialismo.

VI.- Chávez ha ocupado un vacío político y si sigue haciéndolo eso puede generar problemas

Una de las observaciones que se hacía al principio es el tema del llamado “hiper-liderazgo”. Otros le hemos llamado el “bonapartismo progresivo”, otros el cesarismoa secas, algunos han confundido la terminología de Gramsci sobre el cesarismo progresivo, con la lectura positivista de Vallenilla Lanz sobre el cesarismo democrático. Aquí conviene recordar que para Gramsci el Cesarismo tiene como trasfondo una situación de equilibrio catastrófico de fuerzas en conflicto, lo que lo lleva a asumir compromisos con sectores no comprometidos con la revolución para alcanzar ventaja relativa en el equilibrio de poder. Creo que este esquema de poder es un gran error, y no permite avanzar en la revolución desde la perspectiva de la construcción de una contra-hegemonía democrática y socialista. Lo que Gramsci plantea es básicamente que en momentos en los cuales una estructura de dirección política colectiva no esta bien asentada, una “gran personalidad” política toma, bajo su peso, la dialéctica de la revolución o la dialéctica de la restauración. Y creo que Chávez ha ocupado un vacío político, un vacío de mediación e interlocución político importante que si sigue ocupándolo puede generar “cuchillos para la propia garganta de la revolución bolivariana”: la indispensabilidad del Líder, la fragilidad de la conducción revolucionaria. Aquí el “momento del Líder” se traga al “momento popular protagónico y organizado”, que es que debe garantizar la continuidad del proceso popular constituyente.

Para las tareas, para las funciones, para el avance de la revolución bolivariana se requiere una estructura política, vamos a llamarla, un intelectual colectivo, no solo una estructura administrativa y electoral, como la ha denominado Vladimir Acosta. No se requieren solamente intelectuales individuales, notables o personalidades destacadas, se requiere un pensamiento crítico orgánico al movimiento revolucionario, se requiere una recuperación del vínculo entre socialismo y democracia, que la derecha ideológica ha tratado constantemente de opacar, para generar una suerte de disyuntiva en la cual el socialismo es el “totalitarismo”, y la democracia representativa es justamente el modelo político del “fin de la historia”, la estación de llegada y el último camino que nos queda.

VII.- Replantear la relación entre socialismo y democracia

Yo creo que una de las tareas fundamentales, si es por asignarnos tareas, es justamente volver a replantear la relación entre socialismo y democracia, superando los hábitos mentales que ha dejado el guión leninista, el guión de la ortodoxia bolchevique sobre una izquierda, que en Venezuela, ha sido troquelada por la pregnancia, por el papel que jugó la influencia de la Tercera Internacional sobre el socialismo revolucionario en América Latina; y por la función de esa intelectualidad vehiculada a la Tercera Internacional, al modelo de los Estados socialistas, y al marxismo-leninismo como guión, como hábitos, como reflejo condicionado para pensar e imaginar la transición al socialismo. El estalinismo jugo un papel castrante en la conformación de un pensamiento crítico y revolucionario nuestro-americano.


VIII. Vía venezolana y vía cubana al socialismo


Yo veo con preocupación que en Venezuela no hay una repuesta contundente sobre la significación de la vía nacional y especifica de la revolución bolivariana, con relación a la experiencia cubana. Veo con sorpresa como la actitud básicamente es defender sin diferenciar, sin matizar, el devenir político de la revolución cubana, sin comprender las singularidades diferencias y especificidades del proceso popular constituyente de cada país. Cada país sigue una experiencia histórica singular y específica, construye su propio camino, pero no copia ni trasplanta “modelos de socialismo”. No creo que sea necesario que nosotros carguemos con la defensa del legado histórico de la revolución cubana. Podemos apoyar la experiencia, pero esa es tarea fundamental que le corresponde al pueblo cubano y sus corrientes revolucionarias, sus fallas o debilidades no deben convertirse en “hándicaps” de la revolución venezolana.

IX. Crece el sector capitalista pero se radicaliza el discurso anticapitalista

Me parece que durante la transición al socialismo, como ha dicho Víctor Álvarez, resulta bastante sugerente pensar, que al tiempo que se fortalece una economía mixta de signo aún capitalista, donde se fortalece fracciones específicas del sector privado, el discurso presidencial plantea un discurso de radicalización socialista. Entonces ¿cómo se compaginan los datos de la evolución sobre el crecimiento de la matriz productiva capitalista con una radicalización del discurso presidencial? ¿Cómo nosotros asimilamos estas dos tendencias? ¿Qué es lo que sucede allí?

X. No tenemos un espacio donde se discutan a fondo los dilemas de la construcción socialista

Creo que hay un segundo tema de fondo. A propósito de que Eva Golinger plantea la necesidad de crear centros de pensamiento socialista, por ejemplo, observo con preocupación que nosotros no tengamos en las estructuras de pensamiento revolucionario, un balance o inventario de todas esas discusiones teóricas sobre la transición desde el punto de vista de la economía socialista. Es decir, ¿Dónde en Venezuela se discute por ejemplo a Oscar Lange, a Kalecki? ¿Donde se discute el debate de Mandel, de Bettelheim, sobre la ley de valor, sobre la acumulación socialista, con Guevara en la propia Cuba? ¿Dónde se esta discutiendo eso para informar al movimiento, al poder popular constituyente sobre el tránsito de la “propiedad privada de los grandes medios de producción” a las diferentes modalidades de propiedad social (distinguiendo que “nacionalizaciones” no son “socializaciones”) y sobre la dinámica de la economía de mercado en condiciones de Planificación socialista? ¿Dónde se esta discutiendo el tema de la acumulación capitalista y socialista en Venezuela?


XI. El socialismo y las correlaciones de fuerza


Samir Amin ha escrito recientemente que el tema de las transiciones en el siglo XXI no podrá verse con la facilidad, como se pensó en el imaginario revolucionario del siglo XIX y XX. Marx suponía, escribiendo el Manifiesto Comunista, que la revolución estaba bastante cerca, muy cerca. La experiencia de 1871 le hizo pensar que no estaba tan cerca y se replegó en su cr{itica d ela economía política burguesa en el museo británico. Engels escribió un prólogo con relación a la lucha de clases en Francia donde se plantea un viraje desde la perspectiva insurreccional al avance paulatino a través de una revolución de la mayoría, utilizando los parlamentos en la social-democracia alemana. Luego, el mismo partido socialdemócrata alemana —concentrada en la primera guerra mundial y la aprobación a los créditos de guerra— echó por tierra toda la polémica en Europa sobre la posibilidad de una alianza amplia de las fuerzas del socialismo revolucionario.

Eso terminó en la división de aguas entre lo que fue la Internacional Socialista de la época y la Tercera Internacional leninista. En cuanto al socialismo revolucionario podemos observar como Stalin participó en el llamado “tercer período”, en una cuña que profundizó la división entre social-demócratas y comunistas en el propio partido alemán, en el cual había expectativas de continuar la revolución. Stalin llego a plantear que la izquierda socialdemócrata era lo peor del “social-fascismo”, como lo denominó. Mas tarde se trata de enmendar con los llamados “frentes populares”, pero la contra-revolución estalinista ya había avanzado. También tenemos la polémica, luego de la muerte de Lenin, en relación con la sucesión en el partido bolchevique, en relación con las diferentes alas ideológicas, luego tenemos al conflicto chino-soviético y paremos de contar. Luego de la muerte de Lenin, ya se prefiguraban tendencias despóticas y contra-revolucionarias en el seno de la tradición bolchevique.

Es decir que el camino del balance e inventario del socialismo real, del socialismo burocrático, no es simplemente una profecía optimista donde nosotros lo vamos a llenar de flores por simple voluntad o por simple moralización o por una simple psicología optimista de autoayuda, sino que tenemos que enfrentar, precisamente, las dificultades reales de cualquier transición al socialismo de acuerdo a las correlaciones de fuerzas que están allí. Es decir, donde el optimismo depende no de simples ensoñaciones sino de la composición de clases y la composición social de las luchas.

XII.- Las diferentes miradas sobre la revolución

Aquí Roland Denis nos está diciendo que el movimiento popular luce parcialmente administrado, donde hay una suerte de república militar, corporativo, burocrática en interpretación de Roland y, al mismo tiempo, escucho voces que dicen que este socialismo camina aceleradamente hacia la conquista justamente de una sociedad de igualdad, libertad y justicia. ¿Como es posible que dos personas que habiten en el mismo espacio social, tengan percepciones tan radicalmente disímiles del “proceso” formando parte del campo de izquierda?

Por eso a mí me parece importante reflexionar de manera profunda sobre la transición al socialismo. Recuperar por ejemplo, a Samir Amin, cuando dice: ¿es posible mantener el paradigma del sovietismo, del desarrollo que iniciaba el Estado de bienestar o del desarrollo nacional de los países del Tercer-mundo, para mantener la ilusión de la transición post capitalista? La repuesta de él es no. Incluso él dice cómo enfrentar las tres contradicciones fundamentales del capitalismo en términos estructurales, no en términos de gobierno revolucionario o de proyecto revolucionario de coyuntura.

La primera es la alineación económica, es decir pensar la sustitución de una sociedad montada sobre la economía de propiedad privada y de mercado, sobre la alineación mercantil que sigue presente a escala mundial. Cuando habla por ejemplo de China: un país, dos sistemas, que no es un país, dos sistemas, sino la expansión justamente regulada y controlada ciertamente por la planificación estatal de la mercantilización de grandes sectores de la actividad económica de China.

En segundo lugar, Samin Amir nos plantea ¿que vamos a hacer nosotros con la destrucción de la naturaleza? ¿Hasta que punto nuestros proyectos políticos y nuestras políticas públicas abordan efectivamente la critica al productivismo y el desarrollismo para abordar, no en términos retóricos sino prácticos, el tema de desarrollo sustentable, del crecimiento y la acumulación en condiciones de las cuales la ecología esta diciendo que productivismo, crecimiento y acumulación son problemáticas?.


XIII.- El hiper-consumismo, la contracara del rentismo


En tercer lugar y correlativo con este segundo punto, el tema del consumismo. A mí me parece que los centros comerciales en Venezuela son emblemáticos como polos de referencias frente a las reuniones que realiza el PSUV algunos sábados o domingos. Yo he participado en las reuniones de mi batallón del PSUV, pero me sorprende llamativamente la capacidad de atracción, de movilización de los Centros Comerciales, frente la movilización que tiene actualmente los batallones del PSUV. Yo veo a los Centros Comerciales llenos de racionalidad y deseo mercantil. Yo veo la lógica de la alienación mercantil, en una sociedad de transición al socialismo, operando con toda la facilidad del mundo. Y veo que no hay discusión sobre este punto en los batallones socialistas. Entonces que a mí me digan ¿en qué mundo de flores y de ángeles socialistas estamos? Creo que estamos ante una sociedad capitalista de consumo, sin tener una estructura productiva capitalista que soporte este patrón de necesidades y aspiraciones inducidas por la industria cultural, publicitaria y mediática.

Y finalmente, para cerrar, Samin Amin nos plantea el tema del desarrollo desigual Norte-Sur. A mí me parece que Venezuela cumple una función fundamental —con todos los errores y logros— como vanguardia de la internacionalización para reorganizar los movimientos de izquierda revolucionaria del mundo. Y creo que Venezuela, cumpliendo esa labor, ha ido gastando fuerzas que deben dedicarse al fortalecimiento interno del proceso revolucionario en una proyección fundamental propagandística de los logros de la revolución bolivariana.

XIV.- El papel de Venezuela y el de los intelectuales

Es necesario, desde mi punto de vista, que Venezuela entienda su papel en las luchas de los movimientos alter-mundialistas, en las luchas de los países del Sur en relación con los nuevos esquemas de integración multipolar, pero que sea humilde también con relación a la presentación de sus avances. Porque si nosotros hacemos propaganda excesiva sobre logros de la revolución que no son tales, y se hace un balance crudo, un inventario descarnado sobre el avance efectivo de la revolución en diversos campos, podemos quedar muy mal. Podemos quedar muy mal, por ejemplo, en la dificultad para pasar efectivamente de los logros de Barrio Adentro I a los demás niveles del sistema publico nacional de Salud, como los Hospitales públicos. Podemos quedar muy mal si observamos que la mayor parte de los mercales no son fortalecidos por la producción o la oferta interna sino por la importación, por la dependencia alimentaria. Podemos quedar muy mal si, como decía Víctor Álvarez, analizamos cómo los incentivos fiscales y financieros están siendo capitalizados por una burguesía emergente o por sectores económicos que pueden hacer como aquél que volteaba el cuadro y tenía en una faz a Hugo Rafael Chávez Frías y a la otra faz, a la oposición.


XV.- Ser mucho menos complacientes en este momento con la revolución


Es decir, creo que nosotros tenemos que ser mucho menos complacientes en este momento con la revolución bolivariana y exigirle a la estructura de liderazgo político que no convierta a los intelectuales como ha sido historia conocida en maleteros del poder. Si Rómulo Betancourt decía que las fuerzas armadas se compraban con prostitutas y con whisky, creo que también decía y si no lo decía uno lo pensaba, que los intelectuales se “cocinaban en su propia salsa”. Es decir, Betancourt “decapitó” o neutralizó en la práctica a fracciones importante de la intelectualidad revolucionaria: ¿Que hizo Betancourt de Acción Democrática, que hizo magistralmente y maquiavélicamente para impedir justamente la posibilidad de la radicalización de izquierda? En este movimiento nacional popular revolucionario, si nosotros no observamos que fue lo que hizo Betancourt, no vamos a observar lo que esta tratando de hacer la derecha con los jóvenes venezolanos.

