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¿Salvando al planeta o al capitalismo?

sábado, 28 de febrero de 2009


Fabrina Furtado Ecoportal.net

La práctica de las Instituciones Financieras Multilaterales es opuesta a su discurso, también en relación a la crisis climática. Frente a una realidad preocupante, éstas crean oportunidades para lucrar más y más.

En noviembre de 2008, el presidente de Bolivia, Evo Morales, escribió una carta abierta titulada "Cambio climático: es preciso salvar al planeta del capitalismo". En ella, Morales expresa las demandas y preocupaciones de muchos pueblos, movimientos y organizaciones en trono a la crisis climática y a las decisiones que están siendo tomadas por aquellos que se hacen llamar "nuestros líderes".

Cuando una de las principales soluciones señaladas es fortalecer el papel de Instituciones Financieras Multilaterales (IFMs) -como el Banco Mundial-, fundamentales en la elaboración e implementación de las mismas políticas responsables por la crisis, no es posible evitar preguntarse sobre si el objetivo es salvar al planeta o al capitalismo.

La sobre-explotación de los recursos naturales y el sobre-consumo, principalmente por parte de los países del Norte, son las causas del cambio climático. Como resultado de las actividades humanas, cambios extremos en el clima, sequías e inundaciones, disminución de la productividad agrícola, perdida de especies y destrucción de ecosistemas, aumento en el nivel del mar, la desaparición de territorios, el severo aumento de refugiados ambientales y otros conflictos sociales, pueden ser parte de nuestro vida cotidiana, si transformaciones radicales no son implementadas ya.

La sequía en la Amazonia en 2005 –región que detenta más del 20% del agua dulce de la Tierra-, que afectó a más de 250 mil personas en los estados de Amazonas y Pará, es un claro ejemplo de esta presente amenaza (1). Pero, como si esto fuera poco, el agua, la tierra y las culturas tradicionales serán convertidas en mercadería. Ahora, hasta el calentamiento global se convirtió en negocio. Es un negocio lucrativo.

Contradicciones que se repiten


Falsas soluciones, como el mercado de carbono, los agrocombustibles, las hidroeléctricas y la energía nuclear, están siendo cada vez más promovidas. Los que más contaminan no están interesados en cumplir con los pocos compromisos asumidos. Hasta 2006, las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) aumentaron en torno del 9,1% en relación a los niveles de 1990 (2). Además de eso, las propuestas presentadas priorizan mecanismos de mitigación y adaptación que, en el fondo, evitan reducciones reales en las emisiones y abren el camino para más negocios. Uno de los líderes de este proceso es el Banco Mundial.

Históricamente, este Banco ha sido uno de los mayores financiadores de grandes hidroeléctricas, termoeléctricas, de agronegocios, de proyectos de combustibles fósiles y de la privatización del sector de energía; todos los que, de una forma u otra, contribuyen al calentamiento global. El Banco continúa invirtiendo entre 2 y 3 mil millones de dólares por año en proyectos de energía, responsables por emisiones de GEI. Aunque el “Análisis de las Industrias Extractivas”, realizado por el propio Banco Mundial, había recomendado en 2004 que “el Grupo Banco Mundial debe reducir gradualmente las inversiones en producción de petróleo hasta 2008”, en 2007, su apoyo financiero para proyectos de combustibles fósiles, en verdad, aumentó. Por otro lado, en el año fiscal 2006, los préstamos del Banco para proyectos de energía renovable representaban menos del 4% de sus U$S 4,4 mil millones en préstamos para el sector de energía (3).

Un ejemplo en la Amazonia

Las emisiones de GEI resultantes de la deforestación representan el 20% de las emisiones globales y en Brasil el 75% de las emisiones nacionales. Mientras que en Brasil la principal fuente de deforestación es la ganadería extensiva, la Corporación Financiera Internacional (CFI), brazo del Banco Mundial, que financia al sector privado, aprobó, al inicio de 2007, un préstamo por 90 millones de dólares para el frigorífico Bertim, con el objetivo de duplicar la capacidad de abastecimiento anual en Marabá (Pará) y expandir sus actividades en Rondonia y Mato Grosso (4). Es decir, la CFI está financiando la emisión de CO2 resultante de la deforestación y del metano proveniente de la cría de ganado.