XVI. Están recuperando el mito Betancourt como un liderazgo democrático alternativo

Para finalizar, solamente un detalle. Revisen en bibliotecas y librerías la gran ofensiva con relación a la mitología del “padre de la democracia”. Jóvenes repitiendo las consignas de Acción Democrática y volviendo a pensar que Rómulo Betancourt es el modelo a seguir como liderazgo. Jóvenes que se entrenan, que son pagados para ir a cursos internacionales y nacionales para recibir el guión del anticomunismo, elaborado justamente por esa bisagra que se conformó en el seno de un partido que también fue un partido nacionalista popular y revolucionario y que terminó siendo justamente la cabeza de playa para impedir un proceso socialista en Venezuela. No lo olvidemos, Betancourt derrotó política y militarmente a la izquierda revolucionaria venezolana. Y la izquierda contribuyó con muchos errores ideológicos y políticos. Entre ellos, asumir dogmáticamente el marxismo-leninismo y descuidar las relaciones entre socialismo y democracia.

jbiardeau@gmail.com

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Las Comunas y el Proyecto Nacional Simón Bolívar

viernes, 15 de mayo de 2009


Luis R Delgado J

En la etapa actual del proceso histórico venezolano, caracterizado por cambios importantes en la esfera política, económica y social es pertinente profundizar la discusión sobre las Comunas, considerando que estas son parte programática esencial para la materializar los objetivos del Proyecto Nacional Simón Bolívar (PNSB).

Realmente en la construcción de las comunas se pone en juego la viabilidad de la transición al Socialismo en Venezuela, recordemos que precisamente el PNSB es un proyecto para dar los primeros pasos en la construcción de un modelo de sociedad que trascienda el capitalismo, aunque debemos reconocer que en su contenido se encuentran incluso objetivos estratégicos que prefiguran la existencia de una sociedad sin clases.

Ahora bien, producto de un conjunto de discusiones planteadas en diversas Escuelas del Poder Popular, las cuales han construido sectores de la base del movimiento popular carabobeño, traemos a colación las siguientes ideas advirtiendo que no son particulares de quien escribe estas líneas, sino que se trata de una construcción conceptual colectiva acometida en los últimos meses en el marco de iniciativas como las Asambleas del Pueblo Organizado (plataforma importante en la campaña regional por Mario Silva) o la actividad realizada hace algunas semanas “La Explosión del Poder Popular”.

En primer termino, consideramos que la discusión sobre las comunas debería darse desde las bases, es decir, debería escucharse los planteamientos provenientes de las clases y sectores trabajadores, de las mujeres, de los sectores juveniles y estudiantiles, de las distintas organizaciones sociales revolucionarias y progresistas. Un proceso constituyente del Poder Popular, que motive la participación como medio para movilizar al Sujeto Histórico de la revolución que no es otro que los sectores populares trabajadores.

Nos preocupa que el debate sobre las comunas se resuelva desde arriba con una ley construida desde la Asamblea Nacional o con una directriz del Ministerio del PP para las Comunas, realmente sería perjudicial que un proceso de tanta trascendencia solo se estableciese desde las instancias centrales del Estado, al margen de la iniciativa popular, mas aun si reconocemos que el actual Estado venezolano sigue siendo un pesado elefante burocrático con una lógica de funcionamiento todavía burgués en buena medida.

Es necesario que para iniciar la discusión se tomen en cuenta de forma rigurosa las diversas experiencias de construcción comunal en los últimos 140 años, partiendo de la Comuna de Paris, de los Soviets rusos, las comunas yugoslavas, las comunas campesinas chinas, otras experiencias mas efímeras como se dieron posterior a la I Guerra Mundial en Alemania e Italia, o durante la Guerra Civil española, entre otras, las cuales pese a ver desaparecido dejan un cúmulo de enseñanzas nada despreciables para incorporar los aciertos y cuidarnos de no repetir los viejos errores que se hallan cometido. Pensamos que este estudio histórico es ineludible, pero debe ser un estudio que no se cierre a un círculo selecto de planificadores o eruditos, sino que debería hacerse un esfuerzo para socializar materiales bibliográficos para extender lo más posible el estudio sobre las diversas experiencias de construcción comunal.

Por otro lado, el debate sobre la comuna debe enmarcarse en las líneas del PNSB, no debe ser una propuesta aislada sino que debe sintetizar los objetivos para construir la nueva sociedad. En este sentido nos preocupa la difusión de una tesis que reduce la comuna, a una federación o suma de consejos comunales, creemos por el contrario que la comuna no es solamente una estructura político territorial, sino que a su vez debe constituir una unidad socio económica, es decir, una estructura productiva y de consumo, caracterizada por nuevas relaciones de producción, de propiedad, en síntesis una zona de economía socialista. “La producción en la búsqueda de lograr trabajo con significado se orientará hacia la eliminación de la división social del trabajo, de su estructura jerárquica actual y a la eliminación de la disyuntiva entre satisfacción de necesidad y producción de riqueza. El modelo productivo responderá primordialmente a las necesidades humanas y estará menos subordinada a la reproducción del capital”.

En este orden de ideas, consideramos que las comunas deben ser espacios de vanguardia (no los únicos) para construir la nueva economía productiva que logre enterrar en la historia el modelo económico rentista dependiente que ha caracterizado Venezuela a lo largo de su historia. PNSB se refiere a “Establecer un Modelo Productivo Socialista con el funcionamiento de nuevas formas de generación, apropiación y distribución de los excedentes económicos y una nueva forma de distribución de la renta petrolera, lo que será el reflejo de un avance sustancial en el cambio de valores en el colectivo, en la forma de relacionarse los individuos con los demás, con la comunidad, con la naturaleza y con los medios de producción”.

Insistimos la comuna se debe articular en torno al nuevo Modelo Productivo Socialista, porque la historia nos muestra claramente como los espacios de habitad de las sociedades, las estructuras político-territoriales han estado directamente relacionados con las estructuras económicas presentes en un momento histórico determinado. Por ejemplo, para nadie es un secreto que la superpoblación del eje costa montaña está íntimamente vinculada al hecho de que la economía venezolana a lo largo de su historia ha sido una economía de puerto o de enclave destinada a la exportación de materias primas necesarias para los países metropolitanos imperialistas.

En este punto referido a la construcción de la Nueva Geopolítica Nacional, se expresa claramente la profunda vinculación existente entra espacio político-territorial y actividad económica: “El Desarrollo Territorial Desconcentrado articulará la construcción y organización espacial de un nuevo modelo socio-productivo endógeno, en el cual emerjan nuevas relaciones sociales a través de unidades de producción de carácter socialista, tales como las empresas de producción social (EPS), las cooperativas y la producción asociativa, movilizando nuevas potencialidades y capacidades endógenas, que se vinculan con actividades económicas del sector público y privado, tanto nacional como extranjero, con el fin de mejorar la calidad de vida y equilibrar el patrón de ocupación territorial”.

Por lo tanto a nuestro entender, para construir las comunas no basta solamente agrupar consejos comunales, también debemos incorporar otras formas de organización social como las EPS, los consejos de trabajadores, los sindicatos revolucionarios, los consejos de la mujer, los consejos estudiantiles, y demás organismos sectoriales. La comuna debe estar integrada por todas las fuerzas vivas organizadas del Bloque Histórico Popular Bolivariano.

Finalmente quiero expresar, que estos son algunos puntos muy generales y primarios los cuales hay que ir profundizando de forma colectiva todos los sectores populares venezolanos, reafirmamos nuestra propuesta de que la construcción del Poder Popular no se consolidará si los de abajo no participamos, no solo desde arriba desde el Estado se hace revolución, y mucho menos si esta es socialista. Un proceso constituyente del Poder Popular, que apuntale la discusión de temas tan medulares como las Comunas, el relanzamiento de los Consejos Comunales, los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras, las Empresas de Producción Social o Socialista (EPS), en fin la discusión sobre el Socialismo en este siglo XXI, es una necesidad que desde ya debe atenderse, espacios como el congreso del PSUV debería ser uno de los espacios para adelantar estos debates, pero debemos ir mas allá, al resto de los partidos y movimientos sociales, a las bases que no tienen militancia partidaria, no pongamos excusas una sola dosis de voluntad política y de fe en los poderes creadores del pueblo es suficiente para acometer tan importante campaña política, para impulsar la revolución en la revolución, para llevar a la práctica las tres R.
http://socialismoenlared.blogspot.com/

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La hora de la verdad: Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago

jueves, 9 de abril de 2009


Atilio Borón Rebelión

La inminente cumbre de las Américas pondrá a prueba la seriedad de las palabras pronunciadas por Joseph Biden en la “Cumbre del progresismo” que tuvo lugar en Viña del Mar a finales de Marzo. En esa oportunidad el vicepresidente de Estados Unidos dijo que “se acabó la época en que dábamos órdenes”. Lo curioso es que pese a tan promisorias palabras Biden fue muy enfático al afirmar que continuaría el bloqueo contra Cuba, ya próximo a cumplir medio siglo de vida. ¿Cómo conciliar ambas expresiones? La Casa Blanca dice por medio de su calificado vocero que desea instalar en la región un clima de diálogo, respeto y comprensión; pero, simultáneamente, revela que no está dispuesta a poner fin a un bloqueo criminal e ilegal que ha concitado el repudio universal desde hace décadas. ¿Cuál de estas dos afirmaciones representa la política de Barack Obama hacia nuestra región?

Con su enigmática declaración Biden fortalece la impresión de que más allá de sus encendidas promesas de campaña, sintetizadas en la fórmula “somos el cambio”, la administración Obama no parece demasiado preocupada por diferenciarse de su predecesor. Las grandes orientaciones de la política exterior de George W. Bush gozan de muy buena salud en dos áreas estratégicas de la Casa Blanca: guerra y economía. En la primera, habiendo no solo ratificado en su cargo al halcón Robert Gates como Secretario de Defensa sino también reforzando la presencia militar estadounidense en Afganistán y Pakistán mientras que el prolongado estacionamiento de sus tropas en Irak parece destinada a convertir a ese sufrido país en un eterno enclave neocolonial norteamericano. En lo tocante a la economía, el equipo de asesores y expertos seleccionado por Obama reúne a los cerebros que concibieron y llevaron a la práctica la radical desregulación del sistema financiero de los años noventas causante del fenomenal estallido de la burbuja especulativa en el verano boreal del 2008. Lo que se sabe de gentes como Robert Rubin, Lawrence Summers, Timothy Geithner y Paul Volcker es que los caracteriza una inconmovible fidelidad al neoliberalismo y a los intereses que éste representa: el capital financiero y los gigantescos oligopolios norteamericanos. Su presencia en la nueva administración de los demócratas pone de manifiesto su pertinaz empeño por restaurar la situación existente con antelación al estallido de la crisis, aplicando la misma medicina que ocasionara la debacle actual. Había otros economistas que, desde una perspectiva crítica y a la vez realista, podrían haber asesorado mucho mejor a Obama: mencionemos apenas dos, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía en 2008, y Joseph Stiglitz, que obtuvo ese mismo lauro en el 2001. Pero Obama prefirió depositar su confianza en los gastados gurúes del neoliberalismo, con lo que se esfuman las esperanzas de una salida razonablemente civilizada de la crisis actual. El show mediático montado días atrás por el G-20 en Londres no permite pensar en otra cosa.

Bajo estas condiciones las declaraciones del nuevo gobierno estadounidense en el sentido de flexibilizar algunas restricciones en materia de viajes y visitas de familiares a Cuba merecen un aplauso, pero el mantenimiento del bloqueo económico a Cuba es absolutamente inaceptable y debe ser condenado sin atenuantes. Esto señala inequívocamente la magnitud del hiato que separa al Obama de la campaña electoral del Obama ocupante de la Casa Blanca. Agregaríamos: también del abismo que separa las ilusiones de los cultores de la “obamamanía” en muchos países de la región y fuera de ella, principalmente en Europa, de las políticas que aquél está llevando a cabo en su inescapable condición de jefe del imperio. Sus promesas de revisar la política anti-cubana que los sucesivos gobiernos de la Casa Blanca instalaron desde los inicios mismos de la Revolución parecen destinadas a ser llevadas por el viento. Hasta ahora, lo que se advierten son gestos dirigidos a maquillar el bloqueo pero nada más. Un bloqueo que, conviene recordarlo, es económico, comercial, financiero, migratorio (por la canallesca “Ley de Ajuste Cubano”) e informático, impidiendo a la isla acceder a bandas de Internet de alta velocidad.


El terco mantenimiento de esta situación es un síntoma revelador de sorprendentes patologías políticas que entorpecerán la gestión innovadora que debería tener un presidente estadounidense enfrentado a una crisis como la actual. ¿Cuáles patologías? Veamos: en primer lugar, la de una superpotencia imperialista que en lugar de definir su política exterior en función de sus intereses nacionales y criterios globales mantiene una agresiva política hacia un país, Cuba, que de manera alguna amenaza su seguridad nacional. El resultado ha sido la profundización del descrédito de Estados Unidos en la arena internacional, la irritación de los gobiernos y las poblaciones del hemisferio y una sensible pérdida de influencia en la región, puesta en evidencia por el espectacular fracaso del ALCA, ignominiosamente sepultado en la anterior cumbre de presidentes reunida en Mar del Plata en 2005. ¿Cuál fue el pecado de Cuba? Algo imperdonable para los amos del imperio: haber luchado exitosamente por su autodeterminación y por su dignidad, desembarazándose de las cadenas que la aherrojaron primero al colonialismo español y luego al imperialismo norteamericano. Por eso se la castiga brutalmente, como un escarmiento ante su osadía y como una lección para quienes sueñen con imitarla. Pero el tiempo se encargó de demostrar que lo único que logró esa política fue alimentar el sentimiento anti-imperialista de las masas y crear las condiciones para el advenimiento de una pléyade de gobiernos de izquierda y centroizquierda que, por distintas razones, frustraron el “sueño americano” de una América Latina sometida a los designios del ALCA.


En segundo lugar, Estados Unidos se presenta como un curioso país que, por lo dicho más arriba, no tiene una sino dos políticas exteriores: una, para Cuba y otra para el resto del mundo. En materia migratoria, la “Ley de Ajuste Cubano” otorga la green card a cualquier ciudadano cubano que pise suelo norteamericano; para el resto del mundo, en cambio, existen complicadísimos trámites de inmigración. El migrante haitiano, o dominicano, que arriesga su vida atravesando el Caribe en frágiles embarcaciones será hecho prisionero y luego devuelto a su país de origen en caso de ser atrapado; el cubano, en cambio, una vez que pisa suelo estadounidense automáticamente pasa a disfrutar de todas las franquicias que se conceden a los inmigrantes legales. En el caso de la frontera sur de Estados Unidos la persecución a los indocumentados mexicanos o centroamericanos es implacable: no sólo se ha erigido un infame muro en la frontera mexicano-estadounidense; también están la cacería de “la migra” y las masacres de los vigilantes de la frontera, todo lo cual contrasta odiosamente con el trato privilegiado que se otorga a los inmigrantes cubanos. Otro ejemplo de patología política: el Departamento de Estado condena incansablemente al régimen de partido único de Cuba, denuncia los supuestos déficits de su “calidad institucional” y proclama abiertamente la necesidad de producir un “cambio de régimen”, eufemismo para referirse a la concreción de la contrarrevolución. Pero esta política, con su definición de principios, contrasta llamativamente con las fraternales relaciones que Washington cultiva con Arabia Saudita, país en el cual los partidos políticos están prohibidos, el despotismo monárquico es absoluto y la democracia una quimera; contrasta también con las intensas relaciones económicas forjadas con países como China y Vietnam cuyos sistemas de partidos son muy similares al que existe en Cuba. ¿Cuál es la razón de tamaña discriminación, de esta colosal inconsistencia de la política exterior norteamericana? No hay razón alguna; sólo el chantaje de un lobby mafioso ante el cual Washington se postra deshonrosamente.

Tercera patología: el bloqueo revela que Cuba ocupa un lugar especialísimo en el imaginario de la clase dominante estadounidense. Pese al tiempo transcurrido sus integrantes y sus representantes políticos no se resignan haber perdido a Cuba e insisten en recuperarla, en apropiarse de ella apelando a cualquier recurso. Cuba es su enfermiza obsesión, la sienten como un trofeo de guerra –de una guerra donde los patriotas cubanos habían derrotado al poder colonial español y que luego Estados Unidos con sucias artimañas les arrebató la victoria- y en pos de ella son capaces de cualquier cosa. Casi medio siglo de bloqueo es un fenómeno que no tiene parangón en la historia del imperialismo. Imperios anteriores, desde Esparta y Roma hasta hoy, sitiaron por un tiempo algunas ciudades. Pero sostener un bloqueo integral como el que padece Cuba es algo que no tiene precedente alguno en la historia de la humanidad. Constituye una monstruosidad, una verdadera aberración y una imperdonable inmoralidad. El mantenimiento de una política que ha fracasado ostensiblemente, que ha terminado por aislar a Estados Unidos, sólo puede comprenderse como una señal de la decadencia de la clase política norteamericana. Con la inminente reapertura de las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, Estados Unidos será el único país del sistema interamericano que no tiene relaciones con Cuba. ¿Cómo sostener una política que no sólo ha fracasado en promover el tan anhelado “cambio de régimen” sino que, a su vez, ha convertido a Estados Unidos en una suerte de paria del sistema internacional cuando en la última votación de la Asamblea General de la ONU el bloqueo fue condenado por 185 de los 192 países miembros de la organización?


Por consiguiente, si Obama quiere dar un nuevo comienzo a la relación con América Latina y el Caribe hay un primer paso que es inevitable: debe levantar total e incondicionalmente el bloqueo e iniciar de inmediato conversaciones para normalizar la relación con La Habana. Debe reconocer que Cuba no está aislada y que quien está aislado es Estados Unidos. Con el transcurrir de los años el prestigio de Cuba se ha ido agigantando, porque siendo un país pequeño ha demostrado una notable coherencia y fortaleza en su política exterior. Cuba ayuda más que Estados Unidos a los pueblos de nuestra América y, en general, del Tercer Mundo; lo hace con sus médicos, sus alfabetizadores, sus técnicos, sus entrenadores deportivos y su amplísimo programa de cooperación científica y técnica con unos cien países. Cuba da, mientras Estados Unidos quita. Y la ejemplar resistencia de Cuba le ha granjeado el respeto de la comunidad internacional y, muy especialmente de los pueblos y gobiernos de América Latina y el Caribe, cualesquiera que sean sus orientaciones políticas. Los gobernantes que acudirán a la cita de Trinidad-Tobago no podrán profundizar las relaciones de cooperación con la Casa Blanca en materias como la migración, el narcotráfico, el terrorismo y tantas otras a menos que se remueva de raíz el obstáculo que representa el mantenimiento del bloqueo a Cuba. De lo contrario pagarían un enorme costo político y podrían ser desalojados del gobierno más pronto que tarde. Hay varios ejemplos recientes que ilustran este aserto.


Demorar el levantamiento del bloqueo sólo servirá para perjudicar al interés nacional de Estados Unidos y los de numerosos individuos y empresas de ese país, sacrificados en aras de un lobby como el que aglutina la Fundación Nacional Cubano-Americana que es una verdadera vergüenza para la política norteamericana. Esto se va tornando cada vez más obvio para una parte creciente de la dirigencia política estadounidense. La misiva que el senador Richard Lugar le enviara al Presidente Barack Obama el 30 de Marzo de este año es sumamente elocuente. En ella, el senador por Indiana dice que la política de Estados Unidos hacia Cuba ha fracasado y que, debido a ello, “nuestros intereses políticos y de seguridad más globales” están siendo socavados. Esto requiere una “transición en las relaciones cubano-estadounidenses” y el momento para la misma es ahora: durante la Cumbre de las Américas. Lugar agrega que la política seguida por la Casa Blanca contrasta estridentemente con el acrecentado relacionamiento de los países de América Latina y el Caribe con Cuba. Las recientes declaraciones anunciando planes para restablecer las relaciones diplomáticas con Costa Rica y El Salvador, la serie de visitas a La Habana por los presidentes de Ecuador, Bolivia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil, Haití, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua y Honduras y varios más del área del Caribe y la incorporación de Cuba al Grupo de Río demuestran, a su juicio, la soledad en que ha caído Estados Unidos. “El embargo dispuesto sobre Cuba es asimismo fuente de controversias entre Estados Unidos y la Unión Europea, así como en las Naciones Unidas, que ha aprobado una resolución muy ampliamente refrendada por los demás países condenando el embargo de Estados Unidos durante los últimos 17 años. Para el resto del mundo”, continúa Lugar, “nuestro actual enfoque desafía toda lógica: aún durante los momentos más álgidos de la Guerra Fría, los canales diplomáticos directos con la ex Unión Soviética jamás fueron cortados.” Agregaríamos: ¿cómo es posible que Estados Unidos mantenga conversaciones con países como Irán y Corea del Norte y se niegue terminantemente a hacerlo con Cuba? ¿Cómo justificar tan enfermizo empecinamiento?


El mensaje de Lugar es suficientemente claro: en una época de crisis como esta la Casa Blanca no puede darse el lujo de seguir siendo vista con enorme recelo por pueblos y gobiernos de la región. Su credibilidad internacional como una potencia que se ha arrogado la misión de promover la paz, la libertad y la democracia se desvanece irreparablemente por su política anti-cubana, aparte de tantas otras. La intención de Obama de ser visto como una radical renovación de la política norteamericana quedaría como una palabrería vacía de todo contenido si su gobierno no produjese, ya mismo, una radical rectificación de su política hacia Cuba cuyo primer paso es el inmediato levantamiento del bloqueo (que en Estados Unidos prefieren denominarlo mañosamente como “embargo”, concientes del repudio universal que concita esta política). Por otra parte, no debería escapar a la atención de los estrategos norteamericanos que el imprescindible mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina –imprescindible, decimos, dada la inédita debilidad de la superpotencia estancada en aventuras militares sin destino en Irak y Afganistán y brutalmente golpeada por la crisis económica- se vería negativamente influenciado por el mantenimiento del bloqueo. Todos los países de la región, aún aquellos gobernados por partidos o coaliciones de derecha, se han manifestado en contra del bloqueo, y para Washington sería imposible conferirle credibilidad a su promesa de fundar un nuevo patrón de relaciones inter-americanas si al mismo tiempo se preserva una retórica y una política inspiradas en el apogeo de la Guerra Fría. No sólo se perjudican los intereses económicos estadounidenses sino también se atenta contra la credibilidad global de la política exterior norteamericana.


En otras palabras, las buenas relaciones en el ámbito interamericano deberán construirse sobre la base de gestos e iniciativas concretas que demuestren la seriedad de las intenciones de la Casa Blanca, su capacidad real para producir políticas innovadoras y los alcances de su pregonado compromiso con un orden hemisférico basado en el diálogo y el respeto mutuo. Los gobiernos de América Latina y el Caribe que asistirán a la Cumbre de Trinidad-Tobago saben que sin acabar con el bloqueo el nuevo orden que Washington pretende construir será inviable, estará muerto antes de nacer. Pese a su ausencia Cuba tendrá un papel estelar en esa reunión y nuestros gobiernos deberán actuar con gran firmeza y coordinadamente para exigir el levantamiento del bloqueo; de lo contrario serán copartícipes del fracaso, pagando un alto costo en sus respectivos países. En Puerto España Obama se enfrentará a la hora de la verdad. Su conducta en ese cónclave será el test ácido que pondrá de manifiesto si está o no a la altura de los desafíos que le impone la historia. Y esto no sólo en relación a la cuestión cubana sino también ante los gravísimos retos que brotan de la crisis general del capitalismo.

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Bolivarismo y marxismo, un compromiso con lo imposible

miércoles, 8 de abril de 2009


Comandante Jesús Santrich Rebelión

¡Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días!

BOLÍVAR.

Continuaremos luchando por construir para Colombia, un Estado justo que avance hacia la igualdad social y no que profundice los abismos entre pobres y ricos, como el actual. Por alcanzar un sistema social acorde con las realidades del siglo XXI, que reivindique nuestras mejores tradiciones, valores y riquezas, que mantenga viva la dignidad de nuestro pueblo por la autodeterminación y contra la injerencia imperial, por la justicia, la solidaridad latinoamericana y la vigencia del ideario bolivariano de alcanzar para nuestros pueblos la mayor suma de felicidad posible.
Del Manifiesto Político de las FARC-EP.

Novena Conferencia Nacional de Guerrilleros.

Montañas de Colombia, enero de 2007.


Utopía en el plano de la praxis

El fenómeno mundial del capitalismo, para ser superado de manera definitiva, mirando hacia el horizonte de la utopía comunista, tendrá que chocar con un fenómeno de revolución socialista de alcance mundial que –con seguridad- irá, como diría Lenin, rompiendo con la cadena imperialistas por los eslabones más débiles. En todo caso, de la realidad, de nuestra propia historia y circunstancia, ha de nutrirse el marxismo siempre auscultando en cada rincón del tiempo y el espacio para visualizar la marcha de la sociedad, influyendo en ella, transformándola, sin quedarnos esperando a que las condiciones nos caigan de los cielos.

Es la utopía esencia de los marxistas, como es esencia también la búsqueda selectiva de las “estructuras significativas”, el rescate para la ciencia social y para la práctica revolucionaria del vigor de la visión del conjunto, en el tránsito de su imponderable destino de renovación constante; como método y guía para la acción, su búsqueda deberá indagar en el fenómeno, en la lógica de su movimiento, entendiendo que ninguna categoría, incluso ninguna ley del desarrollo social, es evidente por sí misma; ninguna verdad de ninguna categoría está propiamente en la cabeza de cada hombre por genial que sea, sino en las profundidades, en la superficialidad y en las exteriorizaciones del fenómeno como conjunto, mirándolo de manera dialéctica; es decir, con el examen de las relaciones humanas, por ejemplo, en la sociedad como totalidad que evoluciona en el ritmo de las contradicciones.

Deben tener los marxistas en la utopía un componente esencia de la conciencia, impulsando la acción de las masas, con el convencimiento de que un movimiento revolucionario, donde quiera se geste no puede llamarse tal, si carece de ese componente que se traduce en el esfuerzo imbatible hacia el cambio que se muestra como “imposible”.

Pero es desde la base de la realidad desde donde deberá seguir alzando su vuelo la utopía, el deber ser de la humanidad, el mundo que querríamos como otro mundo posible; es decir, parafraseando a Bolívar, la búsqueda de lo “imposible” mientras de lo posible se encarguen los demás todos los días.

Posibilitar lo “imposible” hasta siempre, sin pretender jamás que se ha de detener la historia…, sin pretender jamás que habría un fin perfecto insuperable…, porque es que el hombre ha de estar infinitamente buscando nuevos y mejores horizontes terrenales.

En el compromiso con lo “imposible” está, precisamente, uno de los valores fundamentales de Bolívar como sujeto revolucionario anterior al marxismo, y del bolivarismo como compendio actual de su ideario. Es de la esencia de la gesta bolivariana la persistencia en la guerra total, contra los opresores españoles y contra los opresores en general. En su conducción de la emancipación, física e intelectualmente, teórica y prácticamente, Bolívar fue no sólo un combatiente por la autonomía política, como lo fueron muchos de sus contemporáneos; fue además un adalid de la revolución continental y un genitor de idearios que ahora son más que nunca necesarios postulados no realizados; pero como necesarios, entonces, son postulados a realizarse indefectiblemente; es decir, utopía: la realización de la Patria Grande, la realización de la República hemisférica, la concreción del equilibrio del universo, etc.

Padre de nuestra nacionalidad colombiana, el Bolívar revolucionario, el Bolívar insurgente y visionario, buscaba la destrucción de todo colonialismo, advirtiendo más allá de lo realmente posible en su tiempo, las posibilidades de lo “imposible” hacia la construcción de una sociedad global en condiciones de igualdad, justicia y verdadera democracia. En esta perspectiva, nos previno, además, de la peligrosidad del imperialismo yanqui.

Consciente del proceso histórico del que participaba, al tiempo que sabía de la necesidad de actuar con determinación transformadora, sin voluntarismo, analizaba Bolívar, sobre la marcha, las condiciones concretas y las posibilidades inmediatas que sobre tales circunstancias podrían lograr materialidad, siempre tomando presente que era el pueblo el verdadero protagonista de la historia y él, Bolívar, tan sólo una “débil paja” arrebatada por el huracán revolucionario. Con visión continental, incluso universal, sin estrecharse en los límites de la parcela de cada pequeña “republiquita”, para el Libertador, mientras los españoles pudieran seguir oprimiendo a cualquier pueblo en el continente, la obra de su ideario estaría inconclusa; y es ese el sentido de su colombianidad.

La dimensión de su sueño colombiano llegaba hasta más allá del propósito de ir a descabezar en Europa a los ladrones que subordinan el universo. La utopía del Libertador, en fin, como toda verdadera utopía, en el plano de la praxis, se plantea lo “imposible” desde la base real de las circunstancias.

Marxismo, bolivarismo y utopía.