Sin embargo, el Banco Mundial continúa proclamando su preocupación en torno al cambio climático y lidera el lucrativo mercado internacional de carbono. Antes de lanzar el Fondo de Inversiones para el Clima, en julio de 2008, el Banco ya administraba diez diferentes fondos globales totalizando más de 2 mil millones de dólares, en nombre de 16 gobiernos y 64 empresas privadas, con un ganancia del 13% sobre cada transacción (5).

Los primeros proyectos de comercio de carbono –como captación de metano de depósitos de basura tóxica y el descarte de carbono a partir de plantas genéticamente modificadas– resultaron de grandes lucros para empresas de los respectivos sectores y comisiones para el Banco Mundial. Por otro lado, éstos han demostrado eficiencia limitada en reducir las emisiones, además de promover otros problemas socioambientales.

Tales proyectos, que otorgan a las corporaciones “el derecho a contaminar”, no modifican las prácticas de producción y consumo necesarias para lidiar con el problema de forma estructural. Ahora, el Banco será el administrador –lo que significa más préstamos- de más de 50 mil millones de dólares. Este valor será destinado a los países del Sur para que se adapten al cambio climático. En otras palabras, más deuda externa ilegítima, más condicionalidades, más ganancia para las transnacionales del mercado y un aumento de la deuda ecológica y social que el Norte ya debe al Sur.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) también ya incorporó el cambio climático en su discurso. Sin embargo, otra vez, el camino entre el discurso y la práctica es largo. El BID ya está, por ejemplo, incorporando en sus planes y proyectos la condición de que el país incluya un fondo para cubrir los riesgos climáticos. De esta forma, además de no prohibir, o por lo menos evitar los riesgos climáticos, cualquier riesgo es cubierto por el tomador del préstamo y no por el Banco.

Una crisis conduce a otra


Con una contribución inicial de 20 millones de dólares, el BID lanzó, en agosto de 2007, el Fondo de Energía Sostenible y Cambio Climático, dirigido principalmente al financiamiento de los agrocombustibles y las iniciativas de mitigación y adaptación (6). La producción de los agrocombustibles, a ser utilizados en los automóviles de los países del Norte, ocurre a costa del aumento de los precios de los alimentos y, de esta manera, de la soberanía alimentaria, en un contexto en que ya se vive una grave crisis de alimentos. Cuando ocupan áreas de cultivos, expulsando a la agricultura familiar, destruyen tierras que son depósito de carbono, como los bosques.

De esta misma forma, los proyectos de asistencia técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) para los “desafíos macroeconómicos, fiscales y financieros del cambio climático”, son acompañados de condicionalidades que violan el derecho soberano de los pueblos de determinar su propio futuro.

“Nuestros líderes” deberían reconocer a los países del Sur como acreedores de una abultada deuda ecológica y garantizar reparaciones y restituciones por los crímenes climáticos cometidos. En la medida que el 90% de las emisiones de carbono provienen de las corporaciones y de los países del Norte, las poblaciones que más sienten las consecuencias están en los países del Sur. Los culpados por tales crímenes deben ser responsabilizados, y no fortalecidos. Los proyectos y programas orientados a tratar la crisis climática deben ser pagados por los gobiernos del Norte, por las corporaciones y por la elite global, no por los pueblos.

En el fondo, la única solución real es atacar las causas estructurales del cambio climático. Como dice el presidente Evo Morales: “el cambio climático ha colocado a toda la humanidad frente a una gran disyuntiva: continuar por el camino del capitalismo y de la muerte, o construir el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida”. ¿Que camino vamos a elegir? Si el clima continúa en manos de las IFMs ya sabemos la respuesta.