Declararse bolivariano y, en consecuencia, declararse revolucionario dentro de la senda del marxismo implica transitar la vida movidos por la esperanza de transformar la sociedad en busca de la justicia; esta es una constante que indefectiblemente implica la utopía como característica de la conciencia, natural fruto del convencimiento racional.

En ello, la utopía es una meta superior de compromiso, en todo caso relativa en cuanto a la apariencia como se presente, ya en manera de posibilidad o “imposibilidad” según las dificultades extremas que plantee; o relativa también en cuanto a finalidad, tomando en consideración que su concreción histórica es, como la misma historia algo cuyo desenvolvimiento no finaliza.

En la esperanzada búsqueda de realización del “imposible”, la marcha conlleva una mescla de ilusiones, realismo, magia y amor al pueblo, como razón de ser de la vida. En fin, la utopía compendia amor, sueños, admiración, arraigo de la historia, visión hacia el futuro, vivencia de todos los estadios del tiempo y el espacio en plenitud como necesidad, deber y anhelo humanizante, cuyo interés esencial es la preservación del hombre y la naturaleza en absoluto equilibrio, desplegando las potencialidades de la fe, de la memoria raizal, de la dignidad y de nuestra identidad como factores vitales para la existencia.

En la senda de la utopía, la marcha del revolucionario desecha la resignación frente a la opresión, y el compromiso con los pobres de la tierra se asume incondicionalmente, de manera perseverante y creadora.

Digamos, entonces que, la concepción marxista-bolivariana de un revolucionario, implica que en su conciencia se abriga un ideario en el que la imagen de una realidad aun no concretada, posible o tal vez incierta, se plantea como meta con el convencimiento absoluto de asumir su realización por “imposible” que parezca, porque, como en la expresión supuestamente temeraria del Libertador, es lo que nos corresponde hacer “porque de lo posible se encargan los demás todos los días”.

Es esa la convicción del Bolívar que se lanza, por ejemplo, a la misión inverosímil, para los más, de trepar sobre las canas de los Andes a liberar a la Nueva Granada; y es la persuasión del Marx que respalda La Comuna de París…, con la certidumbre de que el deber de todo revolucionario es el de “tomar el cielo por asalto”, según el imperativo de su conciencia ética que le impele a liberarse de la opresión, potenciando los valores todos de la experiencia humana, que son inmanentes a la historia.

El autor del Manifiesto Comunista, cuando, en aras del fin altruista, aboga por la posibilidad de arriesgarse en la lucha a enfrentar lo quizás absurdo -¡qué contrasentido más razonable!-, o lo quizás irrealizable, que se tiene en la mente, ejecutando la acción que ha de pasar la prueba de fuego frente al compromiso histórico que planteen las circunstancias, aún a riesgo de la muerte, está desbrozando una concepción de la vida que tiene una propia ética ligada a la dialéctica de la realidad en que se mueve, pero mirando siempre hacia futuro. Ahí, con niveles superiores de generoso altruismo, el decurso del desarrollo histórico se asume con la determinación inquebrantable de enfrentarse a todos los obstáculos que imponga la explotación del hombre por el hombre.

Se trata de la posibilidad cuestionada interactuando con el ideal; el ideal queriendo fundarse como realidad; y el conjunto irrumpiendo, en últimas, como “utopía realista”, según el rasero del revolucionario, pero ocurriendo que, como en el Mayo 68 francés, el realismo también es mágico, porque se trata de ir más allá de lo que aparezca como evidentemente factible, empeñando todas las potencialidades humanas: “seamos realistas, hagamos lo imposible”, era la consigna generalizada que resumía la determinación de cambio de aquel estudiantado ardido levantado en Francia contra el injusto orden establecido.

Esta definición del compromiso con lo “imposible”, que marca el compromiso cumbre de la utopía, perfila una concepción, revolucionaria por supuesto, en la que la visión de la posibilidad, aún en el plano de lo improbable, se visualiza como consecuencia de las convicciones respecto a la finalidad, y como derivada de sentimientos y razones que contienen el riesgo más allá incluso de lo estrictamente racional.

El “pequeño ejército loco” solía llamar Augusto Cesar Sandino, el “General de Hombre Libres” a esa, su guerrilla, que valerosamente enfrentó a los marines yanquis que invadían su patria, y esto porque su búsqueda de verdades en el intrincado camino de su lucha antiimperialista y de emancipación, tomaba no sólo los rumbos indicados por la meticulosa planificación solamente, sino aquellos que indicaban la osadía y el heroísmo; la audacia y el valor, donde la espiritualidad del hombre está guiada por la fe, más allá del conocimiento factual de las circunstancias. Y he ahí entonces las “razones” de la utopía, el “hacer lo imposible porque de lo posible se encargan los demás todos los días”, el “ser realistas haciendo lo imposible”, el “tomar el cielo por asalto”.

En esta concepción, ser marxista y bolivariano está, por qué no, en el plano del realismo mágico de nuestro mundo, que supera el mero racionalismo con toda la simbología, imaginación y la creatividad fundadas en la exquisita tradición raizal amerindiana y en el sincretismo de nuestros mesclados pueblos oprimidos, mestizados, en proposición que anticipe la instauración de la justicia social; es decir, realización del ideal en beneficio de la humanidad.


Utopía: trascendencia y medios para su logro.


Entre lo más preponderante de la condición superior y más humanizante en Bolívar y Marx, está su acción revolucionaria, como inagotable, por que se inspira en una fuente también continua de creación; su imaginación sin cadenas concibiendo el ideario, el deber ser en función del colectivo humano trascendiendo hacia la gloria, en el sentido de la satisfacción por el cumplimiento del deber y más, pues es al mismo tiempo el actuar proyectándonos la visión de un propósito…, de lo que ha de ser, más allá de lo que ahora es; visualización del sumo estadio social en el que la virtud sea la común característica de la humanidad.

En la práctica, el pensamiento y la acción de estos revolucionarios pudiere hacer caso omiso, incluso, de cualquier aparente o preponderante incongruencia entre el propósito y los medios para su logro: lo “imposible”. Y he ahí la verdadera dimensión del revolucionario.

En la utopía se anuncia, entonces la posibilidad del cambio otorgando esperanza, aún si el derrotero para su logro no estuviere definido, como ocurría con la utopía de Mariátegui que aunque no tuviese diseños plenamente específicos, sobre el cómo, el procedimiento para concretar la propuesta, ello no le quita su grande dimensión inspiradora, que no se puede descalificar con la apreciación de que sea exceso de intelectualismo o carencia eficaz de la acción. En el sentido, ciertamente, de que ninguna revolución podría prever la revolución que vendrá después de ella.

Por lo demás, lo lógico es que ningún verdadero marxismo rechazaría o abandonaría, por no tener claridad específica o certeza absoluta de lo que, efectivamente, ha de ser el proyecto de emancipación; y no abandonaría, tampoco, los intentos por totalizar una explicación del capitalismo y de la lucha de clases para enfrentarles, y mucho menos la utopía como propuesta de la creación de un mundo humanamente humano, humanizante entonces, en su prospecto de lucha.

La utopía bolivariana.

Sobre la utopía bolivariana, podríamos decir, sin entrar en el detalle de sus contenidos, en el detalle de los elementos del ideario, que cuando se plantea la transformación liberadora, quizás no esboza aún un orden social sin dominación, no se plantea aún ese orden social en el sentido pleno del socialismo, pero sí, indudablemente, en cuanto a establecer fuertes cimientos de justicia al enfrentar uno de los más perversos e inhumanos sistemas de explotación colonialista que se había sostenido durante siglos, a punta de látigo y segregación infame, sobre los hombros lacerados de la servidumbre indígena y la esclavitud de los negros africanos y afro-descendientes.

El ideario de Bolívar, apuntaba a la construcción de una nueva sociedad sin la opresión y la crueldad de aquel sistema, que aún el liberalismo más “avanzado” de la época lo consignaba como natural y necesario, según se veía, por ejemplo, en los postulados de la Constitución de Filadelfia, donde la defensa del “sagrado derecho a la propiedad” incluía la posesión y dominio de hombres en esclavitud. A esto se oponía el Libertador: “¡Un hombre poseído por otro! !Un hombre propiedad! Fundar un principio de posesión sobre la más feroz delincuencia no podría concebirse sin el trastorno de los elementos del derecho y sin la perversión más absoluta de las nociones del deber”. (BOLÍVAR: Discurso al Congreso Constituyente de Bolivia”. 25 de mayo, 1826).

El hombre propiedad, la esclavitud, el racismo, el individualismo…, el utilitarismo…, eran aspectos nodales del “avanzado” liberalismo estadounidense que en la misma línea se oponía a la independencia indoamericana; pero frente a su inminencia, había ya colocado sus enclaves reaccionarios en el seno del movimiento independentista, como bien lo ejemplifican antibolivarianos sátrapas consumados como Francisco de Paula Santander Omaña.

Bien Simón Rodríguez escribió con sarcasmo: “Los angloamericanos han dejado, en su nuevo edificio, un trozo del viejo -sin duda para contrastar-, sin duda para presentar la rareza de un HOMBRE mostrando con una mano, a los REYES el gorro de la LIBERTAD, y con la otra levantando un GARROTE sobre un negro, que tiene arrodillado a sus pies” (RODRIGUEZ, Simón: “Obras Completas”. Caracas, Venezuela, 1975. T.I, p. 342).

En consecuencia, al hablar de los modelos de sociedad a ser construidos puntualizaba: “... ¿Dónde iremos a buscar modelos? La América española es original. Y originales han de ser: sus instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otro.” (Idem. T.I, p. 343.Ibidem).

Coincide plenamente Bolívar en este planteamiento cuando al hablar de “El Espíritu de las Leyes” advierte en el Congreso de Angostura:“...debo decir que ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y la naturaleza de dos estados tan distintos como el inglés americano y el americano español (...) ¿No dice “El Espíritu de las Leyes “que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen? Que es una casualidad que las leyes de una nación puedan convenir a otra? Y que las leyes deben ser relativas a lo físico del país, al clima; a la calidad del terreno, a la extensión, al género de vida de los pueblos? Referirse al grado de libertad que la Constitución puede sufrir, a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales? ¡He aquí el código que debíamos consultar no el de Washington!” (BOLÍVAR, Simón: Discurso ante el Congreso de Angostura 15 de febrero de 1819).

En el mismo sentido agregaba el Libertador que el “código de Washington”, no es democracia, porque no podemos concebir democracia sin libertad: “Vosotros lo sabéis que no se puede ser libre y esclavo a la vez, sino violando a la vez las leyes naturales, las leyes políticas y las leyes civiles” (Ibidem).

En suma la abolición de la servidumbre indígena como de la esclavitud fue aspecto principal del proyecto social de justicia e igualdad promulgado por Bolívar. En 1816, época de plena incertidumbre sobre el destino de la lucha emancipadora…, tiempo en el que las adversidades eran una constante no lejana, en sus escritos está la huella nítida de esta concepción que, naturalmente, está anidada desde mucho antes: “Considerando que la justicia, la política y la patria reclaman imperiosamente los derechos imprescindibles de la naturaleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados” ( BOLÍVAR, Simón: Proclama a los habitantes del Río Caribe, Carúpano y Cariaco. 2 de junio).

Con mayor determinación, el Libertador ahora con esta resolución, nutría de contenidos sociales verdaderamente revolucionarios, muy profundos, su lucha emancipatoria, apuntando a destruir las instituciones económicas principalísimas del sistema colonial ibérico. Muy pronto esta iniciativa de su lucha guerrillera en oriente lo propondría como principio Constitucional en su discurso memorable ante el Congreso de Angostura: “La naturaleza, la justicia y la política erigen la emancipación de los esclavos (...) Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o revocatoria de todos mis estatutos y decretos, pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida y la vida de la República” (BOLÍVAR, Simón: Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819).

Respecto a los indígenas, específicamente, también su proyecto social contenía absoluta demanda del reconocimiento de igualdad. Había el Libertador denunciado con vehemencia, por ejemplo, el destino de exterminio que les habían impuesto los colonialistas: “En Méjico -dice-, más de un millón de sus habitantes han perecido en las ciudades pacíficas, en los campos y en los patíbulos” (BOLÍVAR, Simón: Carta al editor de “The Royal Gazeete” Kingston, Jamaica, 18 de agosto de 1815).

Años más tarde, y consecuente con una posición febrilmente entregada de manera continua a la emancipación de los pueblos originarios, insiste en la denuncia sobre la situación lamentable como viven los indígenas pero tomando medidas de gobierno y conminando a su cumplimiento: “Los pobres indígenas -dice- se hallan en un estado de abatimiento verdaderamente lamentable. Yo pienso hacerles todo el bien posible: primero, por el bien de la humanidad, y segundo, porque tienen derecho a ello, y últimamente, porque hacer bien no cuesta nada y vale mucho” (BOLÍVAR, S.: Carta a Santander. Cuzco, Perú, 28 de junio de 1825).

Esta concepción le valió al Libertador que desde las huestes del “ilustrado” liberalismo neogranadino le calificaran, tal como lo hiciera Francisco Soto, de “monstruo del género humano” que marcha al frente de los “descamisados” para realizar “una revolución contra los propietarios” ( RUIZ VIVAS, Guillermo: “Bolívar más allá del mito”. T. I. P. 442).

En su lucha por la igualdad social, las opiniones y resoluciones prácticas a favor de los indígenas, exaltando y reivindicando su cultura, su historia y todos sus valores, fueron abundantes, pero quizás la determinación de resarcirlos con la devolución de sus tierras fue una de las medidas más importantes. Desafortunadamente todo no dependía de su voluntad, y pronto sus contradictores políticos echaron por tierra su construcción.

Vale resaltar que en el proyecto de Bolívar y en su praxis, su atención no se centra solamente en la reivindicación de los negros esclavos y los indígenas, o de alguna etnia en particular, pues si bien hay una preocupación especial por estos sectores que eran los más humillados, es la integración racial, el conjunto de lo que llamaba "macrocosmos verdadero de la raza humana”, lo profundo de su concepción, tal como lo evidencia en Angostura cuando manifiesta que “por las venas de nuestro pueblo corren todas las sangres de la tierra, mezclémosla para unirla”(Simón Bolívar: Discurso ante el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819.).