Fabrina Furtado es economista y secretaria ejecutiva de la Red Jubileo Sur

Este artículo fue publicado originalmente en portugués en la revista Contra Corriente: "¿Quien gana con la destrucción de la Amazonia?", editada por Rede Brasil sobre Instituciones Financieras Multilaterales y presentada en ocasión del Foro Social Mundial de 2009. – Tomado de Choike.

Notas al pie de la páginas:

(1) De Souza Braga, Osvaldo e Zanchetta, Ines. Sequía en la Amazonia: Alguna cosa está fuera del orden. Octubre, 2005. Disponible en: www.brasiloeste.com.br/noticia/1654/seca-amazonia

(2) Morales, Evo. Salvemos al planeta del capitalismo. Noviembre, 2008. Disponible en: www.alternativabolivariana.org/modules.php?name=News&file=article&sid=3749

(3) SEEN. How the World Bank Energy Framework Sells the Climate and Poor People Short. Setiembre, 2006. Disponible en: www.seen.org

(4) IFC. Latin America and the Caribbean: Project Information. 2007. Disponible en: www.ifc.org/ifcext/lac.nsf/Content/Project+Information

(5) WORLD BANK. Carbon Funds and Facilities. Disponible en: www.worldbank.org

(6) BID. Fondo de Energía Sostenible y Cambio Climático del BID (SECCI) apoya esfuerzos de Brasil-Estados Unidos para promover biocombustibles en América Central y el Caribe. Enero, 2008. Disponible en: www.iadb.org/news/detail.cfm?language=SP&id=4371

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Neocolonialismo agrario

jueves, 5 de febrero de 2009



Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique

Una de las grandes batallas del siglo XXI será la de la alimentación. Muchos países, importadores de comida, se ven afectados por el aumento de los precios. Los Estados ricos lo venían soportando; hasta que, en la primavera de 2008, se asustaron por la actitud proteccionista de naciones productoras que limitaron sus exportaciones. A partir de ahí, varios Estados con crecimiento económico y demográfico -pero desprovistos de grandes recursos agrícolas y de agua- decidieron asegurarse reservas de comestibles comprando tierras en el extranjero.

Al mismo tiempo, muchos especuladores se pusieron igualmente a comprar terrenos para hacer negocios. Convencidos de que la alimentación será el oro negro del futuro. Según ellos, de aquí a 2050, la producción de alimentos se duplicará para satisfacer la demanda mundial. "¡Invertid en granjas! ¡Comprad tierras!" repite Jim Rogers, gurú de las materias primas. George Soros apuesta asimismo por los agrocarburantes y ha adquirido parcelas en Argentina. Un grupo sueco ha comprado medio millón de hectáreas en Rusia; el hedge fund ruso Renaissance Capital, 300.000 ha . en Ucrania; el británico Landkom, 100.000 ha . también en Ucrania; el banco estadounidense Morgan Stanley y el grupo agro-industrial francés Louis Dreyfus, decenas de miles de hectáreas en Brasil, etc.

Pero quienes se han lanzado a comprar tierras por todo el mundo, son principalmente los Estados con petrodólares y divisas. Corea del Sur, primer comprador mundial, ha adquirido 2.306.000 hectáreas; le sigue China (2,09 millones), Arabia Saudí (1,61 millones), los Emiratos Árabes Unidos (1,28 millones) y Japón (324.000 ha .). Total: cerca de 8 millones de hectáreas de tierras fértiles compradas o alquiladas en el exterior. Regiones enteras han pasado a estar bajo control extranjero en países con escasa densidad demográfica y cuyos gobernantes están dispuestos a ceder partes de la soberanía nacional. Un fenómeno que preocupa. En un informe alarmante, la ONG Grain denuncia "un acaparamiento de tierras a nivel mundial" (1).