En el núcleo duro de su ideario está presente el rechazo a toda segregación racial, y a toda discriminación por concepto de razones de clase. O como lo expresaba, como franco anhelo más que como concreción cierta, ya desde 1812 cuando emprendía la reconstrucción emancipatoria de la primera República fallida, durante la Campaña del Bajo Magdalena (primera etapa de la Campaña Admirable), en Tenerife: “Nosotros somos miembros de una sociedad que tiene por bases constitutivas una absoluta igualdad de derechos y una regla de justicia, que no se inclina jamás hacia el nacimiento o fortuna, sino siempre en favor de la virtud y el mérito” ( BOLÍVAR, S.: Discurso en Tenerife. 24 de diciembre de 1812).

Es decir, la misma convicción que en cuanto a oponerse a las diferencias de clases reiteraría en 1817, en otro intento de reconstrucción republicana, y que en adelante mantendrá como un inamovible de su proyecto social, de su ideario…: “¿Nuestras armas no han roto las cadenas de los esclavos? ¿La odiosa diferencia de clases y colores no ha sido abolida para siempre?”(BOLÍVAR, S.: Proclama al Ejército Libertador. Angostura, 17 de octubre 1817).

Lograr ese propósito emancipante era parte esencial de su utopía, y con ello no se pretendía la culminación de la misma sino su salto hacia un nivel superior de conquista liberadora con el rompimiento de las cadenas que ataban la conciencia y el logro de la unidad latino-caribeña en función del equilibrio del universo; o sea, su particular idea de la Colombeia mirandina.

Utopía y cambio de época.

Aquí se nos plantea, entonces, el asunto de “el final de la utopía” en el sentido de la conquista del propósito altruista; o su culminación como producto de la muerte de la esperanza; o también el de su finalización en el sentido de Marcuse; es decir, en cuanto a que se den las condiciones para que el propósito que se pretendía altruista cuente ya con las condiciones objetivas y subjetivas para entenderse como absolutamente factible.

Esta circunstancia que en uno u otro caso implica un movimiento de época, un cambio en las características del momento que se vive, un “nuevo período”, una transición o un cambio abrupto respecto a una circunstancia histórica anterior se puede asumir en términos de rompimiento o de renovación, en sentido de rechazo total de lo viejo para sustituirlo por lo nuevo, o en términos del cambio radical que si bien implica desechar lo viejo no involucra ello como absoluto, sino recabando en el rescate de lo más rico del pasado como experiencia, como tradición valiosa, hacia la que siempre hay que mirar para afrontar el futuro con optimismo.

En el revolucionario, el tiempo pretérito no debe desaparecer de su visión creadora, porque es el recinto de la experiencia que hay que acumular para hacer las nuevas construcciones, siendo una falacia aquello del simple cambio de “lo viejo por lo nuevo” para llegar a conclusiones absurdas como esa de que la Modernidad, por ejemplo, no puede pedir a otras épocas las pautas por las que ha de orientarse, sino que depende de sí misma absolutamente…, o que tiene que extraer de sí misma sus elementos normativos.

El pasado no se puede devaluar simplemente por ser tal, pues en tanto las construcciones sociales tiene un sentido histórico, en él también están los principios normativos que la experiencia deja para las creaciones futuras; en definitiva, en tanto la historia es visión del movimiento de la humanidad en todas las dimensiones temporo-espaciales, como conjunto, en el revolucionario la experiencia del pasado va ineluctablemente unida a la proyección de las nuevas metas futuras; es decir que historia y utopía van juntas una con la otra interrelacionadas; o si se quiere, haciendo un mismo conjunto.

Podríamos decir sin temor a equívocos que no hay espíritu revolucionario que no deba estar tocado por la magia de la conciencia histórica, por el sentido de su conocimiento como necesidad que incluye a “lo viejo”, al mismo tiempo que del fervor de la utopía, en una asociación que busca el equilibrio entre lo uno y lo otro en ese camino que llamamos esperanza.

Utopía, “realismo” e historia.

Se suele tomar por conclusión que el marxismo ha criticado la “utopía”, sobre todo refiriéndose al “socialismo utópico”, al que le coloca el “socialismo científico” en oposición, objetando del primero su manera de plantear un futuro mejor sólo en abstracto; y quizás en ese sentido, sobre todo en cuanto a entender que la “utopía” es el sueño irrealizable, la quimera inalcanzable, ser “utópico” se convierte en el estigma de la pura ficción, ilusos sus mentores y seguidores todos…, porque lo que hicieron fue simplemente imaginar paraísos, hermosos anti-mundos, pero sin proponer el cómo que haga alternativa. La “utopía” es vana ocurrencia, podría decirse, para la cabeza de un “realista”, “materialista dialectico-histórico”, que mira hacia “el análisis concreto de la situación concreta”; insubstancial idea, para quien la sola posibilidad vital no basta, pues hay que definir medios y métodos para jugar el papel transformador que indica la “filosofía marxista”, para la que no basta la crítica, podríamos agregar, sino el diseño claro de la alternativa posible.

¿Y lo “imposible entonces”?

Valga precisar, que en el sentido bolivariano la construcción no es fantasiosa; ella se hace sobre bases concretas pero no sólo, sino además con el acicate de la proyección futura que cuando entrelaza utopía e historia le da dimensiones incesantes, no de final en una meta sino de prosecución hacia cada vez nuevos horizontes superiores.

Agreguemos, que no es del caso definir ahora si Robert Owen, Saint-Simon, Fourier o Proudhon al decirse que son socialistas utópicos quedan descalificados por el marxismo, o si sencillamente es una manera de decir que el revolucionario no debe quedarse solamente en el utopismo como ejercicio de la fantasía; es decir en la construcción sin determinación de concreción. Lo que es claro, pero parecen olvidarlo quienes por subrayar en el “realismo” supuestamente “científico” y en la “cientificidad” de un “materialismo” muchas veces desfigurado, es que el socialismo llamado utópico, ha sido y seguirá siendo fuente insustituible del marxismo; el socialismo utópico es, entonces, fuente fundamental también, de las convicciones que nutren al bolivarismo de hoy, en el que como en el marxismo utopizar no puede tener un sentido fuera de la acción y la consecuencia con lo que se piensa.

En términos de Guevara el revolucionario, efectivamente, debe ser “un hombre que actúa como piensa”. Tal como lo era Bolívar, incluso en la búsqueda de lo “imposible” o de lo que pareciera tal. De tal suerte que la utopía es, así, proposición alternativa de vida, posible o, por qué no, “imposible” en un momento determinado, pero factor en todo caso, que mantiene la perspectiva del logro constante de nuevos estadios de desarrollo social humanizantes.

Como la historia, entonces, la utopía que es jalón de su desenvolvimiento, también en la búsqueda de lo que pareciera “imposible”, guarda condición de incesancia y, en consecuencia, es factor que no se consume como energía de cambio.


Bolivarismo y Marxismo: utopía como visión de futuro.


En Bolívar primero que en Marx la visión de futuro estuvo presente como constante; como perspectiva de lo histórico que no se prevé consumido en la propia época que se está viviendo sino que plantea la acción para un prospecto que siempre va más allá, trascendiendo, aún si las circunstancias parecieran adversas para su concreción en el largo plazo. Y no es que Bolívar o Marx no hubiesen trazado horizontes inmediatos también; sí, pero como etapas a ser agotadas en el camino a seguir en busca de horizontes de futuro en los que preveían las sociedades fecundas erigidas sobre el terreno de la igualdad y la democracia. Por ejemplo, para el caso del Libertador, el de una gran patria continental con proyección ecuménica, no para avasallar sino para liberar: " Volando por entre las próximas edades, mi imaginación se fija en los siglos futuros, y observando desde allá, con admiración y pasmo, la prosperidad, el esplendor, la vida que ha recibido esta vasta región, me siento arrebatado y me parece que ya la veo en el corazón del universo, extendiéndose sobre sus dilatadas costas, entre esos océanos que la naturaleza había separado, y que nuestra Patria reúne con prolongados, y anchurosos canales. Ya la veo servir de lazo, de centro, de emporio, a la familia humana: ya la veo enviando a todos los recintos de la tierra los tesoros que abrigan sus montañas de plata y de oro; ya la veo distribuyendo por sus divinas plantas la salud y la vida a los hombres dolientes del antiguo universo; ya la veo comunicando sus preciosos secretos a los sabios que ignoran cuán superior es la suma de las luces, a la suma de las riquezas, que le ha prodigado la naturaleza. Ya la veo sentada sobre el Trono de la Libertad, empuñando el cetro de la Justicia, coronada por la Gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno", (BOLÍVAR, Simón. Discurso ante el Congreso de Angostura).

Tanto en Bolívar como en Marx, no hay pesimismo en el futuro, quizás podría haber en su propio presente decepción y contrariedades producto de la in-concreción de lo inmediato, pero no para el futuro.

Esa es, tal vez, una de las más ricas herencias para los revolucionarios: los elementos para hacer la aprehensión de que frente al peligro en que el imperialismo ha puesto la existencia misma del planeta bosquejando un desarrollismo de catástrofe, no vale de nada la incertidumbre y el silencio, pues frente a los grandes retos, son necesarias las grandes determinaciones, la triple audacia…, la acción que supere el determinismo reivindicando el papel de la subjetividad, la pasión, la audacia, la temeridad y la fe en la iniciativa de las masas aún frente a la inminencia de la “derrota”; porque es que ésta, aun presentándose, en el revolucionario verdadero no se torna en derrota como capitulación hacia la domesticación, la sumisión y el arrepentimiento del propósito, que es lo que pretende el enemigo de clase enrostrando la caída de muchos proyectos “socialistas” o que pretendieron serlo, para en el seno de las izquierdas sembrar el pesimismo, tal como efectivamente lo han conseguido en muchos sectores otrora revolucionarios, y especialmente dentro de esa llamada intelectualidad “progresista”. Han puesto a estos elementos a jugar su asqueroso papel de apóstatas, teorizando sobre la idea engañosa de que nos enfrentamos a un universo que respecto al de unas décadas atrás es radicalmente distinto, en el sentido de que esto implica, entonces, nuevas coordenadas para la acción, nuevas formas de pensamiento; es decir, el abandono de las formas del pensamiento y de la acción política propias de la “era moderna”, pues estamos en la “post-modernidad”. Por tanto, digamos adiós al marxismo y a esa “quimera” que es el socialismo; y en la misma línea, “con mayor razón”, digamos adiós a ese pensamiento “trasnochado” que se compendia en el bolivarismo y es su ideal de Patria Grande.

En el ámbito de la conciencia revolucionaria esto es impensable. Si somos verdaderos marxistas y bolivarianos, aún en las peores circunstancias, nuestra utopía de socialismo y Patria Grande, ha de denotar la mayor fortaleza moral, inquebrantable como la moral del Bolívar de 1812, que derrotado en Puerto Cabello resurge en la Campaña Admirable…, como el Bolívar posterior a cada uno de los fracasos en su brega por expulsar al imperio español de Nuestra América, que de cada adversidad emerge “como el sol, brotando rayos por todas partes”.

Recordémoslo a Bolívar, solamente para ilustrar la moral sublime que atañe la utopía revolucionaria frente a los descalabros, cuando en un momento extremadamente difícil en que en el Perú tomaba fuerza la contrarrevolución porque Torre Tagle y Riva Agüero, con el pleno apoyo de la oligarquía, habían traicionado la causa independentista pasando con hombres y armas, al ejército español, entonces casi moribundo en Pativilca extrema su fe en la victoria. El mismo Sucre, héroe de Ayacucho, a quien el Libertador consideraba el más valioso de sus oficiales aconsejaba en aquella circunstancia desfavorable “evacuar el Perú”, con el fin de “conservar (Colombia) la más preciosa parte de nuestros sacrificios”. No obstante la descripción que hace Joaquín Mosquera de su encuentro con el Libertador nos da la claridad de porqué Pablo Morillo, el “pacificador” español decía que Bolívar “es más peligro vencido que vencedor”, o que “Bolívar es la revolución”. Dice Mosquera, que estando de paso en misión diplomática hacia Chile, se entrevistó con Bolívar en Pativilca y le encontró en lamentables condiciones; “... tan flaco y extenuado (...) sentado en una pobre silla de vaqueta, recostado contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco y sus pantalones de jean, que le dejaban ver sus rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas, su voz hueca y débil, su semblante cadavérico (...) y con el corazón oprimido (…)”. Mosquera viéndolo en aquella situación lastimera le preguntó: “¿Y qué piensa hacer usted ahora?”. Bolívar, entonces “avivando sus ojos huecos, y con tono decidido, me contestó: '¡Triunfar!”. (LIÉVANO AGUIRRE, Indalecio: "Bolívar". Caracas, 1974, p. 323)

Fue bajo aquellas mimas terribles circunstancias que expresó también: “mi consigna es morir o triunfar en el Perú” (Ídem., p. 327).

Y no ocurrió lo primero: en el año 1825 el ejército del Libertador, con sus armas de infantería, caballería, artillería y marina recompuestas, fue la primera potencia militar de América.

Para el caso de Marx y del marxismo, se puede observar el significado de la utopía, en la reivindicación que Marx hiciera de la misma respecto a la situación concreta de lo vivido por los obreros parisinos de 1870, o en la reflexión que Lenin concibiera en relación con la situación de los revolucionarios rusos de 1905.

En el primer caso, Marx toma el ejemplo de la Comuna de París para hacer planteamientos de fondo que incluso le llevan a variar puntos de vista plasmados en el Manifiesto Comunista. El levantamiento de 1871, logró enorme admiración en diversos aspectos, como el de “la destrucción del Estado parásito”, suscitando además el que se asumiera la esencia del Programa y los objetivos de los revolucionarios parisinos.

Y en el segundo caso, la reivindicación de la utopía se percibe en la crítica de Lenin a Plejánov por sus sermones y querellas contra quienes se atrevieron a hacer el levantamiento: "no había que haber tomado las armas", decían. Pero en justa argumentación de rescate del papel de la subjetividad, del romanticismo si se quiere…, y en contra del malentendido o mal asumido “materialismo”, que descalifica a quienes lo arriesgaron todo por la opción de la dignidad, Lenin pondera a los revolucionarios de 1905 rescatando la posición de Marx en cuanto a la admiración que le generó el intento de los comuneros parisinos de “tomar el cielo por asalto”. Como Marx, Lenin también toma partido por la Comuna de París con todo y su “fracaso” y asume la “derrota” del levantamiento de 1905 en su dimensión positivamente ejemplificante.

En los mencionados casos, como cuando el Che de la Higuera que frente a sus captores dice que aún esa, su “derrota”, puede ser el factor que estremezca la conciencia del pueblo boliviano, en lo que se mira es en el ejemplo que la acción altruista del hombre puede cimentar en pro de la conquista del futuro mejor.

A propósito de la Comuna de París, Marx había escrito que: "La canalla burguesa de Versalles, puso a los parisinos ante la alternativa de cesar la lucha o sucumbir sin combate. En el segundo caso, la desmoralización de la clase obrera hubiese sido una desgracia enormemente mayor que la caída de un número cualquiera de ‘jefes’."

Palabras estas que son reafirmación de la confianza absoluta en el ímpetu que puede ser el ejemplo de los revolucionarios: “Tomar el cielo por asalto”, al menos intentarlo, en rompimiento con cualquier ortodoxia estéril, contra cualquier “objetivismo” inútil. En fin, “ser realistas, haciendo lo imposible”, como en la determinación de ascender los Andes y contra todo pronóstico triunfar; es decir “hacer lo imposible porque de lo posible se encargan los demás todos los día”.

La negación de la utopía.

¿A quién conviene la negación de la utopía?, ¿a quién conviene cercenar los sueños y las energías para luchar por una sociedad sin explotadores ni explotados, en dignidad, justicia y felicidad, cuando lo que requiere el destino de la humanidad, por el inminente peligro de sobrevivencia que ha impuesto el imperialismo, es su fortalecimiento, hoy más que nuca?

Negar la utopía es negar la posibilidad creadora del ser humano, y sobre manera, la posibilidad transformadora, revolucionaria de ese mismo ser humano.

Hoy en día, acabar con la humanidad, realizar ese desastre antes inimaginable, está dentro de todas las posibilidades científicas, pero quienes nos negamos a creer que el carácter natural del hombre es ser lobo del propio hombre, estamos en el deber de sostener y luchar por la utopía no sólo de la existencia del ser humano y de la naturaleza, sino de su mejor estar en condiciones de colaboración, ayuda mutua y felicidad. Así, la esencia del problema está totalmente evidenciada para el presente: “Comunismo o Caos”.

Lo que está en juego es la supervivencia misma de la especie humana, de la vida y de la naturaleza en general por cuenta del poder destructor del capitalismo. Pero para hacer florecer la alternativa del comunismo, no deberemos esperar pacientemente en la inacción el fin automático del capitalismo; la intervención consciente de la humanidad es una necesidad y un deber impostergable que exige de los revolucionarios la conjugación de la utopía en la praxis liberadora, a cualquier costo.

Entre los revolucionarios farianos la utopía del marxismo, como la utopía del bolivarismo coinciden en lo fundamental con ese propósito imperecedero que es el de la justicia social en condiciones de libertad y dignidad.

En el caso del ideario bolivariano, no obstante, si bien sus líneas esenciales no alcanzan la definición estricta del socialismo según su definición más decantada, sienta sí las necesarias bases para su construcción desde una perspectiva indoamericana, que comporta desenvolver un proceso de unificación continental emancipatoria, con el convencimiento de que su consecución depende exclusivamente de la propia humanidad, pero sobre todo de los revolucionarios, de los Quijotes; o sea, de los hombres como debieran ser. No de “el hombre tal cual es”, el del dominio de lo efímero, el de la realidad transitoria que expresa el Gil Blas al que alude el moribundo Bolívar de Santa Marta. Necesitamos en suma al hombre decidido a soñar, a hacer utopía de lo posible y de lo “imposible”, dispuesto a conquista el ideal con locura si se quiere, locura creadora, aleccionadora, paradigmática, según lo asume el mismo Libertador, quien como diría Juvenal Herrera Torres, el insigne historiador y poeta grancolombiano, “a la manera de don Quijote, condujo a nuestro pueblo, ese Sancho multitudinario, hasta fusionarse en un todo y confundirse en un mismo galope épico hacia la conquista de la utopía. ¡Qué locura! ¡Esta es la locura que hace falta para que la humanidad avance, cuando la cordura es vegetar pasivamente como esclavos siervos! ¡Siempre se ha llamado locura a lo que se sale de lo común!”.

He ahí, entonces, que en el revolucionario, según tal concepción, se compendian el pensamiento y la acción consecuente; se trata del hombre que actúa como piensa, del hombre que redime la utopía; ó, según ejemplifica el Libertador, tal como Cristo, Don Quijote y él mismo…, los majaderos, los necios de la historia. Es decir, el tipo de hombre tal como debiera ser, el hombre que, para el presente, frente a la inminencia del caos capitalista se enfrenta a la opresión para contribuir en la forjación del mundo diferente, así no esté en posibilidad de disfrutarlo para sí mismo.

Esta no es tarea sencilla, porque acabar con la utopía, acabar con los sueños redentores del ser humano, ha sido también el propósito de los que vociferan sobre el fin de la historia y la muerte de las Ideologías, tratando de persuadirnos de la instauración del capitalismo como estadio superior del desarrollo humano, convirtiéndonos hasta siempre en inmenso rebaño de consumidores pasivos, de militantes mansos del fatalismo nihilista.

Pero resulta que el trasegar del verdadero revolucionario, quien ante todo debe ser constructor de futuro, está definido por el optimismo como condición de la marcha de la historia.

Sentido histórico de la utopía.

Día a día deberemos luchar por que las fuerzas productivas no se conviertan en las fuerzas que destruirán el orbe, mostrando que mientras exista la conciencia revolucionaria la posibilidad del deber ser ha de tener toda la energía utópica que la hace conciencia histórica que transitará ineluctablemente hacia una sociedad sin explotadores ni explotados.

Dentro de esta concepción, ni siquiera es admisible el fin de un determinado tipo de utopía, de una utopía en concreto, por la sencilla razón de que, en el sentido expresado, la utopía, aunque se presente con características diversas en momentos diferentes, tal como la historia, lo que hace es adquirir nuevos estadios de desarrollo humanizante, nuevas dimensiones, pero no finalización.

Admitir el fin de la utopía, sería como admitir la posibilidad del fin de la historia.

Podríamos plantear superar el ideario de los socialistas utópicos, como era la intención de la crítica marxista; podríamos plantear superar -no negar-, también, los propósitos y metas del socialismo científico; o, más sencillo aún, los ideales y metas del, en gran medida fracasado, socialismo real; o podríamos seguir propugnado por la sociedad del trabajo como utopía, o también persistir, como Marcuse en los años 60, en que ha llegado el momento histórico en el que es posible construir una sociedad libre porque el desarrollo de las fuerzas productivas ha alcanzado el nivel que permitiría erradicar el hambre y la miseria, y así concluir que entonces ese propósito en el mundo dejaba de ser un “sueño utópico”. Se podría, diríamos entonces, atendiendo a esta última concepción, edificar una civilización no represiva porque hay las condiciones para ello y de ahí, pues, tener la evidencia del final Marcuseano del la utopía; un fin que significa “que las nuevas posibilidades de una sociedad humana y de su mundo circundante están dadas…, pero fuera del mismo continuo histórico respecto a la sociedad anterior” (MARCUSE, Herbert: El fin de la utopía. Planeta Editores. Barcelona 1986, p. 7).

Pero en el sentido revolucionario, bolivariano y marxista, ciertamente la utopía está en su propio continuo de cambio dialéctico que, por mucha ruptura o cambio radical que tenga, conlleva ilación con el pasado. No puede ser un concepto estático sino cambiante en sus contenidos proposicionales, los cuales al mismo tiempo no deben ser ataduras a formas ineludibles de experiencias, como las fracasadas del llamado socialismo real, por ejemplo, sino que lo que implican es hacer superación retomando lo positivo de cada realización.

En conclusión, el sentido histórico de la utopía y del “hacer lo imposible”, estaría referido a ideales de transformación social que quizás no tengan aún en su favor los factores subjetivos y objetivos de una determinada situación…; no contengan, digamos, las condiciones de madurez como podría ocurrir en tiempo de Bolívar con la construcción de la Patria Grande, o en tiempos de La Comuna Parisina con la materialización del comunismo, o aún ni en los tiempos del siglo XX en los que se intentaron modelos de “socialismo” muchos de los cuales no cristalizaron reflejando consecuencia o siquiera suficiencia o aproximación respecto al genuino ideal marxista, para perdurar y transitar hacia estadios superiores. Pero de ninguna manera es la utopía la acción contra-natura o anti-histórica. Nada hay que nos indique lo contra-natura o lo anti-histórico del la utopía del socialismo y la Patria Grande como síntesis del la integración bolivarismo-marxismo de nuestros días, por ejemplo.

Esa Utopía llamada América Nuestra.

Cuando retomamos el “hacer lo imposible”, su sentido radica, entonces, en el plano de la provisionalidad y hasta de la dificultad extrema, que implican en la mente del revolucionario “no quedarse sentado esperando a que pase frente a la casa el cadáver del imperialismo”, según el conocido adagio de la Segunda Declaración de la Habana que busca significar aquello de que las condiciones objetivas y subjetivas, no se esperan venidas quien sabe de dónde para luego actuar, sino que se cataliza su presencia con la acción.

Al respecto, cuando los revolucionario cubanos deciden el asalto al Cuartel Moncada, o cuando posteriormente emprenden el viaje del Granma, aunque era evidente que las condiciones materiales de un levantamiento en contra de la explotación capitalista en la mayor de la Antillas estaban dadas, quizás no era previsible aún, que fraguara el levantamiento insurreccional a favor de la instauración del socialismo; no obstante, con osadía, valor y convencimiento se emprendió el camino hacia “el asalto de los cielos”. El resto de la historia es suficientemente conocida. Precisamente en desenvolvimiento práctico de la utopía marxista -que no culminó con el derrocamiento de Batista sino que se potenció en cuanto a aspirar a mayores propósitos altruistas-, aquellos compañeros, luego de haber tomado el poder por la vía de una heroica insurrección armada, en un magnífico documento titulado Primera Declaración de la Habana, levantaban su voz contra el imperialismo y a favor de los intereses más sentidos de los explotados del mundo.

Este documento había surgido en réplica a la llamada “Declaración de San José de Costa Rica”, que no era otra cosa que un papelucho anticomunista surgido contra cuba desde esa cloaca pestilente que es la OEA.

El 2 de septiembre de 1960, evocando esa constelación de la conciencia nuestramericana que es José Martí, la Primera Declaración de la Habana condena al imperialismo que con “la sumisión miserable de gobernantes traidores, ha convertido, a lo largo de más de cien años a nuestra América, la América que Bolívar, Hidalgo, Juárez, San Martín, O’Higgins, Tiradentes, Sucre, Martí, quisieron libre, en zona de explotación, en traspatio del imperio financiero y político yanqui [...]”.

[...]

“Proclama el latinoamericanismo liberador”, en oposición “al panemiricanismo que es solo predominio de los monopolios yanquis sobre los intereses de nuestros pueblos” y rechaza “… el intento de preservar la Doctrina de Monroe, utilizada hasta ahora, como lo previera José Martí, ‘para extender el dominio en América’ de los imperialistas voraces, para inyectar mejor el veneno también denunciado a tiempo por José Martí, ‘el veneno de los empréstitos de los canales, de los ferrocarriles”.

Se cierra aquella declaración valerosa reafirmando que “la América Latina marchará pronto, unida y vencedora, libre de las ataduras que convierten sus economías en riqueza enajenada al imperialismo norteamericano, y que le impiden hacer oír su verdadera voz en las reuniones donde cancilleres domesticados, hacen de coro infamante al amo despótico”.

Poco tiempo después, ante otra de las tantas egresiones de esa sirvienta de Washington que es la OEA, desde Cuba surgió la Segunda Declaración de la Habana. Nuevamente contra el imperialismo y los poderosos explotadores de la tierra, desde aquel “Territorio libre de América”, se hizo escuchar la voz de la dignidad. Era el 4 de febrero de 1962:



[...]

“El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Se sabe que en América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios sentarse en la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo [...]”.

Y a favor de los oprimidos señalaba:

[...]

“ Ahora sí, la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados de América Latina, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia [...]”.

[...]

“Porque esta gran humanidad ha dicho: ‘¡Basta!’ y ha echado a andar. Y su marcha de gigantes ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera, irrenunciable independencia”.

[...]

Muchos revolucionarios en el continente convencidos de que “no había que quedarse sentados esperando a ver pasar el cadáver del imperialismo” emprendieron y otros continuaron, con mayor determinación, esa senda de la redención humana que es la lucha por el socialismo, no sin tomar en cuenta el ejemplo de la revolución cubana y sus postulados que venían a nutrir el ideario marxista con la vivificante savia del pensamiento martiano y latinoamericano en general. En Colombia, por ejemplo, donde la resistencia armada comunista cumplía más de una década de iniciada, con la conducción del legendario guerrillero Manuel Marulanda Vélez, hacia 1964 se logra gran cohesión insurgente con la fundación de las FARC, Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia. Para entonces, este naciente ejército revolucionario había proclamado, incluso antes de su fecha simbólica de fundación establecida el 27 de mayo, en el fragor de los combates suscitados como consecuencia de la agresión militar gubernamental contra Marquetalia, su Programa Agrario.

En este documento, cuyo aspecto central es el planteamiento de una “reforma agraria revolucionaria”, se dejaba en claro la idea sobre la construcción de un “Frente Único del Pueblo” que destruyera la vieja estructura latifundista de Colombia y lograra el establecimiento de un gobierno de “liberación nacional”. En el séptimo de sus puntos decía: “este programa se plantea como necesidad vital, la lucha por la forjación del más amplio frente único de todas las fuerzas democráticas, progresistas y revolucionarias del país, para un combate permanente hasta dar en tierra con este gobierno de los imperialistas yanquis que impide la realización de los anhelos del pueblo colombiano.”

“Por eso invitamos a todos los campesinos, a todos los obreros, a todos los empleados, a todos los estudiantes, a todos los artesanos, a los pequeños industriales, a la burguesía nacional que esté dispuesta a combatir contra el imperialismo, a los intelectuales demócratas y revolucionarios, a todos los partidos políticos de izquierda o de centro que quieran un cambio en sentido del progreso, a la gran lucha revolucionaria y patriótica por una Colombia para los colombianos, por el triunfo de la revolución, por un gobierno democrático de liberación nacional”.