Sin campos fértiles ni agua, los países del Golfo son los que más pronto se han lanzado. Kuwait, Qatar y Arabia Saudí buscan parcelas disponibles donde sea. "Ellos poseen tierras, nosotros dinero", explican los inversores del Golfo. Los Emiratos Árabes Unidos controlan 900.000 ha en Pakistán; y están considerando proyectos agrícolas en Kazajistán. Libia adquirió 250.000 ha . en Ucrania a cambio de petróleo y gas. El grupo saudí Binladen ha conseguido terrenos en Indonesia para cultivar arroz. Inversionistas de Abu Dhabi compraron decenas de miles de hectáreas en Pakistán. Jordania producirá comestibles en Sudán. Egipto obtuvo 850.000 ha . en Uganda para sembrar trigo y maíz...
China es el comprador más compulsivo, pues debe alimentar a 1.400 millones de bocas cuando sólo dispone del 7% de las tierras fértiles del planeta. Además, la industrialización y la urbanización le han destruido unos 8 millones de hectáreas. Y algunas regiones se están desertificando. "Tenemos menos espacio para la producción agrícola, y es cada vez más difícil elevar el rendimiento", explicó Nie Zhenbang, jefe de la Administración Estatal de Granos (2).

China detenta tierras en Australia, Kazajistán, Laos, México, Brasil, Surinam, y sobre todo en África. Pekín ha firmado unos treinta acuerdos de cooperación con Gobiernos que le dan acceso a tierras. A veces, las autoridades de Pekín envían desde China la mano de obra; pagada a menos de cuarenta euros al mes, sin contrato de trabajo y sin cobertura social.

Por su parte, Corea del Sur ya controla en el extranjero una superficie superior a la totalidad de sus propias tierras fértiles... En noviembre de 2008, el grupo Daewoo Logistics, estableció un acuerdo con el Gobierno de Marc Ravalomanana, presidente de Madagascar, para alquilar 1,3 millones de hectáreas, o sea la mitad de las tierras cultivables de esa gran isla...

El Gobierno surcoreano también ha comprado 21.000 hectáreas para cría de ganado en Argentina, país en el cual el 10% del territorio (unos 270.000 kilómetros cuadrados) se encuentra en manos de inversores extranjeros, quienes "se han beneficiado de la actitud de los diferentes Gobiernos para adquirir millones de hectáreas y recursos no renovables, sin restricciones y a precios módicos" (3). El mayor terrateniente es Benetton, industrial italiano de la moda, que posee unas 900.000 ha. y se ha convertido en el principal productor de lana. También el millonario estadounidense Douglas Tompkins tiene unas 200.000 ha . situadas próximas a importantes reservas de agua.
En general, la cesión de tierras a Estados extranjeros se traduce en expropiaciones de pequeños productores y aumento de la especulación. Sin olvidar la deforestación. Una hectárea de bosque procura un beneficio de cuatro a cinco mil dólares si se plantan en ella palmas de aceite; o sea de 10 a 15 veces más que si se dedica a producir madera (4). Ello explica por qué los bosques de la Amazonia, de la cuenca del Congo y de Borneo están siendo sustituidos por plantaciones.

Es un retorno a odiosas prácticas coloniales, y una bomba con efecto retardado. Porque la tentación de los Estados extranjeros es la de saquear los recursos, como lo hace China, con mano de obra importada y poco beneficio local... Pero la resistencia se organiza. En Pakistán, los campesinos ya se están movilizando contra el desplazamiento de aldeas si Qatar compra terrenos en la región de Penyab. Paraguay ha aprobado una ley que prohíbe vender parcelas a extranjeros. Uruguay se lo está planteando; y Brasil estudia cambiar su legislación.
El neocolonialismo agrario le arrebata el trabajo al campesinado y crea un "riesgo de pauperización, tensiones sociales extremas y violencias civiles" (5). La tierra es un asunto muy sensible. Siempre ha provocado pasiones. Representa una parte de la identidad de los pueblos. Tocar ese símbolo podría terminar mal.

Notas:
(1) www.grain.org/m/?id=213
(2) China Daily , Pekín, 9 de mayo de 2008.
(3) Daniel Enz y Andrés Klipphan, Tierras SA. Crónicas de un país rematado , Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
(4) Le Nouvel Observateur , París, 23 de diciembre de 2008.
(5) Le Monde , París, 23 de noviembre de 2008.

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