El Programa Agrario estaba suscrito por los guerrilleros que encabezaban la resistencia y por alrededor de un millar de campesinos.

No pasarían dos años cuando se realiza la Conferencia Constitutiva donde los insurgentes de Marulanda adoptan el nombre de FARC. En la Declaración Política de aquel evento que transcurrió entre el 25 de abril y el 5 de mayo de 1966, además de hacer la denuncia de las agresiones imperialistas contra pueblos de Asia, África y América Latina, contra la ocupación yanqui de Santo Domingo y los estragos causados en Viet Nam, y luego de resaltar la reunión de la Conferencia Tricontinental de La Habana como espacio para la acción solidaria “del mundo democrático contra los agresores imperialistas”, y “para el impulso y desarrollo del movimiento revolucionario mundial, por la paz y el progreso de las naciones”, se puso en conocimiento y se manifestó el rechazo de la guerra sucia de exterminio desatada en los campos colombianos por el imperialismo y la oligarquía, enfatizando en que la lucha es por la toma del poder. Aquella Declaración de la que se conoció también como Segunda Conferencia Guerrillera del Bloque Sur, concluye sus reflexiones con el siguiente párrafo:

“…los destacamentos guerrilleros del Bloque Sur, nos hemos unido en esta Conferencia y constituido las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (F.A.R.C.), que iniciarán una nueva etapa de lucha y de unidad con todos los revolucionarios de nuestro país, con todos los obreros, campesinos, estudiantes e intelectuales, con todo nuestro pueblo, para impulsar la lucha de las grandes masas hacia la insurrección popular y la toma del poder para el pueblo.”

Marulanda combatiría durante 42 años más. Ni el enemigo ni las peores adversidades lograron su rendición. Como ningún otro revolucionario del continente, más de medio siglo trasegó por las montañas en busca de la concreción de su utopía. Día a día entregó su vida en una guerra de resistencia por lograr ese ideal de la Nueva Colombia. Su pensamiento, en desenvolvimiento de la praxis, se entregaría a denodadas reflexiones e iniciativas que traduciría en planes que permitieran abrirle paso a la construcción del ideario marxista y del ideario bolivariano. Su lucha no sólo había pasado de la reivindicación de la parcela a la causa de la revolución colombiana, sino a la causa misma de la emancipación continental y fundación del socialismo para la América Nuestra unificada en esa gran patria con la que soñara Bolívar.

Contra viento y marea, hasta el último momento de su vida, con el fusil en la mano, el 26 de marzo de 2008, Marulanda marchó hacia la eternidad convencido, indudablemente, de que no hay otro camino para la redención humana que la construcción del comunismo; partió persuadido de la vigencia, de la legitimidad y la necesidad de la insurrección armada en la brega por la establecimiento del mundo mejor sin explotadores ni explotados. Observando esa maravillosa abnegación, nos preguntaríamos con Bolívar: “¿hay mejor medio de alcanzar la libertad que luchar por ella?”

Es evidente que en la mente de revolucionarios de la talla de Marulanda, las condiciones para una revolución no son asunto al que hay que colocarle espera sino determinación de lucha para su creación. Existe un compromiso, podemos decir, de coadyuvar también desde la subjetividad a crear esas condiciones, porque según tal criterio, plenamente correcto, la conciencia, puede influir eficientemente sobre la estructura; porque, como lo pensaba Bolívar, por ejemplo, se construye la unidad mientras se va fraguando la emancipación, y se hace la emancipación mientras se forja la unidad. Y el futuro comienza ahora: “¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte los esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! ¿300 años de calma no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación, pero del Congreso debe a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos" 307. ( BOLÍVAR, Simón. Discurso pronunciado en la Sociedad Patriótica de Caracas, el 4 de julio de 1811), dice Bolívar fustigando a quienes pretenden que aún no había condiciones para proclamar la independencia, cuando para él la urgencia ni siquiera era la liberación de Venezuela sino la unificación y liberación de la América toda.

¡Nuestra patria es la América! Y América es el equilibrio del universo dispuesta para el servicio de la humanidad. Esa es la utopía llena de internacionalismo, solidaridad y profundo humanismo en el pensamiento bolivariano del que era militante Manuel Marulanda Vélez, y en torno al cual formó a su ejército guerrillero.

Simón Rodríguez y la utopía del Bolivarismo.

Ahora bien, que la utopía devenga en realidad, entonces, no implica su fin, sino la transformación de la utopía en una aspiración superior; una mutación de sus cualidades. Como cuando la materia logra, digamos a manera de símil, formas superiores de desarrollo, la utopía evoluciona en la medida en que adquiere realización.

Y en esto se reitera, porque es que abundan también quienes no quieren que la utopía muera, pero no en el sentido de que anhelen su permanencia vital evolutiva sino en el de no querer que se concrete su realización para que en últimas siga un sendero que conlleva al aniquilamiento de la esperanza.

Como parte de la conciencia revolucionaria, la utopía permanece conminando a una lucha constante que esté reflejando o proyectando los objetivos del futuro; llevándolos, como deber, desde el plano de la pura abstracción al plano de su realización mediante la acción a toda costa, o por lo menos a su intento de concreción en una praxis emancipadora de largo aliento.

En ese sentido, respecto al ideal de la Patria Grande, sobre la Utopía Americana, la utopía de Bolívar, podemos retomar las palabras del maestro del Libertador, don Simón Rodríguez: “Esperar que, si todos saben sus obligaciones, y conocen el interés que tienen en cumplir con ellas, todos vivirán de acuerdo, porque obrarán por principios…No es sueño ni delirio, sino filosofía…; ni el lugar donde esto se haga será imaginario, como el que se figuró el Canciller Tomas Morus: su Utopía será, en realidad, la América”, en expresión ubicada en un contexto que indica a la cultura como factor insoslayable para construir el nuevo orden social democrático y republicano, donde el bien común sea lo principal.

Pero como en el maestro Simón Rodríguez, en el Padre Libertador, aunque su ideario volaba sobre edades futuras, su construcción transformadora también tenía horizontes temporales para el momento que estaba viviendo, es decir, lo que podríamos denominar un escenario de utopía en cuanto a mayor factibilidad, pero como paso hacia un escenario de utopía superior para la cual quizás no existían aún las condiciones, pero se imponía como deber humano supremo.

Simón Rodríguez, quien sobrevivió al Libertador, escribiría, en desarrollo de lo que puede designarse como parte del ideario bolivariano, del cual el maestro es prominente fundador, ideas precisas respecto al tipo de sociedad que proyectaba, otorgando un papel fundamental a la razón y conminando a una construcción de sociedad sin calcos: “Originales han de ser las instituciones y su gobierno. Y originales los medios de fundar unas y otros”. Y magistralmente puntualizaba en que se debía propugnar por “una sociedad además solidaria donde lo normal sea… pensar cada uno en todos, para que todos piensen en él. Los hombres no están en el mundo para entredestruirse sino para entreayudarse”

Rodríguez en este planteamiento de la prioridad que debe tener el bien común en el ordenamiento social incluso supera a Rousseau cuando en este pensador observa y critica sus distracciones a favor del individualismo que le abre paso al utilitarismo egoísta: “el único medio de establecer la buena inteligencia es hacer que todos piensen en el bien común, y que ese bien común es la República: debemos emplear medios tan nuevos como nueva es la idea de ver por el bien común, de ver por el bien de todos” (RODRIGUEZ, Simón:”Obras Completas”. Caracas, Venezuela, 1975. T.I, p. 131).

Este aspecto blandido comporta principios propios del bolivarismo que le diferencian y le dan preponderancia a sus altruistas propósitos sociales muy superiores respecto al liberalismo burgués que, precisamente exaltaba el individualismo utilitarista en el que la propiedad privada aparece en el altar de sus adoraciones. Todo lo contrario se puede observar en el planteo del Libertado, por ejemplo, en el conjunto de su discurso ante el Congreso de Angostura donde el factor dominante es el de la solidaridad humana.

A propósito del utilitarismo, debemos precisar que cuando se produce el rechazo de Bolívar alrededor de Bentham no debe de ninguna manera, como pretenden algunos historiadores de la filosofía, aproximar tal actitud a una posición conservadora en cabeza del Libertador. Es claro que si bien los liberales granadinos y farsantes como Santander reivindicaron a este mentor del utilitarismo en desarrollo de una expresión opuesta al establecimiento hispano, en la orilla contraria de Geremías Benthan, el Libertador Bolívar no se levanta para reivindicar el provincialismo a la manera en que lo hicieron, ellos si en genuino conservadurismo, Mariano Ospina y José Eusebio Caro.

Bolívar se opuso al Benthanismo no en el aspecto de intentar como filosofía una explicación de la acción de los hombres en sociedad sin acudir a instancias “metafísicas”, sino en lo que concierne a sus aspectos representativos del individualismo burgués.

Si bien el Benthanismo significaba un divorcio con el espíritu español como nuevo patrón en las ideas éticas, en la concepción metafísica y en la teoría del derecho y del Estado representaba valoraciones antitéticas respecto a la tradición hispana, lo que representaba en esencia eran los ideales de una clase media comercial e industrial, pragmática y racionalista, aún empeñada en mantener las instituciones esclavistas y de servidumbre del régimen colonialista, a la manera como ocurría, por ejemplo, en Estados Unidos, frente a lo cual Bolívar era ferviente opositor.

Volviendo a Simón Rodríguez, apuntemos que su pensamiento se inscribe, en el proceso de estructuración del ideario bolivariano como componente fundamental de su conceptualización más profunda. Rodríguez está reconocido como un prominente pensador socialista de incuestionable influjo sobre el Libertador; y en esa dirección, es apenas natural que se diera el impacto de las ideas socialistas del maestro en la definición de la conciencia política de su discípulo.

Suele clasificarse a Rodríguez como militante del socialismo utópico, y ello para ubicar, en últimas, en el campo no científico el carácter de sus concepciones y mantener el contraste con las ideas socialistas posteriores a la publicación del Manifiesto Comunista, que sería la temporalidad que marca el surgimiento del socialismo científico, si atendemos a aquella valoración plasmada en el Anti-Dühring, en cuanto a que las teoría socialistas anteriores al Manifiesto correspondían a un período de inmadurez de la producción capitalista y del proletariado.

No obstante, reiteremos en que son antecedentes y fuente primaria de la construcción marxista, que contienen ideas de perdurable valor, de tanta profundidad y madurez como las que se refieren, por ejemplo, en el caso de Rodríguez, a la fuerza creadora del pueblo como base del desarrollo social y de la renovación de la sociedad. Se trataba de un pensamiento retomado, en la práctica por Bolívar, que ya incluía con mucho convencimiento el internacionalismo y la solidaridad como fundamentos de la construcción social, donde la educación, es espacio que unifica la acción intelectual y la manual, sería lo que daría cimiento a la nueva sociedad; es decir, la concepción bolivariano de la moral y las luces como factor de transformación revolucionaria; aspecto que incuestionablemente logra coincidencia absoluta con el marxismo, implicando también una coincidencia científica al menos en estos elementos del pensamiento robinsonianos (por lo de Samuel Róbinson, nombre con el que se conoce también a Simón Rodríguez), que son desarrollados como praxis por el Bolívar Libertador, los cuales, obviamente con todo y la originalidad que ambos Simones le imprimen, no salen de la nada sino de la existencia de un hilo conductor con el pensamiento socialista que toca al maestro en su tránsito por Europa, como con la tradición comunitarista de la América raizal admirada y reivindicada por ambos .

Simón Rodríguez y Gracchus Babeuf, la utopía socialista.

Simón Rodríguez tuvo la posibilidad de percibir de cerca el ambiente que rodeaba a los revolucionarios parisinos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, lo que conduce a afirmar que como estudioso e inquieto pensador tuvo que haber accedido, según lo indica también el contenido mismo de sus planteamientos, a los primeros socialistas franceses y especialmente a los más radicales.

En época en que Rodríguez trasegó por Europa, ya Babeuf, el protagonista de la conjuración de “los iguales”, en su pensamiento incluía el propósito nítido de conducir a Francia hacia el comunismo agrario mediante la dictadura de un gobierno revolucionario. Barbés y Blanquí se siguieron por similares principios que son retomados por Marx y Engels para delinear su idea sobre la “dictadura del proletariado” en el Manifiesto Comunista de 1848. He ahí, entonces, que ese hilo conductor del pensamiento socialista con respecto a Bolívar mediante Simón Rodríguez, es el mismo que con respecto al Marxismo.

Las ideas de Babeuf no desaparecieron con su muerte ocurrida como consecuencia de la terrible represión de 1797, pues sus partidarios se mantuvieron hasta algunos años después de la muerte de Bolívar, y su influjo tiene tal notoriedad que el nombre de Babeuf ameritó mención en el mismo Manifiesto Comunista.

Es la época radiante del babeuvismo coincidente con la etapa que precede la presencia de Rodríguez nuevamente en América, 1823, ya convertido en un auténtico y profundo socialista.

Pero bien, no es extraño que independientemente de que exista o no un contacto de orden intelectual y temporal, cada quien marchando por su lado, los revolucionarios coincidan en sus apreciaciones y propósitos; y cómo no ha de ser así, si lo que les motiva es un sentimiento profundamente humano de amor al pueblo.

Rosa Luxemburgo explicaba que “el socialismo, en cuanto ideal de orden social basado en la igualdad y fraternidad de todos los hombres, ideal de comunidad comunista, tiene más de mil años”; decía que “entre los primeros apóstoles del cristianismo, entre las sectas religiosas de la Edad Media, en las guerras campesinas, el ideal socialista aparecía como la expresión más radical de la revolución contra la sociedad. Pero en cuanto ideal por el cual abogar en todo momento, en cualquier momento histórico, el socialismo era la hermosa visión de unos pocos entusiastas, una fantasía dorada siempre fuera del alcance de la mano, como la imagen etérea de un arco iris en el cielo”. Así entonces, ¿cómo no admitir la posibilidad que en una época de emancipación como la que le tocó vivir a Bolívar no hubiese existido también tal ideal? Pero además, existen las nítidas evidencias de que así fue. Y es que, Precisamente entre 1820 y 1830 el pensamiento socialista tiene notorio impacto representado por tres grandes pensadores de reconocimiento universal: Saint-Simón (1760-1825) y Fourier (1772-1830) en Francia, Owen (1771-1858) en Inglaterra, de quienes aún reconociendo que no esbozaban la determinación de la toma revolucionaria del poder para hacer realidad sus planteamientos, o el establecimiento del socialismo, habría que exaltar su ingente aporte teórico como fundamental para la construcción teórica marxista.

El caso de Gracchus Babeuf es otro asunto; de este revolucionario sí que no se puede decir que no tenía la determinación de la toma del poder. Aquí estamos, indudablemente, frente a un gran ejecutor de la utopía comunista, verdadero pionero de la acción audaz hacia la concreción de lo “imposible”…; un promotor de la realizabilidad del ideal arriesgando hasta la vida en su causa, pleno para el sacrificio como verdadero revolucionario, incluso en un plano que supera el de la “racionalidad” paralizante, siempre en función de superar las injusticias del régimen burgués pero fuera de ese orden, con la construcción de un nuevo orden que planteaba ya establecer una dictadura popular, tal como lo retoman Marx y Engels, medio siglo después de la muerte de Babeuf, en el Manifiesto Comunista.

En Babeuf, “el poder de su crítica y la magia de sus ideales futuristas, las ideas socialistas”, al contrario de lo planteado por la misma Rosa Luxemburgo, es ejemplo que debe calificarse, en su teoría y en su práctica, como muy trascendental. El hecho de que no hubiese logrado las condiciones y el cúmulo de seguidores que le posibilitaran la concreción de sus ideas, o al menos tener una muerte con más que con “un puñado de amigos en la oleada contrarrevolucionaria”, no quiere decir que su rastro como el de la misma heroica Rosa Luxemburgo no logre ser “más que una estela luminosa en las páginas de la historia revolucionaria”. Claro que lo serán, claro que ya lo son y mucho más.

En Cayo Graco Babeuf, pionero combatiente comunista de vanguardia, la acción va en consecuencia con el pensamiento, más allá de que tuviese o no razón en algunas de sus concepciones nodales; pero ese sólo hecho aunado a sus aspiraciones de derrocar las injusticia del orden social existente para sustituirlas por un orden comunista, su utopía, expresada de manera inquebrantable aún frente al tribunal que lo sentencia a muerte, le da la dimensión de imprescindible. Herencia que toma Simón Rodríguez y que, en consecuencia, alimentan al Bolivarismo desde su génesis.

Aunque todos estos esfuerzos no hubiesen logrado el propósito de la instauración del socialismo, sino que como ahora ha ocurrido tras varios experimentos fallidos de “creación socialista”, la dominación capitalista se ensaña de manera más salvaje en la mayor parte del planeta, ni aquellos ni los más recientes intentos se pueden considerar enterrados bajo los escombros humeantes de las barricadas parisinas, ni bajo las ruinas del muro de Berlín, ni bajo la destrucción que dejan los “misiles inteligentes” lanzados por el imperialismo en cada una de sus guerras de recolonización. Es sobre los cimientos de la esperanza hechos perseverancia y resistencia, aún en escombros, aún en ruinas…, que se yergue el ideario de la justicia social del marxismo fortaleciéndose con las nuevas experiencia que ahora tienen la gracia de converger con la potencia que entraña el planteamiento bolivariano, el cual sea dicho de paso, tampoco se puede considerar enterrado bajo la perfidia de la práctica santanderista que ha pretendido no sólo acabar con la imagen del Libertador sino con la posibilidad de su proyecto emancipador…, con su utopía.

La bolivariana utopía marxista ahora.

Es innegable que Marx, a partir de un profundo estudio basado en su concepción y método que cimentó con los mejores aportes del pensamiento universal logró auscultar más que cualquier otro en su época, en las leyes de la anarquía capitalista, develando la lógica que indica la factibilidad de la utopía comunista. Marx explicó de manera fundamentada cómo las mismas leyes que regulan la economía del capitalismo preparan su propia caída, en la medida en que su anarquía creciente se hace incompatible con el desenvolvimiento de la sociedad en tanto genera verdaderas crisis políticas y económicas catastróficas que se tornan insostenibles y riesgosas para la existencia misma del género. De tal manera la transición hacia modos de producción conscientemente organizados por la humanidad es lo que garantiza que la sociedad no perezca en las convulsiones incontroladas.

Aun con lo negativo de experiencias socialistas que no fraguaron como alternativa al capitalismo, cada día es más evidente, tal como lo muestra la devastación creciente del planeta generada por el capitalismo depredador, y tal como lo pone de bulto la actual crisis capitalista mundial, que ha llevado a los grandes financistas y adoratrices del libre mercado, a impetrar la intervención del Estado en su auxilio, que la única alternativa es el socialismo y que la utopía comunista se impone como necesidad histórica resultante, además de las propias leyes del desarrollo capitalista.

Sin vacilación, desde el continente de la esperanza, como lo llamara Bolívar, los revolucionarios de la América Nuestra deberemos hacer causa común con los revolucionarios del mundo para dar propulsión, para catalizar todas las potencias de la utopía, retomando la rica herencia de las generaciones de revolucionarios que nos han precedido, ya como bolivarianos, ya como marxista, ya como lo uno y lo otro, haciendo del internacionalismo y la solidaridad fuerza vivificante del accionar en unidad, en la lucha contra las oligarquías y el imperialismo en un ahora impostergable que exige no dar respiro a la reacción, aplicando todas las formas de lucha y medios al alcance, con todo el espíritu de sacrificio aprendido de nuestros próceres, sin importar que nos llamen ya no sólo voluntaristas, putchistas, o aventureros…, sino terroristas en esa misión de “hacer lo imposible”, en esa misión de “tomar el cielo por asalto”, pues no es en el revolucionario la utopía un reposadero para las reflexiones etéreas sino el acicate de la acción, de la praxis plenamente orientada a la toma del poder.

Esta no es la hora de las retiradas ni de las doctas reflexiones acerca de si existe o no la situación revolucionaria, como si la sola especulación inagotable fuera la tarea delegada, como si no hubiese las suficientes condiciones de miseria y de inconformismo que nos puedan impulsar para salir de la sobresaturación de pérfida, explotación y humillaciones imperiales. Como diría Bolívar: “esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! ¿300 años de calma no bastan?...”

Qué necesarios, entonces, se hacen los Babeuf que no esperen condiciones sino que se adelanten a ellas; que urgentes son los que se atreven a declaren “la guerra a muerte” contra quienes nos asesinan día a día; qué imprescindibles son aquellos que se deciden a hacer su “Campaña Admirable” pese a todo pronóstico de inviabilidad; qué indispensables son los que eleven su verbo y su acción para gritar el nuevo Manifiesto que nos reitere que se hace apremiante una revolución, que con ella no tendremos nada que perder más que las cadenas, y sí todo un mundo que ganar; que imperioso es mirar hacia la antorcha de la utopía que encendida nos alumbra el sendero de la emancipación.

Aunque, valga decirlo, siempre estarán, de sobra, los que como el señor Dühring o Santader, El señor Bush o Uribe Vélez, cada uno en su época y en su salsa llevando como bandera el mugroso trapo de la contra-revolución, descalificando y persiguiendo a quienes se han atrevido a soñar con “la mayor suma de felicidad posible” para la humanidad. Y, seguramente, no nos llamarán ya "alquimistas sociales", o “tea de la discordia”, “estúpidos” o “locos”, “charlatanes”, “panfletistas” y “dinosaurios”…, sino “terroristas”, u otra cantidad de denigrantes epítetos inimaginables dentro de ese “florilegio” de insultos, como diría Engels, con los que nos suelen enfrentar en el campo ideológico o con su obscena guerra mediática.

Pero resulta que a pesar de ello, con semejante herencia combativa que significa el marxismo y el bolivarismo, ni siquiera el derrumbe de lo que se llamaba socialismo en algunos países, o lo que se tenía por ello, o las funestas guerras fascistas de los oligarcas de hoy nos convencerán de que es el reino de la explotación y las humillaciones lo que ha de imponérsele al hombre como absoluto. Nuestro leit-motiv es la esperanza así sea que, como escribía Betolt Brecht, “con paso firme se pasee hoy la injusticia y los opresores se dispongan a dominar otros diez mil años más, y con su violencia garanticen que “todo seguirá igual”…, y que entre los oprimidos muchos digan ahora: "Jamás se logrará lo que queremos".

Con Brecht deberemos volver a decir que:

“Quien aún esté vivo no diga "jamás".

Lo firme no es firme.

Todo no seguirá igual.

Cuando hayan hablado los que dominan,

hablarán los dominados.

¿Quién puede atreverse a decir "jamás"?

¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.

¿De quién que se acabe? De nosotros también.

¡Que se levante aquél que está abatido!

¡Aquel que está perdido, que combata!

¿Quién podrá contener al que conoce su condición?

Pues los vencidos de hoy son los vencedores de mañana

y el jamás se convierte en hoy mismo.

Y porque la utopía no puede ser quietud, estas no son sólo “puras fantasías”. El desenvolvimiento de la humanidad no puede estar condenado, inevitablemente, a un curso caótico e imprevisible, cruel e injusto… Deberemos continuar la búsqueda de ese anhelado mundo diferente mejor, que nos permita salir de la prehistoria, tal como lo auguraba Marx cuando decía que ello ocurrirá cuando exista sobre la Tierra un régimen social verdaderamente racional, justo y equitativo. Ese es el sueño que debe dar razón de existencia al revolucionario. Ello pudiere parecer “imposible”. Algunos creen, asemejando el concepto a “inútil fantasía”, que soñar con cosas “imposibles” se llama utopía, y pueden tener razón; pero como bolivarianos-marxistas, precisamente eso es lo que nos corresponde, la lucha por lo “imposible” y no por lo que se nos muestre como evidentemente imprescindible para la supervivencia de la especie y alcanzable dentro de un horizonte temporal de la vida; o sea, lo que llaman “realismo”. Nuestro realismo puede ser eso, pero es sobre todos “hacer lo imposible”, además.

Por ello, nunca han de faltar los que ya con las armas en la mano gritemos desde cualquier rincón de la América: ¡aquí estamos!, con la resolución de construir el paraíso aquí en la tierra; los que con la perseverancia indoblegable de combatientes como el Héroe Insurgente de la Colombia de Bolívar, Manuel Marulanda Vélez, repitamos su credo de amor por los pobres, multiplicando su voz y sus enseñanzas:

“si nos sacan de la orilla del río, cruzamos hacia la otra orilla del río; si nos sacan de la montaña, escapamos a la otra montaña; si nos sacan de una región, atravesamos el río, atravesamos la montaña y buscamos otra región...”. Acreciendo la experiencia, transformando el principio hasta decir: “si nos sacan de la orilla del río, los estaremos esperando en la otra orilla del río; si nos sacan de la montaña, los estaremos esperando en la otra montaña; si nos sacan de una región, en otra región los estaremos esperando”. Labrando el principio hasta decantarlo en una idea precisa: “Ya no sólo los estaremos esperando en la otra orilla del río, ya no sólo los estaremos esperando en la otra montaña, ya no sólo los estaremos esperando en la otra región. Ahora volveremos a buscarlos en la orilla del río de donde un día nos sacaron, volveremos a buscarlos a la montaña de la cual un día nos sacaron a la huyenda, volveremos a buscarlos en la región que un día nos hicieron correr...”. (Citado por ALAPE, Arturo: Las Vidas de Pedro Antonio Marín, Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo. Planeta Editores. 1989, p. 219).

Como en Marulanda, entonces, estará en cada combatiente bolivariano y en el conjunto del ejército insurgente por él forjado, el ideario comunista sobreviviendo, así las muertes de su utopía, como las historias de su propia muerte se escuchen en los confines de la selva y de la montaña.

Ya lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, con estas enseñanzas del Héroe Insurgente de la Colombia de Bolívar, expresión eminente de la militancia revolucionaria, que en el caso de las FARC, no nos encontramos ante una construcción donde pueda retozar el “bolivarismo” o el “marxismo” de escritorio, propio de los sapientísimos ideólogos que imponen el oropel del pacifismo y la mansedumbre borreguil de la intelectualidad “postmodernista”. No es el envanecimiento del teoricismo sin compromiso lo que ha forjado Manuel Marulanda Vélez.

Así, con ese carácter de la conciencia marxista, bolivariana, marulandista, llena de utopía, Las FARC-EP frente a ese capitalismo que no obstante estar en crisis cuenta al mismo tiempo con ingente poderío bélico, modestamente perseverarán en no descuidar aquello que la cobardía y el oportunismo de los arrepentidos, reformistas y claudicantes camuflan con retórica pacifista: el aspecto militar de la lucha de clases, que es asunto sobre el que especialmente llaman la atención consecuentemente, siguiendo el camino abierto con toda una vida de dedicación por el comandante Manuel…; en fin, demostrando su pertinencia.

Con sus palabras, entonces, repetiremos con más convicción que nunca que : “Los esfuerzos y sacrificios de Mandos, guerrilleros, guerrilleras, dirigentes del Partido Comunista Clandestino, población civil, caídos en combate y presos en campos y ciudades en acción revolucionaria durante los 43 años de confrontación, le están demostrando a la clase dirigente de los partidos tradicionales y al Estado que la lucha revolucionaria es justa e inaplazable, y por lo tanto imposible de derrotar, como lo han pretendido los anteriores gobiernos y el presente. Teniendo en cuenta que tarde o temprano la única salida que les queda a los gobernantes es la negociación política con la insurgencia, si no quieren perder del todo su privilegio adquirido por muchos años (Manuel Marulanda Vélez. De una Carta a los combatientes. Diciembre de 2007).

Por demás, no creemos ya posible que nos hechicen los sirénicos cantos de los derrotistas corifeos del desarme. Hemos vivido enfrentando cada ofensiva de aniquilamiento del monstruo oligárquico e imperial, y le conocemos sus entrañas; ¡“nuestra honda es la de David”!

Por ahora, entonces, no quedaría más que decir con palabras del inolvidable Julius Fucik contra el fascismo y en nombre de la utopía comunista bolivariana que: “Cuando la lucha es a muerte;/ El fiel resiste;/ El indeciso renuncia;/ El cobarde traiciona…,/ El burgués se desespera,/ Y el héroe combate".

¡La victoria será nuestra!

Frente al sagrado altar de nuestros muertos, ¡hemos jurado vencer y venceremos!

Montañas de Colombia, marzo de 2009.

Jesús Santrich es Integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

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